La pereza supina en la que nos envuelven los asfixiantes calores veraniegos y un achaque de salud me han impedido publicar antes un nuevo artículo, pero por fin he podido hacerlo inaugurando la sección de opinión sobre cine. Como primer artículo de opinión decidí romper, relativamente, un tópico, que es el de la negatividad y el pesimismo hacia el actual cine. Afirmar el dicho de que cualquier tiempo pasado fue mejor es un error por falta de perspectiva pero, sobre todo, porque imposibilita apreciar la no tan nefasta realidad cinematográfica.
Bien es cierto que la industria del cine es una casa de putas y que la comercialidad pura y dura, el cine de usar y tirar, se ha incrementado ostensiblemente en los últimos tiempos, llegando a auténticos extremos de degradación. A su vez, los grandes multicines dominan las urbes ahogando a los cines más modestos (y extinguiendo prácticamente a los cines de barrio), imponiendo una cartelera por lo general imbécil. Para más inri, el mercado videográfico (o de DVD) está copado por videoclubs que vienen a ser al cine lo que el Burguer King a la comida, con decenas de copias de las últimas novedades dejando en el olvido a las películas “viejas”. Incluso en muchos videoclubs de barrio ya hay cierta dificultad para encontrar una película que tenga más de 5 años, que por lo visto, ha quedado “vieja”. Por fortuna, a quien cría cuervos le sacan los ojos y el público objeto del cine más banal y estándar encuentra otras vías para ver películas, con el resultado del quiebre de cadenas como Blockbuster. Es lo que pasa cuando se ofrece cine a gente a la que no le interesa el cine.
Sin embargo, si analizamos la situación, con sus pros y sus contras, no nos encontramos en un momento mucho peor que anteriormente. Es más, mi intención con este artículo es la de reivindicar esta década en la que nos encontramos, no me extrañaría que en la siguiente década la echemos de menos como en los 90 muchos echamos de menos los 80, y aquí va el meollo de la cuestión, y es que si algo caracteriza a la década del 2.000 es la recuperación de un cierto espíritu anterior a los aburridos 90. Para quienes nos gusta el cine de fanta-terror, los 90 supusieron una clara decadencia. Tras los fecundos y gloriosos años 80, el cine de terror mermó catastróficamente su producción, tanto en cantidad como en calidad, claro que respecto a esto último siempre hay excepciones. Resulta paradójico que en la época de transición entre los FX tradicionales y los FX digitales el tipo de películas que más recurre a los FX entrara en crisis. Aún así, no todo fue crisis, pues en los 90 surgió el boom manga en occidente, descubriéndonos un tipo de cine y series de animación lejos de las estupideces que siempre nos impusieron. También cabe destacar cierta evolución del cine gore, con el ultragore alemán (aunque empezase en los 80) como irregular movimiento, pero también películas como Braindead (culmen del ultragore) del entonces prometedor y hoy consolidado Peter Jackson. David Lynch se mantenía en forma, Tim Burton recuperó el gótico y Quentin Tarantino marcó la década, a la vez que el fantástico español empezó a levantar cabeza, sobre todo por el éxito de Alejandro Amenabar. Fuera del cine de género, cabe mencionar el llamado cine “indie”, contraste necesario a la trivialidad del cine “mainstream” que se desarrolló desmedidamente en esta década.

La irrupción del manga y anime en occidente supuso un soplo de aire fresco en los 90. En la foto, Akira, pieza fundamental del cyberpunk.
Pero los 90 estaban dominados por la estupidez y la superficialidad. Era la época de series de televisión como Sensación de vivir y Melrose Place, pioneras de los culebrones adolescentes que tan proclives han sido desde entonces, desde Al salir de clase a la también subnormalada de Rebelde. Menos mal que, de nuevo aludiendo a las honrosas excepciones, hubo series como Twin Peaks y Expediente X.
Para explicar el porque de esto, el porque una moda en lugar de otra, hay que entender el contexto social de la época. Si observamos el desarrollo del cine fantástico moderno, es decir, del que viene de los años 70 hasta ahora, veremos su reflejo coyuntural. Los años 70 se encuadran en plena guerra fría, con EEUU imponiendo dictaduras en Latinoamérica y atacando Vietnam. El "sesentayochismo" hizo mella en el cine, incluso en el aparentemente más evasivo, el cine fantástico, con directores como George Romero, Wes Craven y Jonh Carpenter, sin olvidar la comprometida ciencia ficción de los años 70 (hasta que llegó la excelente Star Wars y se implantó la moda de una ciencia ficción más lúdica). La situación política se distendió –muy relativamente, claro- en los 80, hasta el final de la URSS y por tanto de la lucha entre dos bloques, lo que puede reflejarse en un cine menos comprometido en los 80. El cine fantástico, posiblemente, se beneficia de las épocas convulsas, tanto en su faceta más evasiva (es decir, a mayores problemas sociales, mayor potenciación de las actividades evasivas) como en la más trascendente (es decir, cuanto más agitada se encuentre la situación política, más se interesarán tanto el público como los artistas en el cine de mayor contenido relevante). Esta paradoja, pese a contradictoria, parece ser que existe, aunque hay que matizar la cuestión del cine fantástico y de terror más evasivo, pues justamente el “arte” evasivo se potenció desmedidamente en los 90, así que alguno podría preguntarse ¿por qué entonces el cine fantástico dejó de interesar? Personalmente, creo que pese al éxito del cine evasivo, la influencia social siempre se palpa, por eso no es lo mismo el cine evasivo de los 70 que el de los 90. El cine evasivo es, muchas veces, una catarsis, por lo que no deja de tener una relación con el contexto social. Así pues, el resurgimiento del cine de terror en esta década, pese a tratarse de películas manifiestamente lúdicas y evasivas, bien puede ser el reflejo de una inconsciente búsqueda ante una realidad oscura. En una entrevista el director Anthoni Aloy dijo que el éxito actual del cine de fantasmas podía deberse a que en esta sociedad donde los individuos cada vez se van difuminando más se produce esa identificación con los fantasmas.
Los años 90 supusieron lo que algunos llamaron la segunda revolución del capitalismo e incluso un memo calificó de el fin de la historia. Uno piensa en Un mundo feliz de Aldous Huxley ante esta época de falsa felicidad, ante la victoria de los pijos. Por fortuna, la sociedad ha despertado un poquito recientemente ante tanto desastre, aunque quizá, como dicen Def Con Dos, la lucha contra la estupidez ya se haya perdido. La estupidez definitivamente se encuentra hospedada como un germen en todos los ámbitos, la televisión es patente reflejo de ello. Pero, de nuevo, reivindico un cierto optimismo, pues esta misma ventana desde la que estamos mirando, es decir, Internet, es una válvula de escape a la manipuladora homogeneidad de radio y televisión. Aunque alguno pensará que todas estas disertaciones son absurdas en un artículo de opinión que pretendidamente es sobre cine. También puede pensarse que relego el cine de entretenimiento, del entretenimiento por el entretenimiento, al baúl de las infamias, pero no es ésta mi intención. Disfruto enormemente con las películas de “Arnold Facha-negger”, del cine de artes marciales más chusco o el gore más cachondo, pero todo tiene que tener su medida justa. Si me tomara en serio las películas de Charles Bronson y no me saliese de ese cine, sería tan cazurro como el espectador corriente de Friends.
La superficialidad y el culto a la belleza preponderaron en los 90. Los jóvenes de ahora son consecuencia, o víctimas, de esta "sensación" de vivir.
Así las cosas en los 90, con un dirigismo empresarial hacia la cultura adolescente en pos de la banalidad, esto es, de lavar los cerebros como si de La invasión de los ladrones de cuerpos se tratase, el cine más cafre –y por tanto, el más incómodo y expresivo- quedó relegado. Triunfaron los thrillers, con El silencio de los corderos abriendo la década y Seven proclamándose como una de las películas más importantes de los 90. A nivel “mainstream”, esto era de lo más cercano al terror. Pero en 1996, casi pudiéndose decir que aplicando el “si no puedes con tu enemigo, únete a él”, se estrenó Scream, la película que volvió a hacer que el cine de terror estuviese presente en la cartelera. La clave de su éxito radicó justamente en llegar al público adolescente, al público que veía Al salir de clase. Su director, Wes Craven, ya era posiblemente el cineasta más importante de terror adolescente en los 80, con películas como Pesadilla en Elm Street, pero lo que dio la puntilla al proyecto fue el guión de Kevin Williamson, precisamente un aficionado al terror de los 80, al de Craven pero sobre todo fan de Halloween, de la que Scream toma su modelo slasher, siendo un homenaje a este subgénero del cine de terror y en general Williamson traza un guión referencial repleto de guiños. De esta manera, Scream despertó el interés del aficionado al terror ochentero, pero también el del público adolescente de los 90, y es que Williamson incide más en lo adolescente que Craven. Anteriormente, Williamson había hecho la serie sobre adolescentes Dawson Crece, que contiene elementos autobiográficos tales como que el protagonista es un aspirante a director de cine. Pero Williamson sin Craven ha terminado naufragando. No podemos decir que Williamson sea un gran autor, más bien fue un autor oportuno por aportar un “toque comercial” al cine de terror haciendo que resurgiera de sus cenizas, pero por lo demás, su obra, sus propias películas dirigidas por él, ya no interesan mucho al aficionado al terror, y ni mucho menos tiene ninguna fidelidad por parte del voluble público “mainstream”, al que ya no le interesan los slasher adolescentes.

Scream fue un homenaje al psicokiller/slasher de los 80, devolviendo el género de terror a las salas de cine.
Tras Scream, que tuvo dos secuelas, surgió una avalancha de terror adolescente. Pese a producirse mayormente muchas películas de poca calidad, con una vulgaridad que no va más allá de los tópicos y además muy “lights”, esto cimentó lo que vendría en la década del 2.000, y es que las productoras apostaron cada vez más por el terror setentero y ochentero al ver que daba buenos resultados en taquilla. La productora Dark Castle con sus remakes de William Castle y otras películas de aires añejos tuvieron mucho éxito. La realización de exitosas películas inspiradas en los 70 y 80, tales como 28 días después, Km 666 y Jeepers Creepers, también animaron a los productores, y así fueron llegando los remakes de Zombie (es decir, El amanecer de los muertos), La matanza de Texas, La niebla, Las colinas tienen ojos, La profecía, Rollerball, King Kong, 2001 Maníacos, The Amityville Horror, Cuando llama un extraño, La guerra de los mundos, etc. Lo mejor de toda esta cuantía de films es la correcta revisitación de algunas nuevas adaptaciones y el haber contribuido decisivamente para resucitar el terror-gore en pantalla grande, devolviéndonos más activamente a directores como George Romero y Tobe Hooper. Pero, al igual que sucedió con la profusión de terror adolescente post-Scream, el aspecto negativo es la cantidad de morralla sin sentido, peor aún cuando se ultrajan grandes clásicos del cine de terror. Entre remakes y las perennes secuelas propias del cine de género, la originalidad no brilla en Hollywood precisamente, pero se puede hacer una excepción con otro reciente boom, el del cine de fantasmas, cuyo mayor artífice fue M. Night Shyamalan con El sexto sentido. Esto bien puede haber facilitado el auge de otro cine, el oriental, en el que existe una tradición más aferrada a los espíritus del más allá y las maldiciones, pero que ni mucho menos es una forma de terror estancada, pues el cine de terror asiático se ha adaptado a los nuevos tiempos, de ahí que el objeto de terror en Ringu, la película que creó esta oleada en occidente, sea una cinta de video. A su vez, Hollywood no ha perdido la ocasión de remakear absurdamente las películas japonesas de mayor éxito, lo que carece de razones justificadas para su llevada a cabo pues no es lo mismo hacer una nueva versión de una película que tiene 30 años, en la que se pueden mejorar cosas o dar otro punto de vista, que adaptaciones de películas auténticamente recientes, cuyo objetivo consiste básicamente en anular el amago de pluralidad cinematográfica que se venía dando, es decir, consiste en occidentalizar una obra oriental y, en definitiva, consiste en que EEUU quiere que sean SUS películas y SU punto de vista los que den la vuelta al mundo. Por otra parte, el propio cine oriental ha caído en la repetición de clichés, y si bien hay cintas frescas como Audition, las distribuidoras se empecinan en traernos más de lo mismo. De nosotros, del público, puede depender si queremos seguir viendo incansablemente sucedáneos de Sadako o si queremos algo más.

Tras el hastío de saturación slasher adolescente, a finales de los 90 empezó a tomar auge el cine de fantasmas. La película japonesa Ringu de no mucho presupuesto obtuvo un gran éxito, animando a las distribuidoras a traer más cine oriental.
Un género que parecía revitalizarse empezando el siglo XXI es el de la fantasía heroica, con El señor de los anillos como películas que, en realidad, han servido más bien para ayudar a recuperar el cine épico. El rey escorpión y Las crónicas de Narnia son algunas de las pocas películas del estilo que hemos podido ver. Creo que si este género no se ha recuperado se debe a que realmente no ha triunfado ninguna película de espada y brujería, por eso no vemos películas como las de los 80, como Conan el bárbaro, sino films algo más edulcorados que buscan más la pomposidad que la aventura. Por tanto, el éxito de El señor de los anillos no ha sido suficiente, para que una moda se establezca el pelotazo deben pegarlo varias películas del mismo género, rara vez una sola película desencadena la eclosión triunfal de un género. Quizá el remake de Furia de titanes y la propia tercera parte de Conan si finalmente se lleva a cabo ayuden al nuevo brote del género. El género que si ha tornado con fuerza es el de superhéroes, posiblemente se encuentra en su etapa más fructífera y, en muchos casos, con un tratamiento desde la madurez, cabiendo destacar Spiderman. Inevitablemente, como ocurre con los remakes, muchas adaptaciones son bastante absurdas, pero aún no es un género sobre-explotado. Mención también para el cine de ciencia ficción, al que un servidor es gran aficionado, que sigue produciéndose con cierta escasez pero con cierta mejoría respecto a los 90.

Las películas basadas en comic de Marvel escasearon en los 90, donde dominaban las de DC Comics. Actualmente, han cambiado las tornas y se están realizando más adaptaciones que nunca de superhéroes Marvel.
Concluyendo; con sus más y sus menos (como en toda época), afirmo que nos encontramos en una buena etapa cinematográfica, en la que el género fantástico vuelve a cobrar presencia en el “mainstream”, sea con películas de superhéroes o con fantasías como Harry Potter. Ahora siempre podremos encontrar en la cartelera alguna película de terror, género que ha vuelto a sus raíces bestias de los 70 y 80 pero sin olvidarnos del terror psicológico. Podemos acceder más fácilmente a cine de diversos países y, ya fuera del cine de género, el “indie” ha terminado de consolidarse. Y es que no sólo el cine de género presenta una gran mejoría respecto a los 90, sino otros cines como el documental, con un inaudito éxito, el cine social y político, “de moda” incluso en Hollywood, y también destacar otro tipo de películas en alza, las biográficas (a las que llaman ‘biopic’). Vuelvo a referirme al contexto social y político para entender las razones del auge de un cine más histórico y social, a la par que también así se explica el porque el cine fantástico y de terror es como es actualmente.
En definitiva, esta década nos está presentando grandes películas, e incluso, porque no decirlo, obras maestras. Una década que nos está dejando futuros clásicos como El señor de los anillos, La maldición (The grudge), El protegido, La casa de los 1.000 cadáveres, Memento, El amanecer de los muertos, Shaun of the dead, La tierra de los muertos vivientes, Dog Soldiers, El pacto de los lobos, Blueberry, Bubba Ho-Tep, Session 9, El viaje de Chihiro, May, Donnie Darko, Cypher, Sin City, Snatch cerdos y diamantes, Ciudad de Dios, Kung-fusión, Versus, Oldboy, Hierro 3, Ghost World, Inteligencia artificial, V de Vendetta, Deathwatch, Bowling for Columbine, españolas como Darkness, El método, Crimen Ferpecto y muchas más películas. Para un servidor, vivimos un momento muy disfrutable e interesante, esperemos que esto sea el principio de una aún mayor mejoría en el panorama del celuloide.