Brazil
Un día Terry Gilliam observó a un obrero que descansando escuchaba la radio. En ese momento sonaba una canción llamada 'Brazil'. Para Gilliam ésta fue una imagen de libertad, de un hombre que escuchando una canción que habla de un lugar soñado se evade de sus subyugaciones. Esto inspiró el metonímico título de este filme.
Atrás dejaba Gilliam su época como el único norteamericano miembro de los Monty Python para embarcarse en su carrera personal, con películas como esta Brazil, brillante filme de ciencia ficción al estilo de Metrópolis de Fritz Lang en donde la historia parte de un error burocrático, pues por accidente una mosca aplastada en una máquina mecanográfica hace cambiar el nombre en un documento de un sospechoso terrorista, recluyendo y eliminando a la persona equivocada. Este error provocará que la administración se pase el "marrón" de un departamento a otro, llegando al departamento de Mr. Kurtzman (Ian Holm), que encargará su resolución a su empleado más responsable y diligente, el protagonista de esta historia Sam Lawry (Jonathan Pryce), para ello decide cerrar el asunto endosando el cheque a la familia del detenido y ejecutado por error. A su vez, Sam tiene sueños en donde aparece una mujer que inesperadamente encuentra al ir a solucionar el asunto del cheque. Descubre que esta mujer es sospechosa de terrorismo, sin embargo Sam sabe que esto no es cierto, por lo que se implicará personalmente para ayudarla, aceptado su ascenso al Ministerio de Obtención de Información. Primero, desde la legalidad y apelando a la buena voluntad de los funcionarios del sistema, pero tras ser consciente de la inutilidad de ésto, violando protocolos administrativos y disposiciones legales. Su ingenuidad le hace ver tarde que el estado burocratizado no asumirá sino que "limpiará" sus propios errores para poder perpetuarse.
Con esta premisa de inspiraciones literarias en el gobierno totalitario y burocratizado de 1984 de George Orwell en donde un Gran Hermano todo lo vigila (como es en Brazil el Ministerio de Obtención de Información) y en el procedimiento burocrático de El proceso de Franz Kafka con una amarga reflexión existencialista en un mundo donde prima el desencanto y el aislamiento, se construye un retrato onírico y esperpéntico de un futuro decadente, gris y de sometimiento. El comienzo del film no puede ser más elocuente: empieza con una entrevista a un político que se jacta de que si no han podido acabar con los terroristas es por "suerte", después de un alejamiento de cámara observamos que estas disertaciones se emitían en unas televisiones de una tienda tras lo cual sucede una explosión. A diferencia de lo que se pudiera pensar en un principio, la importancia del terrorismo no es lo determinante en el metraje, sino que aparece como un fantasma. Nunca se sabe quienes han provocado las detonaciones, aparecen, de esta manera, más bien como explosiones de rabia ante un sistema enfermo. No existe una línea clara entre lo que es y no terrorismo, sino que cualquier acción que no se ciña a los protocolos, gestiones y normas burocráticas es considerada por el estado como terrorismo. El paradigma de ésto resulta la persona que originariamente perseguía el estado y que el incidente de la mosca llevo a detener a otra persona, Harry Tuttle (Robert De Niro), fontanero perseguido por el Ministerio de Obtención de Información por evadir los procedimientos burocráticos de su trabajo.
Haciendo gala del humor satírico que atesora este filme, una escena en donde se muestra el terrorismo como algo innato en ese mundo, como algo a lo que la sociedad se ha acostumbrado, es en la que Sam está cenando en un restaurante con su acomodada madre y una amiga de su madre y su hija, mientras estalla una bomba, siendo la única incomodidad para ellos el ruido provocado y el griterío de la gente. Hilarantemente, el dócil camarero situará un biombo para tapar el horror provocado por la explosión y pedirá disculpas a sus privilegiados clientes "por las molestias". La deshumanización de una sociedad mercantilizada al máximo se manifiesta en una superficialidad, también con hilaridad, con la propensión de la madre de Sam y de su amiga a experimentales operaciones estéticas. La ciudad escenificada en el filme es auténticamente oscura, con sólo artificiales momentos de luz, regida por la mera apariencia, ahogada en postes, vallas, carteles y demás repletos de publicidad, con el consumismo como falsa catarsis de unas vidas vacías. La coyuntura de un sistema burocratizado donde un atroz capitalismo es fuente de explosiones de rabia en donde un Gran Hermano tilda como terrorismo todo lo que no se delimita a sus designios, con detenciones arbitrarias y la tortura como herramienta, es un futuro propuesto en la película que ya ha dejado de ser hipotético para ser la cruda realidad. No obstante, en la maravillosa parte final del metraje cabe esperanza para la utopía.
Brazil tiene ciertas similitudes con otra gran cinta de ciencia ficción coetánea, Blade Runner, tal como un barroquismo colorista. La capacidad imaginativa de Gilliam queda plasmada en la magnifica estética, con decorados algo retro y prácticamente satíricos de una sociedad mecanizada y una puesta en escena excelente, con una brillante dirección artística, como es constante en las obras del ex-Monty Phyton. La realización es, sencillamente, sublime, con un uso de la cámara absolutamente acertado, introduciendo de lleno al espectador en cada secuencia. La música es igualmente acertada y adecuada a cada instante y junto a los comentados aspectos termina por redondear la mejor película de Gilliam.
Por desgracia, Brazil supone la culminación de la carrera de Terry Gilliam, pues su desacuerdo con los productores mermaría en un futuro su carrera, de hecho el conflicto con los productores de Brazil acabó incluso en vías judiciales. Pero esta espléndida película cargada conceptualmente de matices salió adelante, convirtiéndose en un film de culto que elabora una reflexión socio-política realmente subversiva con un sobresaliente valor cinematográfico. Todo un canto a la libertad. Vamos, una joya. [9,5]
- Paco Antequera
