Cine neogótico

Volviendo a la novela gótica de terror, ésta heredaba los elementos propios de la iconografía del arte romántico, tales como parajes tenebrosos, ambientación medieval o, al menos, de época, castillos misteriosos y noches tormentosas y temas románticos como el interés por la muerte y el sentido trágico de la vida. Por otra parte, el cine de terror gótico se basaba en adaptaciones de las grandes obras de la literatura gótica o, al menos, inspirada por éstas. En los años 30 la Universal consolidó el cine de terror principalmente con sus films de monstruos, destacando Drácula (Tod Browning, 1931) y Frankenstein (James Whale, 1931). En los años 40 la censura estadounidense del cine mediante el Código Hays afectó al género, que además había caído en la repetición, estando ya en declive en los años 50, pero la Hammer devolvió el éxito al horror gótico con La maldición de Frankenstein (Terence Fisher, 1957), gozando durante los 60 de un nuevo esplendor. El éxito del terror moderno en los 70 desplazó al terror gótico, que tuvo su mayor crisis durante los 80, aunque se recuperó un poco en los 90 con Drácula, de Bram Stoker (Francis Ford Coppola, 1992), década en la que se desarrolló lo que viene a tratar este artículo, el cine neogótico, que tendría más éxito en los 2000. El cine neogótico se caracteriza por su vanguardismo, con una estética influida por el videoclip, y diluyendo su contenido terrorífico al estar más mezclado con otros géneros, principalmente con el cine de acción, de fantasía y de ciencia ficción.
Antecedentes y años 90
El concepto neogótico puede ser difuso ya que, realmente, el “nuevo gótico” bien podría incluir films de terror moderno que sin embargo heredan la esencia trágica y oscura del terror gótico, así pues mientras antes había castillos, mazmorras y mansiones, ahora hay caserones, hospitales y callejones. Pero, si nos referimos a aquel que mezcla el cine de acción con el género gótico, pueden considerarse antecedentes películas como Jóvenes ocultos (The Lost Boys de Joel Schumacher, 1987) y Warlock, el brujo (Steve Miner, 1989). Puede decirse que el género nace con Batman (Tim Burton, 1989), no por casualidad la adaptación de un comic, medio del que bebería esta corriente de gótico posmoderno. Tim Burton, famoso por sus películas de fantasía gótica, impregnó de su estilo la adaptación de este comic que no se adaptaba a cine o televisión desde hacía mucho tiempo. Su mezcla de acción y ciencia ficción, con influencias del cine fantástico y del terror gótico, hicieron que el género neogótico empezase a despegar en los 90, y se realizó la secuela Batman vuelve (Tim Burton, 1992). Los Batman de Joel Schumacher con su estética un tanto kistch se acercaban al comic más pop-art y los Batman de Christopher Nolan con su sobrio realismo al thriller policíaco, por lo que se alejan del neogótico. Influida por el Batman de Tim Burton se realizó Darkman (Sam Raimi, 1990), la cual se puede definir como una mezcla entre obras de terror como El fantasma de la ópera y el comic de superhéroes, la cual tuvo dos secuelas dirigidas por Bradford May.

Si hay una película definitoria del neogótico ésa fue El cuervo (Alex Proyas, 1994), basada en el comic de James O'Barr, su mezcla de acción, fantasía y terror gótico con su moderna realización hacen de ésta la verdadera artífice del cine neogótico. Puede afirmarse con seguridad que El cuervo es actualmente el gran icono para los góticos, al menos en el cine e incluso en el comic. Se trata de un film muy dinámico y con un fondo cargado de romanticismo, aglutinando tanto en lo formal como en lo temático las características que serían habituales en el cine de acción neogótico. Aunque pueda ser caer en el morbo, no puede obviarse la cierta leyenda negra que acompaña al film, con el accidente mortal de Brandon Lee (hijo del gran Bruce Lee) durante el rodaje y, como Eric Draven, falleciendo antes de casarse (Brandon Lee murió 17 días antes de la fecha en que iba a contraer matrimonio), lo que ha mitificado aún más este filme. Se hicieron tres secuelas. Pero la fantasía neogótica aún era una corriente sin mucha fuerza, con olvidables films como Spawn (Mark A.Z. Dippé, 1997), sin embargo otra adaptación de un comic y esta vez más afortunada, Blade (Stephen Norrington, 1998), reactivó el estilo, potenciando la acción frenética y el modernismo con una estética más digitalizada y urbana. Marcaría el camino a seguir no sólo por el neogótico sino en general por buena parte del cine de acción. Tendría dos secuelas.

Los 2000
El éxito del cine de superhéroes y de la cultura gótica hicieron que el cine de acción neogótico tuviera su gran auge durante los 2000, influyéndose principalmente de El cuervo (Alex Proyas, 1994), Blade (Stephen Norrington, 1998) y películas de acción vanguardistas como Matrix (Andy Wachowski y Larry Wachowski, 1999) que a su vez tenia influencia de la cultura gótica. La francesa Vidocq (Pitof, 2001) se grabó íntegramente en digital y La reina de los condenados (Michael Rymer, 2002) adaptó no un comic sino una obra literaria, de las Crónicas Vampíricas de Anne Rice de las que ya se había adaptado Entrevista con el vampiro (Neil Jordan, 1994), pero ésta última aún pertenecía al terror gótico, mientras que La reina de los condenados se inscribe en el frenetismo del neogótico. Un aspecto atractivo del film es su cierta ironía sobre la cultura gótica contemporánea. También con temática vampírica es Underworld (Len Wiseman, 2003), pero en la que los bebedores de sangre se enfrentan a los hombres lobo, lo que recuerda en cierto modo a las últimas épocas de algunas corrientes góticas anteriores con sus mezclas de monstruos. Se hicieron una secuela y una precuela, y para muchos son las películas más importantes del neogótico en esta década. Van Helsing (Stephen Sommers, 2004) es otro film que mezcla monstruos de la iconografía gótica. Pero el género iría nutriéndose sobre todo del éxito del cine de superhéroes, con películas como la aceptable adaptación Daredevil (Mark Steven Johnson, 2003).

Posiblemente la película más innovadora sea la rusa Guardianes de la noche (Timur Bekmambetov, 2004), por su tan extravagante como espectacular componente visual que lleva las escenas de acción hasta el delirio fantástico. Igual de controvertida fue su secuela Guardianes del día (Timur Bekmambetov, 2006), manteniendo un nada disimulado ritmo de puro videoclip con estética kistch. Hellboy (Guillermo Del Toro, 2004) parecía que iba a ser una gran obra del fantástico neogótico, pues la mezcla de acción, fantasía, ciencia ficción y terror del comic bajo la dirección de Del Toro daban para mucho, pero los requerimientos comerciales hicieron que el film tuviera un aire más juvenil, al estilo de producciones de los 80 como Dentro del laberinto (Jim Henson, 1986) y Jóvenes ocultos (The Lost Boys de Joel Schumacher, 1987). Se hizo una secuela. Catwoman (Pitof, 2004), con Halle Berry, incluye una actriz protagonista negra, ya en anteriores films hay actores negros, rompiendo con las raíces caucásicas de la cultura gótica, Constantine (Francis Lawrence, 2005), adaptación del comic Hellblazer, pasa el neogótico por el tamiz del cine negro, y Elektra (Rob Bowman, 2005) surge a modo de spin-off de la película de Daredevil. El motorista fantasma (Mark Steven Johnson, 2007) también adapta un comic, no así La criatura perfecta (Glenn Standring, 2007). Un paso más comercial supuso Crepúsculo (Catherine Hardwicke, 2008), un “neogótico adolescente” que consiguió un gran éxito de taquilla por su accesibilidad a todas las edades.

Hasta aquí llega este artículo de este género a medias entre el cine de acción más moderno y el género fantástico oscuro (ya alejado del terror más puro) que continúa en plena ebullición, espero que os halla interesado, más allá de las lógicas discrepancias sobre una corriente tan difusa como ésta, que no suele ofrecer grandes films pero sí buenas piezas de entretenimiento.
- Paco Antequera


Adriano Díaz dijo
Bueno, bueno, bueno, menudo articulillo este que te has preparado, Paco. Me parece interesante lo que planteas aquí, más que un análisis cualitativo, es bueno definir el género y luego enumerar los filmes que entran dentro de la clasificación, antes de pasar a un análisis más profundo.
Una vez más, podemos comprobar la enorme influencia de la cultura pop en la industria cinematográfica, por medio de dos de sus vertientes más visibles: las tribus urbanas y el cómic. El hecho de que ambos movimientos culturales estén dirigidos, en su mayoría, a un público adolescente/juvenil no es cuestión del azar. Estos dos espacios, cómic y grupos urbanos, donde se generan símbolos y conceptos muy diversos, saltan al cine de consumo masivo como reclamo. Tampoco podemos olvidar que, dos de las películas que has citado anteriormente, están basadas en fructíferas novelas. Ahora bien: ¿se puede separar el cine neo-gótico de lo comercial, de las grandes salas?
Desconozco si erraré mucho en mi planteamiento, pero, ¿acaso no son, "Hellraiser" y "Razas de noche", otros dos exponentes de este género? Si no es así, ¿en qué se diferencian? A ver si conseguimos hacer un análisis en profundidad de este, uhm... ¿Movimiento?
Espero que continuemos debatiendo estos temas mientras nos regalas tus textos, colega.
24 Enero 2009 | 02:29 AM