El cine según la derecha
Muchas veces es más definitoria la ideología de un individuo o, por así decir, su forma de entender el mundo, lo que necesariamente no tiene por qué estar apegado a la política. Más que el “yo voto a tal” o “todos los políticos son unos sinvergüenzas y por eso paso”, puede decirnos más de la ideología, de la moral y ética y la forma de entender la sociedad de alguien otros aspectos como sus gustos, pues los gustos son, al fin y al cabo, inquietudes, por muy lúdicas que puedan parecer. Mediante esta consideración he pensado sobre cuál es la forma de enfocar mi mayor afición, el cine, según la ideología de cada cual, o podría decirse al revés, cómo un determinado gusto cinematográfico nos puede instar a relacionarlo con una determinada forma de pensar o ideología. Más concretamente, en este artículo quiero exponer mi opinión sobre la forma de enfocar el cine que tienen los derechistas, y es que el cine, como parte importante de la cultura y del arte que es, está muy presente para la izquierda, pero es algo que parece resultar más secundario para la derecha, sin embargo la derecha, desde el principio de la civilización (es decir, antes de ser denominada oficialmente así, al tener los reyes e imperios la hegemonía absoluta), ha tenido una manera de entender el arte.
Si algo caracteriza el arte al gusto de la derecha es su carácter anti-popular. Su elitismo, lo que ahora llamamos esnobismo (éste último, en su carácter liberal, a veces se camufla de progresía), con lo que no todos pueden acceder al arte. Históricamente, uno de los ejemplos más significativos es el arte eclesiástico mediante la arquitectura (y otros, como la pintura, con la Capilla Sixtina como buen ejemplo, o la escultura con sus Cristos, vírgenes y santos), desarrollado sobre todo cuando más se reprimía el arte popular. No hay que echarle la culpa a los diversos tipos de arte por ser unas veces más populares y otras veces más elitistas, es decir, si antes el teatro era popular, no hay que culpabilizarlo del elitismo que ha tenido en ocasiones. El arte, como expresión de sentimientos e incluso pensamientos del ser humano, es de gran importancia en la sociedad, y por ello las diversas ideologías lo tienen en cuenta y la derecha sabe del peligro que para ella esto puede suponer, pues huelga decir que cuando la izquierda se encuentra en condiciones parecidas a las de la derecha, no suele tener muchos problemas para derrotarla (también huelga decir que raramente suelen darse estas condiciones). Por ello, mientras en los absolutismos se utilizaba la prohibición, con la llegada de la democracia representativa (un enorme logro entonces para la izquierda, hoy algo de lo que ir más allá incluso para la izquierda moderada), es decir, con el capitalismo, se estableció la concepción del arte que existe hasta hoy día; el de un negocio.
Esto es algo que, desde el primer momento, se ha podido constatar en el cine, el cual en sus comienzos fue desdeñado, precisamente, por su carácter popular, por la posibilidad que tenía de llevar con facilidad unas determinas obras (las películas) a muchos lugares, hasta que el cine fue aceptado por las elites y adoptado al gusto de éstas. ¿Cuál es la forma de entender el cine que tiene la derecha?, su forma de entender el cine reside en la figura del productor, que viene a ser el propietario de un medio de producción, el que obtiene beneficios de algo en lo que no ha trabajado pero que “le pertenece” en tanto haya invertido capital. Que las películas “son de los productores” es algo tristemente tan establecido que en las ceremonias de premios el galardón a mejor película es recogido por los productores. Esto es especialmente notorio en el cine de Hollywood, sin duda la cuna del “cine capitalista”, donde se intenta reducir la figura del realizador o director, es habitual que los directores sean meros artesanos cuyo estilo queda muy diluido, y es que el proyecto es llevado a cabo por los productores, eligiendo a su gusto un determinado director cuando la preproducción ya está avanzada y apartándolo cuando ya ha terminado el rodaje, a veces sin dejarle estar presente durante el montaje. A veces, incluso un director retoma el trabajo donde lo dejó otro, uno empieza la preproducción, lo echan y otro hace el rodaje y si los productores lo consideran conveniente ponen a otro durante el montaje. La principal ventaja de Hollywood son sus altos presupuestos, por eso incluso sus películas más nefastas cuentan con una factura técnica de calidad. Quizá por ello, la considerada “edad dorada de Hollywood” fue aquella en la que sus altos presupuestos, es decir, sus superproducciones, les permitían hacer un cine que no se podía hacer en el resto del mundo. De todas maneras, Hollywood se ocupa de contratar a los mejores profesionales que puede, por ello en sus films hay artistas y técnicos de diversas partes del mundo en las labores más importantes. Se dice que los maestros del cine son los estadounidenses pero cabria preguntarse si sería así de no ser por la “inmigración cinematográfica” de la que han gozado desde siempre. En todo caso, el cine de EEUU no se limita al de Hollywood, distrito de Los Ángeles donde se ubica la industria del cine más poderosa de EEUU, y la realidad del cine no es la de Hollywood, pero es tal la invasión del cine hollywoodiense en el resto del mundo que para el espectador medio pareciera que sólo existiese este cine y lo demás fueran casi “rarezas”.
Cuando las élites no pueden gozar con exclusividad de una forma de arte, lo que hacen es banalizar este arte, y ante la inevitable popularidad del cine, esto es lo que, por desgracia, decidieron hacer con éste. Podría decirse que tanto el cine como la música son las dos formas de arte que la industria más ha conseguido banalizar, o como también me gustaría decirlo, ‘atontar’, pues no es que el público demande estupideces, es que lo inteligente, aún cuando consiga vender, no gusta a la industria porque desarrolla un sentido crítico. Nuestro querido cine de género ha sido utilizado por la industria principalmente para evadir al espectador, ya desde los tiempos de las películas de aventuras de capa y espada. O, en el peor de los casos, para establecer rasgos conservadores, es el caso del western y su apología del autoritarismo, o a día de hoy del policíaco moderno y del cine de acción. Normalmente, cuando una película pretende comunicar un mensaje derechista al espectador, son ideas que se dan por sentado. Se da por sentado que los indios son los malos, o a día de hoy se da por sentado que “los terroristas” son los malos, y lo entrecomillo por la peligrosidad de esta definición en la que cabe básicamente un amplio espectro de enemigos del imperialismo estadounidense. Pero el sheriff, el policía, el militar o el FBI son indiscutiblemente los buenos, por supuesto. Como señalé antes, la situación del arte no le es indiferente a ningún movimiento político incluida la derecha, por ello en los 80, con Ronald Reagan, que sabía de esto, primó el cine de entretenimiento, y el cine de acción fue un buen ejemplo de la ola reaccionaria de entonces. En los 90 redujeron el ‘tono agresivo’ por el contexto político, pero la banalidad, quizá, incluso se incrementó. Conste que disfruto con el cine de género evasivo, incluido el cine facha de acción de los 80, pero también señalo que las raíces del cine de género no son éstas, al contrario, aunque las productoras utilicen el cine de género como entretenimiento evasivo, los autores más importantes lo utilizan como forma de expresión. De todas maneras, como ya he dicho sé disfrutar de muchos tipos de cine, y esto es algo que no hace el derechista, ya sabemos que en España, por ejemplo, mucha gente no ve películas de Javier Bardem, aún las que no tengan ningún tono explícitamente político, sólo por las ideas políticas del actor. A mí no se me ocurriría dejar de ver las películas de Alfred Hitchcock sólo por su postura pro-estadounidense (la cual supongo por su propio cine).
Ya que he mencionado a un actor español, cabe hablar de cómo están las cosas aquí con la polémica de las subvenciones, algo que debería ser básico en un, según la propia Constitución, supuesto “Estado social de derecho”, es decir, donde se aplica una política social en la educación, la sanidad y la cultura. Se supone. Se subvencionan orquestas de música, se subvencionan ballets, se subvencionan exposiciones, se subvenciones ferias del libro, etc. Otra cosa es cómo deberían ser las subvenciones, ya que en el cine se subvenciona como si de inversiones se tratase, es decir, esperando obtener beneficios, por ello se subvenciona sobre todo el cine español más comercial, cuando se debería fomentar el arte más arriesgado, innovador e inteligente. Para el derechista, sólo el mercado debería determinar la situación del cine español, pero precisamente esto hace que el cine español no luche en igualdad de condiciones con el estadounidense. Es decir, lo que yo defiendo no se trata de imponer películas que no le gusten a la gente. Pero si por el de derechas fuera, la industria del cine español estaría raquítica (si, en cierto modo, no lo está ya). Sin intervención o protección, sólo se puede competir con el cine de EEUU cuando se le gana con sus mismas armas, es decir, cuando hay un auge dentro del propio capitalismo. Es lo que pasó en la Italia de los 60 y 70, pero en cuanto este país decreció en su “poderío económico” (lo que no quiere decir que la ciudadanía tuviera un buen nivel de vida como no lo tiene la estadounidense siendo la “primera potencia mundial”), aún sin que haya dejado de ser uno de los países más influyentes del mundo, entonces su industria se fue a pique. No porque su cine dejara de gustarle a la gente. Sencillamente, volvía a ser menos rentable. Otro ejemplo podría ser la industria del cine de la India, llamada Bollywood por su similitud con Hollywood, no cultural sino en la forma de entender el cine, es decir, primando el entretenimiento y, con ello, la evasión, por eso abundan los musicales, sin que quiera como señalé antes, demonizar ningún género, pero está claro que la industria india busca ante todo un tono lúdico y con ello evasivo. Europa, verdadera cuna del cine, se encuentra a día de hoy en una situación delicada, y aunque a muchos (al patrioterito español que sin embargo odia el cine español por ser tal) les suene gracioso, España destaca en el continente con mejor cine, simplemente por tener una protección mayor que países como Inglaterra, de la que puede considerarse un caso parecido al italiano, aún con su poderío, su industria cinematográfica en ocasiones es discreta y, muchas veces, se “salva” por las coproducciones con EEUU. No es que en España se proteja especialmente el cine patrio, pero se pueden ver los resultados en comparación con otros países. No por casualidad, Francia, uno de los países en donde más se protege a su cine, goza de bastante estabilidad y gran nivel de calidad.
Por desgracia la derecha ha conseguido con creces su objetivo respecto al cine, siendo para la mayoría de la gente un producto de consumo rápido, llegando a parecer el cine europeo, a ojos del propio público masivo de Europa, como pedante, pretencioso, exclusivista y aburrido. Ver el nivel de estupidez en la cartelera propiciado por el cine de EEUU y cómo sus películas son las más vistas resulta desolador. En otras formas de arte el público tiene en cuenta al autor para acercarse a sus obras, si un cuadro es de Velázquez o de Goya, mientras que en el cine, reducido a mero negocio para la mayoría, es “una película de Brad Pitt” (producto del “Star System” estadounidense), o hasta “una película de la Warner”, desdeñando a directores y demás creadores. Las series de televisión son un buen ejemplo de la manera en que para la derecha debería hacerse el cine, y es que mientras en el cine hay espacios alternativos o industrias para cine con menos presupuesto, en la televisión las audiencias determinan de mayor manera lo que se hace o no, y es que la serie de televisión exige una continuidad y, por ello, el público debe respaldarla día a día o semana a semana, además de que la serie de televisión está bajo la tiranía de la cadena de turno, es decir, tiene un canal de exhibición más restringido que el del largometraje de cine. Por ello, la figura del productor es diferente en la serie de televisión que en la de una película. Normalmente, el creador de una serie intenta ser el productor para tener un importante control creativo de ésta, pero muy supeditado a la audiencia, por eso las series evolucionan de manera tan cutre, porque se adaptan a las demandas del público. Frente a esto, la libertad creativa y de expresión, el riesgo e innovación artística y la variedad es algo por lo que la izquierda debería apostar, puesto que no va a ser la derecha la que tolere la pluralidad cinematográfica. No es malo ver cine de entretenimiento, yo soy gran defensor de éste ya que por algo hago este blog, mientras trate con inteligencia al espectador, claro. Lo malo es que del cine de entretenimiento y, sobre todo, del más banal y estúpido, muchos no vayan más allá.
- Paco Antequera

Vicky A. H. dijo
Ya te iba a decir yo que lo malo no es que el cine exponga unas determinadas ideas (o una carencia de ellas, que en ocasiones es el caso), sino que la gente no tenga más juicio crítico... No sólo hacia la calidad de la película, sino hacia el mensaje.
Yo pienso que de todo se puede aprender y de todo se puede meditar... Y, no sé, yo cuando veo una película (sea cual sea el mensaje, pero sobretodo si lleva mensaje "fascioso") aprovecho para empezar a buscar puntos débiles y montar el debate conmigo misma (¿triste? Puede ser XD). Si ya desde pequeña iba con los indios cuando veía una película del Oeste... XD
Pero sí, hay mucho borrego suelto... Besos!!
27 Octubre 2008 | 04:02 PM