The Big One
El cineasta Michael Moore es posiblemente el mayor responsable del sorprendente éxito en los últimos tiempos del cine documental. Se mire por donde se mire Moore es un personaje que ha levantado polémicas, en especial tras su éxito con Bowling for Columbine, película documental que un servidor considera ya un clásico, tanto del género documental como del cine. Este documental, que desde luego iba más allá de la premisa de retratar el uso de las armas de fuego en EEUU, fue el que dinamitó las barreras comerciales en las que se encontraba el género. Es entonces cuando, además de acusar a Moore de “antipatriota” (acusación miserable muy típica del país de la silla eléctrica), se le tacha de cualidades tales como de demagógico, tendencioso o panfletero. Aún considerando personalmente que Moore comete ciertos errores, pienso que la tan fácil descalificación de demagogia es propia muchas veces de a quien así considera cualquier cosa que se aleje de la moderación, o que, igualmente, considera que para no caer en la tendenciosidad hay que situarse en un “punto intermedio”, es decir, debe enfocarse algo ideológicamente desde la moderación. Una crítica sin paliativos al gobierno de George Bush resulta, pues, una demagogia para los centristas moderados, y por supuesto, un vil acto panfletario, y es que cómo se atreve alguien a proponer una alternativa al pensamiento único. Las críticas a Moore vienen dadas también desde la izquierda, desde ciertos sectores de la izquierda que en su sentido crítico hacia la traición caen en el más absurdo de los sectarismos, así pues, Moore es acusado por parte de la izquierda de forrarse al igual que los partidarios del sistema que cuestiona. A mi juicio, esto sí que es demagógico, pero sería extenso explicar porque es inevitable caer en esta paradoja, al menos si se quiere hacer llegar el mensaje a un nivel masivo, como así sucede con las películas de Moore.
Tras este prolegómeno, en el que defiendo a un autor que, discrepancias más y discrepancias menos, admiro, paso a comentar uno de sus documentales pre-Bowling for Columbine. Recuérdese que Moore está especializado en dicho género, tanto para televisión como para cine, habiendo realizado sólo una película de ficción. Pero, ante todo, téngase en cuenta que la carrera profesional de Moore gira en torno al activismo político, la cual llevaba a cabo desde su profesión originaria y la que le ha servido posteriormente como escritor y director de cine, es decir, desde periodista. La publicación de libros y documentales serían para Moore su mayor arma política, en donde plasmó su peculiar estilo impregnado de humor ácido, caricaturizando la esperpéntica política estadounidense. Esta película, The Big One, es una obra muy representativa del trabajo de Moore, pues aúna el documental con los libros, pues el film parte de la publicación del libro Downsized this: ramdom threats from an unarmed American y la gira de promoción que Moore realizó. Esto sirve de pretexto para realizar el verdadero documental, que es la instigación hacia los mandatarios de diversas macroempresas. Sin duda el interés de esto está claro, pues en esta película se refleja algo tan importante en política como es la economía, en este caso durante la era Clinton, que viene a diferir poco con la alternancia bipartidista. La cinta se divide pues en la gira de Moore por un lado y por otro en, a su vez, dos partes, contrapuestas pero caras de una misma moneda, que son las reuniones con trabajadores despedidos o en situación precaria y por otro lado los intentos de encuentro con directivos, que como no es de extrañar, desde lo indefendible suelen responder con el portazo en las narices. Mención aparte merece el presidente de Nike, algo así como el momento culminante de la película, que se dignó a entablar un duelo dialéctico con Moore, lo que incluso le hace salir mejor parado que a los de otras empresas, de hecho Moore sólo consigue “derrotar” a este adversario de debate cuando muestra las preguntas que más indefendible respuesta tienen. Y es que, en todo caso, pese a la astucia de este directivo, es imposible que bordee el trabajo infantil, por ejemplo.
Lo que vemos en The Big One es la economía neoliberal, donde el beneficio empresarial es lo primordial, llegando a auténticos extremos de usura. Así pues, con tal de reducir costes al mínimo y aumentar en todo lo posible los ingresos, se despiden trabajadores y cierran centros de trabajo aún cuando los beneficios se incrementan año a año. Esto se permite por la connivencia entre el poder político y el poder corporativo, de hecho los capitalistas no dudan en contradecirse y utilizar el intervencionismo cuando les conviene, así pues, el gobierno estadounidense presta ayudas económicas a grandes empresas, lo que, según políticos y empresarios, ayuda al crecimiento de la empresa y con ello a la creación de empleo. Una evidente falsedad por lo que comento al principio de este párrafo. A la vez, esto sirve como excusa para realizar un perverso trueque, es decir, se incrementan las subvenciones empresariales a cambio de recortar los servicios sociales, de esta manera se reducen costes tanto para las empresas como para el estado. La realidad de este modelo económico es la de una gran parte empobrecida y explotada de la sociedad que no encuentra en este sistema “democrático” una solución a sus problemas. Todo esto es narrado en The Big One mediante el agudo sarcasmo de Moore, resaltándolas de tal manera que causan risa las contradicciones de la política neoliberal, y es que algunas partes de la película con Moore dando conferencias recuerdan a monólogos al estilo de El club de la comedia, intercalándose con otra de las características del cine de Moore, ciertos gags que añaden efectismo cinematográfico, y que, desde luego, dejan clara la abierta subjetividad del documental, razón por la que muchos le tachan de demagogo, tendencioso y demás calificativos. De hecho, suele concluir sus documentales con una perorata que resume un poco lo que pretendía transmitir con el documental. Todo documental es subjetivo, pero Moore es más claro y es abiertamente subjetivo. Algunos también dicen que sus películas son “cine de no ficción”, aunque un servidor considera esta etiqueta cogida de los pelos. En todo caso, la influencia puramente cinematográfica está clara, Moore sabe que maneja una historia y por eso sigue la evolución de algunos personajes, por ejemplo de los que consiguen algún logro. En sus documentales, siempre se reflejan logros conseguidos, no queda por tanto un poso completamente amargo sino de cierta esperanza, y es que para lograr cosas hay que creer que se pueden lograr, Moore lo sabe y por ello pretende decirnos que no nos rindamos.
Un gran documental, donde Moore apuntaba maneras con su peculiar estilo y su punzante crítica al, como él mismo dice, imperio del mal. [7,5]
- Paco Antequera
