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La Coctelera

LA CAJA ESFÉRICA

1 Agosto 2007

Masters of horror: 1ª temporada (2005-2006)

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Para quienes somos aficionados al cine de terror contemporáneo y nos gustan no sólo los largometrajes sino también las historias cortas, aquellas muy indicadas para ser historias de miedo contadas alrededor de una hoguera, esta serie es una delicia, eso sí, cada episodio tiene una duración de una hora, por lo que en algunos casos se ha optado por contar una historia más ambiciosa que, realmente, hubiera resultado mejor con mayor metraje. Cada episodio es independiente y, como indica el propio título de la serie, su rasgo característico es presentar a “maestros del terror”, por tanto nos encontramos con un interesante compendio de autores y artesanos del género, y es que la serie, en esta primera temporada, hace honor a su nombre, la mayoría realmente son los maestros del cine de terror (aunque la selección se inclina más hacia los directores estadounidenses), a saber; Don Coscarelli, Stuart Gordon, Tobe Hooper, Dario Argento, Joe Dante, John Carpenter y Larry Cohen, después nos encontramos otros como John Landis que estuvo cerca de poder ser un “maestro del terror” pero se quedó en un “pudo ser”, el prometedor Lucky McKee y los apreciables pero no demasiado especializados en el género John McNaughton y Takahi Miike. En último lugar se situarían William Malone y Mick Garris, éste último el creador de la serie, un director de los del montón pero con una gran fidelidad al género, como muestra el esfuerzo realizado para esta serie en la que ha otorgado la mayor libertad creativa que ha podido para los distintos directores.

Mick Garris, conocido por ser el director más especializado en adaptar a Stephen King, ha trabajado mucho para televisión, con la experiencia adquirida ha podido realizar un proyecto que, no hay que olvidar, son 13 películas realizadas en apenas 5 meses, cuadrando fechas para rodar una detrás de otra y, desde luego, sin los presupuestos desorbitados de las series de éxito del momento como C.S.I., es el precio a pagar por hacer terror y más aún si éste es medianamente libre, y es que la libertad creativa de la que ha gozado cada director les ha permitido a muchos sacar lo mejor de sí, en algunos casos incluso se han dado mejorías en algunos sentidos respecto a los últimos pasos de sus carreras como han sido los casos de John Landis, William Malone e incluso Joe Dante. Además, la serie se pensó para ser emitida en un canal para adultos, showtime extreme, pero de todas formas ni esto ha evitado algunos problemas, ya sabemos que hay determinados aspectos en los que al intentar llegar más lejos de lo habitual surge la censura, aunque no sea institucional pero sí empresarial, así que el tema tabú por antonomasia, el sexo, que abunda sin titubeos por la serie, tuvo problemas sobre todo con el episodio Jenifer de Dario Argento, posiblemente el capítulo más sexual, ha sufrido diversos cortes para atenuar esta fuerte carga sexual. La violencia, aunque con menos problemas que el sexo, también los ha tenido, hasta el punto de que La huella de Takashi Miike fue prohibido en la televisión estadounidense. Considerando otros aspectos, el más polémico en EEUU fue El ejército de los muertos de Joe Dante y su mensaje político, que como es habitual en casos así, ha generado tanto aprecios como desprecios, mientras que en Europa ha sido bastante bien valorado, incluso alcanzando cierto reconocimiento entre la crítica por su contenido.

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Mick Garris, artífice de Masters of horror.

Así pues, Masters of horror presenta obras de los directores más importantes del cine de terror, si bien se echa de menos a George Romero, Wes Craven y grandes del género de otros países (por ejemplo Roman Polanski, aunque por sus problemas judiciales no podría pisar suelo estadounidense...), teniendo en cuenta que la presencia de Roger Corman y David Cronenberg es prácticamente imposible, el primero por estar retirado y muy mayor y el segundo por seguir desde hace tiempo por caminos ajenos al cine de terror. Pero además de esto, lo interesante de Masters of horror es también que es un buen muestrario de qué es el cine de terror, aunque sea principalmente el de la escuela estadounidense e inclinado hacia el terror físico, si bien también hay unos cuantos episodios de terror psicológico o con elementos de éste. Por otra parte, esta inclinación se da también más hacia la formas del terror moderno, recordando a las épocas doradas de los 70 y 80, sin obviar referencias del género hecho hoy en día. Se puede echar de menos algo más de terror clásico, historias basadas en el suspense para inquietar, si bien las hay aunque sea mayormente en parte al igual que el terror psicológico, también pueden encontrarse algunos capítulos de terror gótico, como son Tras las paredes de Stuart Gordon, una de esas historias de caserón que encierra un misterio, En el sótano de William Malone, por su estética y por la inspiración mitológica, y sobre todo la victoriana El cuento de Haeckel, y podría considerarse como neogótico El baile de los muertos de Tobe Hooper. De los distintos capítulos hay tres que son comedias de terror; El ejército de los muertos de Joe Dante, Salvaje instinto animal de John Landis y Metamorfosis de Lucky McKee, algo que desagradará a algunos que busquen más terror puro y duro. Personalmente, tampoco soy muy amigo de abusar de las comedias de terror, pueden ser divertidas (algunas películas de terror cómicas me gustan mucho), pero con el abuso se corre el riesgo de banalizar el género, sin embargo tres comedias no son demasiadas, aunque ciertamente son bastantes, dos creo que sería la cantidad idónea, pero dejan diez capítulos que buscan ser, la mayoría, lo más aterradores posible, en todo caso en la segunda temporada hay menos comedias de terror.

Pese a la cierta independencia de cada director, se trata de una serie en la que como tal los diferentes episodios tienen en común un determinado equipo técnico y artístico, por lo que sí existe cierta homogeneización entre los diferentes episodios, si bien en determinados aspectos importantes cada director ha podido trabajar con algunos colaboradores habituales con los que crea parte de su estilo, puede ponerse como ejemplo la música, así pues Mick Garris ha contado con su habitual Nicholas Pike (que además es el compositor que más capítulos ha musicalizado), Stuart Gordon con Richard Band (hermano del legendario productor de serie b Charles Band), Lucky McKee ha vuelto a contar con la compositora Jaye Barnes Luckett, Takashi Miike ha trabajado con su habitual Kôji Endô, etc. y, por cierto, esta vez John Carpenter no ha hecho la música a su película sino que, por primera vez, la ha puesto su hijo Cody Carpenter. Por otra parte, no sólo se puede hablar de los maestros del cine de terror sino también de maestros literarios del género, ya que buena parte de los capítulos son adaptaciones, Don Coscarelli adapta un relato de Joe R. Lansdale como ya hizo con Bubba Ho-Tep (2002), Tras las paredes es una adaptación de H.P. Lovecraft, El baile de los muertos está basado en un relato de Richard Matheson, Jenifer adapta un comic de Bruce Jones para la revista Creepy, El ejército de los muertos está basada en un relato de Dale Bailey, Trayecto al infierno es una adaptación de un relato de David J. Schow que él mismo se encarga de guionizar, El cuento de Haeckel adapta un relato de Clive Barker y La huella es una adaptación de un relato de Shimako Iwai, por cierto que esta escritora aparece como torturadora en el film. Dicho sea de paso, manda narices los títulos que les han puesto a los episodios en España, Incident on and off a mountain road como Esculturas humanas, Dreams in the witch house como Tras las paredes, Chocolate como Sensaciones extremas, Homecoming como El ejército de los muertos, Deer woman como Salvaje instinto animal, Cigarette burns como El fin del mundo en 35 mm, Fair haired como En el sótano, Sick girl como Metamorfósis y Pick me up como Trayecto al infierno ¿quién da más?, aunque ya estamos acostumbrados a estos desastres de las distribuidoras españolas.

Episodio 1: Esculturas humanas (Incident on and off a mountain road, Don Coscarelli)

Abre la serie su episodio piloto, una adecuada carta de presentación de manos de Don Coscarelli, peculiar realizador con una filmografía realmente bizarra, con la saga de Phantasma por bandera, la cual le ha absorbido mucho, esperemos que nos sorprenda con otros films en un futuro. Me gusta especialmente la inclusión de Coscarelli en Masters of horror porque, además de hacer honor al nombre de la serie, es un director algo minusvalorado, o incomprendido podría decirse, su cine no es para todos los paladares. Por ello, que sea el encargado de abrir la serie me parece un acierto, es decir, Masters of horror como serie que pretende abarcar los distintos lugares intrínsecos del cine de terror juega con los tópicos, y Don Coscarelli es precisamente un director que rompe con las reglas, por lo que este episodio es, por una parte, un homenaje a los tópicos del cine de terror, pero a la vez se ríe de estos, o podría decirse también que revierte los tópicos. Esta historia aparentemente es un típico psychokiller estadounidense de los 80, una mezcla de slasher, terror rural, survival horror y gore, nos encontramos, a priori, con un “más de lo mismo” realizado con solvencia, por lo que no nos importa disfrutar con más de lo mismo aunque podamos predecir acontecimientos y resoluciones de la trama, sin embargo paralelamente al “incidente” en que se ve envuelta la protagonista, se nos narra en forma de flashback otra historia que es cada vez más inquietante, y cuanto más inquietante es ésta más seguridad ofrece la trama principal, presentando un duelo ya algo más equilibrado, al estilo de Wes Craven, pero de manera tan exagerada que de alguna forma esto ya rompe con el tópico de la chica indefensa. El film gira hacia un desarrollo sorprendente dentro de los cánones del género, el cual sirve de sardónica metáfora sobre la paranoia y la cultura del miedo inducida hacia el pueblo estadounidense. De esta manera, Esculturas humanas se convierte en un episodio representativo de lo que es Masters of horror, es decir, una travesía por los distintos territorios del cine de terror que juega con sus rasgos característicos y, claro, sus tópicos, pero aportando puntos de vista frescos que les confieran personalidad a las distintas creaciones. En todo caso, el capítulo de Don Coscarelli es un estupendo divertimento, lleno de ritmo, tensión y altas dosis de gore (algún momento realmente da grima), con una de las mejores puestas en escena de la serie, para la cabaña y su exterior se hizo un escenario grotescamente impresionante, con inspiración en Jeepers Creepers (2001), por otra parte del psicópata, como asesino de slasher que es, se han cuidado sus rasgos distintivos, al igual que Myers emplea un gran cuchillo de cocina o Jason un machete, Moonface empuña una bella daga, y aunque no lleva máscara sí tiene un rostro identificativo que le otorga su apodo (otro guiño a un tópico), por cierto que el film cuenta con la participación de Angus Scrimm, el temible Hombre Alto de la saga Phantasma, entre otras cosas por ello alguno ha dicho que este episodio viene a ser un añadido más al universo de Don Coscarelli, desde luego que sí, y resuelto con agudeza como es habitual en el realizador.

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Episodio 2: Tras las paredes (Dreams in the witch house, Stuart Gordon)

H.P. Lovecraft es, indudablemente, uno de los escritores más relevantes de la literatura de terror, por tanto no es de extrañar que su obra haya sido una influencia fundamental en literatura y cine, sin embargo, pese a su importancia, su reflejo en el cine no está a la altura de lo esperado y, desde luego, generalmente no se consigue una equivalencia cinematográfica a su esencia terrorífica en lo literario. El realizador que ha logrado mejores resultados con adaptaciones de Lovecraft ha sido Stuart Gordon, al que se puede considerar como el director más especializado en el escritor. Consciente de la dificultad de adaptar a Lovecraft, Gordon opta normalmente por su obra más terrenal, como es el caso de su ópera prima Re-Animator (1985), la cual, sin proponérselo, terminó resultando una comedia de terror, quedando un gran clásico del terror de los 80, de la misma manera que realizaría otras interesantes películas basadas en la obra de Lovecraft pero de las que, eso sí, normalmente hay que olvidar esta fuente literaria. Sin embargo, en alguna ocasión Gordon se ha acercado a la obra más netamente “lovecraftiana” del escritor y, dentro de lo que cabe, obteniendo buenos resultados, es el caso de esta Tras las paredes, que se sitúa en la parte más “seria” de la filmografía de Stuart Gordon, si bien no elude alguna pizca de humor pero, por fortuna, lo suficientemente contenido como para no empañar el que es uno de los episodios más aterradores de la serie, también puede decirse que uno de los más atrevidos gracias a tener detrás a un director de terror-gore tan salvaje como es Gordon, el cual esboza una escalofriante atmósfera en una historia llena de constantes “lovecraftianas” como las dimensiones espaciales, y es que en este filme se elabora una clase magistral de cómo aterrar, a través del uso de la cámara para jugar con los espacios, creando una ambientación que sugiera el horror (y, aunque en esto discrepen muchos, en mi opinión sabiendo mostrar el horror cuando deba hacerse) y haciendo una buena utilización de la música y el sonido. El resultado se consigue plasmar de manera asfixiante, en una trama que aunque heredera de las historias góticas de casas misteriosas, recuerda bastante a El quimérico inquilino (1976) de Roman Polanski, por la sensación de paranoia respecto a los habitantes del caserón, generando un constante clima de desconfianza, aunque, como no podía ser de otra manera en una obra de Lovecraft, el horror se destapará mediante lo sobrenatural, con la que es, en mi opinión, la parte final más aterradora de la temporada. Aunque sea imposible lograr una plena equivalencia “lovecraftiana” entre cine y literatura, este episodio logra retratar la esencia del terror psicológico del escritor de Providence.

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Episodio 3: El baile de los muertos (Dance of the dead, Tobe Hooper)

Ciencia ficción y terror en la película de Tobe Hooper, basada en un relato de Richard Matheson (guión adaptado por su hijo Richard Christian Matheson), la historia gira en torno a un futuro apocalíptico en el que se sobrevive como se puede, la acción se enfoca hacia un local, el Doom Room (con el propietario interpretado por Robert Englund, que ya ha actuado en varias películas de Hooper), y las formas de entretenerse en este mundo desolador, en donde los muertos reanimados cobran especial importancia (ojo: no nos encontramos con un capítulo de zombies al estilo ‘romeriano’). Una chica que atiende con su protectora madre una cafetería descubrirá a través de unos chicos cómo es realmente el mundo. Con esta premisa Hooper construye con acierto una sociedad donde impera el nihilismo (de hecho, no es una historia de “buenos y malos”), el director de La matanza de Texas (1974) es idóneo para este episodio, impregnado por la atmósfera de horror característica del realizador, con individuos bizarros, ambientación mórbida, depravación y personas deformes y ‘freaks’, éste es el punto fuerte de la película, con escasos medios Hooper sabe construir una pesadilla, sabiendo sugerir que hay más horror del que ven nuestros ojos, aunque sin embargo no consigue suplir las limitaciones de medios, su realización cae en la monotonía (termina resultando repetitiva la acción en el Doom Room, a veces mal solventado con la reiteración de escenarios y extras) lo que perjudica la sensación de estar en un futuro mundo derruido, además Hooper ha optado por “adaptarse a los nuevos tiempos” ofreciendo una estética moderna, de la que hacen uso films como Saw (2004), es decir, influencias del videoclip y efectos visuales, éstos últimos llegan a ser irritantes. ¿Cuál es el resultado? Tobe Hooper fue uno de los directores fundamentales para el desarrollo del terror moderno que, sin embargo, cayó cinematográficamente en desagracia, aunque el revival de los últimos tiempos ha contribuido decisivamente a recuperar a Hooper en el lugar que le corresponde, algo de lo que forma parte este capítulo que cumple con la pretensión de este tipo de serie: ofrecer una muestra del hacer de cada director, y este episodio cumple con ello, entronca con el universo enfermizo de Tobe Hooper, es decir, es representativo de su director y, medianamente, cumple. El inicio del capítulo es interesante, se respira ese clima de tensión y abyección del mejor Hooper, la trama evoluciona a formas cada vez más delirantes (en menor medida pero algo así como en La matanza de Texas 2 (1986)) aunque de una trama que parecía que podía dar más de sí sobre los miedos sociales se termina recalando en una historia de emancipación, interesante pero que desentona con el conjunto y decepciona algo ante las posibles pretensiones planteadas al principio. Este capítulo ha sido considerado de los más flojos de la primera temporada, y puede ser cierto, pero eso no significa que el resultado no sea satisfactorio, ya que esta primera temporada goza de un elevado nivel e incluso los peores capítulos son bastante interesantes. Es verdad que, teniendo en cuenta los diferentes “curriculums”, Tobe Hooper ha podido ser el director más decepcionante, pero ha cumplido suficientemente ofreciendo un capítulo por debajo de la media de esta primera temporada pero de competentes resultados.

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Episodio 4: Jenifer (Jenifer, Dario Argento)

Curiosamente, uno de los capítulos menos personales es el de Dario Argento, director que no hace encargos, poseedor de una coherente y particular filmografía, sin embargo a la vez es un director idóneo para esta película porque encaja perfectamente en su universo ¿contradictorio?, algo sí, pero tiene sentido. La idea y el guión del episodio parten del actor (y protagonista en Jenifer) Steven Weber, que aunque no suele hacer guiones es tal su gusto por el comic Jenifer de la revista Creepy que ha llevado a cabo este proyecto gracias a su amigo Mick Garris. Así pues, Dario Argento se hace cargo de una historia basada en las “andanzas” de la deforme Jenifer, con un tratamiento que podría compararse con su versión de El fantasma de la ópera (1998) en donde potenciaba la crudeza y sadismo de los asesinatos llegando al delirio, es decir, al no tratarse de un giallo Argento plasmó de manera directa algunas de sus principales virtudes, en Jenifer vuelve a hacer lo mismo, la trama se fundamenta en los momentos sangrientos, apenas sin la planificación en los asesinatos característica de sus gialli (salvo un poco al final) pero con un elevado grado de sórdido gore, como es habitual en su cine Argento recrea unas situaciones realmente malsanas con un constante clima enfermizo y de peligro, además también está muy presente el sexo durante el metraje, el Master of horror que más lejos llegó en este sentido (lo que conllevó recortes de censura). Por lo tanto, sin ser un episodio demasiado representativo de su cine (algo realmente representativo de su estilo haría en la segunda temporada), sí encaja perfectamente en la coherencia cinematográfica del director italiano, algo más “austero” visualmente de lo habitual en el realizador, se nota que se ha adaptado a la estética estadounidense, pero la mano de Argento está en buena parte de lo formal e incluso de lo temático (sin ser uno de sus típicos psychokillers), con ese ambiguo aire de misoginia, la incompetencia policial, la relación entre sexo y muerte e incluso puede señalarse el detalle del personaje que ve algo al principio pero de una manera errónea o que no lo recuerda bien. Una buena película de monstruo que si no se hubiese llevado por buen puerto hubiera resultado muy plana, Argento sin embargo le otorga un grado de misterio, de inquietud que desemboca en malestar en donde no deja de construir poesía macabra, aunque inevitablemente el episodio peca algo de repetitivo, debe posicionarse uno en las pretensiones del capítulo, no atisbar demasiado en el guión y dejarse llevar por la forma en que se nos cuenta esta cruda y oscura historia.

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Episodio 5: Sensaciones extremas (Chocolate, Mick Garris)

De manera lógica Mick Garris se reserva un capítulo, en el cual ha plasmado de manera representativa sus preferencias cinematográficas, lo que se puede considerar “su estilo”, un film de terror sobrenatural al estilo de Stephen King. La cuestión es que la idea, que parte al igual que el guión de Mick Garris, es buena, pues presenta una interesante parábola sobre la soledad, construida mediante un drama sobrenatural con elementos de terror psicológico que deriva hacia el thriller erótico con trama de femme fatale incluida, pero Garris desaprovecha sus buenas ideas, con tantos elementos con los que “jugar” en una hora, lo que conllevaría a que no diese demasiado tiempo a contar lo que se desea, el capítulo sin embargo se hace denso por alargarse fútilmente, Garris no sabe qué contar, su dirección es plana, sin lograr causar apenas estímulo en el espectador, a lo que no ayuda el poco carismático personaje protagonista (interpretado por Henry Thomas “el niño de E.T.”), y es que una cosa son las historias de “chico rarito” y otra esa especie de personaje oligofrénico. Siendo benévolos, y valorando la película desde bajas pretensiones, puede decirse que dentro de un nivel telefilmesco es correcta, podría ser agradable encontrársela para un rato de un domingo aburrido, pero la realidad es que esta serie es más ambiciosa que eso y desde luego el film se encuentra a un nivel muy inferior a la media de la serie, Sensaciones extremas queda como el peor episodio de la primera temporada, Garris lo hace lo mejor que puede y es en las ideas y en el guión donde se presenta el lado más destacable del film pero a la hora de plasmarlo en imágenes se mantiene en su habitual nivel justito.

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Episodio 6: El ejército de los muertos (Homecoming, Joe Dante)

El ejército de los muertos es una de las perlas de Masters of horror, el capítulo más político y uno de los más atrevidos, llevado en estado de gracia por Joe Dante, director caracterizado por la autoconsciencia de su cine, es decir, Dante sabe que “todo está inventado” en el cine de terror, los géneros han sido desarrollados hasta su máxima modernidad y parece difícil que vaya a poder dársele la vuelta a la tortilla de manera tan trascendental como en las evoluciones del terror de antaño, por ello sabe que transita por caminos explorados por lo que lanza una mirada irónica y a modo de homenaje sobre el cine fantástico y de terror, aunque la excepción fue Aullidos (1981), la película que modernizó el cine de hombres lobo, que no obstante también estaba plagada de guiños, en este caso al cine de licántropos. La principal influencia de Dante como hacedor de serie b es Roger Corman, lo que se palpa en su film más representativo, Gremlins (1984), en el cual se nota otra grande influencia, la de Steven Spielberg que además ejerció como productor en el filme. Del director de Cincinnati, Dante hereda su paso con naturalidad de la comedia al melodrama (El ejército de los muertos, además de divertida, tiene algunos emotivos momentos de ternura). El cine de Dante siempre ha tenido un punto de trasgresión, de crítica social, lo que potenciaría desde los 90, incluyendo esta El ejército de los muertos, donde ya no hay dobles lecturas ni sutilidades, es una película abiertamente política, una sátira sobre las manipulaciones y los abusos del Partido Republicano mediante su política del miedo a través del cine de zombies, al cual homenajea como es habitual en el director de manera amplia y con respeto y cariño al género. El punto de partida de la película se da en un programa de televisión cuando el protagonista, un empleado de uno de los grupos de influencia del Partido Republicano, desea que los soldados muertos en Iraq vuelvan a la vida para que dijeran que lucharon por una “causa justa”, sin embargo esto termina sucediendo, este deseo cumplido es un guiño a los cuentos de hadas, el cine de Dante tiene algo de fábula, la citada Gremlins (1984) tiene bastante de cuento moderno. La cuestión es que los soldados vueltos a la vida darán su opinión y ésta no es tan favorable al Partido Republicano como el protagonista creía, el cual representa la ingenuidad bienintencionada de algunos derechistas, mientras su compañera de su grupo de influencia representa a los derechistas más conscientes de qué es el poder, los que buscan el beneficio personal aún cuando sean conscientes de las injusticias que llevan a cabo. De esta manera se construye un discurso satírico dejando patente la hipocresía de los belicistas, también con críticas a otros sectores como los medios de comunicación, la Iglesia... y de manera especial finalmente también a la posesión de armas de fuego. Nada tiene desperdicio en El ejército de los muertos, apenas hay escenas de transición y menos de relleno, cada escena tiene su significado especial, entre todas se teje una estupenda historia. Están tan bien llevados a cabo la dirección y el guión que el capítulo se hace corto, nos quedamos con ganas de más al final, esto es de lo “peor” que se puede decir de este magnífico episodio, aunque también algunos dirían que apenas es aterrador, algo cierto en parte, no obstante tiene logrados momentos inquietantes y de tensión, pero es verdad que es uno de los capítulos que menos temor provocan, no obstante es lo que se pretendía, es cierto que los zombies no asustan demasiado, pero es que esta vez asustan más los seres humanos.

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Episodio 7: Salvaje instinto animal (Deer woman, John Landis)

John Landis es un director de comedia pero que ocasionalmente reserva un hueco para el cine de género o de terror. Padre de la comedia juvenil de despiporres y de films de humor políticamente incorrecto, con el tiempo su cine se fue “acomodando”, perdiendo su espíritu de trasgresión, es decir, para encontrar al más puro John Landis hay que ver su primera etapa, que comprende desde sus inicios a principios de los 70 hasta la primera mitad de los 80. Centrándonos en su filmografía de terror, el rasgo característico de ésta es su visión caricaturesca y paródica del género, sin duda su exponente más representativo es Un hombre lobo americano en Londres (1981), una de las comedias de terror más importantes de la historia del cine, en la que por cierto al igual que en otros filmes de especialmente su primera etapa podemos observar el gusto de Landis por darle importancia a los animales, algo con lo que, de nuevo, juega en Salvaje instinto animal. En este episodio Landis retoma su esencia influido por su propia Un hombre lobo americano en Londres (1981), a la que homenajea al igual que a otros clásicos de la serie b como La mujer pantera (1942). El capítulo consiste en la investigación de dos policías sobre unos “misteriosos asesinatos”, descubrirán que están relacionados con una leyenda india, con esta premisa Landis ofrece una hora de diversión con estupendos momentos de comedia, la caricaturización de situaciones, personajes y de los propios asesinatos resulta brillante, tampoco falta la inclusión del sexo más desaforado en uno de los capítulos que, incluso, teniendo en cuenta al director (en peor momento que la mayoría de los demás de la serie), ha resultado uno de los más sorprendentes, pocas pero logradas pretensiones en la aportación de Landis.

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Episodio 8: El fin del mundo en 35 mm (Cigarette burns, John Carpenter)

Para su segmento, John Carpenter ha contribuido con un filme de terror psicológico, no es el estilo habitual del director estadounidense, puede compararse con su En la boca del miedo (1995) con la que guarda no pocos paralelismos. Carpenter es un director de tal genialidad que aún cuando no ha realizado un capítulo con su estilo más usual, aún cuando como ha hecho otras veces absorbe “modas” del momento, su impronta sella este episodio. En el cine de John Carpenter los monstruos no habitan en exceso o, si no, los monstruos habitan en el propio ser humano (La cosa (1982) es un ejemplo paradigmático), en la historia de este episodio el mal habita en los propios individuos, es la liberación de los demonios particulares, también observamos apuntes de otros elementos habituales de su cine como la oscura presencia de simbología cristiana o una crítica social en la figura del autoritario padre de la novia. Como dije, este episodio está influido por el cine actual, recoge las propiedades de The Ring (1998) y Carpenter lo convierte en algo fresco, no queda como una más de las muchas películas derivativas del film de Hideo Nakata que sin embargo no logran alcanzar su esencia, no es el caso de El fin del mundo en 35 mm, a diferencia de la mayoría de películas imbuidas por The Ring (1998) no se basa en efectismos puntuales (aunque los haya y algunos con abundante gore, por cierto con un guiño al final a la Nueva Carne), sino que al igual que en la película de Nakata se crea una atmósfera de misterio en la que el terror es intuido, cuanto más avanza el metraje mayor es la persuasión infundida de que nos adentramos en una pesadilla, la utilización de la sugerencia resulta magistral. Finalmente, hay que señalar que encontramos distintos niveles de lectura, el más claro es el homenaje a la cinefagia, al cine fantástico y de terror y a sus aficionados, al morbo de buscar las películas más desconocidas y malditas, también se hilvana la relación entre público y cineastas y sobre todo entre cineastas y crítica, al margen de esto la maldición de la película de la película (valga la redundancia) se muestra como la maldición del pasado, de cómo nos puede devorar si no lo asumimos, es decir, de la culpabilidad. Brillantemente dirigida, pese a tener una trama ligeramente “tranquila” el film se hace muy corto (eso sí, debido a la escasa duración hacia el final sí se hace corto porque los acontecimientos suceden rápido), un magistral ejercicio de terror que se posiciona como uno de los mejores episodios de la serie.

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Episodio 9: En el sótano (Fair haired, William Malone)

Éste es el episodio más sorprendente de Masters of horror en relación a lo esperado por su director, uno de los realizadores más modestos de la serie que sin embargo ha sorprendido con uno de los mejores capítulos, confirmando al menos que puede llegar a ser un buen artesano. William Malone debutó en los 80, dirigiendo dos films sin éxito, esto y la llegada de los 90 le relegaron a la televisión, donde siguió con el género del terror en series como Relatos de la cripta, realizando un eficiente trabajo que hace más comprensible la calidad mostrada en esta En el sótano, gracias a su experiencia en el medio televisivo ha sido el mejor en saber adaptarse a este formato. Su nueva oportunidad en el cine llegó con la productora Dark Castle, encargándole dirigir el remake House on haunted hill (1999), insulso film que, eso sí, se mantiene fiel a la esencia de William Castle, hacer espectáculo con el cine de terror. Sin embargo, en este episodio Malone realiza, como indiqué, un competente trabajo, con un interesante guión de Matt Greenberg este capítulo es uno de los más redondos, la utilización de pocas localizaciones esta vez no es un lastre sino que permite centrarse en una excelente puesta en escena. Los defectos habituales en el cine de Malone apenas asoman en este filme, en buena parte por la moderación a la hora de utilizar fx digitales, de hecho los efectos especiales son muy acertados en este episodio. Además, es una de las partes más originales de Masters of horror, pasando de un terror psicológico de un secuestro a una trama de pacto demoníaco y magia negra que desemboca con un elevado tono fantástico inspirando en leyendas como el mito del minotauro, precisamente algunas de las mejores partes del film corresponden a los momentos de monster movie, realmente inquietantes con un Malone muy certero en donde efectos típicos de su cine como los movimientos renqueantes quedan mejor que nunca, con un cierto tratamiento fantasmal (influido por el terror oriental) que resulta realmente tenebroso, y es que En el sótano es uno de los episodios más aterradores de la serie, un capítulo que juega sobresalientemente con todas sus bazas, encontrando un formidable equilibrio entre lo dramático y la utilización del suspense al servicio de una sensacional pieza de fanta-terror.

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Episodio 10: Metamorfosis (Sick girl, Lucky McKee)

Cuando se estaban barajando las ideas y los diferentes autores para Masters of horror, se pensó en un capítulo que sería una historia de monstruo, un hombre que se transforma en insecto al estilo de La mosca (1958), probablemente debía ser un homenaje al cine de mad doctor, algo que al final ha quedado muy disipado al caer en las manos de Lucky McKee, que al llevarse la idea a su terreno la ha cambiado drásticamente, del hombre que se transforma en insecto se ha pasado a una mujer, y es que en su capítulo Lucky McKee vierte sus rasgos estilísticos, quien haya visto ese genial cuento oscuro que es May (2002) sabrá de las peculiaridades de este director, es decir, chicas raras o inadaptadas que buscan la comprensión, por otra parte la sugerencia del lesbianismo en sus films cobra protagonismo en Metamorfosis, encontrándonos con no una chica inadaptada sino dos, una por su afición a la entomología (interpretada por Angela Bettis) y las dos por su condición sexual (la otra chica es Misty Mundae, una pequeña estrella del terror erótico). Como dije, este capítulo tiene mucho de influencia de La mosca (1958), por cierto también con algún guiño a Phenomena (1984) de su admirado Dario Argento, lo aterrador está en la progresiva transformación, generando momentos de tensión que lo acercan al terror psicológico, además al igual que en May (2002), Lucky McKee incluye pequeños detalles desagradables bien resueltos, es decir, que consiguen dar grima, aunque lo más aterrador es el desenlance, si bien no incide mucho en este climax final, pero ante todo, y para que nadie se lleve a engaño, hay que ser consciente de una cosa: este episodio es uno de los que menos contienen terror. Para dejar patente su idiosincrasia cinematográfica, Lucky McKee ha remarcado los elementos que le diferencian de otros directores de terror, su gusto por el drama, la comedia y también podemos considerar el indie, no es descabellado emparentarlo con directores como Todd Solodz, con un moderno uso de los elementos musicales y un gusto por la estética rica y colorista. Nos encontramos con una comedia romántica en la que el terror es utilizado como vehículo para contar una historia de quienes son rechazados por la sociedad, a la que McKee consigue engancharnos tanto por ser una conseguida comedia como por lograr un buen retrato de la pareja protagonista. No hay que olvidar que desde siempre el cine de terror ha sido muy eficaz para construir historias, a pocos inquieta especialmente ya El doctor Frankenstein (1931) pero su empleo del terror logra reforzar lo que consigue ser una gran historia, por tanto está claro que Metamorfosis es de los capítulos menos aterradores, algo que como excepción no empaña la serie, pero da un paso hacia la confirmación del talento de un director que aún es prematuro considerar “maestro del terror”, puede decirse que es la “gran promesa” de esta primera temporada y si continúa manteniendo su nivel no dudo que se confirmará como un director de referencia del género.

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Episodio 11: Trayecto al infierno (Pick me up, Larry Cohen)

Uno de los aspectos más interesantes de Masters of horror es el de reivindicar a los maestros del género, aún cuando éstos ya no gocen del favor de la industria, es el caso de Larry Cohen que, eso sí, continúa con cierta notoriedad en su labor como guionista, pero lejos de su buena época como director en los 70 y 80, en donde realizó con maestría cine de género, desde thrillers a acción, aunque lo que aquí ocupa es su labor en el cine de terror, dentro de la cual este episodio queda encuadrado en sus thrillers terroríficos, como curiosidad cierto momento puede remitir a La ambulancia (1990), quizá hubiera sido más interesante que hubiera hecho un film de ciencia ficción terrorífica, en donde ha aportado sus grandes obras al cine de terror, como su mítica ¡Estoy vivo! (1974), en la que exponía también el mensaje izquierdista de su cine, por ello sería interesante que Larry Cohen repitiera su participación en la serie realizando un capítulo con el estilo con el que se convirtió en un director de culto del cine de terror. De todas formas, Trayecto al infierno rezuma la chispa del cine de Larry Cohen, pese a que el guión no sea suyo sino de David J. Schow cuadra con sus maneras, de hecho uno de los puntos fuertes del capítulo son los diálogos inteligentes, lo que unido a la vibrante dirección de Larry Cohen lo convierten en un capítulo que rápidamente atrapa al espectador, pese a su, en principio, típica premisa, pues este film es de un género tan trillado en el cine de terror como es el psychokiller, recordando a muchas de sus referencias, en especial Psicosis (1960) de su reverenciado Alfred Hitchcock, su forma de road movie recuerda también a Carretera al infierno (1986). Sin embargo, de una idea típica se le da la vuelta a la tortilla para encontrarnos con una bien ingeniada competición entre psychokillers, lo que resulta tan inquietante como divertido, recreando momentos tanto malsanos como de humor negro, o de ambas cosas a la vez, en esto está lo mejor de la película, en el carisma de los asesinos en serie, aunque tanto se han centrado en ello que el papel de la víctima protagonista, interpretada por Fairuza Balk, queda bastante desdibujado. Uno de los capítulos más divertidos y, en cierto modo, también de los más sorprendentes.

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Episodio 12: El cuento de Haeckel (Haeckel’s tale, John McNaughton)

Justo antes del inicio de este capítulo se indica “en asociación con George Romero”, del que cabe imaginar que algo habrá colaborado en el episodio, pero realmente estaba encargado de dirigirlo, algo que por desgracia no pudo hacer al final, porque la historia le era muy propicia (con una parte final que evoca, aunque de diferente manera, a sus films de zombies), en su lugar se recurrió a John McNaughton, posiblemente el director más prescindible en relación a la sintonía de la serie por ser el más ajeno al cine de terror, dedicándose principalmente al thriller, sin embargo sí es un director que ha pasado a formar parte de la historia del género de terror gracias a su ópera prima, Henry, retrato de un asesino (1986), sin duda un film fundamental del psychokiller, logradamente sórdida en su oscuro retratismo sobre las fechorías de un asesino en serie, después sólo dirigiría una película más de terror, Mutación asesina (The borrower, 1991), género al que vuelve con El cuento de Haeckel pero a un nivel inferior que a su debut, cumpliendo con un encargo, lo que le resta encanto a lo que es la esencia de la serie, mostrar la escuela que han creado los “maestros del terror”, o al menos el estilo de cada cual. En este caso, McNaughton se encarga de adaptar un relato de Clive Barker que más que a su más característico universo remite a la literatura romántica, si bien no falta la grotesca sexualidad del escritor. Pero, en definitiva, éste es el capítulo de terror más clásico de la serie, un filme de terror gótico que, al igual que el resto de capítulos, incluye elementos que no la hacen tópica del todo. La primera parte es la que se ciñe a patrones más clásicos del cine de terror, recordando a películas como El doctor Frankenstein (1931) y El ladrón de cadáveres (1945), para pasar de una historia de mad doctor a una de brujería en su segunda parte, esta segunda parte empieza bien, tomando una atmósfera de tétrico cuento de hadas, y si bien es correctamente conducida con un ligero suspense, termina deambulando no se sabe muy bien hacia dónde, no es que la macabramente sexual parte final esté mal, sino al contrario, pero el resultado es un descompaginado en donde unas cosas no compactan con otras, y es que no es fácil mezclar elementos opuestos, por lo que el humor caricaturesco quizá debió contenerse más. Al ser el episodio más trasladado a una época lejana (con permiso de El baile de los muertos) las limitaciones económicas pueden ser difíciles de solventar, sin embargo la ambientación está suficientemente conseguida, con un buen trabajo de vestuario y una interesante escenografía, destacando lugares como el sótano de Haeckel, la cabaña y, por supuesto, el brumoso cementerio, por otra parte los efectos especiales y el trabajo de maquillaje son solventes, todo esto con un equipo y unos actores a la altura de las circunstancias para elaborar un moderadamente estimable filme de terror clásico.

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Episodio 13: La huella (Imprint, Takashi Miike)

Si alguien ha sabido exprimir la libertad creativa de esta serie ése ha sido Takashi Miike, realizador japonés irregular por la profusión con la que hace películas pero que, digamos, que cuando se pone, se pone bien, como ha sido el caso de este magnífico episodio. Para catalogar al director japonés algunos lo comparan con Quentin Tarantino pero más ecléctico, bizarro y pasado de vueltas (lo que ya es decir), al igual que el director estadounidense Miike tiene las raíces de su cine en los thrillers de mafiosos pero, de la misma manera, su cinefagia le ha conducido por diversos caminos, entre los que cabe destacar el cine de terror, dándose a conocer en Occidente especialmente con Audition (1999), con la que este episodio tiene bastante paralelismo, compartiendo como trasfondo temático la sumisión de la mujer, de nuevo blandiendo mucha imaginación en una película donde nada es lo que parece, retorciendo la historia hasta convertirla en un delirio surrealista pero, llevado a cabo con mano maestra, sin estridencias, narrando una historia pausada, al estilo clásico japonés, incluso su corte tradicional remite a las raíces góticas del cine de terror, como si de un cuento macabro de Edgar Allan Poe se tratase, hasta con algo de H.P. Lovecraft en donde la locura es el destino, si bien el europeo término gótico no es adecuado para un contexto japonés, pero puede considerarse su equivalencia oriental. Desde el comienzo, conducidos con un brillante pulso narrativo, se palpa un clima insano, la isla del burdel, pese a su austeridad, es realmente inquietante, se transmite el aire de superstición sobre una isla en la que dicen moran los demonios, con una tenue (pero siempre presente) atmósfera fantasmal, aunque, como es habitual en el cine de Miike, nunca sabemos por dónde desembocará la historia, que sin desmarcarse del terror psicológico se apartará de la kaidan eiga para tomar un rumbo más mórbido y abyecto en el que es uno de los episodios más aterradores y, con toda seguridad, el más perturbador de todos, y es que se tocan sin cortapisas tabús o asuntos incómodos como la violencia contra las mujeres, prostitución en esclavitud, pederastia, incesto, violaciones, infanticidio, abortos clandestinos... por ello y por la gran crueldad habitual del cine de Takashi Miike se prohibió la emisión de este capítulo en la televisión estadounidense, es la hipocresía de quienes admiten el cine de terror pero siempre dentro de unos límites, es decir, quienes quieren que les inquieten pero sólo hasta cierto punto, disponiendo de un colchón amortiguador, pero el cine de Miike no es así, no hay un colchón que nos resguarde de la caída, sino que nos introduce en una retorcida pesadilla. Resulta sorprendente, incluso a sabiendas de su nivel, que Miike haya superado en esta serie a la mayoría de los maestros del cine de terror, construyendo el episodio mejor elaborado, incluso es casi el único en el que no se aprecia en ningún momento el pequeño presupuesto, llevando a cabo un sobresaliente trabajo en el que dota al filme de atractivos componentes visuales, sazonado con un buen uso de la simbología, no hay desperdicio pues se han cuidado con esmero los detalles confiriendo una obra de cierta complejidad teniendo en cuenta su formato, excelente trabajo para la primera película rodada en inglés de Miike, con el actor de serie b Billy Drago como único protagonista occidental en este film de uno de los directores más estimulantes actualmente del género.

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Una vez vista la primera temporada, ¿cuál es el balance? En mi opinión, el balance es muy positivo, de lo que creo que puede calificarse de hito televisivo, tan buen resultado ha tenido la temporada que no es de extrañar que, según dicen, el nivel de la segunda sea inferior a ésta. Si hablamos sobre las valoraciones de los diferentes episodios, posiblemente sería difícil que los aficionados al género nos pusiéramos de acuerdo, no sería fácil otorgar la “medalla de oro”, pero yo me mojaré un poco considerando que, pienso, el podium corresponde a El ejército de los muertos, El fin del mundo en 35 mm y La huella, después nos encontramos con un síntoma del alto nivel de la temporada y es que la mayoría de episodios son estupendos en sus pretensiones, es el caso de Esculturas humanas, Tras las paredes, Jenifer, Salvaje instinto animal, En el sótano, Metamorfosis y Trayecto al infierno, y ya en un nivel más mejorable El baile de los muertos, El cuento de Haeckel y sobre todo Sensaciones extremas. Queda esperar que la casi confirmada tercera temporada vea la luz, ¡y que haya más!

Cabecera:


- Paco Antequera

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4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

GROOVY

GROOVY dijo

¡Saludos!

Bueno, es la primera vez (creo) que escribo un comentario en tu blog, chaval, y me alegro que verse sobre el Masters of Horror, habrían pasado desapercibidos para mí, de no ser porque tú me los recomendaste. Voy a comentar algunas cosillas que creo que has pasado por alto (aunque tu reseña es muy buena) o que me llamaron la atención.

Para empezar, me pareció una iniciativa de puta madre, por parte del productor, eso de dejar carta blanca a los directores es cojonudo, asi han salido algunos episodios (¿mediometrajes?), que serán considerados >, sin duda.

¿El que más me moló? Hay muchos, y todos muy diversos (cada uno hay que analizarlo en su contexto), pero el de Takashi Miike me pareció el más correctito y acertado. Sin embargo, Homecoming, que es una crítica descarada a los gringos, también me pareció un buen homenaje al cine de zombis. Como siempre, Carpenter, Coscarelli y Stuart Gordon, buenísimos. La cinta Pick Me Up fue una sorpresa para mi, que siempre aborrezco los psicoquillers sin ningún elemento fantástico. Es una obra tan divertida y está tan bien llevado a cabo que me encantó. El film de William Butler también fue una grata sorpresa, creo que coincido con muchos al decir que es mejor que otras pelis de este director.

Lo único malo que le encuentro a la serie son tres cosas. Primero, Chocolate, de Mick Garris, manda huevos que tu capítulo sea el peor de la serie que TÚ mismo has producido, chaval, eso sí que es tirarte mierda encima. Segundo, los títulos en español, un hecho que demuestra que un traductor no tiene carrera, ni si quiera una etiqueta de Anís del Mono, sólo un par de dados y una lista de palabras. Tercero, ¿es que nadie pudo conseguir el teléfono de Clive Barker? Quiero señalar, del mismo modo, que se puede considerar una pega que los capítulos tengan tan poca cohesión, pero Masters of Horror es, más que una serie, películas independientes unidas en un mismo proyecto. La falta de uniformidad es parte de la gracia, cada obra es única. También tengo que reconocer que acabé hasta los huevos de ver la presentación una y otra vez, pero como Paco es como es... Nada, ¡que siempre tenía que chupármelos! (los créditos)

Espero con anhelo, a la par que deseo, la aparición de la segunda temporada, ojalá que esté en la línea de la primera (salvando los créditos, en los que apreciaría un cambio).

2 Agosto 2007 | 01:05 PM

GROOVY

GROOVY dijo

¡Coño! Estaba haciendome una gallarda en el baño, cuando me inspiré con un título en español que iría que ni pintado para Jenifer de Argento: Betty, la Fea. ¿A que mola?

2 Agosto 2007 | 01:19 PM

Sergei

Sergei dijo

Vaya posts largos que te curras... :D
Yo que tú los ponía por partes, mejor para leerlos, enganchas lectores, las actualizaciones son más regulares...

31 Agosto 2007 | 12:25 AM

ana

ana dijo

me gustaria mucho rezibir un correo tuio ia que solo tengo 10 años y ya soy aficionada a sus libros.
Saludos cordiales,
Ana

22 Noviembre 2009 | 04:30 PM

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Nacido como un espacio en el que contar mis inquietudes, finalmente convertido en un blog de cine fantástico (la cabra tira al monte), en el que hablo sobre este género cinematográfico intentando aportar información y puntos de vista que no estén demasiado extendidos por la red.

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