Invicto (Walter Hill, 2002)

Tras el descontento que le supuso Supernova (2000), Walter Hill regresó dos años después con un proyecto más enmarcado en su característico cine, recordando incluso un poco a su ópera prima, El luchador (1975). La taquilla no le acompañaba desde los 90, cada vez menor, y Supernova (2000), tras cuatro años sin hacer una película, supuso la puntilla. Invicto por desgracia tampoco recuperó comercialmente la carrera del director estadounidense, estando otros cuatro años sin sacar un proyecto adelante hasta que hizo en 2006 la mini-serie de tres horas Los protectores (Broken Trail), entre tanto en 2004 realizó el primer episodio de la también serie western Deadwood. Invicto, aunque utilizara las formas y estilo del cine negro mediante el género carcelario, no dejaba de ser otro western camuflado, como suele hacer habitualmente Hill, las maneras del cine negro y del thriller pero el espíritu del western, así pues, nos encontramos con esquemas del género como la representación de los valores de la masculinidad (en los personajes de Ving Rhames y Wesley Snipes), la amistad entre hombres (la que establece Ving Rhames con Wes Studi, el único al que no tiene ganas de partirle la cara), la presencia de un forastero en territorio hostil (la llegada de Ving Rhames a la cárcel), un conflicto que no puede desembocar de otra manera que en un duelo final (el combate entre Ving Rhames y Wesley Snipes), el protagonismo de personajes de aire legendario (el de Ving Rhames y, diría que sobre todo, el de Wesley Snipes) y, en sí, una historia de leyenda, y es que este film, aunque inspirado en la figura de Mike Tyson, dista del “basado en hechos reales”, pues recrea una ficción a partir del personaje de Ving Rhames que está inspirado en el de Mike Tyson, contando una historia que, de haberle pasado a Tyson, qué duda cabe que hubiera sido una historia con un halo legendario.
El paso por la cárcel de Mike Tyson acusado de violación y su decadencia personal, dando al traste con una gran carrera en el mundo del boxeo, fue la inspiración de Walter Hill para este film, protagonizado por Ving Rhames interpretando a un furioso y engreído campeón de boxeo, llamado George "Iceman" Chambers. Se mezclan, por tanto, dos géneros, el carcelario y el de boxeo. Al igual que en El luchador (1975), se representa un boxeo clandestino, quizá con guiño incluido a ese film con el escenario de la jaula donde se dan los combates. No nos encontramos, por tanto, con otra película de boxeo deportivo, y de la misma manera, tampoco sigue en exceso los estereotipos del cine carcelario, aunque sin duda no niega de este género y mantiene ese ambiente duro, austero y hostil de la cárcel, habitual en el género para generar tensión en el espectador, y también los trapicheos y abusos de ese mundo oculto que son las cárceles, elementos que el género carcelario siempre ha incluido a modo de denuncia, sin embargo el film no pretende ni ser abiertamente una denuncia ni poner al protagonista en una situación extrema para generar tensión en el público, de hecho Walter Hill juega con las reglas del género sabiendo cuándo salirse de los tópicos, y es que es el personaje de Ving Rhames el que intimida a toda la cárcel, y no al revés como suele ser habitual, toda una vuelta a los tópicos del género. Y es que como es característico en el cine de Walter Hill, existe mucha ambigüedad, y en este film más que nunca no cae en la típica historia de buenos y malos. O, incluso, podríamos decir que el villano no es otro que el propio protagonista, pero desde luego no lo es el personaje de Wesley Snipes, que cualquiera que conozca el cine de Walter Hill sabe que éste es el personaje con el que simpatiza el director, un tipo de personaje que siempre incluye en sus films, un duro “cowboy” crepuscular que vive con sus propias reglas y de pocos diálogos, pues no necesita decir más que lo imprescindible. Es, para Walter Hill, el símbolo de los “valores masculinos”, por eso la rivalidad existente entre los personajes de Ving Rhames y Wesley Snipes en realidad conlleva el trasfondo de una lucha por la demostración de la virilidad, por eso éste es un film que rebosa testosterona por todas partes, nada que ver con el sofisticado cine de acción actual.

Pese al paso discreto que tuvo esta película, y pese a que Walter Hill no se acercara a sus mejores obras, mantuvo su buena mano con este film, narrado con solvencia y ritmo, con una buena puesta en escena como es habitual en Hill y buenos detalles visuales en el montaje, tales como la presentación de los personajes y cosas como planos de la prisión, aunque tuvo algo de torpeza con los flash-backs en blanco y negro y, desde luego, está lejos de trabajos visuales tan atrayentes como los maravillosamente hipnóticos créditos de The Warriors (1979), pero seguía manteniendo un nivel digno de él, lo cual ya es mucho. Los intérpretes realizan también un buen trabajo, aunque apenas ninguno pueda lucirse, pero podemos destacar de entre los secundarios a Peter Falk (para quien no le suene el nombre, dígase Colombo). La banda sonora recurre a hip-hop para representar la importante presencia de los personajes negros en este film, aunque Hill no dota de tanta fuerza a la música como lo hizo con otras películas, donde dicho sea de paso precisamente la música negra suele ser la que tiene el mayor protagonismo por su gusto por ésta. No es un gran Walter Hill el de este film, pero sí estaba en buena forma, sabiendo adaptarse al lenguaje moderno del cine y, como es habitual en él, rodando buenas peleas, aunque se haya quedado estancado en esto y no sea ya lo mismo para su época que las de El luchador (1975) y The Warriors (1979). Pero no hay que ser duro con este film que, en todo caso, se trata de una notable película cuyas carencias quizá siguen siendo las mismas de siempre en el cine de Walter Hill, a mi juicio sus films suelen quedarse a medias, por su corta duración que hace que concluyan de manera abrupta, este film no es una excepción, resuelto en poco más de 90 minutos, dejándote con ganas de más, como suele pasar con los films de Hill, aunque esto sea preferible a que uno se aburra, claro, y es que los films de Hill son siempre muy entretenidos y se pasan en un suspiro. Voy a mencionar también el hecho de que Invicto se haya convertido en una saga pero, pasando en las secuelas, del cine de boxeo a las artes marciales, y como suele ser habitual, de las peleas como parte de la historia en el cine de boxeo, se pasa a las peleas como fin en sí mismo de la historia como suele ser habitual en el cine de artes marciales. No puede negarse que, con respecto a la película de Walter Hill, el director Isaac Florentine convencionaliza las secuelas, lejos de la mano maestra de éste, aunque también hay que destacar que, cada una dentro de su estilo, destaca más la secuela de 2006, convertida en una de las mejores películas del cine americano de artes marciales de los 2000, y supuso también el lanzamiento de Scott Adkins de mano de su amigo Isaac Florentine. Recoge la historia de la película de Walter Hill, con George "Iceman'" Chambers, esta vez interpretado por Michael Jai White (que, por cierto, interpretó a Tyson en un telefilm de 1995), que acaba en una cárcel rusa, bebiendo en realidad más del esquema de Salvaje (2003) de Ringo Lam y con Van Damme. Y es que ya era raro que no se hubiera incluido antes en el cine esto de la lucha carcelaria, de la cual Invicto (2002) se convierte en la pionera. [7]
- Paco Antequera