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La Coctelera

LA CAJA ESFÉRICA

30 Septiembre 2008

Hellboy 2: El Ejército Dorado

Hellboy 2: El Ejército Dorado (Guillermo Del Toro, 2008)

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Lo primero que hay que hacer al ver los films de Hellboy es olvidarse del estupendo comic de Mike Mignola, pues el tono es diferente. Mientras el comic se trata de, como es habitual en el comic estadounidense (o al menos el más comercial, con el de superhéroes como máximo exponente), una obra pulp, que mezcla elementos tales como la acción, la fantasía, la ciencia ficción y el terror, la adaptación cinematográfica se trata de una fantasía más edulcorada con elementos de acción, romance y comedia para conquistar al gran público. Se trata de un blockbuster, con las limitaciones que ello conlleva. Así pues, mientras que la industria se sirve de un film ameno lleno de acción, para Del Toro es un paso más en su fantasía neogótica.

De hecho, con Hellboy 2 Guillermo Del Toro continúa explorando su imaginario de fantasía extraña. Mientras en su anterior película, El laberinto del Fauno (2006), la fantasía estaba muy contenida, en Hellboy 2 ésta se desborda (hasta caer, de hecho, en el “exhibicionismo”), aprovechando lo hecho en su anterior film, donde alcanzó una gran entidad visual, y éste es el punto fuerte de Hellboy 2, su potente apartado visual, una auténtica exposición “Del-Toriana”. Así pues, no puede negarse la importancia de la película en la obra del autor, aunque dentro de su estupenda filmografía ocupe un lugar discreto, y es que si Mimic (1997) es posiblemente su obra más menor, sus Hellboy se sitúan en su nivel medio, lejos de su díptico sobre la Guerra Civil Española y, desde luego, de su ópera prima Cronos (1991).

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Como en su fondo se trata de un film tan convencional, en la forma Del Toro explota al máximo la estética, los diseños y la puesta en escena, pero en lo demás sigue plegado a los convencionalismos de las películas que buscan ser taquilleras, con un molesto halo de intrascendencia, desaprovechando unos personajes que podían haber dado mucho más de sí. Al final todo se reduce a un previsible encadenado de escenas de acción donde lo demás está plagado de incoherencias y una narración que avanza a trompicones. Como film de acción y de fantasía resulta intrascendentemente entretenido, para “pasar el rato”. Y nada más. El problema es que no nos conformemos con tan poco. [5,5]

- Paco Antequera

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25 Agosto 2008

Slasher

El slasher es un subgénero del psychokiller o cine de asesinos psicópatas. Slasher significa algo así como “acuchillador”, pues un asesino, generalmente enmascarado, mata con un cuchillo u otras armas a sus víctimas. Hasta la aparición del slasher, el género psychokiller estaba ligado sobre todo al thriller policíaco y al terror psicológico, pero el slasher fue el género que incorporó una explícita violencia brutal en el cine de psicópatas. Antes cuando se producía un asesinato, se rodaba de manera muy funcional, pero en el slasher el rasgo más fácilmente reconocible es su manera de rodar los asesinatos. Aunque existen puntuales momentos antecesores en algunas películas, realmente la primera película con estas características fue Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960), un film cuyas influencias partían del terror psicológico pero que incluía importantes elementos de terror físico que la convertirían en la génesis de este género. Se pone en duda si esta película es un slasher o sólo un antecesor a éste, muchos consideran como slasher clásico las películas hechas desde Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) hasta Halloween (John Carpenter, 1978), ésta última considerada la precursora del slasher moderno (siendo para algunos puristas el primer slasher), sentó las bases del slasher que se puso de moda desde entonces, la mayoría de veces pasando a formar parte del terror adolescente, llegando a ser uno de los géneros del terror más exitosos de los 80.

Por tanto, tras Halloween (John Carpenter, 1978) podemos considerar que las características completas del slasher son el asesino enmascarado (la máscara se ha convertido en la iconografía más identificable del slasher moderno) con un arma blanca como por ejemplo un cuchillo (nunca armas de fuego) que va matando brutalmente a los personajes, muchas veces adolescentes “desmadrados” (no suelen faltar abundantes toques de erotismo), con asesinatos vistosos, puede que no se sepa hasta al final la identidad del asesino pero, al contrario que en el giallo, a veces suele saberse y la cuestión no está en quién es el asesino sino en quién sobrevivirá, ya que los personajes suelen estar durante todo el film, desarrollado en un limitado periodo de tiempo, en un determinado escenario, normalmente urbano pero también otros mientras sean escenarios aislados, y van cayendo uno a uno, en muchas ocasiones quien queda es la “final girl”, ya que en los slashers muchas veces quien sobrevive hasta el final es una chica que se enfrentará en un ‘duelo’ con el psicópata, este protagonismo femenino hizo que se acuñara el término “Scream Queen”, las “reinas del grito” son actrices a las que se les llama así por su buena interpretación de chica asustada que grita, el asesino se representa como si fuera una figura sobrenatural con una acechante presencia “fantasmal” y se adelanta a los movimientos de los protagonistas.

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ALGUNOS DATOS

Para comprender los orígenes y la naturaleza del slasher conviene conocer los siguientes términos:

Psychokiller

Dentro del thriller criminalístico se encuentra el cine de psychokillers o serial killers, fue tomando tal importancia que se terminó acuñando el término psychothriller para estas películas. Hay que tener en cuenta que no es lo mismo una película de un psicópata que de un asesino psicópata, de la misma manera que incluso un asesino en serie no tiene por qué ser lo mismo que un asesino psicópata. Sin embargo, con el tiempo fue primando en el cine el lado asesino de los psicópatas, y, realmente, el psychokiller se terminó dando sobre todo en el thriller de terror, y dentro de este género nos referiremos a las distintas películas. Algunos films antecesores del psychokiller fueron las obras de horror gótico El fantasma de la Ópera (Rupert Julian, 1925) y Los crímenes del museo (Michael Curtiz, 1933), pero la que sentó una importante influencia en el género sería la biográfica M, el vampiro de Düsseldorf (Fritz Lang, 1931), película que sigue los pasos de un asesino en serie de niñas, esta película se convertiría en gran referencia para los films que pretenden establecer un retrato del psicópata, en esos primeros años del cine sonoro también surgió la película de aventuras El malvado Zaroff (Ernest B. Shoedsack e Irving Pichel , 1932), en donde un demente millonario se dedica a cazar náufragos, film distanciado de la línea psicológica que predomina en el cine de psicópatas.

Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) supuso un nuevo punto de inflexión, siendo quizá la película más emblemática del psychokiller. En aquella época la figura del asesino en serie empezó a cobrar mayor “popularidad”, lo que sin duda favoreció el éxito de este tipo de películas. Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) estaba basada en una obra literaria que, a su vez, tenía su inspiración en el psicótico (que no psicópata) Ed Gein. Su influencia en el thriller y el terror es enorme, siendo la madre del slasher, género comentado en los demás apartados del artículo. Uno de los psychokillers más influyentes de los últimos tiempos fue El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991), que inauguró el thriller oscuro de los 90.

Bodycount

Un bodycount, “cuenta de cadáveres”, es una película cuya trama transcurre con las sucesivas muertes de los personajes protagonistas y, de hecho, el slasher fue uno de los grandes impulsores de este tipo de películas. Se dice que la obra literaria Diez negritos (y sus adaptaciones cinematográficas) fue precursora de esto. Hay muchos tipos de cine de terror, sobre todo desde la implantación del terror moderno, basados en el bodycount, por ejemplo las monster movies, que además recibieron influencia del slasher con películas como ¡Estoy vivo! (Larry Cohen, 1974), Tiburón (Steven Spielberg, 1975) y Alien (Ridley Scott, 1979).

Terror adolescente

Es el cine de terror protagonizado por adolescentes y, muchas veces, dirigido a adolescentes. Aunque existen antecedentes especialmente desde los años 50, empezó a formarse tal y como se le conoce en los años 70, con películas como Carrie (Brian De Palma, 1976), y el slasher sería el principal impulsor de este género del terror que dominó los años 80.

HISTORIA

La historia del slasher empieza en los 60, aunque hay quien considera que empieza en los 70 y quien considera que empieza a finales de esa década, pero en todo caso antes de los 60 no puede hablarse de slasher, sólo hay alguna película, generalmente psychokiller, con algún momento antecesor de lo que sería el slasher, por aventurar pueden nombrarse algunas películas como El asesino diabólico (A. Edward Sutherland, 1933), El asesino vive en el 21 (Henri-Georges Clouzot, 1942) y La garra escarlata (Roy William Neill, 1944), pero para hablar realmente del género y su desarrollo hay que tratar desde los 60 hasta la actualidad:

Años 60: slasher clásico

Además de ser uno de los más grandes iconos del cine de terror, Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) es el germen del slasher. Hasta entonces, Hitchcock se había acercado pocas veces al terror, quizá porque por entonces primaba más la figura del monstruo en el género y eso le interesaba menos, pero Las diabólicas (Henri-Georges Clouzot, 1955) impresionó al realizador inglés, entonces buscó material para hacer algo del estilo, un thriller lleno de tensión e inquietud. El cine de Hitchcock siempre fue muy americano para ser inglés y muy inglés para ser americano, en parte por ello su thriller nunca recurrió a un policiaco enrevesado y, además, el estilo del director se caracterizaba no por contar con espías profesionales en sus películas de espionaje o policías en sus thrillers criminalísticos, sino por contar con una persona común envuelta por azar en una determinada trama. Así pues, en Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) era una mujer la que, como en muchas películas de Hitchcock, se encuentra perseguida. Sin embargo, Hitchcock juega con maestría con el espectador, y lo que en su primera parte es un intenso thriller al genuino estilo del realizador, después, cuando la protagonista llega al motel, se convierte en un perturbador terror psicológico. Hay quien sin embargo no considera este film de terror psicológico, pues Hitchcock introduce una violencia gráficamente brutal para la época que reduce las raíces psicológicas del filme. La inclusión de estos impactantes elementos de terror físico la convierten en involuntaria progenitora del slasher.

Una de las escenas más emblemáticas del cine de terror, el asesinato en la ducha de Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960), supone la definición más elemental del slasher, es decir, la de un psicópata al que no se ve muy bien (luego vendrían las máscaras para contribuir en la despersonalización) con un arma (generalmente arma blanca, también otras pero nunca armas de fuego) que acecha, aparece matando a la víctima, y desaparece, rodando con creatividad el asesinato, esto terminaría siendo “la salsa” del género, el diseño de los asesinatos. Era ésta una película arriesgada por lo que no contó con demasiado presupuesto, para abaratar costes Hitchcock rodó con su equipo televisivo de Alfred Hitchcock presenta (1955-1965) y posiblemente al realizarla en blanco y negro pudo introducir sangre en el asesinato de la ducha. Los responsables de esta escena fueron Saul Bass, diseñador de los rótulos del film, Bernard Herrmann, compositor de la banda sonora, y por supuesto Alfred Hitchcock, virtuoso director que supo realizar una planificación asombrosa e impregnó de angustiante suspense la violenta escena. Tardó 7 días en rodarse, con aproximadamente 70 posiciones de cámara durante los 45 segundos que dura en el metraje, un meticuloso trabajo con el que la actriz Janet Leigh cogió miedo a ducharse el resto de su vida. El segundo asesinato del film también está brillantemente realizado, y es que esta película puso el listón muy alto, siendo el modelo a seguir y, aún hoy, una gran influencia para el slasher y en general para el cine de terror.

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Psicosis.

Otra película influyente fue la inglesa El fotógrafo del pánico (Michael Powell, 1960), narrada desde el punto de vista de un psicópata voyeur, fue la precursora del slasher que seguía los pasos del asesino, realmente lo más cercano al slasher conveniconal se encuentra en su escena inicial, con el tiempo las escenas de apertura con un asesinato se convertirían en algo habitual en muchos slashers. Pero en esta década el slasher era escaso y, sobre todo, se trataban de films que seguían la línea de Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960), como las estadounidenses Homicidio (William Castle, 1961), considerada la mejor película de esos años inspirada por la película de Hitchcock, en la que no falta la capacidad imaginativa y efectista de Castle con respecto al espectador, y Demencia 13 (Francis Ford Coppola, 1963), entre Las diabólicas (Henri-Georges Clouzot, 1955) y la obra de Hitchcock, de la ‘factoría’ de Roger Corman, éste exigió más violencia lo que la hizo sorprendentemente adelantarse a su tiempo. Aunque para violencia la de Blood Feast (Herschell Gordon Lewis, 1963), mediocre película que únicamente destaca por ser la precursora del gore. En Inglaterra cabe destacar Nervios rotos (Roy Boulting, 1968). De otros países destaca en Italia el giallo fundacional Seis mujeres para el asesino (Mario Bava, 1964) y en Alemania el krimi El encapuchado (Harald Reinl, 1965).

Giallo

Puede considerarse el giallo como una ramificación del slasher clásico, sin embargo para distinguirlo del slasher moderno se separa el término giallo del slasher. Llamado también “thriller a la italiana”, giallo significa amarillo, nombre que se acuñó para unas novelas policíacas por sus cubiertas amarillas. Hay que señalar que no existe una equivalencia entre el giallo literario y el cinematográfico, pues mientras el primero se refiere al habitual suspense enrevesado, el segundo lo hace al thriller de terror y, más concretamente, al encuadrado en el psychokiller. Las influencias del cine giallo son el krimi (que englobaba a su vez otras importantes influencias del giallo como son el suspense al estilo inglés con whodunit y el cine negro) y el cine de Alfred Hitchcock, incluyendo por supuesto Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960). Como en el cine del realizador inglés el protagonista no es un policía o detective sino una persona común. También hay influencia del surrealismo, pues fue un género vanguardista.

El creador del giallo es Mario Bava, que ya hizo el film más directamente antecesor del género, La muchacha que sabía demasiado (Mario Bava, 1962), que cuenta con muchas de las características que serían habituales, así pues se narra una historia de rasgos “hitchcocknianos” en la que una persona por casualidad ve algo al principio del film que será clave para la investigación pero no lo puede recordar bien, con lo que además se crea una atmósfera onírica, el protagonista se implicará al margen de la policía ante la ineptitud de ésta, la estructura será de whodunit, se incluyen elementos de erotismo y el asesino puede que se comunique con las posibles víctimas para asustarlas, sea por teléfono o, como en este caso, con grabaciones, contribuyendo a crear un clima acechante. Pero realmente el primer giallo fue Seis mujeres para el asesino (Mario Bava, 1964), ambientado en Alemania quizá por la moda del krimi, al igual que la antes mencionada película de Bava está basada en un suspense de whodunit y con aire de erotismo, pero muestra ya una serie de sádicos asesinatos con una belleza plástica inusual en la época, cobrando la mayor importancia la puesta en escena en detrimento del guión, que en este caso presenta una estética de contraste de colores vivos, hay una atmósfera onírica de influencia surrealista que utiliza maniquís (o en otras películas, muñecos) como símbolo de la despersonalización de los sueños y referencia inerte a la muerte, como en el suspense inglés la trama transcurre en un ambiente elitista pero con el matiz de que existe una relación con el arte (en esta película, un salón de moda), las víctimas suelen ser femeninas, estableciendo una relación entre la misoginia, el sexo y la muerte (aunque esto fuera malinterpretado por muchas machistas películas derivativas), y el asesino tiene una presencia fantasmal, apareciendo únicamente para matar en escenarios vacíos (sólo víctima y asesino), yendo muy cubierto de ropa para que su identidad permanezca secreta, en esta película como en muchos gialli va vestido con gabardina y sombrero, como era habitual en muchos krimi, pero además va también enmascarado. También suele llevar guantes negros de cuero y utiliza armas blancas u otros instrumentos pero nunca armas de fuego.

La película que más “oficializó” el género fue El pájaro de las plumas de cristal (Dario Argento, 1970), considerado el giallo más importante e influyente. Recoge las influencias tanto de La muchacha que sabía demasiado (Mario Bava, 1962) como de Seis mujeres para el asesino (Mario Bava, 1964), presentando a un asesino algo voyeur cuyos actos comete por un trauma, haciendo utilización de planos subjetivos, tanto para crear un ambiente acechante como en muchos planos de los asesinatos, siendo la película que determina el estilo y la puesta en escena del género. La época más fructífera del giallo fue a principios de los 70, de la que cabe destacar en este artículo por su influencia en el slasher moderno Bahía de sangre (Mario Bava, 1971), que incorporó al género grandes cantidades de gore, y es que el giallo era más violento que el slasher de su época. De este film cabe destacar la habilidad de Mario Bava para, tras crear el género, saber ser rupturista con éste y sorprender. Se dice que el giallo murió cuando nació el slasher moderno, porque a finales de los 70 el giallo se basaba en películas exploit de violencia y sexo diluyéndose la elegancia anterior, el boom del slasher moderno y también el declive del cine de género italiano contribuyeron a que se acabara la corriente. Tenebre (Dario Argento, 1982) es considerada la película que cierra el ciclo del giallo quizá porque es un homenaje al género.

Años 70: la evolución del slasher

La influencia de Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) seguía muy presente pero en esta década hubo una gran evolución. La gran referencia del giallo El pájaro de las plumas de cristal (Dario Argento, 1970) supuso una enorme influencia, y es que en esta evolución del slasher la influencia del giallo fue fundamental, destacando también Bahía de sangre (Mario Bava, 1971), que adelantó mucho del slasher moderno. Volviendo al cine de Estados Unidos, puede decirse a modo anecdótico que Noche silenciosa, noche sangrienta (Theodore Gershuny, 1973) sería el primer slasher que relaciona los crímenes con una determinada fecha, en este caso la Navidad, idea de la que se inspiró la canadiense Black Christmas (Bob Clark 1974), una de las películas fundamentales pues representa la transición hacia lo que terminaría siendo el género, de hecho muchos consideran que, en realidad, ésta fue la primera película del slasher moderno, ya que cuenta con la mayoría de elementos de éste, como el desarrollo de la acción en un corto periodo de tiempo dramático y en un escenario aislado o su temática adolescente, siendo además el primer slasher que absorbe de manera notoria las influencias del giallo. A los slashers que mantienen el suspense de este género italiano como la identidad desconocida del asesino se les puede considerar “giallo a la americana”. La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974) añadió una mejor utilización de los espacios, siendo otro film realmente adelantado a su tiempo.

La película que revolucionaría el género, que se podrá poner en duda si fue o no el primer slasher moderno pero que en todo caso existe unanimidad de que ésta si se puede considerar como tal, fue Halloween (John Carpenter, 1978), un filme que puede decirse que evoluciona lo hecho en Black Christmas (Bob Clark 1974), de hecho el proyecto nació pensado como una secuela de este film. La presencia de un asesino enmascarado de presencia fantasmal que acecha a un grupo de adolescentes “desmadrados” junto a otros aspectos como su magnífica utilización de los escenarios en lugares vacios y aislados definiría el slasher moderno, siendo también el film que determinó la presencia de una “Scream Queen” (y, también, de “final girl”). El éxito de esta película, con un asesino cuya identidad conoce el espectador y de comportamiento autómata, hizo que este tipo de slashers alcanzaran mayor popularidad que los de whodunit. Después, surgiría una oleada de películas inspiradas por Halloween (John Carpenter, 1978) que formarían una corriente de films que hicieron que, precisamente, se acuñase el término slasher y se considerase este subgénero del psychokiller.

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Halloween.

Años 80: slasher moderno

La moda de Halloween (John Carpenter, 1978) marcó los años 80, en el caso de dos películas, la canadiense Noche de graduación (Paul Lynch, 1980) y El tren del terror (Roger Spottiswoode, 1980), contando como reclamo con la “Scream Queen” del filme de Carpenter, Jamie Lee Curtis. Pero si entre 1978 y 1980 la producción de slashers se incrementó considerablemente por Halloween (John Carpenter, 1978), la que provocó la llegada de una enorme cantidad de estas películas fue Viernes 13 (Sean S. Cunningham, 1980), provocando de hecho secuelas de Halloween (John Carpenter, 1978) y hasta de Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960). Viernes 13 (Sean S. Cunningham, 1980) fue algo así como la recopilación de las características del slasher y el llevar éstas hasta el extremo. Así pues, sus guiños e influencias van desde Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) a Halloween (John Carpenter, 1978). El suspense y lo psicológico se diluyen mucho cobrando ya todo el protagonismo la cadena de asesinatos, incluyendo grandes cantidades de gore, y es que Viernes 13 (Sean S. Cunningham, 1980) fue, además, la película que llevó al “mainstream” el cine gore, la que lo puso de moda. Viernes 13 (Sean S. Cunningham, 1980) representa, por tanto, la parte más extrema del slasher, plagado de sangre y sexo, más como reclamo que como forma de un determinado discurso, de hecho la simplona manera de reflejar esto deforma lo narrado en Halloween (John Carpenter, 1978), dando la impresión de que existiera un discurso conservador. Aunque no era de lo mejor del género, se hizo en el momento adecuado, se vendió bien y aglutinaba cosas que al público cada vez le interesaban más, resultando un gran éxito, lo cual hizo que se hicieran continuaciones, en donde se potenciaba aún más la delirante violencia con asesinatos imaginativamente sangrientos, realizados de manera sorprendente e impactante. Esta reducción a lo más elemental, con una estética sombría y algo sucia, marcó el slasher desde entonces.

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Saga Viernes 13.

Los años más profusos fueron los primeros 80, aunque el género por haber evolucionado hacia unos temas tan básicos no tardó en caer en lugares comunes, repitiéndose, sin embargo el slasher sobrenatural Pesadilla en Elm Street (Wes Craven, 1984) refrescaría el estilo, siendo una de las películas de terror consideradas clave de la década. Si en los primeros tiempos del género de terror los grandes iconos eran monstruos como Drácula, el hombre lobo y la momia, en los años 80 ocuparían su lugar Michael Myers (Halloween), Jason Voorhees (Viernes 13) y Freddy Krueger (Pesadilla en Elm Street), y es que como aquellos, aparecieron en muchas películas, de hecho el slasher terminó caracterizándose por sus prolongadas sagas, lo que unido a la reiteración de esquemas terminó sumiendo al género en decadencia en la segunda mitad de los 80, además de que a finales de la década el propio cine de terror empezó a estar en crisis lo que, por desgracia, se materializó completamente en la posterior década, y el slasher padeció también estas consecuencias.

Desde entonces

Los 90 fueron una de las peores épocas para el cine de terror, un género que pese a sus dificultades había sido muy explotado, y si ya “todo estaba inventado”, más aún en un género tan específico como el slasher. Los primeros años de los 90 se caracterizaron, además de por la renovación que empezó a tomar el género de terror con películas como El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991), por mantener aún algunas películas de estilo “ochentero”, pero el mejor slasher de la década sería la algo más moderna Candyman (Bernard Rose, 1992), que con el surgimiento de una mediocre saga terminaría creando un nuevo icono del género. Sin embargo, Scream (Wes Craven, 1996) recuperó el éxito para el cine de terror, un homenaje al slasher y al terror moderno que a la vez encerraba una parodia sobre sus tópicos, con los que jugaron a “romper las reglas” del género. Pese al incremento de la producción de género en la segunda mitad de los 90, la calidad aún no fructificaría mucho, y Scream (Wes Craven, 1996) sirvió de modelo para una nueva hornada de slashers, es decir, argumentos más referenciales, estética sobria y pulcra y tramas más enrevesadas, volviendo a primar el whodunit, no tanto en el otro slasher ideado por el guionista Kevin Williamson, Sé lo que hicisteis el último verano (Jim Gillespie, 1997), o al menos en la saga de éste que toma mayor referencia de los asesinos sobrenaturales. Los aficionados a este subgénero del psychokiller echaron de menos los excesos de muchos slashers de los 80. Esta nueva corriente que no aportaba casi nada nuevo al género fue decayendo, pero en la década de los 2000 el cine de terror volvió a estar en auge cobrando importancia lo que puede considerarse terror posmoderno, algo de lo que bebería el slasher, siendo el más influyente la francesa Alta tensión (Alexandre Aja, 2003), película que recupera la brutalidad apoyada en una estética plástica dándole una nueva vuelta de tuerca a los asesinatos, aunque es discutible si esta película en realidad es más slasher o más survival horror.

Aunque su etapa de mayor apogeo haya pasado el slasher permanece como un género recurrido que sigue gustando al público, aunque a veces se canse de éste y lo deje aparcado durante un tiempo, pero seguiremos disfrutando mucho tiempo de slashers.

- Paco Antequera

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28 Julio 2008

Doomsday

Doomsday (Neil Marshall, 2008)

Filme que confirma definitivamente, si no lo hizo ya The descent (2005), la capacidad de Neil Marshall para hacer un logrado cine de género cargado de intensidad. Realizador de espíritu ochentero, en aquella década tiene sus grandes referencias que le sirven de influencias a la hora de plasmar sus gustos en pantalla, y Doomsday supone un nuevo paso en este sentido. De sus películas de terror “a lo Evil Dead” pasa ahora al cine de acción con Doomsday y, en general, a un batiburrillo de géneros y referencias que la convierten quizá en su película más representativa.

Las principales referencias para Doomsday son aquellas películas de los 80 que mezclaban cine de acción y ciencia ficción, sobre todo la fundamental Rescate en Nueva York (1981), aunque en este popurrí cinéfago destacan también la saga Mad Max y, la influencia más singular, Los señores del acero (1985), film de Paul Verhoeven, director que ha realizado algunas de las mejores películas que mezclan la acción y la ciencia ficción pero que sin embargo su nombrado filme es de aventuras. El resultado es una película que puede resultar muy dispersa pero que sin embargo logra con creces enganchar al espectador con elementos de acción, ciencia ficción, aventuras, road movie, thriller, drama y mucha ironía gore, es todo un disfrute para quienes amamos el género y hasta el exploit, aceptando sus pocas pretensiones pero es todo un ejemplo de cómo cumplir brillantemente éstas.

Aunque su ritmo es irregular porque Marshall ha hecho la historia para meter homenajes a algunos de sus films preferidos y no hecha según lo que requería la narración, está tan bien llevado que es entretenida de principio a fin, con algunos momentos realmente memorables. Me gustaría destacar la habilidad de Marshall a la hora de rodar escenas de acción, hoy día resueltas muchas veces de manera facilona con planos cercanos y mucho movimiento de cámara de manera que no sea necesario concretar mejor las coreografías, está claro que rodar de manera que todo se vea claro es más difícil, porque se puede ver más claramente dónde está el truco y el director y los técnicos encargados de la escena deben demostrar su habilidad para hacer creíble lo que se ve en pantalla, y cuando se consigue, como es éste el caso, puede haber acción de calidad. Desde luego que a mucha gente no le gustará esta película que les resultará plana y sin nada nuevo que contar, pero los que somos aficionados al género sabemos que Marshall es “uno de los nuestros”, sabemos lo que quiere con su película y disfrutamos con ésta como él disfrutó de los films que le inspiraron, es en definitiva género con espíritu de serie b, con gusto por lo salvaje, llegando a un desmadre que Marshall ha sabido canalizar de manera brillante. [7]

- Paco Antequera

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22 Junio 2008

Detective Conan

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La longeva serie animada de Detective Conan, adaptación del comic de Gosho Aoyama, me tiene enganchado, y es que me encanta el suspense de la escuela inglesa, el de gente como Arthur Conan Doyle, Agatha Christie y Edgar Wallace, que es de lo que bebe esta serie, con mucha influencia de Sherlock Holmes, por la forma racionalizada de resolver los casos, la versatilidad del detective y las historias con múltiples elementos. Así pues, como thriller al estilo inglés que es, que nadie se espere algo muy realista, pues los detectives normalmente se encontrarán en el lugar del crimen, los casos muchas veces son poco comunes con un enigma enrevesado en el que Conan Edogawa deberá unir las piezas, con estructura de whodonit (¿quién lo hizo?) y se encontrarán muchas veces en un espacio cerrado clave a la hora de realizar el crimen, normalmente situado en ambientes de la alta sociedad.

Detective Conan parte de una particularidad, y es que su protagonista, el adolescente Shinichi Kudo, fue convertido en niño por un veneno que le hicieron tomar los hombres de negro, una organización secreta que vertebra las tramas más continuas de la serie, ya que normalmente cada caso (desarrollado normalmente en uno o dos capítulos) suele ser independiente de los demás y por tanto puede disfrutarse de manera aislada. Los capítulos de la organización de los hombres de negro son los que acercan más la serie al thriller americano y al cine negro. Una vez convertido en niño, y para ocultarse de la organización de los hombres de negro, Shinichi Kudo se cambió el nombre por Conan Edogawa y se fue a vivir con la chica que le gusta, Ran, y a la que debe ocultarle su identidad, ya que su padre, Kogoro Mouri, policía en el pasado, es detective privado, lo que le permite a Shinichi seguir resolviendo casos pese a ser un niño. Ser un niño le hace ser menos sospechoso a la hora de investigar, pero también le crea dificultades a la hora de intentar resolver los casos sin que nadie perciba su gran capacidad de deducción.

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Los elementos dramáticos, cómicos y románticos añaden un componente más ameno a una serie que, si se hiciera mal, podría ser muy repetitiva. De hecho, como se ve, tiene una buena mezcla de géneros, lo que le da una buena variedad a la serie y la hace muy entretenida, caben destacar también los componentes de ciencia ficción (la propia historia del encogimiento a niño parte de esto), que aparecen sobre todo con el Profesor Agasa, el primero que conoce la identidad de Conan Edogawa y uno de los pocos, creador de inventos que le solventan los inconvenientes de ser un niño, principalmente el reloj con dardo anestesiador y la pajarita que cambia la voz para resolver los casos. Otros personajes son los niños de La liga juvenil de detectives, los amigos de la escuela de Conan que “juegan a ser detectives”, en estos capítulos es donde más abunda la acción y la aventura, vamos, que es una serie muy de género, y es que incluso hay capítulos “fantásticos”, aunque realmente los elementos sobrenaturales al final son falsos, en estos capítulos suele ser donde más se refleja la cultura tradicional japonesa. En definitiva, Detective Conan se suma a los detectives icono en estos tiempos donde han cobrado más protagonismo los investigadores forenses. Muy disfrutable para quienes nos gusta el suspense clásico.

- Paco Antequera

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30 Mayo 2008

La saga Mario Kart de Nintendo

En los 90 apareció la que sería una de las sagas más importantes de Mario, la carismática mascota de Nintendo, serían los Mario Kart. Nintendo ha sabido construir un universo alrededor del personaje de Mario, es por ello que ha tenido éxito con juegos ajenos al género de plataformas, como Dr. Mario con el puzzle, Mario is missing! (y demás juegos de Mario secuestrado) con la aventura gráfica y Golf (posteriormente Mario Golf) con el golf, precisamente en los juegos deportivos es donde más éxito tendría. De los juegos de Donkey Kong a principios de los 80, Mario ya con Luigi pasó a los famosos juegos de plataformas que le hicieron tan popular, como el histórico Super Mario Bros (1985), sería entonces cuando más entrados los 80 alcanzaría unas enormes cotas de popularidad. Si ya era un personaje muy instaurado en la cultura popular, la Super NES incrementó aún más su éxito, y Super Mario Kart (1992) fue uno de los grandes responsables de esto. Situándonos en aquella época, hacía 1 o 2 años, según el país, que la Super NES había salido a la venta y que a la vez venía con el mítico Super Mario World (1990). Ya entonces Mario tenía una nutrida aparición en videojuegos no plataformeros, pero fue Super Mario Kart (1992) el juego que más consolidó una saga al margen de la principal, sería entonces cada vez más con el tiempo cuando Mario fue teniendo diversas sagas de gran éxito, es decir, la saga Mario Kart, así como otras, tienen ya un éxito independiente de la saga de juegos principal de Mario, e incluso igualándose a ésta.

Super Mario Kart (1992) implantó lo que primaría en la mayoría de grandes sagas de Mario al margen de las plataformas; la competitividad. Es decir, cogemos a los personajes más conocidos del mundo de Mario y los ponemos a competir, en este caso con carreras que bien recuerdan a las de la serie Los autos locos (1968-1970) de Hanna-Barbera. Vamos, que los Mario Kart no son precisamente simuladores, sino que introducen de lleno toda la fantasía del universo de Mario y en donde vale de todo, como golpear a los oponentes o ponerles trampas, lo importante es llegar a la meta. La suerte es importante en estos juegos de naturaleza alocada y uno de sus aciertos es favorecer a los jugadores que en peor posición en la carrera se encuentran, algo que se fue potenciando juego a juego, de esta manera las partidas suelen ser equilibradas y con ello emocionantes y muchas veces inesperadas. El éxito de Super Mario Kart (1992) hizo que se crease una saga compuesta por los juegos descritos a continuación.

JUEGOS

Super Mario Kart (1992)

El juego que inició la saga y sentó las bases de ésta pudo realizarse por la acertada tecnología de la Super Nintendo orientada a la jugabilidad y la calidad. Así pues, el juego resultó de la tecnología del modo 7, mediante la cual se permitía rotar una textura sobre un sprite, de esta manera los fondos giraban sobre los pilotos, otorgando una sensación de profundidad y libertad de movimientos, simulando una jugabilidad 3D. Uno de los atractivos de Super Mario Kart (1992) fue su modo multijugador, mediante el split screen, es decir, la pantalla partida, con la que podían jugar dos jugadores.

Sentaría el sistema de juego que seguirían los posteriores lanzamientos, con los modelos de dificultad según los centímetros cúbicos, de 50cc, 100cc y 150cc, y con modos de juego como Grand Prix, para obtener las copas, clasificadas en los Grand Prix de la seta, de la flor, de la estrella y del relámpago, el modo contrarreloj, para conseguir records de tiempo, y el modo batalla, centrado en las luchas con objetos y no en las carreras. También aparecen muchos de los circuitos que serían habituales en los posteriores juegos, tales como el Circuito de Mario, circuitos de carreras con exigentes recorridos, el Valle fantasma, en los que son habituales las complicaciones, el Castillo de Bowser, con muchos obstáculos, y el Rainbow Road, una desafiante carrera que se convertiría en el último circuito de los Mario Kart. Volviendo a los Grand Prix, los puntos para subir al podio o conseguir una copa, se obtienen de las diversas carreras, según la posición de llegada, perdiendo una vida si no se puntúa, es decir, se exige puntuar quedando entre las primeras 4 posiciones, para pasar al siguiente circuito, si no deberá repetirse. Esto último no se mantendría en los posteriores Mario Kart (excepto el de N64) donde lo único que importa son los puntos obtenidos al final.

Los pilotos son algunos de los personajes más conocidos de los juegos de Mario, es decir, Mario, Luigi, Koopa, Peach, Toad, Yoshi, Donkey Kong y Bowser. Las principales diferencias entre unos y otros son a causa del peso del piloto, es decir, tenemos a los pesos ligeros, a los medianos y a los más pesados. Cuanto más ligero, más aceleración y maniobrabilidad, pero cuanto más pesado, más velocidad punta y potencia a la hora de chocar y resistir choques con otros pilotos. Pero la salsa del juego serían los objetos, se recogen aleatoriamente al pasar sobre unas baldosas amarillas, eso sí, cuanto más atrasados vayamos mejores objetos podrán salirnos, convirtiéndose en algo fundamental para ganar las carreras. Los objetos son los siguientes: plátano, caparazón verde, caparazón rojo, seta, estrella, rayo y pluma, éste último no aparecería en posteriores Mario Kart. Se pueden coger del suelo monedas, que también están como objeto, incrementando la velocidad del kart, tampoco estarían en posteriores juegos (excepto en el de Game Boy Advance). En el modo batalla está el fantasma, que en posteriores juegos estaría también en las carreras. Los conductores controlados por la CPU no utilizan objetos, sino que tienen, según el personaje, un objeto especial que pueden utilizar en cualquier momento, por ejemplo Mario utiliza la estrella, mientras que Bowser utiliza un objeto que los demás no pueden usar como es el dejar bolas de fuego.

No cabe duda de que es uno de los Mario Kart que, posiblemente el que más, más valor histórico tiene, y también es, en general, uno de los videojuegos de Mario más importantes. Desde Mario Kart 64 (1997) se potenciaría la accesibilidad al juego de más usuarios, mientras que Super Mario Kart (1992) tenía en comparación un nivel más exigente, si bien más desequilibrado en comparación con sus sucesores. En todo caso, este juego tiene quizá más que los posteriores esto que se dice de un encanto especial, quizá por su frescura. Un gran clásico.

Mario Kart 64 (1997)

Si bien Super Mario Kart (1992) aportó los elementos principales de la saga, Mario Kart 64 (1997) sería el que, principalmente, serviría de modelo para el resto de juegos, terminando de perfilar el concepto de la saga. La incursión en los 64 bits es palpable y con sus gráficos poligonales es ya realmente 3D, permitiendo incluir baches y desniveles en los circuitos, la potencia gráfica del juego es notoria especialmente en el modo un jugador, que dispone ya de pantalla completa. Además, se puede jugar hasta a 4 jugadores (aunque con pérdidas gráficas y de juego), potenciando la en buena parte esencia multijugador de los Mario Kart. Por otra parte, el stick analógico de Nintendo 64 permite una jugabilidad más suave y precisa.

Las carreras desde este juego pasarían de los 5 vueltas de antes a 3, por ello en Mario Kart 64 (1997) los circuitos son más grandes. Además, ya no hay escenarios o ambientaciones con varios circuitos, por ejemplo ahora hay un único Circuito de Mario. También los objetos serían los que no faltarían en posteriores juegos, así pues a la mayoría de objetos de Super Mario Kart (1992) se añaden el manojo de plátanos, setas doradas, caparazones azules, triples caparazones verdes y rojos, y objetos falsos, por cierto que ahora los objetos no se recogerían de baldosas en el suelo sino de cajas flotantes y la CPU ya los recoge y utiliza también. Hay novedades como la posibilidad de hacer un mini-turbo con los derrapes, y el nuevo modo de juego espejo. Los pilotos son Mario, Luigi, Peach, Toad, Yoshi, Donkey Kong, Bowser y como nueva incorporación Wario. El juego potencia las virtudes de su predecesor y los desarrolladores han sido conscientes de que la chicha del juego está en los objetos y los circuitos, señalar que éstos últimos tienen un excelente diseño y son muy divertidos, dejando un alto listón que no siempre igualarían los posteriores juegos. Es, quizá, el mejor Mario Kart, pero en todo caso es el que sentó las bases de la saga y el más representativo de ésta.

Mario Kart Super Circuit (2001)

Éste fue el primer Mario Kart para una portátil, pasando el estreno con mucho más que aprobado, por tanto con un éxito que podría decirse inicia una saga paralela en las portátiles de Nintendo, de esta manera habría el doble de lanzamientos de juegos de Mario Kart. Al volver a los gráficos bidimensionales, vuelve a utilizarse el modo 7 en este juego que aunque tiene mucho parecido con el de Super Nintendo, en algunos aspectos llega a parecerse más al de Nintendo 64.

Game Boy Advance fue la primera portátil a color de Nintendo (exceptuando el digamos apaño de la Game Boy Color), y sin arriesgar mucho, se dedicaron a hacer juegos muy parecidos a los de sus hermanas mayores, e incluso ‘remakes’ como lo es Super Mario Advance (2001) de Super Mario Bros 2 (1988), pero Mario Kart Super Circuit (2001) es un juego nuevo, quizá por ello se convirtió en el juego de Mario estrella de la consola por encima de Super Mario Advance (2001), pero al igual que otros juegos, no buscaba la innovación, la ventaja de esto es que permite perfilar cosas mejorables y con ello hacer un juego “maduro”, y es que ciertamente les quedó un juego muy redondo. Se mantienen los mismos pilotos que en Mario Kart 64 (1997) así como muchas otras cosas, pero introduce una atractiva novedad, la inclusión de circuitos ‘retro’, circuitos de un juego anterior, incluyendo todos los de Super Mario Kart (1992). Además se puede jugar hasta a 4 jugadores con un solo cartucho. En definitiva, más que aprobado, un debut sobresaliente en una portátil.

Mario Kart: Double Dash!! (2003)

Con este juego el salto a nivel técnico fue considerable, con unos potentes gráficos que convierten al juego en una obra realmente espectacular, además fue el primer Mario Kart en el que los pilotos están realizados con gráficos poligonales. También es el primer Mario Kart con vibración en el mando, ya que en Nintendo 64 el rumble pack no era compatible con Mario Kart 64 (1997). De todas maneras, según estos datos este Mario Kart, aparte de los adelantos técnicos, no aportaría mucho más a la saga, pero sí tiene claros elementos distintivos. Hay que señalar que en Game Cube las diversas sagas de Nintendo optaron por unos caminos algo diferentes al habitual, quizá porque a diferencia de N64, en Game Cube sí tuvieron más importancia las third parties, quizá por ello las distintas sagas de Nintendo intentaron no repetirse respecto a anteriores juegos, y Mario Kart: Double Dash!! (2003) no fue una excepción.

La característica más significativa de este Mario Kart es la inclusión de dos pilotos en cada kart, permitiendo además las partidas a dos jugadores con un mismo kart. Esto le da otras posibilidades al juego, ya que además por primera vez (sin contar la CPU en Super Mario Kart de 1992) cada piloto puede obtener un objeto exclusivo para él. También es el primer Mario Kart en el que se dispone de varios tipos de karts a elegir. Además, se incrementa notablemente la cantidad de personajes, con Mario, Luigi, Bebé Mario, Bebé Luigi, Koopa, Paratroopa, Peach, Daisy, Yoshi, Birdo, Donkey Kong, Diddy Kong, Bowser, Bowsy, Wario, Waluigi y los personajes ocultos. Aún con las singularidades del juego, básicamente se mantiene la esencia de la saga, e incluso se profundiza en ésta con unas carreras más alocadas en espectaculares circuitos que resultan trepidantes. Nintendo suele acertar a la hora de saber no repetirse sin cambiar la esencia de una saga, como es el caso de este Mario Kart.

Mario Kart DS (2005)

El Mario Kart de Nintendo Dual Screen perfeccionó en buena medida la saga, y es que para algunos es incluso el mejor Mario Kart. Al mantenerse fiel al sistema de juego propio de la saga, no puede utilizar de manera tan significativa las características singulares de la Nintendo DS como la pantalla táctil y el micrófono, aunque la doble pantalla resulta muy útil para tener una pantalla de juego completa a la vez que un mapa. El juego mantiene los mismos personajes que en Mario Kart Super Circuit (2001) pero añade ocultos, a diferencia de el de Game Boy Advance los gráficos son ya poligonales. Se añaden como nuevos objetos el calamar y bill bala, hay distintos tipos de karts a seleccionar y se incluye un nuevo modo de juego, el modo misiones.

Pero si hay una aportación realmente destacable es la de ser el primer Mario Kart con modo online, algo que dada la naturaleza del juego amplia de manera realmente significativa sus posibilidades de diversión. Con sus estupendos gráficos, multijugador y modo online, nuevos modos de juego y muchas mejoras respecto a anteriores juegos, estamos ante un juego que podría decirse que reúne lo mejor de la esencia de Mario Kart, siendo el juego más completo de la saga. Eso sí, la digamos arbitrariedad a la hora de conseguir una posición se lleva bastante lejos y puede resultar a veces frustrante. Así pues, pese a aparentemente no aportar mucho a la saga salvo el modo online, sí puede decirse que es uno de los Mario Kart más importantes y, de nuevo como en el caso de Mario Kart Super Circuit (2001), uno de los mejores juegos para su consola.

Mario Kart Arcade GP (2005)

El último formato en el que desembarcó la saga fue en el de recreativa, aunque bastante alejado de los demás juegos por ser, en comparación con éstos, demasiado arcade. Se desarrolló con Namco, compañía experta en juegos recreativos, y a modo de guiño incluyeron algunos personajes del mundo de Pac-Man de entre los 11 pilotos seleccionables. Si se conocen los Mario Kart domésticos se conoce también perfectamente la dinámica de este juego, que tiene la ventaja que da la cabina de juego, simulando el asiento de un kart con su correspondiente volante, además de gozar de un potente nivel gráfico, pero su simpleza de juego y falta de posibilidades lo convierten en algo light en comparación con el resto de la saga, pero esta inmediatez es necesaria para un arcade recreativo.

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Mario Kart Wii (2008)

Las posibilidades de Wii se han aprovechado bien en su Mario Kart dentro de unos límites para no cambiar el concepto del juego, así pues Mario Kart Wii (2008) permite la utilización del periférico Wii Wheel, un volante inalámbrico que permite mayor implicación en el juego. Sin embargo, la innovadora Wii tiene un inconveniente, y es que no es una consola que destaque en los aspectos técnicos. Curiosamente, los Mario Kart siempre han tenido buenos resultados por sus posibilidades técnicas, no por ningún alarde técnico sino por la técnica al servicio de la jugabilidad, como quedara claro con el ya lejano modo 7 de Super Mario Kart (1992). Por tanto, las aportaciones jugables de Wii no alcanzan a hacer un juego más potente que Mario Kart: Double Dash!! (2003), sin embargo han optado por lo que no era el Mario Kart de Game Cube, y es volver a las raíces, volver al concepto elemental del juego sin muchas cosas más fuera de lo habitual, sólo exprimiendo al máximo las posibilidades que tiene.

De todas maneras, el juego tiene mucho de Mario Kart DS (2005), juego éste que, por otra parte, respetaba también el concepto más básico de Mario Kart, pero potenciaba lo alocadas que eran las carreras, pero Mario Kart Wii (2008) corrige cosas como el abusivo derrape, aunque mantiene la excesiva arbitrariedad de los resultados de carrera. Hay 12 pilotos pero con los personajes ocultos hay muchos competidores nuevos. Mantiene la mayoría de objetos de anteriores juegos (perdiendo alguno como el fantasma) y añade el Bloque Pow, el Mega Champiñón y el Rayo intra nube. El juego, podría decirse, viene a aglutinar mucho de lo hecho hasta ahora en la saga, es quizá uno de los Mario Kart que menos ha aportado pero tras Mario Kart: Double Dash!! (2003) se agradece este regreso a las raíces del juego. Aún así, la suma de sus muchas posibilidades, desde el mencionado Wii Wheel hasta el modo online, hacen de éste uno de los Mario Kart más completos, además incluye algunas novedades curiosas tales como la posibilidad de hacer turbos mediante piruetas o la inclusión por primera vez de motos. Vamos, que en cierto modo no es tanto más de lo mismo.

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Mario Kart Arcade GP 2 (2008)

A diferencia de los formatos domésticos, en la tercera saga de Mario Kart, la de arcade, no hay grandes cambios de un juego a otro. Así pues, Mario Kart Arcade GP 2 (2008) retoma la base de su antecesor con más personajes, circuitos y objetos pero poco más, en buena parte es una actualización del anterior.

A mi modo de ver, un acierto de esta saga es el lanzar un único juego para cada consola, de esta manera cada nuevo Mario Kart ha sido un paso delante de verdad y no más de lo mismo con cuatro apaños nuevos. Por eso se trata de una saga realmente potente, con una notoria evolución. No cabe duda de que Super Mario Kart (1992) es de los más importantes, sino el que más, por su carácter pionero, y es que además el paso del tiempo le ha sentado bastante bien, su nivel adictivo sigue siendo no tan fácil de alcanzar por sus sucesores. Mario Kart 64 (1997) es, quizá, el pilar de la saga, definiendo su competitiva diversión que, quizá, no ha vuelto a igualar ninguno de los posteriores juegos. Las versiones para portátiles han sido sobresalientemente convincentes, llegando a ser no un apéndice de los juegos de sus hermanas mayores, como le pasa a otras adaptaciones para las portátiles, sino unos juegos con gran valor por sí mismos que llegan a igualarse a sus hermanos mayores (no en aspectos técnicos, lógicamente). Tras tantos juegos, algo un poco diferente como Mario Kart: Double Dash!! (2003) se hacía necesario, además marca un punto de inflexión por sus elevadas cotas de calidad gráfica, en este sentido Mario Kart Wii (2008) ha sido, en cierto modo, un frenazo, nunca mejor dicho, para la saga, aunque en general siga estando a la altura. Esperemos que el próximo juego de la saga vuelva a sorprender como lo hicieron los mejores Mario Kart, aunque tiene el listón muy alto, no estaría nada mal que incorporaran un modo historia para darle más vidilla al modo un jugador, también incluyendo más circuitos porque según van pasando los juegos son los mismos o menos, hablando sin incluir los circuitos retro que sí suman una buena cantidad, pero sería deseable una mayor cantidad de circuitos nuevos.

- Paco Antequera

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20 Abril 2008

Esos aficionados al cine de terror

Quiero dejar claro antes que nada que no pretendo ofender a nadie, esto es tan sólo mi humilde opinión que, eso sí, es bien crítica, lo que no debe confundirse con un ataque hacia nadie. Esta vez no voy a hablar sobre cine, sino que daré mis impresiones sobre el público del cine, concretamente sobre el aficionado al género de terror, sin que yo pretenda erigirme como lo que debe ser un buen aficionado a este género, insisto en que mi opinión es desde luego rebatible pero lo que está claro es que mi opinión para eso es mía y me parece interesante reflexionar sobre este asunto.

El cine de terror es un cine tan apreciable como cualquiera, aunque sea denostado por las mentes más ortodoxas y puritanas, sin embargo sufre como ningún otro una gran banalización. Con el tiempo, el cine dejó de estar considerado únicamente un entretenimiento y se consolidó como el gran medio artístico que es, pero es como si el cine de terror no hubiera madurado y llegado a esto, quedándose en una especie de adolescencia eterna. Está claro que, en general, el cine fantástico es más fácil que esté dominado por la industria, sea por los medios que se necesitan o porque es uno de los géneros más idóneos para hacer cine evasivo y con ello de puro entretenimiento. La industria y no los autores ha sido la que ha determinado la visión del público del cine de terror.

¿Qué quiere decir esto? Que el cine de terror funciona, masivamente, por pura mercadotecnia. Me dirán algunos que incluso el drama intimista, hasta el drama social, necesita de industria y mercado y por tanto de cálculos de ingresos y beneficios y demás, ciertamente así son las cosas pero la diferencia es que ciertos tipos de cine tienen un público detrás que respalda las obras según sus intenciones artísticas, su riesgo creativo, etc., por lo que estos tipos de cine gozan de mayor libertad. El cine de terror, por el contrario, queda reducido a mero cine de entretenimiento, a explotaciones de una idea mientras dé beneficios, el resultado de esto es una abultada cantidad de films que sencillamente ni aportan nada ni son estimulantes. Sin embargo, las grandes referencias del cine de terror sí son propuestas innovadoras y con talento, ahí están El gabinete del doctor Caligari (1920), King Kong (1933), La mujer pantera (1942), La mujer y el monstruo (1954), Psicosis (1960), El exorcista (1973) y un largo etcétera. Puede decirse a favor del aficionado al cine de terror que, al menos, suele valorar con justicia estas obras, pues son la semilla de la que se desparraman todas las explotaciones que la industria realiza, es decir, de las modas. Pero mientras que las grandes referencias del terror fueron apuestas algo arriesgadas y de gran valor cinematográfico, muchas películas derivativas de éstas son vacuas y superficiales, no importa ni la forma ni el fondo, ni lo artístico ni el mensaje. Ya films ‘viejos’ como El doctor Frankenstein (1931), King Kong (1933) y La mujer pantera (1942) encerraban una reflexión, y cuando el cine en general tomó mayor “seriedad”, también fue así en la mejor parte del cine de terror. Por poner algunos ejemplos, la serie Dimensión desconocida de Rod Serling tenía una moraleja en cada cuento y, desde luego, la obra de realizadores como George Romero, Larry Cohen, David Cronenberg… que son algunos de los directores más importantes del terror moderno, está llena de constantes reflexiones. La banalidad, por tanto, viene de quienes explotan los hallazgos de George Romero para hacer patochadas. Por eso nos encontramos una película de zombies tan interesante como es La noche de los muertos vivientes (1968) y, enfrente, 10 películas chorras de zombies. Visto así, el cine de terror parece una chorrada, si valoramos únicamente las cifras. Pero, ¿qué es lo que ocurre?, que al aficionado medio al cine de terror le importa un pimiento la tensión desarrollada en La noche de los muertos vivientes (1968), ese clima de pesadumbre y la sensación desoladora que produce el film. Qué va, lo que quiere es ver zombies, y que muerdan y haya tripillas. Se queda en la superficie y no escarba, la esencia del film le importa un pepino. No es casualidad, por tanto, que los años 80 sean tan apreciados por el aficionado al cine de terror. Ojo, que yo adoro el terror de los 80, pero reconozco que también hubo una degeneración que fue a más y que, literalmente, terminó cargándose el cine de terror. Los 80, realmente, comparten la esencia de los años 50, década en la que la industria también tenía un gran control sobre el cine de terror, a la vez que reinaba la serie b "desenfadada", baste decir que fue la década de Roger Corman. No es que pretenda descalificar el cine de terror que busque puro entretenimiento, pero lo que encuentro una aberración es que cualquier intento de hacer terror ‘serio’ sea ignorado por muchos aficionados, que prefieren lo mismo de siempre, y que por eso tengamos tanta paja en el cine de terror.

Voy a ser más específico; el aficionado medio al cine de terror no es que huya de la originalidad, pero está claro que tampoco quiere algo que diste mucho de lo considerado convencional. Enseguida diría que es “una paranoia”, “una película rara”, “pretenciosa”, etc. Por no hablar de si es un film pausado, esto puede llegar a hacer que se le recaliente el cerebro. Tristes tiempos en que el público, y hablo del público en general, sólo aguanta películas a ritmo de videoclip, que las historias que se toman su tiempo son despreciadas, y enseguida son calificadas de “aburridas”. Sin duda, un signo de los tiempos que vivimos. Evidentemente, para cada cosa hay momentos y momentos, no siempre nos puede apetecer ver un film de Yasujiro Ozu, pero muchos sencillamente huyen de este cine. Esta inmediatez es la que prima en el cine de terror, por desgracia, donde todo se le tiene que dar masticado y casi digerido al espectador. Como dije antes, además el público del cine de terror funciona mucho por la mercadotecnia. Ver tiendas de comics y otras cosas del cine fantástico es un buen ejemplo. Veremos al muñequito de Freddy Krueger, o ahora a Jigsaw, lo que en sí no tiene nada malo, pero el problema es cuando el aficionado al cine de terror funciona más por iconos que por buenas películas. Pondré un ejemplo; Saw (2004) fue una buena película y su éxito le permitió convertirse en una saga, la cual es muy seguida por los aficionados al cine de terror, lo que ocurre es que ni Saw 2 (2005) ni las posteriores son grandes películas, ni tan siquiera son notables películas, más bien son dignamente correctas e incluso, dentro de lo moderado, buenas. Que el público vea las Saw sólo porque tienen este nombre, porque son una franquicia, mientras ignora films mucho mejores, me parece preocupante. James Wan, director de Saw (2004), sin embargo no tiene tanto seguimiento como tienen las secuelas de su film. Aunque Saw (2004) no haya sido su único acierto y siga haciendo buenos films, a la gente lo que le interesa es la marca Saw. No critico el éxito de la saga Saw, de lo que me alegro y que me parece muy simpaticota, critico las preferencias del aficionado al cine de terror. El aficionado a otros tipos de cine, el cinéfilo, se preocupa en investigar y encontrar más películas, en encontrar películas de Holanda, Suecia, Grecia… además de las de los países más obvios como Inglaterra o Alemania. Por el contrario, muchos aficionados al cine de terror se conforman con las películas más conocidas, incluso no dudan en restringirse abiertamente al cine de EEUU, de tal manera que se creen que incluso películas de otros países como las inglesas Alien (1979) y Hellraiser (1987) son de EEUU, y por supuesto el terror español es una mierda, cine de EEUU bueno, cine español malo, cine del resto del mundo… no sabe no contesta. Sí que hay que reconocer que si bien ésta es la postura de muchos aficionados al cine de terror, sí que los hay más abiertos que gustan de las “rarezas”, de los que antes rebuscaban entre los VHS de los videoclubs. Por desgracia, quizá hoy día hay menos variedad en los videoclubs.

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Figura de Jason Voorhees

Retomando lo de la mercadotecnia y el marchandising, creo que esto ha hecho mucho daño al cine de terror. ¿Qué Halloween (1978) se convierte en un inesperado éxito?, pues la explotamos y convertimos a su serial killer en un icono, aunque llegue a lo ridículo, porque Myers debería cobrar el paro entre película y película ¡anda que no trabaja! La obra original de Halloween (1978) queda, por tanto, desvirtuada. Un tío que va matando adolescentes. Algunos se conforman con eso. Eso sí, que sea Myers (recuerdo lo de la marca o la franquicia) que mola más, porque si se hace algo distinto como en Halloween III (1983) (la mejor secuela de la saga) el público le da la espalda. Aclaro: no estoy criticando el slasher, género que me encanta pero que también, aunque no me guste decirlo, ha contribuido a hacer decaer el cine de terror. Algunos más que aficionados al cine de terror parecen aficionados al slasher, quieren un asesino icónico. O trasladándolo a otro subgénero, un tipo de monstruo, pero que haya algo fácilmente reconocible y que, por supuesto, pueda explotarse film a film. En realidad lo que antes eran los Drácula, hombres lobo, monstruo de Frankenstein, momias, etc., son ahora los Jason Voorhees, Michael Myers, Freddy Krueger o el más reciente Jigsaw. Esto hace que el cine de terror sea, posiblemente, el género del cine que más sagas y secuelas tiene, ¿por qué? Porque el nombre, la marca, la franquicia, es un reclamo para el aficionado. Algo casi impensable para otros sectores de público de otros tipos de cine, que ya tiene que ser un El padrino 2 (1974) para que lo vean con buenos ojos. Así estamos también con los remakes, por cierto. Es tan vacío el concepto de cine que tienen algunos aficionados al cine de terror que les parecen bien los remakes “para que lo vean las nuevas generaciones”, porque total, si, para ellos, La matanza de Texas (1974) es un tío despedazando jóvenes con una sierra eléctrica, el remake será lo mismo pero “modernizado”. Por otra parte, cierto es que muchos aficionados al cine de terror detestan la moda actual de los remakes, pero está claro que si esta moda se da sobre todo con el terror es por el público, no por amor al arte. De hecho, los parámetros que tienen algunos aficionados al cine de terror para ponderar la calidad de un film son tan ‘serios’ como afirmar que una película es cutre por sus malos efectos especiales. Qué importa la dirección, o la fotografía. Lo que importa más es como luzca, que parezca moderna. También lo limitan muchas veces a “que dé miedo”, y está claro que en el género de terror esto es importante como lo es que una comedia tenga buen humor o que una de acción sea dinámica, pero que para ellos el valor del cine de terror sea únicamente éste es ser muy reduccionista, más aún cuando es posible que una comedia divierta al espectador o que una película de acción entretenga al público pero causar miedo en la comodidad de una casa o del cine es enormemente más difícil. También los hay que si una película no tiene buenas cantidades de sangre, pasa a no interesarles. Tan absurdo es calificar una película de mala por no tener sangre si no la necesita como por tenerla. Por cierto que es absurdo el típico comentario del espectador ajeno al terror que dice que no le gusta el género porque “son todo películas sangrientas”, curiosa afirmación cuando el gore nace en los 60 y no se “institucionaliza” hasta los 80, así que desde luego en casi 100 años de cine de terror hay mucho más que “películas de sangre”. Por otra parte están los que aparte de terror y alguna cosa más como superproducciones de género fantástico como las Star Wars o Piratas del Caribe (2003) no ven más cine, y hasta desprecian el cine que tiene más aspiración que la de entretener, considerando con pretensiones intelectuales (como si, por otra parte, esto fuera algo negativo) lo que se escapa de su reducto cultural.

Vámonos ahora al otro extremo, el del espectador de terror más “exquisito”, aquel más cinéfilo al que una saga no le sirve como reclamo ni quiere necesariamente ver lo mismo de siempre pero que peca de cierto elitismo, y es que, por ejemplo, una comedia de terror puede ser un buen film, pero éstos son muy “selectivos” con el cine de terror y las rechazan. Llegados a este punto alguno puede pensar que me estoy contradiciendo respecto a lo que he dicho antes, pero lo explicaré. Muchos de este tipo de aficionados al cine de terror se limitan al terror psicológico. De la misma manera que los hay que se limitan al gore, el slasher… entre los mencionados antes, entre los ahora comentados hay muchos que se limitan al terror psicológico, es decir, a películas como La mujer pantera (1942), Las diabólicas (1955), Psicosis (1960), The haunting (1963), El exorcista (1973), etc., que, ciertamente, son la creme de la creme del cine de terror, a diferencia del tipo de aficionado comentado antes que sobrevalora ciertos films, pasó en su tiempo con la buena pero no tanto Viernes 13 (1980) y pasa en los últimos tiempos con películas como Scream (1996), Jeepers Creepers (2001), Saw (2004), Hostel (2006), etc., no pretendo restarle valor a algunas de estas películas, pero lo que está claro es que no se sitúan en la cúspide del cine de terror. Volviendo con el aficionado “exquisito”, precisamente por la gran cantidad de morralla que hay en el cine de terror, muchas veces no se declaran aficionados a éste. Suelen ser aficionados al thriller y que, por tanto, sus acercamientos al género de terror son en thrillers de terror, en películas de terror psicológico. El problema, creo yo, es que descalifiquen por sistema el terror más explícito, el más físico y violento, suelen ser los que dicen que en el terror se mete sangre y sexo o para atraer al público o por carencias artísticas, despreciando la gran aportación que el terror-gore ha realizado al género y de la que sobra dar ejemplos. Esto entre otros prejuicios con los que cuentan. De ahí que peyorativamente los haya calificado de “exquisitos”.

Creo por tanto que lo idóneo no es que sea un punto intermedio entre estos dos tipos de aficionados, lo idóneo sería una postura abierta, ni tan infantil como la del aficionado que sólo espera películas de terror con muertes ni tan limitada como la del que sólo le gusta el terror psicológico despreciando el resto de estupendas películas de terror. Sin embargo, suelo ver sobre todo estas dos posturas, por eso me ha dado por escribir todo esto que, vuelvo a reiterar, no pretende ofender a nadie, lamento si lo he hecho pero me gusta decir lo que pienso sin paliativos. La verdad es que, por todo esto, incluso compartiendo una pasión como es el cine de terror con otros aficionados no conecto tanto con muchos. Pero, en definitiva, creo que una maduración del público del cine de terror sería muy positiva para el panorama del género, que fueran más importantes los autores que las marcas comerciales, que no se limite todo a películas sin personalidad que buscan la mera explotación de una moda. Demostrar que el cine de terror está a la altura del buen cine.

- Paco Antequera

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26 Marzo 2008

Sam Raimi

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Desde una óptica con bastante sentido del humor, el realizador estadounidense Sam Raimi es uno de los directores de cine de género de su generación que mayor popularidad ha terminado alcanzando, lo que resulta llamativo teniendo en cuenta sus orígenes cinematográficos en los años 80, y es que Raimi ha logrado su mayor trascendencia en el cine haciendo terror, género del que es aficionado pero con el que no quiere identificarse primordialmente, lo que le ha supuesto cierto lastre. Evil Dead, conocida en España como Posesión infernal (1982), es su gran aportación al género, uno de los filmes de terror fundamentales de los 80, y a su vez con el tiempo una indeseada ópera prima para el realizador, y es que la primera película de un director suele ser especialmente importante, en ella se plasma la identidad cinematográfica del autor y, como dije, este tipo de films le supusieron cierto lastre. Con Crimewave (1985) Raimi apunta un tipo de cine que posiblemente le hubiera gustado hacer más, pero con su estilo “retro”, incomprendida, fue un fracaso, así que Raimi optó por hacer, sorprendentemente, un remake de su debut, llamado Terroríficamente muertos (1987), film coyuntural pero, de nuevo, una obra maestra para el género, en donde Raimi implementa de manera más patente su visión cinematográfica. Esta película le permitió volver al "mainstream" con Darkman (1990), esta vez consolidándose en Hollywood. Desde su buena posición pudo rodar a lo grande una tercera Evil Dead, El ejército de las tinieblas (1992), con la que cerró una brillante trilogía, fue una oportunidad espléndidamente aprovechada de hacer cine de género en Hollywood, sin embargo posteriormente la industria iría engullendo a Raimi. Así pues, subordinó sus películas a cumplir las previsiones comerciales de los estudios, restando gran personalidad y, en muchas ocasiones, calidad, a su filmografía restante de los 90. Aún no fue del todo así con Rápida y mortal (1995), sí tiene una visión más clásica Un plan sencillo (1998) que no obstante es uno de los mejores films de Raimi y el tipo de cine que desde hace tiempo deseaba hacer. Pero con Entre el amor y el juego (1999) no queda más que un artesano al servicio de Hollywood, eso sí, durante los 90 Raimi siguió apoyando los géneros, tanto en producciones cinematográficas como, sobre todo, por sus series televisivas tales como Hércules: los viajes legendarios, al principio miniserie que después se convirtió en serie regular con mayores elementos de comedia ‘cartoon’, la cual debió servir de ejemplo y casi descubrimiento de Nueva Zelanda y sus parajes y cantera de actores para posteriores películas. En su siguiente película regresó al cine de terror con la tan correcta como modesta Premonición (2000), eso sí, alejado del terror-gore del que casi reniega y situado en el terror sobrenatural, de su interés por esta vertiente surgirían otras producciones, y es que si Raimi ya hizo con sus amigos en los 80 la pequeña Renaissance al principio para autoproducirse, en los 2000 emprendió el proyecto más grande Ghost House, con el que se vienen realizando producciones de terror la mayoría con raíces sobrenaturales, productora culpable en buena parte de la moda de los remakes con las nuevas versiones de La maldición, eso sí, con la deferencia de contar con su realizador original. Pese a las diversas polémicas sobre la postura de Raimi respecto al cine de terror, lo que no se puede negar es que al menos ha apoyado este género, puede que me esté centrando mucho en estos aspectos pero que uno es aficicionado al cine de terror, y es la contradicción respecto a Raimi, sus mayores aportaciones al cine las ha realizado en el terror mientras que él desea tener una filmografía más diversa y, por tanto, ser recordado también por otro tipo de films, sin embargo desde el punto de vista de un seguidor del cine de terror, existe esta decepción respecto a Raimi, la de abandonar el género. Recuperando el hilo, tras su asentamiento en Hollywood con sus direcciones y producciones de la segunda mitad de los 90, pudo aspirar, y al final así fue, a ser el director de Spiderman (2002), proyecto anhelado desde siempre, con el que además logró el estrellato, quién diría que un director de gran importancia en la historia del cine gore (aunque no quiera identificarse ya con éste) llegaría a situarse como uno de los directores más punteros comercialmente. Sus siguientes films fueron Spiderman 2 (2004) y Spiderman 3 (2007), repitiendo éxito. En su próxima película, Drag me to hell, retomará el género de terror.

ESTILO Y TEMAS

Es éste un realizador de historias pintorescas al que a la hora de identificar su filmografía debe hacerse con el cine de género, especialmente cabe destacar su relación con el género fantástico, sea en los films de terror como los de Evil Dead o en historias de superhéroes como Darkman (1990), también hemos visto con el tiempo una inclinación hacia el thriller, primero iniciada con Crimewave (1985), seguida con Darkman (1990) y después profundizando con Un plan sencillo (1998) y Premonición (2000). Muchas veces son historias arquetípicas, de héroes y villanos, en las que hay personajes muy carismáticos, y es que personajes como Ash de los Evil Dead o Darkman del film homónimo han terminado convirtiéndose en iconos del cine de género. Aunque, como he mencionado, suele encuadrarse en los tópicos de las historias de aventuras, sus héroes suelen distinguirse de los más habituales al ser más oscuros como Darkman o, al menos, más picarescos, como Ash o en una vertiente aparentemente menos estereotipada, Hank de Un plan sencillo (1998). Es curioso reseñar que suele colocar a sus personajes en ambientes lejanos, como en las Evil Dead para situarlos en un entorno aislado y hostil, o aunque no sean lugares lejanos para los personajes, sí lugares en los que no encajan como Hank en el pueblo de la América profunda de Un plan sencillo (1998). Las influencias del cine de aventuras son notorias en su cine, con clichés como el bien y el mal o el romance de turno, si bien en sus thrillers es donde más se distancia de la estructura del cine aventurero.

Otra importante influencia es el mundo del comic, con un estilo muy visual, así pues la imagen es muy plástica y la narración con un imparable ritmo. Estas formas tan plásticas se materializan sobre todo en los momentos más cómicos de su cine, influido por el humor físico o slapstick, incluyendo la animación ‘cartoon’, una de las películas donde más se constata esto es en Crimewave (1985), plagada de humor slapstick y ‘cartoon’ y que cuenta también con buenas dosis de humor negro, otra constante en el humor de Raimi que denota su gamberrismo. El mencionado ritmo es uno de los elementos más característicos del cine de Raimi, con un gran dinamismo que hace difícil que alguna de sus películas resulte aburrida, y es que en su cine la cámara es vertiginosa, con grandes movimientos y veloces y arriesgados planos, demostrando un complejo control de la técnica cinematográfica y un dominio de la estética dotando de contenido visual y colorido a sus imágenes, resolviendo situaciones, cinematográficamente hablando, de maneras meritoriamente imaginativas. Raimi no sólo resulta portentoso cuando exagera las formas sino también cuando muestra más contención o es más clásico, como en Un plan sencillo (1998), con una realización muy bien ajustada que introduce de lleno al espectador en el film.

El condicionamiento contextual ha marcado su cine, así pues de “rey del gore”en los 80 cambió de tercio en los 90, en su primera etapa fue por el camino más directo y, quizá por ello, se centró más en el cine de terror, mientras que en los 90 realizó diversos géneros pero ya con mayores presiones comerciales al pasar a la serie A. Posiblemente a Raimi le hubiera gustado que su filmografía se asemejara un poco más a la de los Coen, por poner un ejemplo, con los que comparte buena parte del sentido del humor y, en sus films más serios, algunos aspectos de sus temáticas, quizá termine situando sus films bien entre el drama, la comedia o algunos géneros como el thriller o el fantástico, y no tanto este último como en su primera época. El cine de Raimi es ante todo entretenimiento, pero llevado a cabo de manera tan redonda que no reparamos en si el resultado es vacío. Algunos de los films en los que más lecturas pueden extraerse son Darkman (1990), una fría historia de venganza, y Un plan sencillo (1998), que gira en torno a la codicia humana, temas que alguna vez han revoloteado en otros de sus films y producciones, aunque en las Spiderman caiga en un determinado discurso políticamente correcto, alejado del tono gamberro de muchos de sus films, pero no dejan de ser grandes obras de entretenimiento, por esta gran habilidad un director que empezó con presupuestos paupérrimos ha terminado alcanzando el estrellado hollywoodiense.

COLABORADORES HABITUALES

Algunos de sus amigos de juventud colaboran con Raimi desde sus inicios en el cine, es el caso de Robert Tapert que terminó dedicándose a la producción, de hecho el éxito Tapert se lo debe a Raimi, a sus films de los 80 y a los trabajos de televisión en los 90 que produjo junto a éste, no obstante entrados los 90 dejó de participar habitualmente en la producción de las películas de Raimi, que alcanzó un “status” mayor, por lo que Raimi colabora desde entonces con Tapert en producciones más pequeñas. Además de con los amigos, Raimi también ha colaborado con su propia familia, ha colaborado algunas veces en el guión, la primera película suya en que lo hizo en Darkman (1990), con su hermano Ivan Raimi, cuya relación con el cine se limita a las colaboraciones con su hermano pues trabaja como médico en el Medio Oeste. Su otro hermano, Ted Raimi, éste actor, también colabora con Sam, en papeles secundarios, pero su actor fetiche es Bruce Campbell, protagonista de la trilogía de Evil Dead, sin embargo Campbell ha quedado relegado a la serie b mientras que Raimi ha logrado el éxito en el “mainstream”, por lo que en los films de Raimi normalmente hay que conformarse con un cameo de Campbell, aunque en Rápida y mortal (1995) éste se eliminó en el montaje. También hay actores con los que trabaja en varias producciones, como Renée O'Connor, pero que ni siquiera tienen presencia en sus films, y es que desde hace tiempo tiene que contar con estrellas para los papeles de sus películas.

En el apartado musical puede decirse algo similar a lo comentado antes, así pues con su compositor más afin, Joseph LoDuca, aparte de las Evil Dead sólo ha podido trabajar en producciones. Una vez que más ascendido en el “mainstream” Raimi debió contar con gente de mayor “caché”, el que parece que fue su compositor predilecto fue Danny Elfman, acorde con su universo delirante, aunque tras Spiderman 2 (2004) tuvo diferencias con Raimi, por lo que quizá ahí haya acabado la colaboración entre ambos. Christopher Young tomó el relevo en Spiderman 3 (2007), puede que se convierta en uno de los compositores más importantes de Raimi. En otros aspectos como la fotografía Raimi ha variado normalmente de colaboradores, aunque puede decirse que su director de fotografía más cercano es Bill Pope, que entró en el mundo del cine con Darkman (1990).

FILMOGRAFÍA

Con el tiempo el éxito de Raimi fue incrementándose, lo que le hizo poder rodar más películas y, también, involucrarse más como productor, algo que más modestamente hizo desde un principio con la Renaissance, formada junto a Bruce Campbell y Robert Tapert, y que sigue haciendo con Ghost House, fundada junto a Robert Tapert y que ha logrado un importante éxito principalmente por los remakes de La maldición. Raimi también ha hecho algunos guiones para otros como el de la comedia Easy Wheels (1989) con David O’Malley, el de la adaptación del superhéroe M.A.N.T.I.S. (1994) y junto a los Coen el de El gran salto (1994). Sus películas son las siguientes:

Evil Dead: Posesión Infernal (1982)

Una de las películas clave del cine de terror de los 80, tras Viernes 13 (1980) fue uno de los filmes que más contribuyó a popularizar el cine gore. A medio camino entre El exorcista (1973), el cine de zombies y la planificación de la violencia de films como La matanza de Texas (1974), Raimi llevó a cabo esta cruda película de muy escaso presupuesto con inusitado talento, demostrando una enorme capacidad para plasmar visualmente sus ideas y una aptitud extraordinaria de los recursos narrativos. Resulta sorprendente que casi toda la película se desarrolle en una no muy grande cabaña, porque Raimi consigue convertirla en un vasto espacio amenazante, dotando al entorno de una lograda atmósfera tétrica. Aunque ciertos detalles hacían pensar en humor negro (lo que viendo su posterior filmografía se confirmaría), no deja de ser un film de terror tomado en serio, rápidamente se convirtió en merecida pieza de culto.

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Ola de crímenes, ola de risas: Crimewave (1985)

Tras la “seriedad” de su debut cinematográfico, Raimi se inclinó por una de las mayores constantes de su cine; la comedia, a la vez que la introdujo en una trama de cine negro, para ello contó con la colaboración de sus amigos los Coen en el guión. Con Crimewave (1985) Raimi hizo ya la película que quiso, posiblemente hubiera deseado que éste hubiera sido su debut en el cine. En este film plasma las influencias del cine que empezó a gustarle, inspirado en las películas de Jerry Lewis, uno de los grandes referentes del humor físico caracterizado por exagerar las situaciones, Raimi no duda en mantenerse fiel al humor absurdo del cómico estadounidense, aunque en plenos años 80 fuera un tipo de humor pasado de moda, razón por la que Crimewave (1985) desconcertó al público (es su única película que llega a aburrir a mucha gente). Si bien este film está lejos de los mejores momentos de Raimi, se mantiene en un considerable nivel superior a la media del cine cómico en el que el director exhibe su eficiencia con la cámara y la puesta en escena.

Evil Dead 2: Terroríficamente muertos (1987)

De nuevo, la historia de un grupo de amigos que sin querer invocan a los demonios, viene a ser un remake de Posesión infernal (1982) pero, ahora sí, con medios aunque escasos, sí suficientes. Raimi profundiza en los hallazgos visuales de su predecesora y esta vez muestra su lado más cachondo, realizando la que, en mi opinión, es de las mejores o quizá la mejor comedia de terror por saber equilibrar ambas partes, la comedia y el terror, sin que una haga diluirse a la otra. En este divertidísimo film Sam Raimi vierte toda la esencia de su cine, llegando al delirio, y definiendo más al personaje (de culto) de Ash, brillantemente interpretado por un elástico Bruce Campbell que consigue parecer un ‘cartoon’, estas influencias de Raimi del humor físico slapstick mezcladas con el terror-gore dieron lugar al splatstick, mezcla de splatter y slapstick, de la que Terroríficamente muertos (1987) fue por tanto la gran referencia. Si Posesión infernal (1982) fue una de las mejores ópera prima del cine fantástico, ésta es de las mejores segundas partes, o remake, según la consideremos, del género.

Darkman (1990)

En esta película Sam Raimi muestra de manera más visible que anteriormente sus influencias del comic, con inspiración en las historias de superhéroes (en principio quería adaptar La sombra pero no obtuvo los derechos). Aunque Raimi explora con este filme otro estilo de cine fantástico, no se aleja demasiado del cine de terror, con un relato inspirado en obras como El Fausto o El fantasma de la ópera, es, por tanto, una historia oscura, que comparte ciertas similitudes con Batman (1989), ambos films encabezarían una visión más dramática y oscura de las adaptaciones de superhéroes, hasta entonces tomadas con mayor intrascendencia, también hasta este momento no se había aprovechado en este tipo de films la figura del antihéroe. Para algunos es la mejor película de superhéroe (curiosamente, sin ser una adaptación de comic), un film de acción y fantaciencia con el ritmo vertiginoso y la gran energía cinematográfica del mejor Raimi.

Evil Dead 3: El ejército de las tinieblas (1992)

Tercera entrega de Evil Dead que prosigue la línea cómica de su predecesora, con influencias del cine de los Monty Python y de Mel Brooks, realizando una magistral parodia del cine fantástico llena de guiños y homenajes, una auténtica exaltación del género con una historia inspirada en la novela Un yanqui en la corte del rey Arturo de Mark Twain. El delirio se lleva al máximo sin que nada desencaje, con un Bruce Campbell pletórico en el personaje del antihéroe Ash y una enérgica dirección por parte de Raimi con la realización más vertiginosa que ha hecho nunca, un irrepetible film de aventuras fantásticas que se sitúa en la cima de su estilo, eso sí, estilísticamente ya muy alejada de la primera entrega de Evil Dead. Sin desperdicio en ningún momento, esta divertidísima película es una obra maestra del cine de entretenimiento.

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Rápida y mortal (1995)

Incursión en el western pasada por la singular visión de Raimi con sus influencias del comic, ofrece, por tanto, lo que cabe esperar de una película del salvaje oeste dirigida por el realizador estadounidense. La premisa es de lo más sencilla, como lo era en muchos de sus anteriores films, con los que partiendo de una idea básica Raimi desarrolló formalmente grandes obras, aunque no es lo mismo la historia de un grupo de amigos encerrados en una casa ante una amenaza, prácticamente un subestilo propio que tiene una nutrida tradición en el cine, con una escuela detrás con la que se aportan muchos matices, que una simple historia de venganza en donde el único motor de la trama son los duelos de pistoleros que, eso sí, es en donde recae el interés de este delirante y efectista espectáculo visual. Por lo tanto, pese a arrastrar una historia previsible, puede decirse al menos que Raimi sabe componer una conseguida pieza entretenida.

Un plan sencillo (1998)

Adaptación de una novela de Scott B. Smith, este film bebe especialmente de Sangre fácil (1983) y en general está muy hermanada con el cine de los Coen. Con un buen guión que Raimi desarrolla espléndidamente, con este film se acerca al cine de género desde una perspectiva más pura y sobria, sin exageraciones efectistas, es una película de suspense criminalístico con las esperanzas, la codicia y la estupidez humana como telón de fondo en la que se lleva la trama de manera muy consistente, de manera que no se desvíe la atención del espectador en otros asuntos y todo gire en torno a la intriga a través de los personajes envueltos en la situación, tanto los personajes masculinos como la mujer del protagonista, toda una femme fatale, todos llevan a cabo unas muy buenas interpretaciones. Raimi dota al transcurso de la narración de inquietud y una creciente intensidad, por lo que aún con su duración de 2 horas es un filme muy ameno y entretenido que en todo momento mantiene el interés. Un estupendo thriller.

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Entre el amor y el juego (2000)

Cuando un realizador de cine de género hace un drama tiene la oportunidad de, una vez desprendido de los clichés del género, contar algo más personal, y éste ha sido el caso pero sólo hasta cierto punto, pues el film, un drama romántico con apuntes de cine deportivo con el que Raimi muestra su afición al beisbol, no deja de estar supeditado a los tópicos de Hollywood. El filme se desarrolla durante un partido en el que el protagonista de esta historia, el pitcher, recuerda una relación rota, ésta se representa mediante flashbacks, mostrándonos una película de corte romántico sobre las dificultades de una relación cuando ésta no se complementa con otras elecciones, realmente viene a ser algo parecido a lo que Raimi contaría en sus Spiderman, pero mientras que en éstas la manera sencilla en que están contadas encaja muy bien en los films, en Entre el amor y el juego (2000) se cae en lo simplón, lo que puede agradar a quien no busque mucho más allá de un drama corriente que cumple bien con sus funciones, pero no a quienes busquen una propuesta más interesante.

Premonición (2000)

Regreso al cine de terror en un momento oportuno (¿u oportunista?) con la moda del thriller sobrenatural tras El sexto sentido (1999), en la que Raimi deja patente su interés por el terror paranormal que posteriormente desarrollaría como productor con Ghost House, desprendiéndose del salvajismo de sus Evil Dead y utilizando el suspense como elemento para inducir al miedo, lo que por una parte está bien resuelto, durante todo el film se respira un aire de inquietud, pero Raimi domina mejor el thriller más clásico que los thrillers de enrevesadas historias de misterio, por lo que la trama va desembocando de manera previsible, aunque como bien sabe lograr el realizador el largometraje mantiene el interés del espectador. Entre otras cosas que la historia transcurra en un pequeño pueblo hizo que compararan Premonición (2000) con Carrie (1976) e incluso con la serie Twin Peaks (1990-1991), como en éstas la tensión en buena parte se produce por las relaciones entre los personajes, y es que el film es muy coral y para ello cuenta con un buen elenco de actores. Este filme queda encuadrado al igual que Un plan sencillo (1998) como un acercamiento al cine de género desde una perspectiva sobria y bastante clásica, no nos encontramos al Raimi más alocado en esta correcta película.

Spiderman (2002)

Sam Raimi vuelve a las andadas con su cine más inherente, de ritmo vertiginoso y alocados movimientos de cámara, el film con el que se convirtió en un director estrella del “mainstream”. Spiderman (2002) supuso un fenómeno comparable al de Batman (1989) en su momento, ofreciendo una versión más dramática, humana y, hasta cierto punto, adulta, del mundo de los superhéroes, tras este filme las productoras empezaron a tomarse algo más en serio el estilo, la película de Raimi tiene el mérito de ser una de las de superhéroes que más ha dignificado el género con su visión de éste. Raimi, aunque queriendo ser fiel a la esencia del comic, acertó en actualizar detalles que remitían a una ciencia ficción ya “añeja”, por lo que por ejemplo mantuvo la idea de James Cameron (el proyecto contó con él anteriormente como posible director) de que las telas de araña provengan del propio cuerpo de Spiderman, más discutido fue el moderno diseño de Duende Verde -a mí no me parece tan mal, además es un simpático autohomenaje a El ejército de las tinieblas (1992) con sus demonios alados-. Raimi entiende muy bien al héroe en esta historia iniciática y sabe hacer que el público se identifique con éste, además de su brillante dirección el film raya a gran nivel en cuanto a actores, guión, música, efectos especiales, etc., mezclando fantaciencia, aventura, acción, drama, comedia y romance en esta gran película de entretenimiento.

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Spiderman 2 (2004)

El triunfo de su predecesora procuró la inevitable continuación. De nuevo con Raimi tras la cámara, el director profundiza en la madurez de los aspectos que aportó la primera parte, por tanto nos encontramos con un guión más complejo que desarrolla más la parte coral y con ello las relaciones entre los personajes, sin pudor a la hora de incluir elementos melodramáticos, de la misma manera que las secuencias de acción son tan espectaculares como en el anterior film, con el Doctor Octopus como un gran villano. En muchos aspectos se han perfeccionado detalles mejorables de la primera parte en una película que, para muchos, es superior a la anterior, y es que nos encontramos con una de las mejores secuelas del cine fantástico de los últimos tiempos.

Spiderman 3 (2007)

Tras el alto nivel de sus predecesoras esta tercera parte tenía el listón alto, Raimi quiso seguir al frente de la saga arácnida lo que pudo ser un error pues se percibe el desgaste, pero la industria es así y no quiere esperar. A diferencia de las anteriores películas en esta ocasión hay una buena cantidad de villanos en escena, con las incorporaciones de El Hombre De Arena y Venom, la inclusión de este último fue una exigencia de los productores lo que se nota en el sentido de que a Raimi le interesó más desarrollar otras cosas, haciendo presencia Venom como el simbionte de Spiderman y poco más. Posiblemente por estos condicionamientos de guión éste flojea bastantes veces y el filme es el más irregular de los tres, aún así el desarrollo de lo contado en los anteriores films es bastante correcto, sigue estando por encima de la media del cine de superhéroes, mejor que las demás películas de su año, Ghost Rider y Los 4 fantásticos y Silver Surfer. Sin ser espléndida como las dos primeras partes es satisfactoria si buscamos un buen entretenimiento.

CUESTIONES SOBRE EL DIRECTOR

¿Cuáles son sus mejores y sus peores películas?

Las tres Evil Dead son, cada una en su respectiva vertiente, magníficos films, en sus pretensiones son el mayor logro de Raimi. Aunque alguno diría que Crimewave (1985) es su peor película, yo discrepo y considero a Entre el amor y el juego (2000) la menos interesante.

¿Cuáles son sus éxitos y sus fracasos?

Posesión infernal (1982), en su contexto, no cabe duda de que fue un éxito, el resto de la trilogía de Evil Dead mantiene el mismo nivel de atracción del público pero la diferencia es que se contó ya con mayores presupuestos y promoción, por lo que, en su contexto, su repercusión comercial no es la misma. Su gran fracaso fue Crimewave (1985), pero posteriormente Darkman (1990) fue un éxito que le permitió desarrollar una intensa carrera como director y productor durante los 90, hasta llegar a su gran éxito masivo con Spiderman (2002).

¿Cuáles son sus películas más y menos representativas?

Aunque pueda ser considerada una obra “especial” en su filmografía, Crimewave (1985) es muy representativa de los gustos y del estilo de Raimi, mezclando la comedia física y el cine de género, en este caso el thriller, no puede obviarse El ejército de las tinieblas (1992) que con su mezcla de comedia, aventuras, cine épico, fantasía y terror lleva al punto más álgido su cine alocado. En una aproximación más “seria” al cine de género cabe destacar Un plan sencillo (1998), su gran thriller, y también cabe señalar en el ámbito del género fantástico la exitosa Spiderman (2002). Su película menos representativa puede ser Entre el amor y el juego (2000) por desligarse del cine de género, si bien temáticamente es más personal.

¿Cuál es su mejor y su peor época?

En todos sus films –si acaso algo discutible Crimewave (1985)- hasta El ejército de las tinieblas (1992) mantiene un gran nivel, es la etapa preferida de los aficionados al cine fantástico y de terror, si bien posteriormente ha seguido realizando buenos films, ha sido más controvertido, puesto que tras un gran film como Un plan sencillo (1998) puede venir una película más comercial como Entre el amor y el juego (2000). A su vez por ello es difícil considerar una etapa suficientemente larga que sea claramente inferior a todas las demás, por decir alguna, puede decirse que su etapa de menor interés puede ser la más inmediatamente anterior a Spiderman (2002) con Entre el amor y el juego (2000) y Premonición (2000).

¿Con qué otros directores puede ser comparado?

En sus inicios se le podía comparar con realizadores como Stuart Gordon –Re-Animator (1985)-, Frank Henenlotter -¿Dónde te escondes, hermano? (Basket Case, 1982)- o en sus comienzos Peter Jackson –Braindead (1992)-, este último estaba influido por el splatstick de Raimi y además, con la evolución de su filmografía incluida, su carrera guarda mucha semejanza estilística con la de Raimi, como éste mezcla la comedia con el cine de género, y es que las comparaciones más inmediatas pueden ser hacia directores que, como Raimi, hacen cine de género con sentido del humor, como los hermanos Coen con el thriller –Sangre fácil (1983)-, Terry Gilliam –Los héroes del tiempo (1981)- e incluso Tim Burton –Eduardo manostijeras (1990)- con la fantasía, Joe Dante –Gremlins (1984)- con el cine fantástico y de terror o más actualmente Edgar Wright –Shaun of the dead (2004)- con diversos géneros.

- Paco Antequera.

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7 Febrero 2008

Paul W. S. Anderson

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Realizador inglés que dota de modernidad a su cine, forma parte de la generación influida por el videoclip y los videojuegos, de hecho es conocido por ser el primer director de cine especializado en las adaptaciones de videojuegos, siendo el realizador que las ha llevado a cabo más satisfactoriamente, no obstante su cine levanta controversia, pues mientras para unos es torpe y vacuo para otros es un estupendo ejercicio de lúdico cine fantástico y de ciencia ficción. Personalmente me inclino más hacia esto último, pues si bien se echa en falta una carga más profunda en su cinematografía y sus películas, en ciertos aspectos, se quedan a medias, no puede negarse que en sus pocas pretensiones sabe desenvolverse notablemente, haciendo como mínimo algo interesantes y muy entretenidas todas sus películas. Comenzó trabajando para la televisión británica, especialmente con documentales de buen acabado. A la hora de encuadrar a Anderson en un determinado tipo de cine se puede decir que donde más se mueve es en la ciencia ficción, a este género pertenece su ópera prima cinematográfica, Shopping: de tiendas (1994), tras la cual se trasladó a EEUU donde rodó su primera adaptación de un videojuego con Mortal Kombat (1995), con la que hizo la primera película de acción real sobre un videojuego que consiguió, aunque no exenta de críticas, satisfacer en general a los aficionados. El éxito de esta adaptación le permitió volver a rodar proyectos más personales, Horizonte final (1997) y Soldier (1998) son dos nuevas muestras de buen cine de ciencia ficción, sin embargo atrajeron poco al público, por lo que tuvo que demorarse para volver a dirigir para cine, realizando para televisión The sight: La visión (2000), película de terror sobrenatural en la línea de El sexto sentido (1999) que pareciera ser el episodio piloto de una serie (esto realmente hubiera sido interesante), regresando de nuevo a la pantalla grande con una adaptación de un videojuego que exalta la parte más palomitera de su cine, Resident Evil (2002), con la que volvió a obtener éxito de público, pero definitivamente defenestrado por la crítica más “seria”, en todo caso este film le permitió volver a tener más proyectos, llevando a cabo Alien vs Predator (2004), con la que cumplió su anhelado deseo de juntar a los dos alienígenas más importantes del cine de terror moderno. La acumulación de proyectos hizo que se desentienda, al menos en la dirección, de unas cuantas películas, decantándose por lo que más le gusta, la ciencia ficción, con el remake de La carrera del año 2000 (1975).

ESTILO Y TEMAS

Es éste un realizador inclinado sobre todo por la ciencia ficción, también por el cine de acción que suele mezclar con ésta u otros géneros. El cine fantástico y de terror también son importantes en su filmografía, también el thriller aunque éste de manera secundaria, se da más en sus films de terror aunque supeditado a éste, The sight: La visión (2000) es una de sus películas en donde el suspense es más importante, pero por lo general los elementos de suspense en el cine de Anderson son algo tímidos, incluso burdos en algún caso como con el whodonit incluido de Resident Evil (2002), pero suficientes como para dotar de mayor atractivo a sus films, y es que Anderson es un director muy destacable del más puro cine de entretenimiento de los últimos tiempos, aunque sea tachado a veces de superficial, a lo que ha contribuido el dejarse engullir por la fría industria hollywoodiense, pero seamos algo condescendientes: es difícil hacer ciencia ficción seria, pues el público del cine fantástico aún debe madurar. Puede otorgársele al realizador, para bien o para mal, ser uno de los principales responsables del moderno cine fantástico de entretenimiento, con una estética colorida pero con importante presencia de colores fríos, no hay que obviar las influencias de los videojuegos, y es que puede decirse que esto distingue especialmente a Anderson de otros directores, pues no sólo está muy influido por éstos sino que ha realizado varias adaptaciones siendo el director más relevante en cuanto a llevar videojuegos a la gran pantalla, y es que de sus películas de videojuegos han surgido tres sagas cinematográficas. Sus films, en el fondo, son como un videojuego, pues plantea retos a los protagonistas que deben superar como si de fases de videojuego se tratasen, sean las persecuciones y atracos de Shopping: de tiendas (1994) o los peligros de la nave de Horizonte final (1997). Anderson es un realizador que sabe dotar de frescura a sus películas por una razón, y es que no sólo se imbuye de los films que le han gustado de siempre como aficionado al cine, sino que está abierto a influirse del cine del momento, sin caer en la mera moda, de esta manera su cine resulta muy actual y, de hecho, como dije es un importante propulsor de un nuevo cine de entretenimiento, esta modernidad la lleva a cabo en el tratamiento de los diferentes aspectos artísticos, como la música, de corte electrónico y otras tendencias modernas, no en vano contó con la colaboración del cantante de metal industrial Marilyn Manson en Resident Evil (2002).

Con un buen manejo de la cámara en espacios cerrados, éstos tienen gran importancia en su cine, ubicando a sus personajes en éstos y dotando a los escenarios de gran importancia tanto en la trama como en lo visual, Anderson representa éstos con muchos detalles, haciendo un buen uso de las luces y otros elementos como por ejemplo la bruma en Mortal Kombat (1995), con una puesta en escena que otorga a los films un aspecto muy vistoso. La trama, muchas veces, la conducen los personajes mediante la introducción de un grupo, es decir, un grupo de personas con un determinado objetivo a superar, especialmente en sus películas más “videojueguiles”, estos grupos a veces son algo interculturales y las mujeres son también duras de pelar y participan en la acción tanto como los hombres. El protagonista principal puede ser un personaje endurecido pero siempre honrado, incluso el ladrón de Shopping: de tiendas (1994) tiene una mínima ética. No puede recavarse mucho en cuanto a los temas habituales de Anderson, su identidad cinematográfica se da más por su estilo, pues sus contenidos suelen ser bastante básicos, personajes enfrentados a los villanos de turno, lo que sirve de excusa para el puro entretenimiento, podría decirse que los malos suelen estar representados por entidades de poder como organizaciones gubernamentales o grupos empresariales, pero la ‘moraleja’ recae más en la forma de afrontar las cosas de los personajes, como la culpabilidad en Mortal Kombat (1995) o el salvarse a uno mismo de su infierno personal en Horizonte final (1997), existe un discurso más desarrollado en Shopping: de tiendas (1994) pero, como señalé antes, a muchos aficionados al cine fantástico poco les importa esto, no es de extrañar que Anderson cayera en la tentación de inclinarse más por films vertiginosos y de pura evasión pues después de todo éstos son los que le permiten mantenerse en la industria, así de triste es. Pero veamos pues, su cine, como obras de entretenimiento, y con estas pretensiones es uno de los realizadores más notables desde los 90 y con films sumamente disfrutables, ideales para ver con un buen bol de palomitas.

COLABORADORES HABITUALES

No es Paul Anderson uno de esos directores que forma un “equipo creativo” con una serie de colabores “fijos”, sino que haciendo labores de artesano se adapta a lo que acuerde con la productora, o quizá sea él mismo quien guste de trabajar con distintas personas para darle aires nuevos a cada película, aunque el hecho de que no se quede muchas películas seguidas trabajando con la misma productora ya puede responder esto. Parece que es en algunas labores técnicas cercanas a él en donde tiene a colaboradores más habituales, como en el montaje con Martin Hunter, también desde The sight: La visión (2000) trabaja con el director de fotografía David Johnson. Lo mismo puede decirse de los actores, con un plantel actoral bastante diferente de film a film, en el que suele meter a una estrella en uno de los papeles más protagonistas, lo más parecido a su actor fetiche es Jason Isaacs que suele aparecer como secundario, otros actores que han participado en varias películas son Sean Pertwee y Colin Salmon.

FILMOGRAFÍA

Paul Anderson ha conseguido tener una continuidad en su labor como director de películas para cine, tan sólo tras el pinchazo comercial de Soldier (1998) tuvo que recluirse en la televisión, con la apreciable para su medio The sight: La visión (2000). Con el tiempo se involucró en labores de producción, incluyendo films que finalmente no pudo dirigir, como la adaptación del videojuego DOA: Dead or alive (2006) con la que iba a regresar tras Mortal Kombat (1995) al cine de artes marciales. Sus películas son las siguientes:

Shopping: de tiendas (1994)

Influida por la ciencia ficción distópica de La naranja mecánica (1971), como ésta retrata en un futuro cercano a una juventud destructiva, narra la historia de un joven perteneciente a bandas juveniles y de cómo se mete en problemas por robar, lo que hace realmente por su frustración. Con un acertado tono pesimista, en su primer film Anderson expone claramente las características de su cine, con una estética moderna y un cuidado trabajo escénico, pese a las limitaciones presupuestarias la ambientación está bastante lograda, con una buena representación de los bajos fondos y el mundo suburbano, y es que el futurismo del film se plasma de esta manera, con una ciudad deteriorada y no recurriendo a posibles avances tecnológicos, aunque en sus posteriores films Anderson sí se inclinaría por esto último. Pero como es habitual en su cine da la impresión de que pasa ligeramente sobre determinados temas y no termina de rematar. También es un film de acción, con frenéticas persecuciones de coches que hacen más amena una película que, en realidad, tiene un ritmo algo tranquilo pese al desenfreno de la historia. Un debut notable y bastante convincente.

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Mortal Kombat (1995)

Su primera adaptación de un videojuego es su película más orientada al cine de acción, concretamente al de artes marciales, en la línea de Operación Dragón (1973), plagada de una fantasía con detalles modernistas característicos en el cine de Anderson que la acerca, en cierto modo, a la ciencia ficción o más específicamente a la fantaciencia (siendo éste uno de los aspectos que más se distancian de la esencia del videojuego), incluso podemos encontrar también un cierto acercamiento al cine de terror sin llegar a encuadrarse en éste, con una resuelta atmósfera lóbrega, y es que lo que podía ser un film sin mayor sustancia Paul Anderson lo convierte en una estupenda muestra de acción y aventuras. Por una parte, Anderson fue el director idóneo para llevar a puerto la adaptación del entonces muy popular videojuego, su sentido del espectáculo unido a su hábil uso de los escenarios dieron lugar a la primera adaptación digna en acción real de un videojuego, tras la desconcertante Super Mario Bros (1993), la insulsa Doble Dragón (1994) y la hilarante Street Fighter, la última batalla (1994). Aunque se puede hablar de ciertos cambios respecto al videojuego, en general mantiene una correcta fidelidad, no obstante el aspecto negativo más patente fue la ausencia de una buena cantidad de gore, puesto que fue una de las señas de identidad del videojuego, sin embargo no es de extrañar que Anderson no pudiera hacer un film muy sangriento, hay que tener en cuenta que por aquel entonces las cosas eran muy diferentes y los videojuegos, al menos los de consolas, destinados claramente al público juvenil. Pero, independientemente de su acierto o no como adaptación, como film de acción es realmente muy notorio, un gran divertimento repleto de calidad en sus intenciones.

Horizonte final (1997)

Tras su debut con una película de ciencia ficción y su incursión en Hollywood con un filme de acción, Paul Anderson dirigió una película de uno de sus géneros preferidos, el cine de terror, eso sí, con todo su sello pues es también una película de ciencia ficción, con inspiración en la metafísica Solaris (1972), los detalles surrealistas de esta influencia son compartidos también con la principal referencia para la película, El resplandor (1980), y es que en su pelaje de ciencia ficción se trata de una película de casa encantada (nave encantada en este caso) que, eso sí, a diferencia del film de Kubrick la parte final no resulta acertada, también cabe señalar la influencia del universo de Clive Barker, realzando una espléndida atmósfera angustiosa, y es que Horizonte final (1997) es, quizá, una de las mejores películas de terror de los 90, sin duda la mejor película de Paul Anderson, para unos su obra maestra, yo creo que esta consideración es excesiva pero sí es una gran película que cuenta con el lastre de quedarse a medias en algunos aspectos (especialmente el mencionado final), aún así es bastante redonda, Anderson demuestra que tiene un considerable talento, manejando los espeluznantes escenarios de forma extraordinaria y, esta vez, con buenas dosis de suspense, un alto nivel que aún no ha vuelto a alcanzar.

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Soldier (1998)

El regreso de Anderson a la más pura ciencia ficción, la que le devuelve a las pretensiones de su Shopping: de tiendas (1994), con una mayor importancia dramática respecto a la mayoría de sus films, retratando un oscuro futuro, inspirado por la historia de los replicantes de Blade Runner (1982), realiza una space opera reflexiva en la línea de Star Trek. Es, por tanto, una película que temáticamente vuelve a ser más personal, lo que Anderson resuelve no de manera muy apreciable pero sí correctamente. El propio título de la película puede dar a entender que se trata de una película de acción, y aunque como es habitual en Anderson ésta no falta, esta vez se trata de una película más pausada, por lo que puede confundir a algunos que esperasen otra cosa, por ello en su momento fue un fracaso, ya que para muchos era “aburrida”. Pero al contrario, Anderson sabe llevar el ritmo y mantener el interés del espectador (se entiende que del espectador receptivo hacia el tipo de film que es), sí puede decirse que, otra vez, el director se queda un poco a medias en algunos aspectos, pero también de nuevo el resultado es interesante, una película bien lograda.

Resident Evil (2002)

Tras el fiasco comercial de Soldier (1998), Anderson tuvo que frenar un poco su carrera en cine y regresar con un film con mayores posibilidades de éxito. De nuevo, adapta un videojuego, con el que sin embargo ha generado mayor controversia que con su adaptación de Mortal Kombat, y es que los aficionados al survival horror Resident Evil esperaban una película claramente volcada en el cine de terror, que sin embargo se inclina por el cine de acción, el de escenas de disparos coreografiadas al estilo de John Woo aprovechando el éxito de The Matrix (1999), y anteponiendo la estética de ciencia ficción de La colmena en lugar del terror gótico que daría lugar en la mansión. Por tanto, quienes esperábamos la primera superproducción de zombies quedamos un tanto decepcionados, Anderson no ha asimilado demasiado bien los aciertos de las grandes referencias del cine de zombies. La citada estética del film sin duda es uno de los asuntos de controversia, ofreciendo una imagen limpia, ajena a la podredumbre zombie, de nuevo Anderson aceptó no incluir escenas gore demasiado fuertes y, curiosamente, esto hace que ésta sea más o menos una de las primeras películas del “gore de diseño”, para bien o para mal. Pero olvidándonos del videojuego y de lo que se supone que debería ser el film, el resultado no es tan negativo, sí de lo más insustancial que ha hecho el director pero que como cine palomitero cumple holgadamente, es un filme muy entretenido y que después de todo sí ha tenido su pequeña trascendencia en el cine de zombies, siendo junto a 28 días después (2002) la iniciadora del nuevo auge del subgénero. Anderson tenía pensado hacer una trilogía, pero precisamente el éxito de esta película hizo que tuviera más proyectos entre sus manos y delegara la dirección en otras personas, así pues, la segunda parte continúa la historia, su nivel es similar a ésta y si a muchos gustó más fue por su mayor cercanía a los videojuegos, y la tercera parte tiene un curioso acercamiento al estilo de las películas de Mad Max, encargándosela a un realizador que admira, Russell Mulcahy.

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Alien vs Predator (2004)

Alien vs Predator es, en sus orígenes, un comic, pero gran parte de la popularidad de este atractivo spin-off la alcanzó con sus adaptaciones a videojuego, quizá la fuente en la que se fijó Anderson, así que de nuevo, en cierto modo, adapta un videojuego. Esta idea le gustaba mucho a Anderson, y es que se trata de dos sagas que han influido enormemente en la filmografía del director. El proyecto era realmente interesante y el director parecía el adecuado pero por desgracia el resultado fue decepcionante, encontrándonos con la peor película de Anderson (y la peor película de ambas sagas alienígenas), y es que aquí esperábamos algo más que un vacío espectáculo de acción del director capaz de hacer Horizonte final (1997). Si obviamos, cosa difícil de hacer, las comparaciones con las dos espléndidas sagas, nos encontraremos una película de resultados modestos pero, en lo que no suele fallar Anderson, mínimamente entretenida, con influencias de films como Cube (1997) y The Matrix (1999), la estética sofisticada habitual del realizador y una gran importancia del escenario, convertido en otro adversario más, y donde al menos Anderson consigue sacar adelante un guión realmente malo. Pero era de esperar algo mucho más que un pasable entretenimiento.

CUESTIONES SOBRE EL DIRECTOR

¿Cuáles son sus mejores y sus peores películas?

Está tan claro que el mayor logro de Anderson es Horizonte final (1997) como que su obra más menor es Alien vs Predator (2004).

¿Cuáles son sus éxitos y sus fracasos?

Generalmente ha tenido fortuna con el público, su primer gran éxito fue con Mortal Kombat (1995), sin embargo luego tendría su peor época comercialmente, con Horizonte final (1997) pasando sin pena ni gloria y con Soldier (1998) fracasando. Recuperaría el gran éxito con Resident Evil (2002).

¿Cuáles son sus películas más y menos representativas?

Anderson no se ha alejado nunca demasiado de sus directrices predilectas, por lo que prácticamente en todos sus filmes se mueve en su terreno más cercano, pero por decir algún film como aglutinador de muchos de sus gustos creo que podría decirse Resident Evil (2002), en donde mezclando acción, ciencia ficción y terror se dan los géneros preferidos del realizador, también como es habitual en los directores en su ópera prima plasma sus mayores gustos e influencias, por lo que Shopping: de tiendas (1994), representando además el lado más “serio” de su filmografía, es muy definitoria de su estilo.

¿Cuál es su mejor y su peor época?

De momento su mejor etapa cinematográfica se sitúa en sus primeras películas hasta Horizonte final (1997), después derivaría en una carrera más irregular.

¿Con qué otros directores puede ser comparado?

Las películas de Paul Anderson forman parte de la corriente de films vanguardistas de acción y cine fantástico o ciencia ficción que vienen dándose desde los 90 y que alcanzaron su mayor apogeo comercial con The Matrix (1999), por tanto puede ser comparado en su visión del cine con los hermanos Wachowski, encabezando una generación de directores que han asumido ya plenamente el comic como una influencia más e incluso la estética del videoclip, la publicidad y los videojuegos, así pues, también podemos considerar a Anderson un precursor de la “quinta” de realizadores como Stephen Sommers –Deep Rising (1998), La momia (1999)-, Alex Proyas –El cuervo (1994), Dark City (1998)-, Stephen Norrington –Máquina letal (1994), Blade (1998)- y Christophe Gans –Crying Freeman (1995), Silent Hill (2006)-.

- Paco Antequera.

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Nacido como un espacio en el que contar mis inquietudes, finalmente convertido en un blog de cine fantástico (la cabra tira al monte), en el que hablo sobre este género cinematográfico intentando aportar información y puntos de vista que no estén demasiado extendidos por la red.

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