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LA CAJA ESFÉRICA

Categoría: Cine - Opinión

29 Abril 2009

Algunas webs españolas de cine fantástico

Las páginas de aficionados al cine de género han venido, de alguna manera, a sustituir al fanzine, facilitando el acceso a la información hacia el género fantástico más atrevido y bizarro. Al igual que con el fanzine, hay de todo; mucha paja pero también información de gran interés difícil de encontrar en los medios profesionales. En esta ocasión no voy a hablar de muchas webs, sino de algunas de las más conocidas del fandom español, no necesariamente independientes ya que del amateurismo de sus inicios algunas han llegado a “profesionalizarse”, es decir, a obtener ganancias de la publicidad.

Cine fantástico

Le tengo especial cariño porque fue una de las primeras webs y foros a los que me hice habitual, pasando a ser parte de mi rutina diaria su visita, por lo que como aficionado al cine fantástico le debo mucho. Con el tiempo, la web se ha profesionalizado bastante, dándole mayor importancia a las fichas de estrenos y a las entrevistas de promoción, aunque se ha estancado mucho, de la buena base de datos que era antaño, ahora se amplia con lentitud, aunque actualiza regularmente cada semana.

www.cinefantastico.com

Aullidos

Se ha convertido en el portal de cine fantástico en español más popular, habiéndose “profesionalizado” (es decir, dependiendo de la publicidad). No es que sea muy original (está claro que se inspiran en Bloody Disgusting) ni que tengan una base de datos muy interesante, ni mucho menos los comentarios y las críticas son destacables, pero han sabido conectar con el aficionado medio al cine de terror, ya que sus administradores y colaboradores tienen mucho gusto por ese terror de estilo estadounidense, ese “terror de palomitas” de psicópatas, monstruos, gore..., esto sumado a sus actualizaciones diarias y lo completa que es la web, ya que además amplió sus contenidos a la literatura, el comic y los videojuegos de corte fantástico, hace que sea una de las principales referencias a las que acudir.

www.aullidos.com

Abandomoviez

Otra de las webs de cine fantástico y de terror más populares y no precisamente por estar administrada por versados aficionados al cine de género. Al igual que Aullidos, ha terminado albergando literatura, comics y videojuegos. Antes se dedicaban bastante a hacer “copias de seguridad” de películas, lo que la hacía un estupendo punto de encuentro en el que compartir material entre aficionados. Si algo destaca esta web por encima de las demás, es su enorme base de fichas de películas, por lo que para buscar si existe determinada película o datos de ésta como su director, yo siempre busco en la base de datos de Abandomoviez, si no está difícil será encontrar en otro sitio. Como curiosidad, decir que de esta web nació el Día del orgullo zombie (hoy llamado Marcha Zombie).

http://www.abandomoviez.net

Klowns asesinos

Otra página web de cine de terror hecha con cierto enfoque juvenil. Aunque está lejos del interés de Aullidos y Abandomoviez, me ha parecido interesante señalarla por hablar también de películas asiáticas, mientras que la mayoría de webs se centran en el terror occidental, dejando siempre como información minoritaria la del fructífero género fantástico y de terror oriental.

www.klownsasesinos.com

Tumba abierta

Portal de literatura, comics y cine de corte fantástico, bastante profesionalizado, de tal manera que dependen de la publicidad y venta de merchandising, pero cuentan con la ventaja de estar más metidos en el mundillo del género fantástico. De lo mejor de la web, los reportajes.

www.tumbaabierta.com

Pasadizo

Quizá la mejor web española de cine fantástico, aunque lejos del terror bizarro y lúdico al gusto de algunas webs más amateurs. Ésta, por el contrario, es profesional en el buen sentido de la palabra, con “buenas plumas” del fantástico español. Bueno, como siempre, depende del autor, podemos encontrarnos también al habitual crítico destructivo o perdonavidas y petulante. Pero en todo caso, es una web que enfoca con seriedad el género fantástico, o al menos con la seriedad que cada film requiere. Empaparse en los artículos y las críticas (siempre con reservas según quien escriba como ya he mencionado) de este portal es aprender mucho sobre la fantasía, la ciencia ficción y el terror en el cine.

www.pasadizo.com

Podría seguir comentando muchas más webs, pero he decidido resaltar más unas pocas, las he escogido dentro de las webs que actualizan regularmente según su popularidad. En otra ocasión dedicaré un artículo sobre los blogs dedicados al género fantástico, un mundillo (del que este blog forma) tan interesante como el de los portales de páginas webs. Con tanta información, el aficionado no tiene excusa para no adentrarse bien en el género.

- Paco Antequera.

Tags: informacion

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28 Marzo 2009

De Viernes 13 a Saw

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Hay una cosa que pienso y que no sé si será compartido por muchos aficionados al género, y es la cierta analogía, cada una en su contexto, de las sagas Viernes 13 y Saw. Creo, por así decir, que Saw es el equivalente a Viernes 13 en el siglo XXI.

Está claro que muchos nos hemos iniciado en el género de terror con las películas de Viernes 13. Son películas de terror extremadamente efectistas, llenas de sustos y asesinatos, por lo que cuando uno no está muy iniciado en el género, le es muy fácil empezar por aquí, por el terror más obvio. Luego uno, o al menos yo, se da cuenta de que Viernes 13 no es ni mucho menos lo mejorcito del género, y que hay muchas cosas más interesantes. Algo así como el que empieza escuchando a un grupo de rock de moda y luego se da cuenta de que hay mejores bandas. Esto mismo creo que pasa con Saw (James Wan, 2004), un film que de tan sobrevalorado que está, llega a perder su encanto. Creo que ambos films cuentan con la ventaja de saber fagocitar el terror de vanguardia de sus respectivas épocas y transformar sus elementos en una “fórmula”, una fórmula muy rentable desde luego. Viernes 13 (Sean Cunningham, 1980) surgió muy influida por Halloween (John Carpenter, 1978) pero, podría decirse, que con una mayor autoconciencia como slasher, por eso sus influencias van desde Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) a La matanza de Texas (1974), en general es una especie de “recopilatorio” del slasher, centrándose en lo más puramente slasher, es decir, la atmósfera y las muertes, prescindiendo de mucho más argumento. Aunque para no extendernos en las influencias de Viernes 13, básicamente puede decirse que es una parte de Bahía de sangre (Mario Bava, 1971) extendida a toda una película. Estas influencias citadas son muy superiores a Viernes 13, pero el film de Cunningham es el que ha ofrecido mayores posibilidades de explotación comercial. Posiblemente influyen muchos factores para este éxito, y la suerte, el salir cuando tuvo que salir y darle al público lo que quería, es algo que está claro que debió influir, pues el film se convirtió en un inesperado éxito. Resulta curioso ver en los extras del DVD español en las entrevistas a quienes trabajaron en el film comentando esto, y cómo les sorprende el éxito de lo que pensaban que era una película mediocre. Realmente, nada de esto, pues Viernes 13 (1980) contó con una inspirada realización de Cunningham en la que todo está donde debe estar, una terrorífica ambientación bosqueja, una banda sonora inquietante y, quizá el factor determinante del éxito, unos extraordinarios diseños de los asesinatos por parte de Tom Savini. Viernes 13 se colocó como la parte más sangrienta del slasher, y si bien es verdad que había algún que otro slasher tan sangriento como Viernes 13, el excelente trabajo de Tom Savini es lo que pudo marcar la diferencia, es posiblemente lo que hace más singular a Viernes 13 con respecto a sus influencias, lo que hizo que fuese el slasher que más puso de moda el género, con la avalancha de los 80. El declive del cine de terror en los 90, haciendo que los aficionados que tenemos menos de 30 años hayamos empezado siendo “ochenteros”, hizo que las películas de Viernes 13 fueran la cara más visible del cine de terror. Para los más jóvenes seguramente las películas de Saw serán algo del estilo.

Saw (James Wan, 2004), al igual que Viernes 13 (Sean Cunningham, 1980), se influyó del terror más moderno. Viernes 13 recogía la estética sucia de los 70, de la misma manera que Saw absorbe la estética gore sofisticada y “videoclipera” de Seven (1995). Viernes 13 se encuadra en un género que cada vez estaba más de moda, el slasher, mientras que Saw hace lo propio con el cine de torturas, género del gore que en los 90 volvió a cobrar fuerza (como mejor ejemplo tenemos la Categoría III), y que ante el resurgimiento del terror-gore en EEUU, no era descabellado del todo que el género pudiese llegar a calar en ese país, aunque sí hay que reconocer que es más sorprendente su éxito, y además puede decirse que Saw (James Wan, 2004) fue más original, ya que mezclaba el thriller oscuro a lo Seven (1995) con el gore de torturas, siendo el resultado mucho más complejo que el de los Viernes 13. Pero no es únicamente el hacer gore con un guión más complejo lo que le dio impulso a Saw. Diría que, de la misma manera que Tom Savini le dio el mayor distintivo a Viernes 13 con el “creativo” diseño de sus muertes, puede decirse que a Saw se lo dan sus trampas, lo que la hace más peculiar con respecto al resto del cine de torturas. Esto se debe, principalmente, a su influencia de Cube (Vincenzo Natali, 1997), de la que toma el punto de partida claustrofóbico de unos personajes encerrados en cuatro paredes y la posibilidad de salir superando la prueba correspondiente. De la misma manera que la saga Viernes 13 evolucionó centrándose sobre todo en las muertes y el splatter, la saga Saw evolucionó centrándose más en las trampas y el gore. El fenómeno de Saw, puede decirse, es muy comparable al de Viernes 13, y de ambos sagas pueden establecerse semejanzas y diferencias tales como las siguientes:

SEMEJANZAS

- La primera semejanza es clara: ambas se han convertido en prolongadas sagas. Más coherente como tal la de Saw, aunque a mi juicio, la primera película de ambas es la única realmente muy destacable. En cada película hay referencias a las anteriores, aunque desde luego los flashbacks de Saw son más recurridos por ser más importantes en la compleja trama.
- Otro aspecto claro es la pertenencia al género psychokiller de ambas sagas, si bien Jason Voorhees y Jigsaw son dos psicópatas muy diferentes, aunque ambos iconos de diferentes épocas.
- Los mótivos de ambos psicópatas comparten mucho de resentimiento, y puede decirse que ambos castigan el pecado, aunque en Viernes 13 se centren en el hedonismo juvenil (sexo y drogas) mientras que en Saw vayan desde “pecadillos” poco importantes hasta cosas más graves.
- La muerte no acaba con Jason y Jigsaw. En el caso del primero por ser un ser sobrenatural, lo que da pie a los guionistas a que se inventen diferentes formas de que Jason regrese, y en el caso de Jigsaw por la planificación de “su obra” que puede seguir llevándose a cabo tras su muerte.
- Ambas sagas destacan por el diseño de las escenas gore, el diseño de las muertes. La saga Viernes 13 supuso la máxima explotación del destrozo del cuerpo humano mediante todo tipo de herramientas, desde cuchillos hasta sierras eléctricas. Saw añade un concepto más creativamente perverso mediante las trampas, lo que ha supuesto una revitalización del gore.
- Las dos sagas se influyen del terror más moderno, en su momento Viernes 13 de la estética sucia de los 70 y el splatter, y Saw del gore sofisticado y el videoclip.

DIFERENCIAS

- El hecho de que Viernes 13 sea slasher hace que haya más un “aquí te pillo aquí te mato”, es decir, Jason pilla desprevenidas a las víctimas y las mata rápidamente, aunque también, como es habitual en el slasher moderno, hay posibles víctimas acechadas que tienen la posibilidad de escapar. Saw tiene esta influencia del slasher, momentos acechantes sobre las víctimas, aunque no son asesinadas al instante, a diferencia del slasher convencional, sino que son capturadas y su muerte se produce estando indefensas, al no superar la prueba de la trampa.
- Mientras Jason Voorhees en vida era un niño con retraso mental y tras su resurrección es un autómata asesino, John Kramer (alias “Jigsaw”) es un brillante genio. Jason se basa en la fuerza bruta, mientras que Jigsaw en la inteligencia.
- Jason es derrotado en sus películas, mientras que Jigsaw es más listo que sus víctimas y consigue lo que se propone.
- Viernes 13 se encuadra en el terror sobrenatural mientras que en Saw no hay estos elementos, se ciñe a la realidad.
- La saga de Jason Voorhees es de carácter juvenil, es el gran icono del terror adolescente, mientras que Saw es terror adulto.
- Mientras Viernes 13 representó la reducción del cine de terror a la estructura más simple, a un bodycount en donde entre muerte y muerte se rellena con sexo, Saw sin embargo puso de moda en el terror-gore argumentos más complejos, y no se incluye sexo, no hay erotismo.
- Jason “trabaja” sólo, mientras que Jigsaw necesita de “discípulos”, algo introducido en las secuelas.
- Viernes 13 se caracteriza por sus escenarios abiertos, aún cuando de vez en cuando jueguen con escenarios cerrados (cabañas, tiendas de campaña, etc.), mientras que Saw se desarrolla exclusivamente en escenarios muy cerrados, prácticamente claustrofóbicos.

Esta comparación puede servir, quizá, para ver cómo han cambiado las cosas en el cine de terror, a la vez que vemos que ciertas cosas permanecen similares. De la misma manera que los de nuestra generación nos hemos iniciado con films como los de Viernes 13, los jóvenes que serán aficionados al género se iniciarán con películas como las de Saw. Además, rompiendo el tópico entre muchos aficionados de que “el terror de antes era mejor”, al menos en este ejemplo concreto, creo que los Saw son films superiores a los Viernes 13, y además son tanto más inteligentes, aunque esto no sea precisamente muy difícil, como más bizarros, por lo que favorecerán que haya espectadores más curiosos y abiertos ante diferentes obras del cine de terror.

- Paco Antequera.

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5 Febrero 2009

Jesús Franco obtiene el Goya de honor 2009

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Un director de serie Z galardonado en los Premios Goya. Esta imagen tan delirante tuvo lugar en la 23 edición de los Premios Goya con el Goya de honor para Jesús Franco, un reconocimiento tan insólito como merecido por parte de una industria que siempre ha despreciado el cine de género. A Jesús Franco es al primero al que los premios hace mucho tiempo le dan igual, pero no puede negarse lo positivo que resulta para el género español, un reconocimiento que llega tarde y que nunca se les dio a directores ya fallecidos como Amando de Ossorio y Carlos Aured. Por eso, aunque no comparta del todo la filosofía de Jess Franco, sin dejar de reconocer que es el rey del sexploitation español (y, quizá, mundial), sí me agrada el tardío reconocimiento que la academia se ha dignado a conceder.

El cine fantástico español ha tardado bastante en volver a resurgir, se podría decir que venía luchando de nuevo desde los 90 hasta que en los 2000 volvió a encontrar un hueco, y poco a poco la industria y la propia academia están cambiando sus prejuicios. Es difícil que la cantidad de producciones de género fantástico se incremente sustancialmente en España, pero al menos existe la posibilidad de que este “mini-boom” de los 2000 quede consolidado. España no alcanzará un masivo número de producciones al estilo de Estados Unidos, la Italia de hace décadas o países con muchas caspas como Filipinas, lo cual tampoco es deseable, más bien España se ha instaurado en un género más “serio”, a diferencia del fantástico español de los 70, más al estilo de Francia, país que tampoco tiene demasiadas producciones de género sino sólo un pequeño número al año pero con un buen nivel de calidad.

Los thrillers de ciencia ficción Los cronocrímenes y 3 días, realmente dos de las mejores películas españolas del 2008, pasaron discretamente por la ceremonia, la primera sin premios y la segunda ganando en una de las categorías menos relevantes, únicamente las ajenas al fantástico Los crímenes de Oxford y Sólo quiero caminar, debido a la consolidación que tienen sus directores, hicieron más visible el cine de género por su cantidad de nominaciones, dejando patentes los prejuicios que reinan en la academia, aunque al menos el género y el fantástico poco a poco van empujando. Al menos la “ganadora de la noche” fue Camino, una película con estilo y cierto riesgo.

Este video recoge el momento de la entrega del Goya de honor.

- Paco Antequera

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26 Octubre 2008

El cine según la derecha

Muchas veces es más definitoria la ideología de un individuo o, por así decir, su forma de entender el mundo, lo que necesariamente no tiene por qué estar apegado a la política. Más que el “yo voto a tal” o “todos los políticos son unos sinvergüenzas y por eso paso”, puede decirnos más de la ideología, de la moral y ética y la forma de entender la sociedad de alguien otros aspectos como sus gustos, pues los gustos son, al fin y al cabo, inquietudes, por muy lúdicas que puedan parecer. Mediante esta consideración he pensado sobre cuál es la forma de enfocar mi mayor afición, el cine, según la ideología de cada cual, o podría decirse al revés, cómo un determinado gusto cinematográfico nos puede instar a relacionarlo con una determinada forma de pensar o ideología. Más concretamente, en este artículo quiero exponer mi opinión sobre la forma de enfocar el cine que tienen los derechistas, y es que el cine, como parte importante de la cultura y del arte que es, está muy presente para la izquierda, pero es algo que parece resultar más secundario para la derecha, sin embargo la derecha, desde el principio de la civilización (es decir, antes de ser denominada oficialmente así, al tener los reyes e imperios la hegemonía absoluta), ha tenido una manera de entender el arte.

Si algo caracteriza el arte al gusto de la derecha es su carácter anti-popular. Su elitismo, lo que ahora llamamos esnobismo (éste último, en su carácter liberal, a veces se camufla de progresía), con lo que no todos pueden acceder al arte. Históricamente, uno de los ejemplos más significativos es el arte eclesiástico mediante la arquitectura (y otros, como la pintura, con la Capilla Sixtina como buen ejemplo, o la escultura con sus Cristos, vírgenes y santos), desarrollado sobre todo cuando más se reprimía el arte popular. No hay que echarle la culpa a los diversos tipos de arte por ser unas veces más populares y otras veces más elitistas, es decir, si antes el teatro era popular, no hay que culpabilizarlo del elitismo que ha tenido en ocasiones. El arte, como expresión de sentimientos e incluso pensamientos del ser humano, es de gran importancia en la sociedad, y por ello las diversas ideologías lo tienen en cuenta y la derecha sabe del peligro que para ella esto puede suponer, pues huelga decir que cuando la izquierda se encuentra en condiciones parecidas a las de la derecha, no suele tener muchos problemas para derrotarla (también huelga decir que raramente suelen darse estas condiciones). Por ello, mientras en los absolutismos se utilizaba la prohibición, con la llegada de la democracia representativa (un enorme logro entonces para la izquierda, hoy algo de lo que ir más allá incluso para la izquierda moderada), es decir, con el capitalismo, se estableció la concepción del arte que existe hasta hoy día; el de un negocio.

Esto es algo que, desde el primer momento, se ha podido constatar en el cine, el cual en sus comienzos fue desdeñado, precisamente, por su carácter popular, por la posibilidad que tenía de llevar con facilidad unas determinas obras (las películas) a muchos lugares, hasta que el cine fue aceptado por las elites y adoptado al gusto de éstas. ¿Cuál es la forma de entender el cine que tiene la derecha?, su forma de entender el cine reside en la figura del productor, que viene a ser el propietario de un medio de producción, el que obtiene beneficios de algo en lo que no ha trabajado pero que “le pertenece” en tanto haya invertido capital. Que las películas “son de los productores” es algo tristemente tan establecido que en las ceremonias de premios el galardón a mejor película es recogido por los productores. Esto es especialmente notorio en el cine de Hollywood, sin duda la cuna del “cine capitalista”, donde se intenta reducir la figura del realizador o director, es habitual que los directores sean meros artesanos cuyo estilo queda muy diluido, y es que el proyecto es llevado a cabo por los productores, eligiendo a su gusto un determinado director cuando la preproducción ya está avanzada y apartándolo cuando ya ha terminado el rodaje, a veces sin dejarle estar presente durante el montaje. A veces, incluso un director retoma el trabajo donde lo dejó otro, uno empieza la preproducción, lo echan y otro hace el rodaje y si los productores lo consideran conveniente ponen a otro durante el montaje. La principal ventaja de Hollywood son sus altos presupuestos, por eso incluso sus películas más nefastas cuentan con una factura técnica de calidad. Quizá por ello, la considerada “edad dorada de Hollywood” fue aquella en la que sus altos presupuestos, es decir, sus superproducciones, les permitían hacer un cine que no se podía hacer en el resto del mundo. De todas maneras, Hollywood se ocupa de contratar a los mejores profesionales que puede, por ello en sus films hay artistas y técnicos de diversas partes del mundo en las labores más importantes. Se dice que los maestros del cine son los estadounidenses pero cabria preguntarse si sería así de no ser por la “inmigración cinematográfica” de la que han gozado desde siempre. En todo caso, el cine de EEUU no se limita al de Hollywood, distrito de Los Ángeles donde se ubica la industria del cine más poderosa de EEUU, y la realidad del cine no es la de Hollywood, pero es tal la invasión del cine hollywoodiense en el resto del mundo que para el espectador medio pareciera que sólo existiese este cine y lo demás fueran casi “rarezas”.

Cuando las élites no pueden gozar con exclusividad de una forma de arte, lo que hacen es banalizar este arte, y ante la inevitable popularidad del cine, esto es lo que, por desgracia, decidieron hacer con éste. Podría decirse que tanto el cine como la música son las dos formas de arte que la industria más ha conseguido banalizar, o como también me gustaría decirlo, ‘atontar’, pues no es que el público demande estupideces, es que lo inteligente, aún cuando consiga vender, no gusta a la industria porque desarrolla un sentido crítico. Nuestro querido cine de género ha sido utilizado por la industria principalmente para evadir al espectador, ya desde los tiempos de las películas de aventuras de capa y espada. O, en el peor de los casos, para establecer rasgos conservadores, es el caso del western y su apología del autoritarismo, o a día de hoy del policíaco moderno y del cine de acción. Normalmente, cuando una película pretende comunicar un mensaje derechista al espectador, son ideas que se dan por sentado. Se da por sentado que los indios son los malos, o a día de hoy se da por sentado que “los terroristas” son los malos, y lo entrecomillo por la peligrosidad de esta definición en la que cabe básicamente un amplio espectro de enemigos del imperialismo estadounidense. Pero el sheriff, el policía, el militar o el FBI son indiscutiblemente los buenos, por supuesto. Como señalé antes, la situación del arte no le es indiferente a ningún movimiento político incluida la derecha, por ello en los 80, con Ronald Reagan, que sabía de esto, primó el cine de entretenimiento, y el cine de acción fue un buen ejemplo de la ola reaccionaria de entonces. En los 90 redujeron el ‘tono agresivo’ por el contexto político, pero la banalidad, quizá, incluso se incrementó. Conste que disfruto con el cine de género evasivo, incluido el cine facha de acción de los 80, pero también señalo que las raíces del cine de género no son éstas, al contrario, aunque las productoras utilicen el cine de género como entretenimiento evasivo, los autores más importantes lo utilizan como forma de expresión. De todas maneras, como ya he dicho sé disfrutar de muchos tipos de cine, y esto es algo que no hace el derechista, ya sabemos que en España, por ejemplo, mucha gente no ve películas de Javier Bardem, aún las que no tengan ningún tono explícitamente político, sólo por las ideas políticas del actor. A mí no se me ocurriría dejar de ver las películas de Alfred Hitchcock sólo por su postura pro-estadounidense (la cual supongo por su propio cine).

Ya que he mencionado a un actor español, cabe hablar de cómo están las cosas aquí con la polémica de las subvenciones, algo que debería ser básico en un, según la propia Constitución, supuesto “Estado social de derecho”, es decir, donde se aplica una política social en la educación, la sanidad y la cultura. Se supone. Se subvencionan orquestas de música, se subvencionan ballets, se subvencionan exposiciones, se subvenciones ferias del libro, etc. Otra cosa es cómo deberían ser las subvenciones, ya que en el cine se subvenciona como si de inversiones se tratase, es decir, esperando obtener beneficios, por ello se subvenciona sobre todo el cine español más comercial, cuando se debería fomentar el arte más arriesgado, innovador e inteligente. Para el derechista, sólo el mercado debería determinar la situación del cine español, pero precisamente esto hace que el cine español no luche en igualdad de condiciones con el estadounidense. Es decir, lo que yo defiendo no se trata de imponer películas que no le gusten a la gente. Pero si por el de derechas fuera, la industria del cine español estaría raquítica (si, en cierto modo, no lo está ya). Sin intervención o protección, sólo se puede competir con el cine de EEUU cuando se le gana con sus mismas armas, es decir, cuando hay un auge dentro del propio capitalismo. Es lo que pasó en la Italia de los 60 y 70, pero en cuanto este país decreció en su “poderío económico” (lo que no quiere decir que la ciudadanía tuviera un buen nivel de vida como no lo tiene la estadounidense siendo la “primera potencia mundial”), aún sin que haya dejado de ser uno de los países más influyentes del mundo, entonces su industria se fue a pique. No porque su cine dejara de gustarle a la gente. Sencillamente, volvía a ser menos rentable. Otro ejemplo podría ser la industria del cine de la India, llamada Bollywood por su similitud con Hollywood, no cultural sino en la forma de entender el cine, es decir, primando el entretenimiento y, con ello, la evasión, por eso abundan los musicales, sin que quiera como señalé antes, demonizar ningún género, pero está claro que la industria india busca ante todo un tono lúdico y con ello evasivo. Europa, verdadera cuna del cine, se encuentra a día de hoy en una situación delicada, y aunque a muchos (al patrioterito español que sin embargo odia el cine español por ser tal) les suene gracioso, España destaca en el continente con mejor cine, simplemente por tener una protección mayor que países como Inglaterra, de la que puede considerarse un caso parecido al italiano, aún con su poderío, su industria cinematográfica en ocasiones es discreta y, muchas veces, se “salva” por las coproducciones con EEUU. No es que en España se proteja especialmente el cine patrio, pero se pueden ver los resultados en comparación con otros países. No por casualidad, Francia, uno de los países en donde más se protege a su cine, goza de bastante estabilidad y gran nivel de calidad.

Por desgracia la derecha ha conseguido con creces su objetivo respecto al cine, siendo para la mayoría de la gente un producto de consumo rápido, llegando a parecer el cine europeo, a ojos del propio público masivo de Europa, como pedante, pretencioso, exclusivista y aburrido. Ver el nivel de estupidez en la cartelera propiciado por el cine de EEUU y cómo sus películas son las más vistas resulta desolador. En otras formas de arte el público tiene en cuenta al autor para acercarse a sus obras, si un cuadro es de Velázquez o de Goya, mientras que en el cine, reducido a mero negocio para la mayoría, es “una película de Brad Pitt” (producto del “Star System” estadounidense), o hasta “una película de la Warner”, desdeñando a directores y demás creadores. Las series de televisión son un buen ejemplo de la manera en que para la derecha debería hacerse el cine, y es que mientras en el cine hay espacios alternativos o industrias para cine con menos presupuesto, en la televisión las audiencias determinan de mayor manera lo que se hace o no, y es que la serie de televisión exige una continuidad y, por ello, el público debe respaldarla día a día o semana a semana, además de que la serie de televisión está bajo la tiranía de la cadena de turno, es decir, tiene un canal de exhibición más restringido que el del largometraje de cine. Por ello, la figura del productor es diferente en la serie de televisión que en la de una película. Normalmente, el creador de una serie intenta ser el productor para tener un importante control creativo de ésta, pero muy supeditado a la audiencia, por eso las series evolucionan de manera tan cutre, porque se adaptan a las demandas del público. Frente a esto, la libertad creativa y de expresión, el riesgo e innovación artística y la variedad es algo por lo que la izquierda debería apostar, puesto que no va a ser la derecha la que tolere la pluralidad cinematográfica. No es malo ver cine de entretenimiento, yo soy gran defensor de éste ya que por algo hago este blog, mientras trate con inteligencia al espectador, claro. Lo malo es que del cine de entretenimiento y, sobre todo, del más banal y estúpido, muchos no vayan más allá.

- Paco Antequera

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20 Abril 2008

Esos aficionados al cine de terror

Quiero dejar claro antes que nada que no pretendo ofender a nadie, esto es tan sólo mi humilde opinión que, eso sí, es bien crítica, lo que no debe confundirse con un ataque hacia nadie. Esta vez no voy a hablar sobre cine, sino que daré mis impresiones sobre el público del cine, concretamente sobre el aficionado al género de terror, sin que yo pretenda erigirme como lo que debe ser un buen aficionado a este género, insisto en que mi opinión es desde luego rebatible pero lo que está claro es que mi opinión para eso es mía y me parece interesante reflexionar sobre este asunto.

El cine de terror es un cine tan apreciable como cualquiera, aunque sea denostado por las mentes más ortodoxas y puritanas, sin embargo sufre como ningún otro una gran banalización. Con el tiempo, el cine dejó de estar considerado únicamente un entretenimiento y se consolidó como el gran medio artístico que es, pero es como si el cine de terror no hubiera madurado y llegado a esto, quedándose en una especie de adolescencia eterna. Está claro que, en general, el cine fantástico es más fácil que esté dominado por la industria, sea por los medios que se necesitan o porque es uno de los géneros más idóneos para hacer cine evasivo y con ello de puro entretenimiento. La industria y no los autores ha sido la que ha determinado la visión del público del cine de terror.

¿Qué quiere decir esto? Que el cine de terror funciona, masivamente, por pura mercadotecnia. Me dirán algunos que incluso el drama intimista, hasta el drama social, necesita de industria y mercado y por tanto de cálculos de ingresos y beneficios y demás, ciertamente así son las cosas pero la diferencia es que ciertos tipos de cine tienen un público detrás que respalda las obras según sus intenciones artísticas, su riesgo creativo, etc., por lo que estos tipos de cine gozan de mayor libertad. El cine de terror, por el contrario, queda reducido a mero cine de entretenimiento, a explotaciones de una idea mientras dé beneficios, el resultado de esto es una abultada cantidad de films que sencillamente ni aportan nada ni son estimulantes. Sin embargo, las grandes referencias del cine de terror sí son propuestas innovadoras y con talento, ahí están El gabinete del doctor Caligari (1920), King Kong (1933), La mujer pantera (1942), La mujer y el monstruo (1954), Psicosis (1960), El exorcista (1973) y un largo etcétera. Puede decirse a favor del aficionado al cine de terror que, al menos, suele valorar con justicia estas obras, pues son la semilla de la que se desparraman todas las explotaciones que la industria realiza, es decir, de las modas. Pero mientras que las grandes referencias del terror fueron apuestas algo arriesgadas y de gran valor cinematográfico, muchas películas derivativas de éstas son vacuas y superficiales, no importa ni la forma ni el fondo, ni lo artístico ni el mensaje. Ya films ‘viejos’ como El doctor Frankenstein (1931), King Kong (1933) y La mujer pantera (1942) encerraban una reflexión, y cuando el cine en general tomó mayor “seriedad”, también fue así en la mejor parte del cine de terror. Por poner algunos ejemplos, la serie Dimensión desconocida de Rod Serling tenía una moraleja en cada cuento y, desde luego, la obra de realizadores como George Romero, Larry Cohen, David Cronenberg… que son algunos de los directores más importantes del terror moderno, está llena de constantes reflexiones. La banalidad, por tanto, viene de quienes explotan los hallazgos de George Romero para hacer patochadas. Por eso nos encontramos una película de zombies tan interesante como es La noche de los muertos vivientes (1968) y, enfrente, 10 películas chorras de zombies. Visto así, el cine de terror parece una chorrada, si valoramos únicamente las cifras. Pero, ¿qué es lo que ocurre?, que al aficionado medio al cine de terror le importa un pimiento la tensión desarrollada en La noche de los muertos vivientes (1968), ese clima de pesadumbre y la sensación desoladora que produce el film. Qué va, lo que quiere es ver zombies, y que muerdan y haya tripillas. Se queda en la superficie y no escarba, la esencia del film le importa un pepino. No es casualidad, por tanto, que los años 80 sean tan apreciados por el aficionado al cine de terror. Ojo, que yo adoro el terror de los 80, pero reconozco que también hubo una degeneración que fue a más y que, literalmente, terminó cargándose el cine de terror. Los 80, realmente, comparten la esencia de los años 50, década en la que la industria también tenía un gran control sobre el cine de terror, a la vez que reinaba la serie b "desenfadada", baste decir que fue la década de Roger Corman. No es que pretenda descalificar el cine de terror que busque puro entretenimiento, pero lo que encuentro una aberración es que cualquier intento de hacer terror ‘serio’ sea ignorado por muchos aficionados, que prefieren lo mismo de siempre, y que por eso tengamos tanta paja en el cine de terror.

Voy a ser más específico; el aficionado medio al cine de terror no es que huya de la originalidad, pero está claro que tampoco quiere algo que diste mucho de lo considerado convencional. Enseguida diría que es “una paranoia”, “una película rara”, “pretenciosa”, etc. Por no hablar de si es un film pausado, esto puede llegar a hacer que se le recaliente el cerebro. Tristes tiempos en que el público, y hablo del público en general, sólo aguanta películas a ritmo de videoclip, que las historias que se toman su tiempo son despreciadas, y enseguida son calificadas de “aburridas”. Sin duda, un signo de los tiempos que vivimos. Evidentemente, para cada cosa hay momentos y momentos, no siempre nos puede apetecer ver un film de Yasujiro Ozu, pero muchos sencillamente huyen de este cine. Esta inmediatez es la que prima en el cine de terror, por desgracia, donde todo se le tiene que dar masticado y casi digerido al espectador. Como dije antes, además el público del cine de terror funciona mucho por la mercadotecnia. Ver tiendas de comics y otras cosas del cine fantástico es un buen ejemplo. Veremos al muñequito de Freddy Krueger, o ahora a Jigsaw, lo que en sí no tiene nada malo, pero el problema es cuando el aficionado al cine de terror funciona más por iconos que por buenas películas. Pondré un ejemplo; Saw (2004) fue una buena película y su éxito le permitió convertirse en una saga, la cual es muy seguida por los aficionados al cine de terror, lo que ocurre es que ni Saw 2 (2005) ni las posteriores son grandes películas, ni tan siquiera son notables películas, más bien son dignamente correctas e incluso, dentro de lo moderado, buenas. Que el público vea las Saw sólo porque tienen este nombre, porque son una franquicia, mientras ignora films mucho mejores, me parece preocupante. James Wan, director de Saw (2004), sin embargo no tiene tanto seguimiento como tienen las secuelas de su film. Aunque Saw (2004) no haya sido su único acierto y siga haciendo buenos films, a la gente lo que le interesa es la marca Saw. No critico el éxito de la saga Saw, de lo que me alegro y que me parece muy simpaticota, critico las preferencias del aficionado al cine de terror. El aficionado a otros tipos de cine, el cinéfilo, se preocupa en investigar y encontrar más películas, en encontrar películas de Holanda, Suecia, Grecia… además de las de los países más obvios como Inglaterra o Alemania. Por el contrario, muchos aficionados al cine de terror se conforman con las películas más conocidas, incluso no dudan en restringirse abiertamente al cine de EEUU, de tal manera que se creen que incluso películas de otros países como las inglesas Alien (1979) y Hellraiser (1987) son de EEUU, y por supuesto el terror español es una mierda, cine de EEUU bueno, cine español malo, cine del resto del mundo… no sabe no contesta. Sí que hay que reconocer que si bien ésta es la postura de muchos aficionados al cine de terror, sí que los hay más abiertos que gustan de las “rarezas”, de los que antes rebuscaban entre los VHS de los videoclubs. Por desgracia, quizá hoy día hay menos variedad en los videoclubs.

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Figura de Jason Voorhees

Retomando lo de la mercadotecnia y el marchandising, creo que esto ha hecho mucho daño al cine de terror. ¿Qué Halloween (1978) se convierte en un inesperado éxito?, pues la explotamos y convertimos a su serial killer en un icono, aunque llegue a lo ridículo, porque Myers debería cobrar el paro entre película y película ¡anda que no trabaja! La obra original de Halloween (1978) queda, por tanto, desvirtuada. Un tío que va matando adolescentes. Algunos se conforman con eso. Eso sí, que sea Myers (recuerdo lo de la marca o la franquicia) que mola más, porque si se hace algo distinto como en Halloween III (1983) (la mejor secuela de la saga) el público le da la espalda. Aclaro: no estoy criticando el slasher, género que me encanta pero que también, aunque no me guste decirlo, ha contribuido a hacer decaer el cine de terror. Algunos más que aficionados al cine de terror parecen aficionados al slasher, quieren un asesino icónico. O trasladándolo a otro subgénero, un tipo de monstruo, pero que haya algo fácilmente reconocible y que, por supuesto, pueda explotarse film a film. En realidad lo que antes eran los Drácula, hombres lobo, monstruo de Frankenstein, momias, etc., son ahora los Jason Voorhees, Michael Myers, Freddy Krueger o el más reciente Jigsaw. Esto hace que el cine de terror sea, posiblemente, el género del cine que más sagas y secuelas tiene, ¿por qué? Porque el nombre, la marca, la franquicia, es un reclamo para el aficionado. Algo casi impensable para otros sectores de público de otros tipos de cine, que ya tiene que ser un El padrino 2 (1974) para que lo vean con buenos ojos. Así estamos también con los remakes, por cierto. Es tan vacío el concepto de cine que tienen algunos aficionados al cine de terror que les parecen bien los remakes “para que lo vean las nuevas generaciones”, porque total, si, para ellos, La matanza de Texas (1974) es un tío despedazando jóvenes con una sierra eléctrica, el remake será lo mismo pero “modernizado”. Por otra parte, cierto es que muchos aficionados al cine de terror detestan la moda actual de los remakes, pero está claro que si esta moda se da sobre todo con el terror es por el público, no por amor al arte. De hecho, los parámetros que tienen algunos aficionados al cine de terror para ponderar la calidad de un film son tan ‘serios’ como afirmar que una película es cutre por sus malos efectos especiales. Qué importa la dirección, o la fotografía. Lo que importa más es como luzca, que parezca moderna. También lo limitan muchas veces a “que dé miedo”, y está claro que en el género de terror esto es importante como lo es que una comedia tenga buen humor o que una de acción sea dinámica, pero que para ellos el valor del cine de terror sea únicamente éste es ser muy reduccionista, más aún cuando es posible que una comedia divierta al espectador o que una película de acción entretenga al público pero causar miedo en la comodidad de una casa o del cine es enormemente más difícil. También los hay que si una película no tiene buenas cantidades de sangre, pasa a no interesarles. Tan absurdo es calificar una película de mala por no tener sangre si no la necesita como por tenerla. Por cierto que es absurdo el típico comentario del espectador ajeno al terror que dice que no le gusta el género porque “son todo películas sangrientas”, curiosa afirmación cuando el gore nace en los 60 y no se “institucionaliza” hasta los 80, así que desde luego en casi 100 años de cine de terror hay mucho más que “películas de sangre”. Por otra parte están los que aparte de terror y alguna cosa más como superproducciones de género fantástico como las Star Wars o Piratas del Caribe (2003) no ven más cine, y hasta desprecian el cine que tiene más aspiración que la de entretener, considerando con pretensiones intelectuales (como si, por otra parte, esto fuera algo negativo) lo que se escapa de su reducto cultural.

Vámonos ahora al otro extremo, el del espectador de terror más “exquisito”, aquel más cinéfilo al que una saga no le sirve como reclamo ni quiere necesariamente ver lo mismo de siempre pero que peca de cierto elitismo, y es que, por ejemplo, una comedia de terror puede ser un buen film, pero éstos son muy “selectivos” con el cine de terror y las rechazan. Llegados a este punto alguno puede pensar que me estoy contradiciendo respecto a lo que he dicho antes, pero lo explicaré. Muchos de este tipo de aficionados al cine de terror se limitan al terror psicológico. De la misma manera que los hay que se limitan al gore, el slasher… entre los mencionados antes, entre los ahora comentados hay muchos que se limitan al terror psicológico, es decir, a películas como La mujer pantera (1942), Las diabólicas (1955), Psicosis (1960), The haunting (1963), El exorcista (1973), etc., que, ciertamente, son la creme de la creme del cine de terror, a diferencia del tipo de aficionado comentado antes que sobrevalora ciertos films, pasó en su tiempo con la buena pero no tanto Viernes 13 (1980) y pasa en los últimos tiempos con películas como Scream (1996), Jeepers Creepers (2001), Saw (2004), Hostel (2006), etc., no pretendo restarle valor a algunas de estas películas, pero lo que está claro es que no se sitúan en la cúspide del cine de terror. Volviendo con el aficionado “exquisito”, precisamente por la gran cantidad de morralla que hay en el cine de terror, muchas veces no se declaran aficionados a éste. Suelen ser aficionados al thriller y que, por tanto, sus acercamientos al género de terror son en thrillers de terror, en películas de terror psicológico. El problema, creo yo, es que descalifiquen por sistema el terror más explícito, el más físico y violento, suelen ser los que dicen que en el terror se mete sangre y sexo o para atraer al público o por carencias artísticas, despreciando la gran aportación que el terror-gore ha realizado al género y de la que sobra dar ejemplos. Esto entre otros prejuicios con los que cuentan. De ahí que peyorativamente los haya calificado de “exquisitos”.

Creo por tanto que lo idóneo no es que sea un punto intermedio entre estos dos tipos de aficionados, lo idóneo sería una postura abierta, ni tan infantil como la del aficionado que sólo espera películas de terror con muertes ni tan limitada como la del que sólo le gusta el terror psicológico despreciando el resto de estupendas películas de terror. Sin embargo, suelo ver sobre todo estas dos posturas, por eso me ha dado por escribir todo esto que, vuelvo a reiterar, no pretende ofender a nadie, lamento si lo he hecho pero me gusta decir lo que pienso sin paliativos. La verdad es que, por todo esto, incluso compartiendo una pasión como es el cine de terror con otros aficionados no conecto tanto con muchos. Pero, en definitiva, creo que una maduración del público del cine de terror sería muy positiva para el panorama del género, que fueran más importantes los autores que las marcas comerciales, que no se limite todo a películas sin personalidad que buscan la mera explotación de una moda. Demostrar que el cine de terror está a la altura del buen cine.

- Paco Antequera

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25 Octubre 2007

¿Gorno?

Con el paso de los tiempos, surgen corrientes y movimientos en las diversas expresiones artísticas, el cine de terror es un buen ejemplo de ello, siempre con muchos pero, generalmente, no muy caros films, razón por la que se suceden con rapidez diferentes tendencias. No sé a quién se le ocurriría esto de la palabra gorno, pero estuvo inspirado con éste término, eso sí, por lo demás, no estaba nada puesto del asunto. Gorno es el acrónimo de gore y porno, por la supuesta mezcla de estos elementos, considerándose como el film “representativo” de éste a Hostel (2006). Más estúpida resulta la calificación utilizada con esta misma película de torture porn, y también es igual de desacertada y cierta sólo a medias.

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Hostel, con el San Benito del gorno.

Es fácil explicar el desacierto de estos términos. No hay nada que rebatir a la referencia gore (la única parte cierta del término), tanto Hostel (2006) como la misma Saw (2004) a la que le han aplicado retroactivamente estos términos son buenos ejemplos de cine gore, más dudoso es sin embargo lo del torture, en referencia al cine de torturas, cierto referente a Hostel (2006) y la “corriente” de películas surgidas a través de ésta o que gracias a ésta han tenido mayor difusión, algo más dudoso con Saw (2004), ¿puede hablarse de torturas en Saw (2004)?, digamos que sí, aunque no convencionalmente los personajes son sometidos a padecimientos ante los que están impotentes, pero con otras películas como La casa de los 1000 cadáveres (2003) o Wolf Creek (2005) esta calificación resulta auténticamente desmesurada, al menos en comparación con tantas otras películas de terror, es decir, los personajes no quedan expuestos en situaciones más tortuosas que en muchas otras películas de terror, y desde luego en un nivel similar al de muchos films del estilo, lo que se viene a llamar survival horror, body count… más desacertada resulta la otra parte del término, nada menos que porno, lo que evidentemente es una exageración, no hace falta señalar las diferencias que todos conocemos entre la pornografía y el erotismo, y está claro en cuál queda englobado Hostel (2006), además de que en la segunda parte el erotismo ha quedado más mitigado, ya que la productora eliminó algunos desnudos femeninos, así que lo de porno obviamente es una falsedad. Pero llamar torture porn a películas como Saw (2004), donde no ya ni siquiera aparece ni una teta, sino ni siquiera ninguna insinuación sexual, ni besos ni siquiera una historia romántica, es de una estupidez deliberada.

Estos términos se originaron peyorativamente, por lo que es una auténtica bobaliconería que los propios aficionados al terror los acepten y utilicen, lo que deja patente por otra parte el propio bagaje cultural del público, que ignora la existencia de films que, entonces teóricamente, merecerían también la calificación de gorno o torture porn por su mezcla de gore o torturas con sexo, tales como Ilsa, La Loba de las SS (1974), Snuff (1976) u Holocausto caníbal (1979), es decir, nada de innovador en este aspecto tendrían los Saw, Hostel y derivados. Sí conllevó una cierta innovación la estética de videoclip de Saw (2004), y en base a estas aportaciones al género deberían emplearse los calificativos adecuados, ¿qué podríamos decir? ¿gore videoclipero? ¿goreclip? Términos muy cutres y obvios que se me han ocurrido en un segundo. Pero, reiterando lo dicho, la exageración de los términos, el considerar los Saw y los Hostel como pornografía y torturas, no sirve sino para estrechar el cerco de la censura sobre éstas, y es algo que están logrando, es una pena que a un director como Eli Roth, que ha contribuido a devolver una forma de terror brutal, le estén cercenando sus films, impidiendo que disfrutemos plenamente de sus salvajes obras de casquería con toques de sexo. Si no espabilamos, volveremos a los mojigatos años 90, así que en lo referente a la palabrita ¡NO AL GORNO!

- Paco Antequera

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28 Agosto 2006

Una buena época para el cine

La pereza supina en la que nos envuelven los asfixiantes calores veraniegos y un achaque de salud me han impedido publicar antes un nuevo artículo, pero por fin he podido hacerlo inaugurando la sección de opinión sobre cine. Como primer artículo de opinión decidí romper, relativamente, un tópico, que es el de la negatividad y el pesimismo hacia el actual cine. Afirmar el dicho de que cualquier tiempo pasado fue mejor es un error por falta de perspectiva pero, sobre todo, porque imposibilita apreciar la no tan nefasta realidad cinematográfica.

Bien es cierto que la industria del cine es una casa de putas y que la comercialidad pura y dura, el cine de usar y tirar, se ha incrementado ostensiblemente en los últimos tiempos, llegando a auténticos extremos de degradación. A su vez, los grandes multicines dominan las urbes ahogando a los cines más modestos (y extinguiendo prácticamente a los cines de barrio), imponiendo una cartelera por lo general imbécil. Para más inri, el mercado videográfico (o de DVD) está copado por videoclubs que vienen a ser al cine lo que el Burguer King a la comida, con decenas de copias de las últimas novedades dejando en el olvido a las películas “viejas”. Incluso en muchos videoclubs de barrio ya hay cierta dificultad para encontrar una película que tenga más de 5 años, que por lo visto, ha quedado “vieja”. Por fortuna, a quien cría cuervos le sacan los ojos y el público objeto del cine más banal y estándar encuentra otras vías para ver películas, con el resultado del quiebre de cadenas como Blockbuster. Es lo que pasa cuando se ofrece cine a gente a la que no le interesa el cine.

Sin embargo, si analizamos la situación, con sus pros y sus contras, no nos encontramos en un momento mucho peor que anteriormente. Es más, mi intención con este artículo es la de reivindicar esta década en la que nos encontramos, no me extrañaría que en la siguiente década la echemos de menos como en los 90 muchos echamos de menos los 80, y aquí va el meollo de la cuestión, y es que si algo caracteriza a la década del 2.000 es la recuperación de un cierto espíritu anterior a los aburridos 90. Para quienes nos gusta el cine de fanta-terror, los 90 supusieron una clara decadencia. Tras los fecundos y gloriosos años 80, el cine de terror mermó catastróficamente su producción, tanto en cantidad como en calidad, claro que respecto a esto último siempre hay excepciones. Resulta paradójico que en la época de transición entre los FX tradicionales y los FX digitales el tipo de películas que más recurre a los FX entrara en crisis. Aún así, no todo fue crisis, pues en los 90 surgió el boom manga en occidente, descubriéndonos un tipo de cine y series de animación lejos de las estupideces que siempre nos impusieron. También cabe destacar cierta evolución del cine gore, con el ultragore alemán (aunque empezase en los 80) como irregular movimiento, pero también películas como Braindead (culmen del ultragore) del entonces prometedor y hoy consolidado Peter Jackson. David Lynch se mantenía en forma, Tim Burton recuperó el gótico y Quentin Tarantino marcó la década, a la vez que el fantástico español empezó a levantar cabeza, sobre todo por el éxito de Alejandro Amenabar. Fuera del cine de género, cabe mencionar el llamado cine “indie”, contraste necesario a la trivialidad del cine “mainstream” que se desarrolló desmedidamente en esta década.


La irrupción del manga y anime en occidente supuso un soplo de aire fresco en los 90. En la foto, Akira, pieza fundamental del cyberpunk.

Pero los 90 estaban dominados por la estupidez y la superficialidad. Era la época de series de televisión como Sensación de vivir y Melrose Place, pioneras de los culebrones adolescentes que tan proclives han sido desde entonces, desde Al salir de clase a la también subnormalada de Rebelde. Menos mal que, de nuevo aludiendo a las honrosas excepciones, hubo series como Twin Peaks y Expediente X.
Para explicar el porque de esto, el porque una moda en lugar de otra, hay que entender el contexto social de la época. Si observamos el desarrollo del cine fantástico moderno, es decir, del que viene de los años 70 hasta ahora, veremos su reflejo coyuntural. Los años 70 se encuadran en plena guerra fría, con EEUU imponiendo dictaduras en Latinoamérica y atacando Vietnam. El "sesentayochismo" hizo mella en el cine, incluso en el aparentemente más evasivo, el cine fantástico, con directores como George Romero, Wes Craven y Jonh Carpenter, sin olvidar la comprometida ciencia ficción de los años 70 (hasta que llegó la excelente Star Wars y se implantó la moda de una ciencia ficción más lúdica). La situación política se distendió –muy relativamente, claro- en los 80, hasta el final de la URSS y por tanto de la lucha entre dos bloques, lo que puede reflejarse en un cine menos comprometido en los 80. El cine fantástico, posiblemente, se beneficia de las épocas convulsas, tanto en su faceta más evasiva (es decir, a mayores problemas sociales, mayor potenciación de las actividades evasivas) como en la más trascendente (es decir, cuanto más agitada se encuentre la situación política, más se interesarán tanto el público como los artistas en el cine de mayor contenido relevante). Esta paradoja, pese a contradictoria, parece ser que existe, aunque hay que matizar la cuestión del cine fantástico y de terror más evasivo, pues justamente el “arte” evasivo se potenció desmedidamente en los 90, así que alguno podría preguntarse ¿por qué entonces el cine fantástico dejó de interesar? Personalmente, creo que pese al éxito del cine evasivo, la influencia social siempre se palpa, por eso no es lo mismo el cine evasivo de los 70 que el de los 90. El cine evasivo es, muchas veces, una catarsis, por lo que no deja de tener una relación con el contexto social. Así pues, el resurgimiento del cine de terror en esta década, pese a tratarse de películas manifiestamente lúdicas y evasivas, bien puede ser el reflejo de una inconsciente búsqueda ante una realidad oscura. En una entrevista el director Anthoni Aloy dijo que el éxito actual del cine de fantasmas podía deberse a que en esta sociedad donde los individuos cada vez se van difuminando más se produce esa identificación con los fantasmas.

Los años 90 supusieron lo que algunos llamaron la segunda revolución del capitalismo e incluso un memo calificó de el fin de la historia. Uno piensa en Un mundo feliz de Aldous Huxley ante esta época de falsa felicidad, ante la victoria de los pijos. Por fortuna, la sociedad ha despertado un poquito recientemente ante tanto desastre, aunque quizá, como dicen Def Con Dos, la lucha contra la estupidez ya se haya perdido. La estupidez definitivamente se encuentra hospedada como un germen en todos los ámbitos, la televisión es patente reflejo de ello. Pero, de nuevo, reivindico un cierto optimismo, pues esta misma ventana desde la que estamos mirando, es decir, Internet, es una válvula de escape a la manipuladora homogeneidad de radio y televisión. Aunque alguno pensará que todas estas disertaciones son absurdas en un artículo de opinión que pretendidamente es sobre cine. También puede pensarse que relego el cine de entretenimiento, del entretenimiento por el entretenimiento, al baúl de las infamias, pero no es ésta mi intención. Disfruto enormemente con las películas de “Arnold Facha-negger”, del cine de artes marciales más chusco o el gore más cachondo, pero todo tiene que tener su medida justa. Si me tomara en serio las películas de Charles Bronson y no me saliese de ese cine, sería tan cazurro como el espectador corriente de Friends.

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La superficialidad y el culto a la belleza preponderaron en los 90. Los jóvenes de ahora son consecuencia, o víctimas, de esta "sensación" de vivir.

Así las cosas en los 90, con un dirigismo empresarial hacia la cultura adolescente en pos de la banalidad, esto es, de lavar los cerebros como si de La invasión de los ladrones de cuerpos se tratase, el cine más cafre –y por tanto, el más incómodo y expresivo- quedó relegado. Triunfaron los thrillers, con El silencio de los corderos abriendo la década y Seven proclamándose como una de las películas más importantes de los 90. A nivel “mainstream”, esto era de lo más cercano al terror. Pero en 1996, casi pudiéndose decir que aplicando el “si no puedes con tu enemigo, únete a él”, se estrenó Scream, la película que volvió a hacer que el cine de terror estuviese presente en la cartelera. La clave de su éxito radicó justamente en llegar al público adolescente, al público que veía Al salir de clase. Su director, Wes Craven, ya era posiblemente el cineasta más importante de terror adolescente en los 80, con películas como Pesadilla en Elm Street, pero lo que dio la puntilla al proyecto fue el guión de Kevin Williamson, precisamente un aficionado al terror de los 80, al de Craven pero sobre todo fan de Halloween, de la que Scream toma su modelo slasher, siendo un homenaje a este subgénero del cine de terror y en general Williamson traza un guión referencial repleto de guiños. De esta manera, Scream despertó el interés del aficionado al terror ochentero, pero también el del público adolescente de los 90, y es que Williamson incide más en lo adolescente que Craven. Anteriormente, Williamson había hecho la serie sobre adolescentes Dawson Crece, que contiene elementos autobiográficos tales como que el protagonista es un aspirante a director de cine. Pero Williamson sin Craven ha terminado naufragando. No podemos decir que Williamson sea un gran autor, más bien fue un autor oportuno por aportar un “toque comercial” al cine de terror haciendo que resurgiera de sus cenizas, pero por lo demás, su obra, sus propias películas dirigidas por él, ya no interesan mucho al aficionado al terror, y ni mucho menos tiene ninguna fidelidad por parte del voluble público “mainstream”, al que ya no le interesan los slasher adolescentes.


Scream fue un homenaje al psicokiller/slasher de los 80, devolviendo el género de terror a las salas de cine.

Tras Scream, que tuvo dos secuelas, surgió una avalancha de terror adolescente. Pese a producirse mayormente muchas películas de poca calidad, con una vulgaridad que no va más allá de los tópicos y además muy “lights”, esto cimentó lo que vendría en la década del 2.000, y es que las productoras apostaron cada vez más por el terror setentero y ochentero al ver que daba buenos resultados en taquilla. La productora Dark Castle con sus remakes de William Castle y otras películas de aires añejos tuvieron mucho éxito. La realización de exitosas películas inspiradas en los 70 y 80, tales como 28 días después, Km 666 y Jeepers Creepers, también animaron a los productores, y así fueron llegando los remakes de Zombie (es decir, El amanecer de los muertos), La matanza de Texas, La niebla, Las colinas tienen ojos, La profecía, Rollerball, King Kong, 2001 Maníacos, The Amityville Horror, Cuando llama un extraño, La guerra de los mundos, etc. Lo mejor de toda esta cuantía de films es la correcta revisitación de algunas nuevas adaptaciones y el haber contribuido decisivamente para resucitar el terror-gore en pantalla grande, devolviéndonos más activamente a directores como George Romero y Tobe Hooper. Pero, al igual que sucedió con la profusión de terror adolescente post-Scream, el aspecto negativo es la cantidad de morralla sin sentido, peor aún cuando se ultrajan grandes clásicos del cine de terror. Entre remakes y las perennes secuelas propias del cine de género, la originalidad no brilla en Hollywood precisamente, pero se puede hacer una excepción con otro reciente boom, el del cine de fantasmas, cuyo mayor artífice fue M. Night Shyamalan con El sexto sentido. Esto bien puede haber facilitado el auge de otro cine, el oriental, en el que existe una tradición más aferrada a los espíritus del más allá y las maldiciones, pero que ni mucho menos es una forma de terror estancada, pues el cine de terror asiático se ha adaptado a los nuevos tiempos, de ahí que el objeto de terror en Ringu, la película que creó esta oleada en occidente, sea una cinta de video. A su vez, Hollywood no ha perdido la ocasión de remakear absurdamente las películas japonesas de mayor éxito, lo que carece de razones justificadas para su llevada a cabo pues no es lo mismo hacer una nueva versión de una película que tiene 30 años, en la que se pueden mejorar cosas o dar otro punto de vista, que adaptaciones de películas auténticamente recientes, cuyo objetivo consiste básicamente en anular el amago de pluralidad cinematográfica que se venía dando, es decir, consiste en occidentalizar una obra oriental y, en definitiva, consiste en que EEUU quiere que sean SUS películas y SU punto de vista los que den la vuelta al mundo. Por otra parte, el propio cine oriental ha caído en la repetición de clichés, y si bien hay cintas frescas como Audition, las distribuidoras se empecinan en traernos más de lo mismo. De nosotros, del público, puede depender si queremos seguir viendo incansablemente sucedáneos de Sadako o si queremos algo más.


Tras el hastío de saturación slasher adolescente, a finales de los 90 empezó a tomar auge el cine de fantasmas. La película japonesa Ringu de no mucho presupuesto obtuvo un gran éxito, animando a las distribuidoras a traer más cine oriental.

Un género que parecía revitalizarse empezando el siglo XXI es el de la fantasía heroica, con El señor de los anillos como películas que, en realidad, han servido más bien para ayudar a recuperar el cine épico. El rey escorpión y Las crónicas de Narnia son algunas de las pocas películas del estilo que hemos podido ver. Creo que si este género no se ha recuperado se debe a que realmente no ha triunfado ninguna película de espada y brujería, por eso no vemos películas como las de los 80, como Conan el bárbaro, sino films algo más edulcorados que buscan más la pomposidad que la aventura. Por tanto, el éxito de El señor de los anillos no ha sido suficiente, para que una moda se establezca el pelotazo deben pegarlo varias películas del mismo género, rara vez una sola película desencadena la eclosión triunfal de un género. Quizá el remake de Furia de titanes y la propia tercera parte de Conan si finalmente se lleva a cabo ayuden al nuevo brote del género. El género que si ha tornado con fuerza es el de superhéroes, posiblemente se encuentra en su etapa más fructífera y, en muchos casos, con un tratamiento desde la madurez, cabiendo destacar Spiderman. Inevitablemente, como ocurre con los remakes, muchas adaptaciones son bastante absurdas, pero aún no es un género sobre-explotado. Mención también para el cine de ciencia ficción, al que un servidor es gran aficionado, que sigue produciéndose con cierta escasez pero con cierta mejoría respecto a los 90.


Las películas basadas en comic de Marvel escasearon en los 90, donde dominaban las de DC Comics. Actualmente, han cambiado las tornas y se están realizando más adaptaciones que nunca de superhéroes Marvel.

Concluyendo; con sus más y sus menos (como en toda época), afirmo que nos encontramos en una buena etapa cinematográfica, en la que el género fantástico vuelve a cobrar presencia en el “mainstream”, sea con películas de superhéroes o con fantasías como Harry Potter. Ahora siempre podremos encontrar en la cartelera alguna película de terror, género que ha vuelto a sus raíces bestias de los 70 y 80 pero sin olvidarnos del terror psicológico. Podemos acceder más fácilmente a cine de diversos países y, ya fuera del cine de género, el “indie” ha terminado de consolidarse. Y es que no sólo el cine de género presenta una gran mejoría respecto a los 90, sino otros cines como el documental, con un inaudito éxito, el cine social y político, “de moda” incluso en Hollywood, y también destacar otro tipo de películas en alza, las biográficas (a las que llaman ‘biopic’). Vuelvo a referirme al contexto social y político para entender las razones del auge de un cine más histórico y social, a la par que también así se explica el porque el cine fantástico y de terror es como es actualmente.

En definitiva, esta década nos está presentando grandes películas, e incluso, porque no decirlo, obras maestras. Una década que nos está dejando futuros clásicos como El señor de los anillos, La maldición (The grudge), El protegido, La casa de los 1.000 cadáveres, Memento, El amanecer de los muertos, Shaun of the dead, La tierra de los muertos vivientes, Dog Soldiers, El pacto de los lobos, Blueberry, Bubba Ho-Tep, Session 9, El viaje de Chihiro, May, Donnie Darko, Cypher, Sin City, Snatch cerdos y diamantes, Ciudad de Dios, Kung-fusión, Versus, Oldboy, Hierro 3, Ghost World, Inteligencia artificial, V de Vendetta, Deathwatch, Bowling for Columbine, españolas como Darkness, El método, Crimen Ferpecto y muchas más películas. Para un servidor, vivimos un momento muy disfrutable e interesante, esperemos que esto sea el principio de una aún mayor mejoría en el panorama del celuloide.

- Paco Antequera

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Nacido como un espacio en el que contar mis inquietudes, finalmente convertido en un blog de cine fantástico (la cabra tira al monte), en el que hablo sobre este género cinematográfico intentando aportar información y puntos de vista que no estén demasiado extendidos por la red.

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