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La Coctelera

LA CAJA ESFÉRICA

Categoría: Cine - Monográficos

26 Junio 2009

Tipos de películas de terror

Aunque resulta poco preciso clasificar los distintos tipos de películas de terror, ya que los géneros se superponen y se cruzan unos con otros, he intentado dar una visión personal lo más genérica posible, intentando abarcar todo tipo de films del género. Una película de terror podrá ser, por ejemplo, de estilo clásico, realista, de ambientación contemporánea y psicológica, pero bien podría ser también de estilo clásico, de ciencia ficción, gótica y física, como por ejemplo Frankenstein (James Whale, 1931). Todos estos estilos pueden mezclarse, pero he establecido una dicotomía entre ciertos tipos de films, por ejemplo o es clásica o es moderna. Luego, un film clásico de terror podrá ser realista o no, podrá ser gótico o no y podrá ser psicológico o no. Éstas son las clasificaciones que he considerado:

Clásico o moderno

El terror clásico es aquel que tiene como base los esquemas esenciales del género, mayormente tiene sus raíces en la literatura gótica, con figuras tales como la del vampiro, el hombre lobo o el fantasma, o bajo determinados temas criminalísticos. La literatura clásica de terror abarca hasta mediados del siglo XIX, con la irrupción de los padres del terror moderno, Edgar Allan Poe y Joseph Sheridan Le Fanu. Es por ello que, en teoría, el cine de terror, ya en muchas de sus películas de los años 30, tiene una estructura moderna, pero en el séptimo arte no está tan clara la división entre los esquemas clásicos del género y la ruptura moderna. Hay quienes consideran que el cine de terror clásico se limita a los años 30 y 40, con las obras de la Universal como las más representativas, considerando que la ciencia ficción terrorífica de los 50 ya queda embarcada en el terror moderno. Pero, en todo caso, donde sí hay unanimidad es en considerar que el cine de terror moderno existe, como mínimo, desde los años 70.

Una de las características del cine de terror moderno es su alejamiento de los esquemas góticos, con una ambientación de cotidianos ambientes urbanos o locales. Suele ser más realista, incluyéndose lo sobrenatural cuando se hiciera como algo inverosimil o extraordinario, frente a la “naturalidad” con que lo fantástico convive con lo terrenal en el universo gótico. La figura del monstruo, de hecho, cobra menos importancia, por ello con la llegada del terror moderno géneros como el psycho-killer experimentaron un auge. La censura histórica en el cine también ha dado como resultado que mientras que el terror clásico se base más en la sugerencia, el terror moderno, con la llegada de mayores libertades en los 70, pudiese ser más sangriento y sexual.

Por tanto, en el terror clásico podemos albergar la mayoría de las obras góticas, tales como los Drácula y compañía, si bien también obras de ambientación más moderna o contemporánea como Freaks: La parada de los monstruos (Tod Browning, 1932) y Los ojos misteriosos de Londres (Walter Summers, 1940), y con elementos fantásticos o de ciencia ficción como King Kong (Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, 1933) y La guerra de los mundos (Byron Haskin, 1953). Films representativos del terror moderno son obras como El exorcista (William Friedkin, 1973), La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974), Carrie (Brian De Palma, 1976) y Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979).

Gótico o contemporáneo

Una vez explicado lo anterior, queda también explicada en parte la diferencia entre el cine de terror gótico y el resto. La literatura gótica de terror se inicia en 1765 con El castillo de Otranto de Horace Walpole, abarcando desde finales del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX, cuando empezó a ser renovada con nuevos estilos de terror (los mencionados Poe y Le Fanu). Recurre a los esquemas más clásicos del miedo, es decir, lugares tenebrosos como castillos, mansiones y cementerios, atmósfera oscura y misteriosa, inspiración en leyendas populares... de ahí la conocida iconografía basada en vampiros, hombres lobo, fantasmas, demonios y otros monstruos, muchas veces, aunque no necesariamente, ligando lo sobrenatural con lo gótico. Para entender la literatura gótica hay que conocer el movimiento del romanticismo, desarrollado durante los siglos XVIII y XIX, el cuál tenía un especial gusto por el medievalismo y, en general, por épocas pretéritas, de ahí que las obras de literatura gótica se ambienten en la Edad Media o en contextos culturales pasados como el Renacimiento o el Barroco, aunque también había obras ambientadas en su época contemporánea, la época victoriana.

En el cine de terror, el género gótico fue el más importante del periodo clásico, desde los primeros films de terror de los años 20 hasta las producciones de la Hammer de los 60, si bien en los años 50 el gótico tuvo su primera crisis frente a la contemporaneidad de las películas de terror de ciencia ficción, y en los años 40 el terror contemporáneo empezaba a tomar fuerza. Con la llegada del terror moderno en los 70, lo contemporáneo, la ambientación cotidiana y realista frente al tenebrismo gótico, se terminó imponiendo. En muchos casos, los conceptos e iconos góticos se trasladan a la contemporaneidad, por ejemplo en El ansia (Tony Scott, 1983) la figura del vampiro se desliga de los tradicionales esquemas góticos, adaptándose a la modernidad.

Realista, fantástico o de ciencia ficción

Una de las divisiones más claras que se puede establecer en el cine de terror se basa en su pertenencia o no al más estricto cine fantástico, pues en sí toda película de terror está influida por el género fantástico, pero aquí nos referiremos a los films dependiendo de si son o no temáticamente fantásticos. Puede establecerse una distinción entre el cine de terror “realista”, aquel que suele tratar temas normalmente criminalísticos, por tanto muchas veces encuadrados en el thriller de terror, como es el caso de las películas de psycho-killers, por ejemplo Los ojos misteriosos de Londres (Walter Summers, 1940), y por otra parte el terror fantástico. Dentro de lo fantástico podemos considerar dos vertientes, la de fantasía, con elementos sobrenaturales, que va desde films como Drácula (Tod Browning, 1931) hasta Carrie (Brian De Palma, 1976), y que encuadra a la mayoría de películas de terror, y por otro lado la vertiente de la ciencia ficción, con películas como Frankenstein (James Whale, 1931) y Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979).

Físico o psicológico

Por lo general en toda película de terror se entremezclan recursos tanto físicos como psicológicos para inquietar o asustar al espectador. Podríamos decir que, según hacia donde se incline la balanza, se puede considerar una película de terror como física o como psicológica. El terror físico es aquel que, físicamente, asusta. Sea por una determinada imagen, un determinado escenario o una determinada música. En el cine queda claramente definido, como medio audiovisual que es, en lo que vemos y en lo que oímos. Una escena de violencia, o un golpe de sonido, son claramente efectistas elementos físicos. Por el contrario, lo psicológico excluye lo físico, es decir, no se basa en las simples percepciones de los sentidos. No es algo que se vea o se oiga, es más bien algo que se intuye. Es una forma de terror más compleja, pues se basa en los detalles para que en el cerebro del espectador se vaya instalando una sensación de terror.

La clásica literatura gótica, desde finales del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX, con sus castillos misteriosos, bosques siniestros y cementerios aullantes, con sus monstruos y sus derramamientos de sangre, representa los esquemas clásicos del terror físico. Poe y Le Fanu serían sin embargo los padres del terror psicológico, sin caer en los elementos más obvios del género de terror, huyendo del efectismo mediante técnicas más complejas dirigidas a la mente del lector. En el cine de terror puede establecerse una equivalencia similar. El que es considerado el primer largometraje de terror, El estudiante de Praga (Stellan Rye y Paul Wegener, 1913), es de hecho un film de terror psicológico, inspirado por autores como Poe y Goethe. Pero mayormente el grueso de la producción de cine de terror se cimenta en films de terror físico, algo que, en parte, se potenció con la llegada del terror moderno en los 70, más efectista.

Finalizado aquí el artículo, como es natural, todo lo dicho anteriormente es muy susceptible de ser discutible por la mencionada poca división clara entre los distintos tipos de películas de terror y la consideración de qué clasificaciones son más o menos correctas, pero creo que sí es un acercamiento general a los distintos contenidos que se pueden dar en el género.

- Paco Antequera

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21 Enero 2009

Cine neogótico

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Una de las últimas corrientes del cine fantástico es lo que podríamos denominar como cine neogótico, pero, ¿cómo podemos definir este término?, antes de ello resulta conveniente contextualizar el concepto gótico, ya que la utilización de este término se ha extendido enormemente. El término gótico surgió en el siglo XVI para referirse a la cultura y el arte de carácter oscuro, de manera peyorativa como propio de los bárbaros godos. Históricamente, el arte gótico se desarrolló en la Europa Occidental y abarca desde el siglo XII hasta la irrupción del Renacimiento. En el siglo XIX se desarrolló el romanticismo extendiéndose de Inglaterra y Alemania al resto de Europa, en oposición al neoclasicismo (las artes que seguían los principios de la Ilustración), pues frente al racionalismo de éste los románticos le daban más importancia al sentimiento, interesándose por el medievalismo, sobre todo por su arte gótico, por ello hay quienes definen como neogótico el movimiento romántico. La influencia del arte romántico (o neogótico) en las posteriores vanguardias fue fundamental y, en lo que nos ocupa, el género de terror, también, pues la primera corriente de la literatura de terror fue la novela gótica a finales del siglo XVIII. Ya en el siglo XX, a finales de los 70, resurgió el movimiento gótico como tribu urbana, influyéndose de las formas de arte contemporáneas.

Volviendo a la novela gótica de terror, ésta heredaba los elementos propios de la iconografía del arte romántico, tales como parajes tenebrosos, ambientación medieval o, al menos, de época, castillos misteriosos y noches tormentosas y temas románticos como el interés por la muerte y el sentido trágico de la vida. Por otra parte, el cine de terror gótico se basaba en adaptaciones de las grandes obras de la literatura gótica o, al menos, inspirada por éstas. En los años 30 la Universal consolidó el cine de terror principalmente con sus films de monstruos, destacando Drácula (Tod Browning, 1931) y Frankenstein (James Whale, 1931). En los años 40 la censura estadounidense del cine mediante el Código Hays afectó al género, que además había caído en la repetición, estando ya en declive en los años 50, pero la Hammer devolvió el éxito al horror gótico con La maldición de Frankenstein (Terence Fisher, 1957), gozando durante los 60 de un nuevo esplendor. El éxito del terror moderno en los 70 desplazó al terror gótico, que tuvo su mayor crisis durante los 80, aunque se recuperó un poco en los 90 con Drácula, de Bram Stoker (Francis Ford Coppola, 1992), década en la que se desarrolló lo que viene a tratar este artículo, el cine neogótico, que tendría más éxito en los 2000. El cine neogótico se caracteriza por su vanguardismo, con una estética influida por el videoclip, y diluyendo su contenido terrorífico al estar más mezclado con otros géneros, principalmente con el cine de acción, de fantasía y de ciencia ficción.

Antecedentes y años 90

El concepto neogótico puede ser difuso ya que, realmente, el “nuevo gótico” bien podría incluir films de terror moderno que sin embargo heredan la esencia trágica y oscura del terror gótico, así pues mientras antes había castillos, mazmorras y mansiones, ahora hay caserones, hospitales y callejones. Pero, si nos referimos a aquel que mezcla el cine de acción con el género gótico, pueden considerarse antecedentes películas como Jóvenes ocultos (The Lost Boys de Joel Schumacher, 1987) y Warlock, el brujo (Steve Miner, 1989). Puede decirse que el género nace con Batman (Tim Burton, 1989), no por casualidad la adaptación de un comic, medio del que bebería esta corriente de gótico posmoderno. Tim Burton, famoso por sus películas de fantasía gótica, impregnó de su estilo la adaptación de este comic que no se adaptaba a cine o televisión desde hacía mucho tiempo. Su mezcla de acción y ciencia ficción, con influencias del cine fantástico y del terror gótico, hicieron que el género neogótico empezase a despegar en los 90, y se realizó la secuela Batman vuelve (Tim Burton, 1992). Los Batman de Joel Schumacher con su estética un tanto kistch se acercaban al comic más pop-art y los Batman de Christopher Nolan con su sobrio realismo al thriller policíaco, por lo que se alejan del neogótico. Influida por el Batman de Tim Burton se realizó Darkman (Sam Raimi, 1990), la cual se puede definir como una mezcla entre obras de terror como El fantasma de la ópera y el comic de superhéroes, la cual tuvo dos secuelas dirigidas por Bradford May.

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Si hay una película definitoria del neogótico ésa fue El cuervo (Alex Proyas, 1994), basada en el comic de James O'Barr, su mezcla de acción, fantasía y terror gótico con su moderna realización hacen de ésta la verdadera artífice del cine neogótico. Puede afirmarse con seguridad que El cuervo es actualmente el gran icono para los góticos, al menos en el cine e incluso en el comic. Se trata de un film muy dinámico y con un fondo cargado de romanticismo, aglutinando tanto en lo formal como en lo temático las características que serían habituales en el cine de acción neogótico. Aunque pueda ser caer en el morbo, no puede obviarse la cierta leyenda negra que acompaña al film, con el accidente mortal de Brandon Lee (hijo del gran Bruce Lee) durante el rodaje y, como Eric Draven, falleciendo antes de casarse (Brandon Lee murió 17 días antes de la fecha en que iba a contraer matrimonio), lo que ha mitificado aún más este filme. Se hicieron tres secuelas. Pero la fantasía neogótica aún era una corriente sin mucha fuerza, con olvidables films como Spawn (Mark A.Z. Dippé, 1997), sin embargo otra adaptación de un comic y esta vez más afortunada, Blade (Stephen Norrington, 1998), reactivó el estilo, potenciando la acción frenética y el modernismo con una estética más digitalizada y urbana. Marcaría el camino a seguir no sólo por el neogótico sino en general por buena parte del cine de acción. Tendría dos secuelas.

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Los 2000

El éxito del cine de superhéroes y de la cultura gótica hicieron que el cine de acción neogótico tuviera su gran auge durante los 2000, influyéndose principalmente de El cuervo (Alex Proyas, 1994), Blade (Stephen Norrington, 1998) y películas de acción vanguardistas como Matrix (Andy Wachowski y Larry Wachowski, 1999) que a su vez tenia influencia de la cultura gótica. La francesa Vidocq (Pitof, 2001) se grabó íntegramente en digital y La reina de los condenados (Michael Rymer, 2002) adaptó no un comic sino una obra literaria, de las Crónicas Vampíricas de Anne Rice de las que ya se había adaptado Entrevista con el vampiro (Neil Jordan, 1994), pero ésta última aún pertenecía al terror gótico, mientras que La reina de los condenados se inscribe en el frenetismo del neogótico. Un aspecto atractivo del film es su cierta ironía sobre la cultura gótica contemporánea. También con temática vampírica es Underworld (Len Wiseman, 2003), pero en la que los bebedores de sangre se enfrentan a los hombres lobo, lo que recuerda en cierto modo a las últimas épocas de algunas corrientes góticas anteriores con sus mezclas de monstruos. Se hicieron una secuela y una precuela, y para muchos son las películas más importantes del neogótico en esta década. Van Helsing (Stephen Sommers, 2004) es otro film que mezcla monstruos de la iconografía gótica. Pero el género iría nutriéndose sobre todo del éxito del cine de superhéroes, con películas como la aceptable adaptación Daredevil (Mark Steven Johnson, 2003).

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Posiblemente la película más innovadora sea la rusa Guardianes de la noche (Timur Bekmambetov, 2004), por su tan extravagante como espectacular componente visual que lleva las escenas de acción hasta el delirio fantástico. Igual de controvertida fue su secuela Guardianes del día (Timur Bekmambetov, 2006), manteniendo un nada disimulado ritmo de puro videoclip con estética kistch. Hellboy (Guillermo Del Toro, 2004) parecía que iba a ser una gran obra del fantástico neogótico, pues la mezcla de acción, fantasía, ciencia ficción y terror del comic bajo la dirección de Del Toro daban para mucho, pero los requerimientos comerciales hicieron que el film tuviera un aire más juvenil, al estilo de producciones de los 80 como Dentro del laberinto (Jim Henson, 1986) y Jóvenes ocultos (The Lost Boys de Joel Schumacher, 1987). Se hizo una secuela. Catwoman (Pitof, 2004), con Halle Berry, incluye una actriz protagonista negra, ya en anteriores films hay actores negros, rompiendo con las raíces caucásicas de la cultura gótica, Constantine (Francis Lawrence, 2005), adaptación del comic Hellblazer, pasa el neogótico por el tamiz del cine negro, y Elektra (Rob Bowman, 2005) surge a modo de spin-off de la película de Daredevil. El motorista fantasma (Mark Steven Johnson, 2007) también adapta un comic, no así La criatura perfecta (Glenn Standring, 2007). Un paso más comercial supuso Crepúsculo (Catherine Hardwicke, 2008), un “neogótico adolescente” que consiguió un gran éxito de taquilla por su accesibilidad a todas las edades.

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Hasta aquí llega este artículo de este género a medias entre el cine de acción más moderno y el género fantástico oscuro (ya alejado del terror más puro) que continúa en plena ebullición, espero que os halla interesado, más allá de las lógicas discrepancias sobre una corriente tan difusa como ésta, que no suele ofrecer grandes films pero sí buenas piezas de entretenimiento.

- Paco Antequera

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16 Noviembre 2008

XVIII Festival de Cine Fantástico de Málaga (6-14 Noviembre 2008)

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Con un cambio de denominación, pasando de la Semana Internacional de Cine Fantástico al Festival de Cine Fantástico e incorporando la marca de Fancine (haciendo mayor referencia a la Universidad de Málaga), nuestro festival de género ha celebrado su decimoctava edición, y no sobra mencionar pese a su poca ocurrencia esto de que ha llegado a su mayoría de edad. Se trata ya de un festival plenamente consolidado situado como uno de los mejores de España. Pese a su importancia, la falta de medios sigue siendo palpable, pero veo que la intención por ir mejorando está ahí, y año a año la cosa va mejorando poco a poco. Mucho más no se puede hacer cuando el ayuntamiento apenas colabora con el festival y la organización la debe llevar a cabo sobre todo la UMA, prácticamente puede decirse que el festival es de la Universidad, y a ésta hay que reconocerle la labor de haber sabido conducirlo hasta lo que se ha convertido. Es curioso pero el año pasado critiqué que en la guía gratuita con las películas del festival en las sinopsis se desvelara demasiado del argumento de los films, este año sin embargo han incluido sinopsis más breves, más centradas en el punto de partida de los films para saber qué nos vamos a encontrar pero sin contarnos la película. Bien hecho. Por probar, esta vez sugiero algo más ambicioso, y es que como ya se ha hecho en esta edición con algún film, que antes de cada película se proyectara un cortometraje. Sería útil por dos razones, por “obligar” al público a ver cortometrajes ya que son menos los que deciden expresamente ir a ver cortos durante más de una hora, y por dar un respiro al propio público que entre película y película apenas le da tiempo a acomodarse en la sala cuando la proyección ya está comenzando. Por pedir, que no quede.

El balance resulta muy positivo contando la cantidad de películas, ciclos, mesas redondas y demás actividades desarrolladas durante la semana en la que se prolonga el festival. También me parece importante señalar algo que no debería cambiar y es el precio bastante popular de las entradas, a 2 euros, a diferencia de otros festivales donde prima lo lucrativo antes que lo cultural. Este año la estrella invitada del festival ha sido Linda Blair, famosa por ser la endemoniada niña Regan de El exorcista (1973), y la cantidad de actividades paralelas a la exhibición cinematográfica sigue siendo considerable. Este año no ha brillado especialmente en sus películas, pero esto tiene más que ver con el panorama del actual cine fantástico, pues la organización ha hecho bien los deberes y ha escogido films representativos de las diversas tendencias del cine fantástico mundial. Hay películas que llevan 1 o 2 años pasándose por festivales, está claro que el Festival de Cine Fantástico de Málaga no es el Festival de Sitges, ni falta que hace y más vale tarde que nunca, el asunto es poder ver films que en el mejor de los casos nos llegarán en DVD y si es que llegan. Eso sí, este año los ciclos han sido más flojos que los de años pasados, el de “Así es el futuro” no guardó del todo mucha coherencia entre sus películas más allá de ser futuristas, más interesante en su planteamiento resultó “Ritos ancestrales y naturaleza”, pues fue una buena muestra del cine neozelandés y australiano. Particularmente creo que además de a temáticas concretas, deberían realizarse más ciclos dedicados a figuras relevantes del cine fantástico, tales como directores, guionistas, diseñadores de efectos especiales, actores… o corrientes del género (por ejemplo el expresionismo). Es interesante que además del siempre presente cine estadounidense hayamos visto una nutrida selección de films europeos y asiáticos. Me hubiera gustado que en el cartel hubiera habido también cine fantástico latinoamericano, un mercado en auge al que hay que apoyar. Por otra parte, este año la representación española ha sido más floja, algo que de nuevo cabe indicar que está más relacionado con el panorama del género que con la organización. 2007 fue un año potente en el cine fantástico español (más en calidad que en cantidad, aunque esperemos que esto último siga aumentando también), sin embargo este 2008 está siendo más flojo. De todas maneras, no hubiera estado mal que se hubieran exhibido películas españolas como Intrusos en Manasés (2008) o Prime Time (2008), pese a que poco espero de éstas. No ha estado mal sin embargo que se haya realizado una maratón de la serie El internado, aunque esto se deba a la colaboración de Antena 3 con el festival.

La película triunfadora del festival ha sido Let the right one in (2008) tras pasar sin premios por Sitges por la absurda excusa del jurado de que ya había ganado el Meliés de Oro. Hubiera estado bien una mayor cantidad de films y de riesgo en la selección de la sección oficial, pero en base a la que se ha realizado, los premios del jurado internacional son bastante justos. Con la lista de premiados finaliza este somero repaso a este querido festival nuestro que, eso sí, quizá merecería unas fechas mejores.

JURADO INTERNACIONAL

Premio al mejor largometraje: Let the right one in (Suecia).
Premio al mejor director: Tomas Alfredson por Let the right one in (Suecia).
Premio a la mejor actriz: Henriette Brusgaard por Manhunt (Noruega).
Premio al mejor actor: Willem Dafoe por Anamorph (EEUU).
Premio al mejor guión: Jerome Bixby por The Man From Earth (EEUU).
Premio a la mejor fotografía: Pier Luigi Santi por Le Madri Nere (Italia).
Premio a los mejores efectos especiales: Dark Floors (Finlandia).
Premio al mejor cortometraje extranjero: The Auburn Hills Breakdown (Canadá).
Premio al mejor cortometraje español: El mal de Schneider (España).
Premio a la mejor creación audiovisual andaluz: 2932 (España).
Propuesto para mejor cortometraje europeo fantástico “Premio Meliés de Oro”: Dans Leur Peau (Francia).
Premio al mejor cortometraje de animación: Berni’s Doll (Francia).
Mención especial del jurado: Astropia (Islandia).

JURADO JOVEN

Premio al mejor largometraje: The Man From Earth (EEUU).
Premio al mejor cortometraje extranjero: Schrik (Holanda).
Premio al mejor cortometraje de animación: El príncipe de las basuras (España).
Premio al mejor cortometraje español: Martians go home (España).
Premio al mejor cortometraje andaluz: El árbol seco (España).
Premio al mejor director joven andaluz: Jota Linares por Varices (España).

JURADO PÚBLICO

Premio al mejor largometraje: Astropia (Islandia).
Premio al mejor cortometraje extranjero: The Auburn Hills Breakdown (Canadá).
Premio al mejor cortometraje español: Martians (España).
Premio al mejor cortometraje andaluz: Varices (España).
Premio al mejor cortometraje de animación: The Werepig (España).

- Paco Antequera

Tags: festival, malaga

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25 Agosto 2008

Slasher

El slasher es un subgénero del psychokiller o cine de asesinos psicópatas. Slasher significa algo así como “acuchillador”, pues un asesino, generalmente enmascarado, mata con un cuchillo u otras armas a sus víctimas. Hasta la aparición del slasher, el género psychokiller estaba ligado sobre todo al thriller policíaco y al terror psicológico, pero el slasher fue el género que incorporó una explícita violencia brutal en el cine de psicópatas. Antes cuando se producía un asesinato, se rodaba de manera muy funcional, pero en el slasher el rasgo más fácilmente reconocible es su manera de rodar los asesinatos. Aunque existen puntuales momentos antecesores en algunas películas, realmente la primera película con estas características fue Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960), un film cuyas influencias partían del terror psicológico pero que incluía importantes elementos de terror físico que la convertirían en la génesis de este género. Se pone en duda si esta película es un slasher o sólo un antecesor a éste, muchos consideran como slasher clásico las películas hechas desde Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) hasta Halloween (John Carpenter, 1978), ésta última considerada la precursora del slasher moderno (siendo para algunos puristas el primer slasher), sentó las bases del slasher que se puso de moda desde entonces, la mayoría de veces pasando a formar parte del terror adolescente, llegando a ser uno de los géneros del terror más exitosos de los 80.

Por tanto, tras Halloween (John Carpenter, 1978) podemos considerar que las características completas del slasher son el asesino enmascarado (la máscara se ha convertido en la iconografía más identificable del slasher moderno) con un arma blanca como por ejemplo un cuchillo (nunca armas de fuego) que va matando brutalmente a los personajes, muchas veces adolescentes “desmadrados” (no suelen faltar abundantes toques de erotismo), con asesinatos vistosos, puede que no se sepa hasta al final la identidad del asesino pero, al contrario que en el giallo, a veces suele saberse y la cuestión no está en quién es el asesino sino en quién sobrevivirá, ya que los personajes suelen estar durante todo el film, desarrollado en un limitado periodo de tiempo, en un determinado escenario, normalmente urbano pero también otros mientras sean escenarios aislados, y van cayendo uno a uno, en muchas ocasiones quien queda es la “final girl”, ya que en los slashers muchas veces quien sobrevive hasta el final es una chica que se enfrentará en un ‘duelo’ con el psicópata, este protagonismo femenino hizo que se acuñara el término “Scream Queen”, las “reinas del grito” son actrices a las que se les llama así por su buena interpretación de chica asustada que grita, el asesino se representa como si fuera una figura sobrenatural con una acechante presencia “fantasmal” y se adelanta a los movimientos de los protagonistas.

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ALGUNOS DATOS

Para comprender los orígenes y la naturaleza del slasher conviene conocer los siguientes términos:

Psychokiller

Dentro del thriller criminalístico se encuentra el cine de psychokillers o serial killers, fue tomando tal importancia que se terminó acuñando el término psychothriller para estas películas. Hay que tener en cuenta que no es lo mismo una película de un psicópata que de un asesino psicópata, de la misma manera que incluso un asesino en serie no tiene por qué ser lo mismo que un asesino psicópata. Sin embargo, con el tiempo fue primando en el cine el lado asesino de los psicópatas, y, realmente, el psychokiller se terminó dando sobre todo en el thriller de terror, y dentro de este género nos referiremos a las distintas películas. Algunos films antecesores del psychokiller fueron las obras de horror gótico El fantasma de la Ópera (Rupert Julian, 1925) y Los crímenes del museo (Michael Curtiz, 1933), pero la que sentó una importante influencia en el género sería la biográfica M, el vampiro de Düsseldorf (Fritz Lang, 1931), película que sigue los pasos de un asesino en serie de niñas, esta película se convertiría en gran referencia para los films que pretenden establecer un retrato del psicópata, en esos primeros años del cine sonoro también surgió la película de aventuras El malvado Zaroff (Ernest B. Shoedsack e Irving Pichel , 1932), en donde un demente millonario se dedica a cazar náufragos, film distanciado de la línea psicológica que predomina en el cine de psicópatas.

Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) supuso un nuevo punto de inflexión, siendo quizá la película más emblemática del psychokiller. En aquella época la figura del asesino en serie empezó a cobrar mayor “popularidad”, lo que sin duda favoreció el éxito de este tipo de películas. Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) estaba basada en una obra literaria que, a su vez, tenía su inspiración en el psicótico (que no psicópata) Ed Gein. Su influencia en el thriller y el terror es enorme, siendo la madre del slasher, género comentado en los demás apartados del artículo. Uno de los psychokillers más influyentes de los últimos tiempos fue El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991), que inauguró el thriller oscuro de los 90.

Bodycount

Un bodycount, “cuenta de cadáveres”, es una película cuya trama transcurre con las sucesivas muertes de los personajes protagonistas y, de hecho, el slasher fue uno de los grandes impulsores de este tipo de películas. Se dice que la obra literaria Diez negritos (y sus adaptaciones cinematográficas) fue precursora de esto. Hay muchos tipos de cine de terror, sobre todo desde la implantación del terror moderno, basados en el bodycount, por ejemplo las monster movies, que además recibieron influencia del slasher con películas como ¡Estoy vivo! (Larry Cohen, 1974), Tiburón (Steven Spielberg, 1975) y Alien (Ridley Scott, 1979).

Terror adolescente

Es el cine de terror protagonizado por adolescentes y, muchas veces, dirigido a adolescentes. Aunque existen antecedentes especialmente desde los años 50, empezó a formarse tal y como se le conoce en los años 70, con películas como Carrie (Brian De Palma, 1976), y el slasher sería el principal impulsor de este género del terror que dominó los años 80.

HISTORIA

La historia del slasher empieza en los 60, aunque hay quien considera que empieza en los 70 y quien considera que empieza a finales de esa década, pero en todo caso antes de los 60 no puede hablarse de slasher, sólo hay alguna película, generalmente psychokiller, con algún momento antecesor de lo que sería el slasher, por aventurar pueden nombrarse algunas películas como El asesino diabólico (A. Edward Sutherland, 1933), El asesino vive en el 21 (Henri-Georges Clouzot, 1942) y La garra escarlata (Roy William Neill, 1944), pero para hablar realmente del género y su desarrollo hay que tratar desde los 60 hasta la actualidad:

Años 60: slasher clásico

Además de ser uno de los más grandes iconos del cine de terror, Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) es el germen del slasher. Hasta entonces, Hitchcock se había acercado pocas veces al terror, quizá porque por entonces primaba más la figura del monstruo en el género y eso le interesaba menos, pero Las diabólicas (Henri-Georges Clouzot, 1955) impresionó al realizador inglés, entonces buscó material para hacer algo del estilo, un thriller lleno de tensión e inquietud. El cine de Hitchcock siempre fue muy americano para ser inglés y muy inglés para ser americano, en parte por ello su thriller nunca recurrió a un policiaco enrevesado y, además, el estilo del director se caracterizaba no por contar con espías profesionales en sus películas de espionaje o policías en sus thrillers criminalísticos, sino por contar con una persona común envuelta por azar en una determinada trama. Así pues, en Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) era una mujer la que, como en muchas películas de Hitchcock, se encuentra perseguida. Sin embargo, Hitchcock juega con maestría con el espectador, y lo que en su primera parte es un intenso thriller al genuino estilo del realizador, después, cuando la protagonista llega al motel, se convierte en un perturbador terror psicológico. Hay quien sin embargo no considera este film de terror psicológico, pues Hitchcock introduce una violencia gráficamente brutal para la época que reduce las raíces psicológicas del filme. La inclusión de estos impactantes elementos de terror físico la convierten en involuntaria progenitora del slasher.

Una de las escenas más emblemáticas del cine de terror, el asesinato en la ducha de Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960), supone la definición más elemental del slasher, es decir, la de un psicópata al que no se ve muy bien (luego vendrían las máscaras para contribuir en la despersonalización) con un arma (generalmente arma blanca, también otras pero nunca armas de fuego) que acecha, aparece matando a la víctima, y desaparece, rodando con creatividad el asesinato, esto terminaría siendo “la salsa” del género, el diseño de los asesinatos. Era ésta una película arriesgada por lo que no contó con demasiado presupuesto, para abaratar costes Hitchcock rodó con su equipo televisivo de Alfred Hitchcock presenta (1955-1965) y posiblemente al realizarla en blanco y negro pudo introducir sangre en el asesinato de la ducha. Los responsables de esta escena fueron Saul Bass, diseñador de los rótulos del film, Bernard Herrmann, compositor de la banda sonora, y por supuesto Alfred Hitchcock, virtuoso director que supo realizar una planificación asombrosa e impregnó de angustiante suspense la violenta escena. Tardó 7 días en rodarse, con aproximadamente 70 posiciones de cámara durante los 45 segundos que dura en el metraje, un meticuloso trabajo con el que la actriz Janet Leigh cogió miedo a ducharse el resto de su vida. El segundo asesinato del film también está brillantemente realizado, y es que esta película puso el listón muy alto, siendo el modelo a seguir y, aún hoy, una gran influencia para el slasher y en general para el cine de terror.

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Psicosis.

Otra película influyente fue la inglesa El fotógrafo del pánico (Michael Powell, 1960), narrada desde el punto de vista de un psicópata voyeur, fue la precursora del slasher que seguía los pasos del asesino, realmente lo más cercano al slasher conveniconal se encuentra en su escena inicial, con el tiempo las escenas de apertura con un asesinato se convertirían en algo habitual en muchos slashers. Pero en esta década el slasher era escaso y, sobre todo, se trataban de films que seguían la línea de Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960), como las estadounidenses Homicidio (William Castle, 1961), considerada la mejor película de esos años inspirada por la película de Hitchcock, en la que no falta la capacidad imaginativa y efectista de Castle con respecto al espectador, y Demencia 13 (Francis Ford Coppola, 1963), entre Las diabólicas (Henri-Georges Clouzot, 1955) y la obra de Hitchcock, de la ‘factoría’ de Roger Corman, éste exigió más violencia lo que la hizo sorprendentemente adelantarse a su tiempo. Aunque para violencia la de Blood Feast (Herschell Gordon Lewis, 1963), mediocre película que únicamente destaca por ser la precursora del gore. En Inglaterra cabe destacar Nervios rotos (Roy Boulting, 1968). De otros países destaca en Italia el giallo fundacional Seis mujeres para el asesino (Mario Bava, 1964) y en Alemania el krimi El encapuchado (Harald Reinl, 1965).

Giallo

Puede considerarse el giallo como una ramificación del slasher clásico, sin embargo para distinguirlo del slasher moderno se separa el término giallo del slasher. Llamado también “thriller a la italiana”, giallo significa amarillo, nombre que se acuñó para unas novelas policíacas por sus cubiertas amarillas. Hay que señalar que no existe una equivalencia entre el giallo literario y el cinematográfico, pues mientras el primero se refiere al habitual suspense enrevesado, el segundo lo hace al thriller de terror y, más concretamente, al encuadrado en el psychokiller. Las influencias del cine giallo son el krimi (que englobaba a su vez otras importantes influencias del giallo como son el suspense al estilo inglés con whodunit y el cine negro) y el cine de Alfred Hitchcock, incluyendo por supuesto Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960). Como en el cine del realizador inglés el protagonista no es un policía o detective sino una persona común. También hay influencia del surrealismo, pues fue un género vanguardista.

El creador del giallo es Mario Bava, que ya hizo el film más directamente antecesor del género, La muchacha que sabía demasiado (Mario Bava, 1962), que cuenta con muchas de las características que serían habituales, así pues se narra una historia de rasgos “hitchcocknianos” en la que una persona por casualidad ve algo al principio del film que será clave para la investigación pero no lo puede recordar bien, con lo que además se crea una atmósfera onírica, el protagonista se implicará al margen de la policía ante la ineptitud de ésta, la estructura será de whodunit, se incluyen elementos de erotismo y el asesino puede que se comunique con las posibles víctimas para asustarlas, sea por teléfono o, como en este caso, con grabaciones, contribuyendo a crear un clima acechante. Pero realmente el primer giallo fue Seis mujeres para el asesino (Mario Bava, 1964), ambientado en Alemania quizá por la moda del krimi, al igual que la antes mencionada película de Bava está basada en un suspense de whodunit y con aire de erotismo, pero muestra ya una serie de sádicos asesinatos con una belleza plástica inusual en la época, cobrando la mayor importancia la puesta en escena en detrimento del guión, que en este caso presenta una estética de contraste de colores vivos, hay una atmósfera onírica de influencia surrealista que utiliza maniquís (o en otras películas, muñecos) como símbolo de la despersonalización de los sueños y referencia inerte a la muerte, como en el suspense inglés la trama transcurre en un ambiente elitista pero con el matiz de que existe una relación con el arte (en esta película, un salón de moda), las víctimas suelen ser femeninas, estableciendo una relación entre la misoginia, el sexo y la muerte (aunque esto fuera malinterpretado por muchas machistas películas derivativas), y el asesino tiene una presencia fantasmal, apareciendo únicamente para matar en escenarios vacíos (sólo víctima y asesino), yendo muy cubierto de ropa para que su identidad permanezca secreta, en esta película como en muchos gialli va vestido con gabardina y sombrero, como era habitual en muchos krimi, pero además va también enmascarado. También suele llevar guantes negros de cuero y utiliza armas blancas u otros instrumentos pero nunca armas de fuego.

La película que más “oficializó” el género fue El pájaro de las plumas de cristal (Dario Argento, 1970), considerado el giallo más importante e influyente. Recoge las influencias tanto de La muchacha que sabía demasiado (Mario Bava, 1962) como de Seis mujeres para el asesino (Mario Bava, 1964), presentando a un asesino algo voyeur cuyos actos comete por un trauma, haciendo utilización de planos subjetivos, tanto para crear un ambiente acechante como en muchos planos de los asesinatos, siendo la película que determina el estilo y la puesta en escena del género. La época más fructífera del giallo fue a principios de los 70, de la que cabe destacar en este artículo por su influencia en el slasher moderno Bahía de sangre (Mario Bava, 1971), que incorporó al género grandes cantidades de gore, y es que el giallo era más violento que el slasher de su época. De este film cabe destacar la habilidad de Mario Bava para, tras crear el género, saber ser rupturista con éste y sorprender. Se dice que el giallo murió cuando nació el slasher moderno, porque a finales de los 70 el giallo se basaba en películas exploit de violencia y sexo diluyéndose la elegancia anterior, el boom del slasher moderno y también el declive del cine de género italiano contribuyeron a que se acabara la corriente. Tenebre (Dario Argento, 1982) es considerada la película que cierra el ciclo del giallo quizá porque es un homenaje al género.

Años 70: la evolución del slasher

La influencia de Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) seguía muy presente pero en esta década hubo una gran evolución. La gran referencia del giallo El pájaro de las plumas de cristal (Dario Argento, 1970) supuso una enorme influencia, y es que en esta evolución del slasher la influencia del giallo fue fundamental, destacando también Bahía de sangre (Mario Bava, 1971), que adelantó mucho del slasher moderno. Volviendo al cine de Estados Unidos, puede decirse a modo anecdótico que Noche silenciosa, noche sangrienta (Theodore Gershuny, 1973) sería el primer slasher que relaciona los crímenes con una determinada fecha, en este caso la Navidad, idea de la que se inspiró la canadiense Black Christmas (Bob Clark 1974), una de las películas fundamentales pues representa la transición hacia lo que terminaría siendo el género, de hecho muchos consideran que, en realidad, ésta fue la primera película del slasher moderno, ya que cuenta con la mayoría de elementos de éste, como el desarrollo de la acción en un corto periodo de tiempo dramático y en un escenario aislado o su temática adolescente, siendo además el primer slasher que absorbe de manera notoria las influencias del giallo. A los slashers que mantienen el suspense de este género italiano como la identidad desconocida del asesino se les puede considerar “giallo a la americana”. La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974) añadió una mejor utilización de los espacios, siendo otro film realmente adelantado a su tiempo.

La película que revolucionaría el género, que se podrá poner en duda si fue o no el primer slasher moderno pero que en todo caso existe unanimidad de que ésta si se puede considerar como tal, fue Halloween (John Carpenter, 1978), un filme que puede decirse que evoluciona lo hecho en Black Christmas (Bob Clark 1974), de hecho el proyecto nació pensado como una secuela de este film. La presencia de un asesino enmascarado de presencia fantasmal que acecha a un grupo de adolescentes “desmadrados” junto a otros aspectos como su magnífica utilización de los escenarios en lugares vacios y aislados definiría el slasher moderno, siendo también el film que determinó la presencia de una “Scream Queen” (y, también, de “final girl”). El éxito de esta película, con un asesino cuya identidad conoce el espectador y de comportamiento autómata, hizo que este tipo de slashers alcanzaran mayor popularidad que los de whodunit. Después, surgiría una oleada de películas inspiradas por Halloween (John Carpenter, 1978) que formarían una corriente de films que hicieron que, precisamente, se acuñase el término slasher y se considerase este subgénero del psychokiller.

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Halloween.

Años 80: slasher moderno

La moda de Halloween (John Carpenter, 1978) marcó los años 80, en el caso de dos películas, la canadiense Noche de graduación (Paul Lynch, 1980) y El tren del terror (Roger Spottiswoode, 1980), contando como reclamo con la “Scream Queen” del filme de Carpenter, Jamie Lee Curtis. Pero si entre 1978 y 1980 la producción de slashers se incrementó considerablemente por Halloween (John Carpenter, 1978), la que provocó la llegada de una enorme cantidad de estas películas fue Viernes 13 (Sean S. Cunningham, 1980), provocando de hecho secuelas de Halloween (John Carpenter, 1978) y hasta de Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960). Viernes 13 (Sean S. Cunningham, 1980) fue algo así como la recopilación de las características del slasher y el llevar éstas hasta el extremo. Así pues, sus guiños e influencias van desde Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) a Halloween (John Carpenter, 1978). El suspense y lo psicológico se diluyen mucho cobrando ya todo el protagonismo la cadena de asesinatos, incluyendo grandes cantidades de gore, y es que Viernes 13 (Sean S. Cunningham, 1980) fue, además, la película que llevó al “mainstream” el cine gore, la que lo puso de moda. Viernes 13 (Sean S. Cunningham, 1980) representa, por tanto, la parte más extrema del slasher, plagado de sangre y sexo, más como reclamo que como forma de un determinado discurso, de hecho la simplona manera de reflejar esto deforma lo narrado en Halloween (John Carpenter, 1978), dando la impresión de que existiera un discurso conservador. Aunque no era de lo mejor del género, se hizo en el momento adecuado, se vendió bien y aglutinaba cosas que al público cada vez le interesaban más, resultando un gran éxito, lo cual hizo que se hicieran continuaciones, en donde se potenciaba aún más la delirante violencia con asesinatos imaginativamente sangrientos, realizados de manera sorprendente e impactante. Esta reducción a lo más elemental, con una estética sombría y algo sucia, marcó el slasher desde entonces.

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Saga Viernes 13.

Los años más profusos fueron los primeros 80, aunque el género por haber evolucionado hacia unos temas tan básicos no tardó en caer en lugares comunes, repitiéndose, sin embargo el slasher sobrenatural Pesadilla en Elm Street (Wes Craven, 1984) refrescaría el estilo, siendo una de las películas de terror consideradas clave de la década. Si en los primeros tiempos del género de terror los grandes iconos eran monstruos como Drácula, el hombre lobo y la momia, en los años 80 ocuparían su lugar Michael Myers (Halloween), Jason Voorhees (Viernes 13) y Freddy Krueger (Pesadilla en Elm Street), y es que como aquellos, aparecieron en muchas películas, de hecho el slasher terminó caracterizándose por sus prolongadas sagas, lo que unido a la reiteración de esquemas terminó sumiendo al género en decadencia en la segunda mitad de los 80, además de que a finales de la década el propio cine de terror empezó a estar en crisis lo que, por desgracia, se materializó completamente en la posterior década, y el slasher padeció también estas consecuencias.

Desde entonces

Los 90 fueron una de las peores épocas para el cine de terror, un género que pese a sus dificultades había sido muy explotado, y si ya “todo estaba inventado”, más aún en un género tan específico como el slasher. Los primeros años de los 90 se caracterizaron, además de por la renovación que empezó a tomar el género de terror con películas como El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991), por mantener aún algunas películas de estilo “ochentero”, pero el mejor slasher de la década sería la algo más moderna Candyman (Bernard Rose, 1992), que con el surgimiento de una mediocre saga terminaría creando un nuevo icono del género. Sin embargo, Scream (Wes Craven, 1996) recuperó el éxito para el cine de terror, un homenaje al slasher y al terror moderno que a la vez encerraba una parodia sobre sus tópicos, con los que jugaron a “romper las reglas” del género. Pese al incremento de la producción de género en la segunda mitad de los 90, la calidad aún no fructificaría mucho, y Scream (Wes Craven, 1996) sirvió de modelo para una nueva hornada de slashers, es decir, argumentos más referenciales, estética sobria y pulcra y tramas más enrevesadas, volviendo a primar el whodunit, no tanto en el otro slasher ideado por el guionista Kevin Williamson, Sé lo que hicisteis el último verano (Jim Gillespie, 1997), o al menos en la saga de éste que toma mayor referencia de los asesinos sobrenaturales. Los aficionados a este subgénero del psychokiller echaron de menos los excesos de muchos slashers de los 80. Esta nueva corriente que no aportaba casi nada nuevo al género fue decayendo, pero en la década de los 2000 el cine de terror volvió a estar en auge cobrando importancia lo que puede considerarse terror posmoderno, algo de lo que bebería el slasher, siendo el más influyente la francesa Alta tensión (Alexandre Aja, 2003), película que recupera la brutalidad apoyada en una estética plástica dándole una nueva vuelta de tuerca a los asesinatos, aunque es discutible si esta película en realidad es más slasher o más survival horror.

Aunque su etapa de mayor apogeo haya pasado el slasher permanece como un género recurrido que sigue gustando al público, aunque a veces se canse de éste y lo deje aparcado durante un tiempo, pero seguiremos disfrutando mucho tiempo de slashers.

- Paco Antequera

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20 Enero 2008

El futuro de los directores de cine de terror que vienen de los 70

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George Romero, padre del terror moderno, aún sigue al pie del cañón.

A juicio de un servidor, la que podría considerarse la generación de directores de cine de terror de los 70 es aún a día de hoy bastante insuperable, siendo los que crearon y establecieron el terror moderno. Ha pasado mucho tiempo desde entonces y, lamentablemente, nuestros admirados directores ya están muy mayores, lo que hace pensar que por desgracia estén en la recta final de su carrera o cerca de ésta. Así pues, con este artículo planteo algo que algunos pensareis que es bastante absurdo pues todo es especulación, y es que en este texto pretendo reflexionar sobre lo que podrían ser algunas de las últimas películas de estos directores y que, como suele ser habitual, cuando un director es consciente de que no le queda mucho para retirarse, retoma sus temas más característicos y resume las constantes de su carrera, algo que con el mayor éxito del género tras la crisis en los 90 están pudiendo llevar a cabo bastantes “viejos directores”. La selección de directores puede ser más o menos discutible, pero está claro que todos tienen una gran importancia en el género y que han sido fieles a éste, por lo que he omitido a importantes directores de los 70 como Pete Walker, el Herschell Gordon Lewis inglés que sí fue fiel al género pero que se retiró pronto, el canadiense fallecido en accidente de tráfico (en 2007) Bob Clark que en los 80 se pasó a la comedia o el australiano Peter Weir que en los 70 dejó algunos clásicos del cine de terror como Picnic en Hanging Rock (1975).

Los maestros del terror moderno

George Romero

Para muchos es oficialmente el padre del terror moderno con La noche de los muertos vivientes (1968), huelga decir que es el maestro del cine de zombies, aunque esto ha eclipsado el resto de su infravalorada carrera, y es que Romero es un gran autor del género con un sello muy personal, algo necesario entre tantos directores que no van más allá de determinadas fórmulas, y es que además Romero se ha mantenido firme en sus convicciones, no emprendiendo un proyecto si no cree en él, por eso en los 90 únicamente hizo un film. Esta triste situación se acabó con la llegada de la nueva década, en la que volvió a ponerse de moda un cine de terror que tiene en Romero precisamente una de sus grandes influencias. Primero, regresó tímidamente con Bruiser (2000), que recuerda a esa parte de su cine muy representativa de su obra pero que no alcanzó mucho éxito, con películas como Martin (1977), después volvería por sus fueros con La tierra de los muertos vivientes (2005), que aunque no del agrado de muchos aficionados, un servidor la considera una más que notable película que madura el discurso de sus films de zombies, volvería a renovar el género que él mismo creó con El diario de los muertos (2007) que a la vez es un fenomenal autohomenaje e incluso con algo de inteligente parodia. Romero ha podido condensar en estos tres films la esencia de su cine, pero esperemos que aún realice bastantes películas y es que pese a su edad se le ve con ganas, yo personalmente espero con mucho interés cada película suya.

Dario Argento

El director italiano posee una formidable carrera, sentando una enorme influencia con sus películas de los 70, siendo el maestro del giallo. Ha sabido mantenerse durante los 90, dura década en la que sin embargo intentó frustradamente alcanzar el éxito el EEUU, y aunque no se puede hablar de un alejamiento de su estilo, pues su obra está unificada como si fueran piezas de un rompecabezas, sí puede decirse que en los últimos tiempos, y no tanto por la nueva moda del cine de terror, ha vuelto a sus raíces, así pues Insomnio (2001) recuerda mucho a su trilogía zoófila iniciada con El pájaro de las plumas de cristal (1970), un film sensacional que no ha tenido la repercusión que debiera (en España sólo ha salido en una cutre edición en DVD). La falta de presupuesto ha marcado, realmente como a prácticamente todos los directores de terror, su carrera, por ello no pudo completar en su momento su trilogía sobre las tres madres iniciada con Suspiria (1976), considerada por la mayoría de aficionados al cine de terror como su mejor película y sin duda su sublimación formal, pero en 2007 realizó la tercera parte. El hecho de que Argento haya retomado tanto su giallo más clásico como el terror sobrenatural hace pensar que no vaya a realizar muchas más películas, sólo cabe esperar que su extraordinaria carrera se prolongue lo máximo posible.

Tobe Hooper

Sí, es el director de La matanza de Texas (1974), película realmente insuperable hasta para el mismo Hooper, lo que en cierta manera le ha supuesto una losa, casi tildado por algunos como “director de una sola película buena”. En realidad, la filmografía de Hooper que abarca desde 1974 hasta mediados de los 80 es espléndida, la cual le confirma como uno de los mejores directores del género, creador de un universo inquietante y extraño y de cuya obra se influyeron muchos directores en los 80, pero el caso de Hooper es realmente llamativo, pues si bien en los 90 la mayoría de directores especializados en el cine de terror se fueron al garete, era de esperar que alguien como Hooper pudiese mantenerse mejor, pero es que esto viene de antes, desde mediados de los 80 sus films no respondían en taquilla y este rumbo continuó en los 90, pero es que además en esta década su nivel cayó considerablemente y se recluyó en trabajos para televisión y telefilms. Por fortuna, la nueva década recuperó a Tobe Hooper en mejores films, con Toolbox Murders (2003), infravalorado film que sin embargo es uno de los mejores slashers de los últimos tiempos, impregnado por la atmósfera enrarecida y la crudeza del mejor Tobe Hooper, y es que no sólo es una película que podría estar dignamente encuadrada en su mejor época (entre 1974 y 1985) sino que además recuerda a sus primeros films, a la misma La matanza de Texas (1974). También incomprendida fue Mortuary (2005), una personal película de zombies en la que el problema que yo le encuentro es su falta de dureza, algo que Hooper ha sabido resolver muchas veces sin necesidad de mostrar mucha sangre, pero en este caso hubiera ayudado, no obstante si aceptamos su propuesta de terror “accesible” nos encontraremos con una notable obra. Aunque sé que muchos no comparten mi opinión, creo que Hooper, aún sin estar a la altura de su mejor época, nos está dejando interesantes films que serían una digna recopilación de su carrera cinematográfica, pero esperemos que aún le quede cuerda.

Wes Craven

Su Pesadilla en Elm Street (1984) le convirtió en uno de los directores del género más populares de los 80, realizando unos films de terror crudos y efectistas. Algo controvertido por la irregularidad de su carrera, capaz de realizar una obra maestra como la película de Freddy Krueger y al año siguiente un film mediocre, no cabe duda de la importancia de su carrera cinematográfica en el terror moderno, y es que es uno de los directores cuya influencia en el cine de los 80 más películas ha generado, especialmente de terror adolescente. Con la llegada de los 90 Craven incorporó mayores elementos de comedia y suspense, lo que mejor ejemplifica esto son Scream (1996) y sus secuelas, precisamente con esta película Craven consiguió reavivar la industria del cine de terror y recuperarlo para el gran público. Aunque los films de Ghostface son muy representativos de la obra de Wes Craven sí cabe señalar la ‘moderación’ que sufren respecto a sus películas anteriores, menos violentos y sin nada especialmente políticamente incorrecto, y es que se echa de menos una película que recupere el tono de films como Las colinas tienen ojos (1977) y Pesadilla en Elm Street (1984), más aún cuando el terror más brutal vuelve a gustar al gran público, veremos con qué regresa Craven, porque desde hace tiempo se centra mucho (¿demasiado?) en producciones (con las que, no obstante, da una importante oportunidad a nuevos realizadores) y a saber cuántas películas más de terror va a hacer, pues aunque siempre ha sido muy fiel al género, incluso en las épocas de “vacas flacas”, quiere probar también otras cosas, lo que por otra parte encuentro de lo más normal. No obstante, su próximo proyecto, 25/8, es una película del género y no se sabe mucho de ella pero parece que puede que retome la línea de Pesadilla en Elm Street (1984).

John Carpenter

Aunque dijo que a principios de los 90 pensó en retirarse, por fortuna John Carpenter ha seguido bastante tiempo realizando cine. El cáncer de piel que padece junto a su edad por desgracia pueden dificultar que realice muchas más películas, consciente de ello hace tiempo que realizó films que resumían la esencia de su cine, con películas como 2013: Rescate en L.A. (1996) y Fantasmas de Marte (2001) que no obstante representan la parte de acción y ciencia ficción de su carrera, lo que algunos echamos de menos es un regreso al terror puro y duro, personalmente a mí me gustaría que retomara una trama de grupo de personas escondidas ante una amenaza, ya sea una amenaza exterior como en La niebla (1980) o interior como en La cosa (1982). Su próxima película será L.A. Gothic, que ya veremos si coincide con algunos de mis deseos expresados, pero en todo caso cualquier cosa que venga de este director es digna de esperarse con el máximo interés y más cuando desde Fantasmas de Marte (2001) no había vuelto a realizar una película para cine.

Joe Dante

Admito que hago trampa al incluir junto a los anteriores directores a Joe Dante, pues no está especializado en el cine de terror (o no en el sentido de que sea el género que más haya realizado), su carrera empieza a finales de los 70 pero tiene trascendencia especialmente en los 80 y no llega al nivel de los directores comentados, pero creo que es interesante destacarle pues representa una cara importante del terror moderno, aquella más autoconsciente que sabe que está todo inventado, es decir, si los anteriores directores son de los más influyentes en el terror moderno, Dante por el contrario no inventa nada sino que homenajea el género, excepción hecha con Aullidos (1980) que sí fue una importante aportación al cine de terror, pues fue el film que modernizó el cine de hombres lobo. Sin embargo, tras esta película se dedicó a llevar a la comedia otros ámbitos del cine de género y fantástico, con una cierta “infantilización” al impregnarse más del estilo de Steven Spielberg, un ejemplo de esto último es Gremlins (1984), su película más representativa con la que no obstante seguía aún encuadrado en la comedia de terror. Pero ya sabemos cómo fueron los 90 por lo que desde hace tiempo Dante se ha alejado del cine de terror, estuvo cerca de haber dirigido la nueva versión de La momia (finalmente realizada por Stephen Sommers) lo que sin duda hubiera supuesto un regreso al estilo de Aullidos (1980). De momento, Dante ha regresado al género de terror con sus aportaciones para Masters of horror, con las que se ha sentido más satisfecho que con el cine que viene haciendo desde los 90.

Otros directores

Hay otros directores casi tan importantes como los anteriores de los que hablaré más resumidamente y en este otro apartado por no estar tan especializados en el género como los ya comentados, el primero que hay que destacar sin duda es Roman Polanski, especialista en thrillers asfixiantes y el maestro del terror psicológico con sus películas de los 60, con La semilla del diablo (1968) como una de las películas fundadoras del terror moderno, aunque tras este film Polanski se alejaría del cine de terror y ampliaría su registro en diversos géneros más allá de sus thrillers. La novena puerta (1999) supuso su regreso al cine de terror y de hecho al estilo de La semilla del diablo (1968), quién sabe si ésta será su última obra de terror. Con William Friedkin, director de thrillers, lo que pasa es que tiene la pesada losa de dos de sus primeras películas, el thriller de gángsters The French Connection (1971) y el terror satánico de El exorcista (1973), cada una en la cima de sus respectivos géneros, por ello pese a haber realizado una carrera más que correcta ésta es a veces criticada mediante las comparaciones con los films mencionados. Friedkin regresó al terror psicológico con Bug (2006) de la que hay buenas referencias. John Hough sin embargo intentó evitar lo que le pasó a Friedkin, por lo que tras La leyenda de la mansión del infierno (1973), reconocida por él mismo como su obra maestra que difícilmente podría superar, amplió su estilo probando con más géneros y en los 90 no hizo nada de terror, género que recuperaría con el film menor Mal Karma (2002), por lo que queda ver si vuelve a hacer una película de terror destacable. El también inglés Ken Russell, realizador interesado por temáticas como la música y el sexo y de ciertas maneras surrealistas y extravagantes, de vez en cuando hace alguna película de terror, la mayoría de época y por tanto enclavadas en el terror gótico, tal como Los demonios (1971), no es de época The Fall of the Louse of Usher (2002) pero sí de reminiscencias góticas, un homenaje a La caída de la Casa Usher de Edgar Allan Poe (quizá por todo esto no sea catalogable en el terror moderno y por tanto no debiera haber sido mencionado). Larry Cohen, director de thrillers que no obstante alcanzó su mayor notoriedad en el cine de terror, especialmente con las influidas por las monster movies de los 50, con ¡Estoy vivo! (1974) como su gran clásico, pero desde mediados de los 90 apenas dirige, encontrando más éxito como guionista, cabe preguntarse si volverá a realizar una película de terror. Otro director de thrillers, Brian De Palma, realizó importantes películas de terror en los 70, destacando Carrie (1976), pero son más característicos de su estilo en el género de terror sus films de psicópatas, En nombre de Caín (1992) fue su retorno a esta temática, película con la que aglutinaba algunos de los elementos que incluyó en este tipo de films, así que una vez que De Palma se ha autoreferenciado con esta película es de imaginar que no retomará este estilo o al menos en un tiempo, veremos si vuelve a realizar una película de terror de otro tipo. Pupi Avati realizó algunas de las películas de terror moderno más importantes de Italia, mediante unas formas que le acercan al cine de arte y ensayo y con una personal atmósfera enigmática, su carrera evolucionó hacia un cine temáticamente más personal, generalmente mediante dramas en los que expone su visión pesimista. Pues bien, vuelve con su singular cine de terror con Il Nascondiglio (2007), veremos si como sus demás películas nos quedamos sin verla en España. Me he dejado para el final al canadiense David Cronenberg, que en lugar de alternar géneros como hacen la mayoría de directores evoluciona según etapas, y el cine de terror es lo que define su primera etapa, en la que la temática común era la enfermedad y el deterioro físico, en los 90 deja a un lado el terror y trata el deterioro mental o la pérdida de la identidad, desde entonces se centra más en el drama y el thriller, si bien no faltan referencias al cine fantástico, retomaría su “Nueva Carne” de los 80 con eXistenZ (1999), puede ser simplista llamarlo “autohomenaje” pero sí es verdad que vuelve al estilo que le hizo popular entre los aficionados al cine de terror, yendo más allá en su discurso con esta película de ciencia ficción. Últimamente ha realizado unos films que podríamos encuadrar en una nueva etapa, más “accesibles” por lo que, sorpresas de la vida, Cronenberg ha llegado a tener “taquillazos”. En un director como Cronenberg es difícil decir esto de que pueda volver a sus raíces –aunque pueda decirse que lo hiciera con eXistenZ (1999)- pues realmente el género en sí no es lo que define su cine sino sus temáticas que siempre están presentes.

Los directores españoles

¿Qué hay de los “viejos directores” españoles? Aparte de los nombres conocidos por todos los aficionados al género, ninguno ha logrado mantenerse, así que no hay mucho que decir. Jess Franco sigue admirablemente en sus trece, sin dejar de hacer cine, Paul Naschy (su nombre real, Jacinto Molina, como director) lleva tiempo sin dirigir, si bien en los últimos tiempos ha recuperado su labor de actor de cine de terror. Quizá no tenga la intención de volver a dirigir y por ello delegara en su hijo Christian Molina la dirección de Rojo sangre (2004), un film muy personal. Chicho Ibáñez Serrador, que pudo haber sido el maestro del terror patrio pero se desaprovechó en el medio televisivo, recuperó su cine con su Película para no dormir, serie de films en principio para estrenos televisivos que homenajean a sus Historias para no dormir, su película llamada La culpa retoma la atmósfera inquietante, el estilo hitchcockniano y la morbosidad de La residencia (1969), aunque lejos del acierto de ésta, parece que con esta película cerrará su carrera en el género de terror. De otros realizadores de la época como José Ramón Larraz, Leon Klimovsky, Eugenio Martín y Jorge Grau no parece que se pueda esperar nada. Tampoco está de más recordar a los fallecidos Amando de Ossorio, Eloy de la Iglesia y Carlos Aured, que cerraron su filmografía de terror en los 80. Algunos de los directores mencionados realizaban más terror clásico que moderno, pero teniendo en cuenta la escasez de directores del género en España por entonces los he nombrado a todos.

En estos tiempos donde las industrias del género en algunos de los países de los directores mencionados están en crisis o lejos de sus épocas de esplendor (casos de Inglaterra e Italia) y que en EEUU están al borde de la demencia con los remakes y demás pérdidas de tiempo, los “viejos directores” no lo han tenido demasiado fácil para realizar films del género, si bien más que en los 90 por lo que por fortuna hemos visto la recuperación de algunos directores, aunque no parece haber mucho hueco para ellos con el actual terror posmoderno, pero personalmente intento no soltar la pataleta pues igual de disgustados estarían en los 70 los aficionados al terror clásico de la Hammer y demás que vieron cómo entraba en crisis con la llegada del terror moderno, pero, sin querer caer en el cualquier tiempo pasado fue mejor, sí creo que la etapa de los 70-80 es de una mayor categoría que la actual, y que conste que me gusta el cine de terror que se hace ahora y creo que puede haber un relevo interesante, pero lo que más le gusta a un servidor son esas décadas gloriosas que parecen quedar atrás. Aunque no tanto, pues estos tiempos son, en buena parte, de “revival”, de hecho muchos de los jóvenes directores de terror están influidos por el terror ochentero. No obstante, al margen de los nuevos realizadores más interesantes, no conecto del todo con el terror posmoderno (o según cómo me pille, la verdad), aunque reitero que disfruto el actual cine de terror, realmente recuperado tras los penosos 90. Por desgracia, la historia nos enseña que la industria es despiadada, y quizá hoy día lo sea más, por lo que es lamentable ver como muchos de los directores de siempre tienen dificultades para sacar adelante sus proyectos mientras que Hollywood se dedica a adaptaciones, secuelas y remakes en manos de artesanos. Queda el consuelo de que el espíritu del terror de los 70-80 sigue presente, no soy tan pesimista, veo bien el futuro del género, de momento disfrutemos además de con las obras de nuevos realizadores con lo que puedan seguir ofreciéndonos los directores de siempre.

- Paco Antequera.

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17 Noviembre 2007

XVII Semana Internacional de Cine Fantástico de Málaga (8-16 Noviembre 2007)

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El festival malagueño de cine fantástico se ha trasladado este año a Noviembre, posiblemente para no coincidir con el de cine español. Como todos los años, hemos podido ver tanto films a estrenar como clásicos del cine de género, si uno quiere “asegurar” conviene inclinarse más hacia esto último, pues es un gran atractivo disfrutar en pantalla grande de obras maestras del celuloide, este año creo que el plato fuerte ha sido la sección “fantástico europeo”, si bien ha habido una buena cantidad de ciclos interesantes. Cine, entrevistas, conferencias e incluso conciertos, el festival da para mucho y a uno le gustaría poder desdoblarse para hacer más cosas, pero hay que elegir y, realmente, sería injusto que hiciera una valoración pretendidamente completa eludiendo determinados actos o películas.

¿Qué puede decirse de este año? Algunas cosas como que se ha hecho un homenaje a Tippi Hedren (la última gran musa de Hitchcock), también a Dolph Lundgren y Michael Ironside, además de contar también con la presencia de invitados al festival, para nuestra alegría que nuevos films españoles (aunque no a concurso) se han situado entre los mejores de los que se van a estrenar, que el cine oriental está perdiendo algo de fuelle a favor de países como Nueva Zelanda y Australia… y que la organización falla más que una escopeta de feria, como todos los años (yo casi no me imagino la Semana sin cagadas técnicas…). Entre las múltiples virtudes del festival, es injusto que me centre en hablar en un defecto, pero lo considero algo necesario porque es la horma del evento. Bien es cierto que, pese al creciente éxito del festival (este año con un 20% más de público que el año pasado, motivo del que alegrarse), el ayuntamiento relega a una modesta posición al festival, pues prefieren centrarse en el “glamur” del Festival de Cine Español (del que dicho sea de paso me alegro también de su creciente celebridad), pero no sé hasta qué punto esto justifica la “cutrez” de los medios del festival (a mí me ha tocado ver subtítulos que “se caían”, sonido que se escuchaba flojo… menos mal que no me pasó lo que a los que vieron La cosa, que se estropeó a mitad del metraje), y es que me da la impresión de que la UMA no hace bien del todo los deberes. Así que, como todos los años, el festival ha tenido algo de caótico, sirva de ejemplo que una vez nada más finalizar una proyección tuve que salir para volver a entrar en la misma sala pero, ante tal afluencia de gente en el exterior, entré con la película empezada, si bien, hay que admitir, esto es por los pocos medios (el Teatro Alameda se queda pequeño). Por lo demás, yo me muestro conforme con la información dada en el recinto, eso sí, un apunte, en la guía gratuita se debería orientar en la sinopsis sobre el tipo de film pero no contar toda la historia (¡algunas hasta cuentan el final!), no obstante, como señalé antes, afirmo la posible injusticia al verter estas críticas frente a las virtudes del festival, tal como es el hecho de poner gratuitamente a disposición del público libros guía de las secciones del festival y un horario, si bien este año las entradas han subido de precio, aunque no deja de ser un festival bastante accesible, y espero que siempre lo sea. Variedad, calidad (y caspa también), propuestas arriesgadas, una buena cantidad de secciones de películas y ciclos… un deleite para quienes somos apasionados de esto del cine fantástico.

Con el reconocimiento hacia la buena labor llevada a cabo con este festival, a la par que apuntando una crítica constructiva, finalizo mi apreciación sobre la Semana, no sin antes dejar la lista de premiados, señalando que la importante es la lista de premiados por el jurado internacional, poco valor considero que tienen los otros dos premios, si bien, se supone, el jurado joven es algo así como un premio del aficionado, mientras que el del público aglutina tanto a aficionados como a espectadores casuales.

JURADO INTERNACIONAL

Premio al mejor largometraje: Marmorera de Markus Fischer (Suiza).
Premio al mejor director: Park Chan-wook por I’m a cyborg, but that’s ok (Corea del Sur).
Premio a la mejor actriz: Hyeon-A-Seong por Cello (Corea del Sur).
Premio al mejor actor: Rolf Kristian Larsen por Cold Prey (Noruega).
Premio al mejor guión: Esteban Sapir por La antena (Argentina).
Premio a la mejor fotografía: Jörg Schmidt-Reitwein por Marmorera (Suiza).
Premio a los mejores efectos especiales: I’m a cyborg, but that’s ok (Corea del Sur).
Premio al mejor cortometraje español: Avant Pétalos Grillados de Velasco Broca, propuesto para mejor cortometraje europeo fantástico “Premio Meliés de Oro”.
Premio al mejor cortometraje extranjero: Shut – Eye Hotel de Bill Plymton (EEUU).
Premio a la mejor creación audiovisual andaluza: Sere Eretit de Juan Antonio Espigares.

JURADO JOVEN

Premio al mejor largometraje: La habitación de Fermat de Luis Piedrahita y Rodrigo Sopeña (España).
Premio al mejor cortometraje español: El bufón y la infanta de Juan Galiñanes.
Premio al mejor cortometraje extranjero: Barbara Broadcast de Jean-Julien Collette y Oliver Tollet (Bélgica).

PÚBLICO

Premio al mejor largometraje: La habitación de Fermat de Luis Piedrahita y Rodrigo Sopeña (España).
Premio al mejor cortometraje español: Violeta, la pescadora del Mar Negro de Marc Riba y Anna Solanas.
Premio al mejor cortometraje andaluz: Hormigas XXL de Antonio Romero, Domingo Moreno y Carlos Vivar.
Premio al mejor cortometraje extranjero: The freaking family de Park Soo Young y Park Jae Young (Corea del Sur).

- Paco Antequera

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1 Agosto 2007

Masters of horror: 1ª temporada (2005-2006)

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Para quienes somos aficionados al cine de terror contemporáneo y nos gustan no sólo los largometrajes sino también las historias cortas, aquellas muy indicadas para ser historias de miedo contadas alrededor de una hoguera, esta serie es una delicia, eso sí, cada episodio tiene una duración de una hora, por lo que en algunos casos se ha optado por contar una historia más ambiciosa que, realmente, hubiera resultado mejor con mayor metraje. Cada episodio es independiente y, como indica el propio título de la serie, su rasgo característico es presentar a “maestros del terror”, por tanto nos encontramos con un interesante compendio de autores y artesanos del género, y es que la serie, en esta primera temporada, hace honor a su nombre, la mayoría realmente son los maestros del cine de terror (aunque la selección se inclina más hacia los directores estadounidenses), a saber; Don Coscarelli, Stuart Gordon, Tobe Hooper, Dario Argento, Joe Dante, John Carpenter y Larry Cohen, después nos encontramos otros como John Landis que estuvo cerca de poder ser un “maestro del terror” pero se quedó en un “pudo ser”, el prometedor Lucky McKee y los apreciables pero no demasiado especializados en el género John McNaughton y Takahi Miike. En último lugar se situarían William Malone y Mick Garris, éste último el creador de la serie, un director de los del montón pero con una gran fidelidad al género, como muestra el esfuerzo realizado para esta serie en la que ha otorgado la mayor libertad creativa que ha podido para los distintos directores.

Mick Garris, conocido por ser el director más especializado en adaptar a Stephen King, ha trabajado mucho para televisión, con la experiencia adquirida ha podido realizar un proyecto que, no hay que olvidar, son 13 películas realizadas en apenas 5 meses, cuadrando fechas para rodar una detrás de otra y, desde luego, sin los presupuestos desorbitados de las series de éxito del momento como C.S.I., es el precio a pagar por hacer terror y más aún si éste es medianamente libre, y es que la libertad creativa de la que ha gozado cada director les ha permitido a muchos sacar lo mejor de sí, en algunos casos incluso se han dado mejorías en algunos sentidos respecto a los últimos pasos de sus carreras como han sido los casos de John Landis, William Malone e incluso Joe Dante. Además, la serie se pensó para ser emitida en un canal para adultos, showtime extreme, pero de todas formas ni esto ha evitado algunos problemas, ya sabemos que hay determinados aspectos en los que al intentar llegar más lejos de lo habitual surge la censura, aunque no sea institucional pero sí empresarial, así que el tema tabú por antonomasia, el sexo, que abunda sin titubeos por la serie, tuvo problemas sobre todo con el episodio Jenifer de Dario Argento, posiblemente el capítulo más sexual, ha sufrido diversos cortes para atenuar esta fuerte carga sexual. La violencia, aunque con menos problemas que el sexo, también los ha tenido, hasta el punto de que La huella de Takashi Miike fue prohibido en la televisión estadounidense. Considerando otros aspectos, el más polémico en EEUU fue El ejército de los muertos de Joe Dante y su mensaje político, que como es habitual en casos así, ha generado tanto aprecios como desprecios, mientras que en Europa ha sido bastante bien valorado, incluso alcanzando cierto reconocimiento entre la crítica por su contenido.

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Mick Garris, artífice de Masters of horror.

Así pues, Masters of horror presenta obras de los directores más importantes del cine de terror, si bien se echa de menos a George Romero, Wes Craven y grandes del género de otros países (por ejemplo Roman Polanski, aunque por sus problemas judiciales no podría pisar suelo estadounidense...), teniendo en cuenta que la presencia de Roger Corman y David Cronenberg es prácticamente imposible, el primero por estar retirado y muy mayor y el segundo por seguir desde hace tiempo por caminos ajenos al cine de terror. Pero además de esto, lo interesante de Masters of horror es también que es un buen muestrario de qué es el cine de terror, aunque sea principalmente el de la escuela estadounidense e inclinado hacia el terror físico, si bien también hay unos cuantos episodios de terror psicológico o con elementos de éste. Por otra parte, esta inclinación se da también más hacia la formas del terror moderno, recordando a las épocas doradas de los 70 y 80, sin obviar referencias del género hecho hoy en día. Se puede echar de menos algo más de terror clásico, historias basadas en el suspense para inquietar, si bien las hay aunque sea mayormente en parte al igual que el terror psicológico, también pueden encontrarse algunos capítulos de terror gótico, como son Tras las paredes de Stuart Gordon, una de esas historias de caserón que encierra un misterio, En el sótano de William Malone, por su estética y por la inspiración mitológica, y sobre todo la victoriana El cuento de Haeckel, y podría considerarse como neogótico El baile de los muertos de Tobe Hooper. De los distintos capítulos hay tres que son comedias de terror; El ejército de los muertos de Joe Dante, Salvaje instinto animal de John Landis y Metamorfosis de Lucky McKee, algo que desagradará a algunos que busquen más terror puro y duro. Personalmente, tampoco soy muy amigo de abusar de las comedias de terror, pueden ser divertidas (algunas películas de terror cómicas me gustan mucho), pero con el abuso se corre el riesgo de banalizar el género, sin embargo tres comedias no son demasiadas, aunque ciertamente son bastantes, dos creo que sería la cantidad idónea, pero dejan diez capítulos que buscan ser, la mayoría, lo más aterradores posible, en todo caso en la segunda temporada hay menos comedias de terror.

Pese a la cierta independencia de cada director, se trata de una serie en la que como tal los diferentes episodios tienen en común un determinado equipo técnico y artístico, por lo que sí existe cierta homogeneización entre los diferentes episodios, si bien en determinados aspectos importantes cada director ha podido trabajar con algunos colaboradores habituales con los que crea parte de su estilo, puede ponerse como ejemplo la música, así pues Mick Garris ha contado con su habitual Nicholas Pike (que además es el compositor que más capítulos ha musicalizado), Stuart Gordon con Richard Band (hermano del legendario productor de serie b Charles Band), Lucky McKee ha vuelto a contar con la compositora Jaye Barnes Luckett, Takashi Miike ha trabajado con su habitual Kôji Endô, etc. y, por cierto, esta vez John Carpenter no ha hecho la música a su película sino que, por primera vez, la ha puesto su hijo Cody Carpenter. Por otra parte, no sólo se puede hablar de los maestros del cine de terror sino también de maestros literarios del género, ya que buena parte de los capítulos son adaptaciones, Don Coscarelli adapta un relato de Joe R. Lansdale como ya hizo con Bubba Ho-Tep (2002), Tras las paredes es una adaptación de H.P. Lovecraft, El baile de los muertos está basado en un relato de Richard Matheson, Jenifer adapta un comic de Bruce Jones para la revista Creepy, El ejército de los muertos está basada en un relato de Dale Bailey, Trayecto al infierno es una adaptación de un relato de David J. Schow que él mismo se encarga de guionizar, El cuento de Haeckel adapta un relato de Clive Barker y La huella es una adaptación de un relato de Shimako Iwai, por cierto que esta escritora aparece como torturadora en el film. Dicho sea de paso, manda narices los títulos que les han puesto a los episodios en España, Incident on and off a mountain road como Esculturas humanas, Dreams in the witch house como Tras las paredes, Chocolate como Sensaciones extremas, Homecoming como El ejército de los muertos, Deer woman como Salvaje instinto animal, Cigarette burns como El fin del mundo en 35 mm, Fair haired como En el sótano, Sick girl como Metamorfósis y Pick me up como Trayecto al infierno ¿quién da más?, aunque ya estamos acostumbrados a estos desastres de las distribuidoras españolas.

Episodio 1: Esculturas humanas (Incident on and off a mountain road, Don Coscarelli)

Abre la serie su episodio piloto, una adecuada carta de presentación de manos de Don Coscarelli, peculiar realizador con una filmografía realmente bizarra, con la saga de Phantasma por bandera, la cual le ha absorbido mucho, esperemos que nos sorprenda con otros films en un futuro. Me gusta especialmente la inclusión de Coscarelli en Masters of horror porque, además de hacer honor al nombre de la serie, es un director algo minusvalorado, o incomprendido podría decirse, su cine no es para todos los paladares. Por ello, que sea el encargado de abrir la serie me parece un acierto, es decir, Masters of horror como serie que pretende abarcar los distintos lugares intrínsecos del cine de terror juega con los tópicos, y Don Coscarelli es precisamente un director que rompe con las reglas, por lo que este episodio es, por una parte, un homenaje a los tópicos del cine de terror, pero a la vez se ríe de estos, o podría decirse también que revierte los tópicos. Esta historia aparentemente es un típico psychokiller estadounidense de los 80, una mezcla de slasher, terror rural, survival horror y gore, nos encontramos, a priori, con un “más de lo mismo” realizado con solvencia, por lo que no nos importa disfrutar con más de lo mismo aunque podamos predecir acontecimientos y resoluciones de la trama, sin embargo paralelamente al “incidente” en que se ve envuelta la protagonista, se nos narra en forma de flashback otra historia que es cada vez más inquietante, y cuanto más inquietante es ésta más seguridad ofrece la trama principal, presentando un duelo ya algo más equilibrado, al estilo de Wes Craven, pero de manera tan exagerada que de alguna forma esto ya rompe con el tópico de la chica indefensa. El film gira hacia un desarrollo sorprendente dentro de los cánones del género, el cual sirve de sardónica metáfora sobre la paranoia y la cultura del miedo inducida hacia el pueblo estadounidense. De esta manera, Esculturas humanas se convierte en un episodio representativo de lo que es Masters of horror, es decir, una travesía por los distintos territorios del cine de terror que juega con sus rasgos característicos y, claro, sus tópicos, pero aportando puntos de vista frescos que les confieran personalidad a las distintas creaciones. En todo caso, el capítulo de Don Coscarelli es un estupendo divertimento, lleno de ritmo, tensión y altas dosis de gore (algún momento realmente da grima), con una de las mejores puestas en escena de la serie, para la cabaña y su exterior se hizo un escenario grotescamente impresionante, con inspiración en Jeepers Creepers (2001), por otra parte del psicópata, como asesino de slasher que es, se han cuidado sus rasgos distintivos, al igual que Myers emplea un gran cuchillo de cocina o Jason un machete, Moonface empuña una bella daga, y aunque no lleva máscara sí tiene un rostro identificativo que le otorga su apodo (otro guiño a un tópico), por cierto que el film cuenta con la participación de Angus Scrimm, el temible Hombre Alto de la saga Phantasma, entre otras cosas por ello alguno ha dicho que este episodio viene a ser un añadido más al universo de Don Coscarelli, desde luego que sí, y resuelto con agudeza como es habitual en el realizador.

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Episodio 2: Tras las paredes (Dreams in the witch house, Stuart Gordon)

H.P. Lovecraft es, indudablemente, uno de los escritores más relevantes de la literatura de terror, por tanto no es de extrañar que su obra haya sido una influencia fundamental en literatura y cine, sin embargo, pese a su importancia, su reflejo en el cine no está a la altura de lo esperado y, desde luego, generalmente no se consigue una equivalencia cinematográfica a su esencia terrorífica en lo literario. El realizador que ha logrado mejores resultados con adaptaciones de Lovecraft ha sido Stuart Gordon, al que se puede considerar como el director más especializado en el escritor. Consciente de la dificultad de adaptar a Lovecraft, Gordon opta normalmente por su obra más terrenal, como es el caso de su ópera prima Re-Animator (1985), la cual, sin proponérselo, terminó resultando una comedia de terror, quedando un gran clásico del terror de los 80, de la misma manera que realizaría otras interesantes películas basadas en la obra de Lovecraft pero de las que, eso sí, normalmente hay que olvidar esta fuente literaria. Sin embargo, en alguna ocasión Gordon se ha acercado a la obra más netamente “lovecraftiana” del escritor y, dentro de lo que cabe, obteniendo buenos resultados, es el caso de esta Tras las paredes, que se sitúa en la parte más “seria” de la filmografía de Stuart Gordon, si bien no elude alguna pizca de humor pero, por fortuna, lo suficientemente contenido como para no empañar el que es uno de los episodios más aterradores de la serie, también puede decirse que uno de los más atrevidos gracias a tener detrás a un director de terror-gore tan salvaje como es Gordon, el cual esboza una escalofriante atmósfera en una historia llena de constantes “lovecraftianas” como las dimensiones espaciales, y es que en este filme se elabora una clase magistral de cómo aterrar, a través del uso de la cámara para jugar con los espacios, creando una ambientación que sugiera el horror (y, aunque en esto discrepen muchos, en mi opinión sabiendo mostrar el horror cuando deba hacerse) y haciendo una buena utilización de la música y el sonido. El resultado se consigue plasmar de manera asfixiante, en una trama que aunque heredera de las historias góticas de casas misteriosas, recuerda bastante a El quimérico inquilino (1976) de Roman Polanski, por la sensación de paranoia respecto a los habitantes del caserón, generando un constante clima de desconfianza, aunque, como no podía ser de otra manera en una obra de Lovecraft, el horror se destapará mediante lo sobrenatural, con la que es, en mi opinión, la parte final más aterradora de la temporada. Aunque sea imposible lograr una plena equivalencia “lovecraftiana” entre cine y literatura, este episodio logra retratar la esencia del terror psicológico del escritor de Providence.

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Episodio 3: El baile de los muertos (Dance of the dead, Tobe Hooper)

Ciencia ficción y terror en la película de Tobe Hooper, basada en un relato de Richard Matheson (guión adaptado por su hijo Richard Christian Matheson), la historia gira en torno a un futuro apocalíptico en el que se sobrevive como se puede, la acción se enfoca hacia un local, el Doom Room (con el propietario interpretado por Robert Englund, que ya ha actuado en varias películas de Hooper), y las formas de entretenerse en este mundo desolador, en donde los muertos reanimados cobran especial importancia (ojo: no nos encontramos con un capítulo de zombies al estilo ‘romeriano’). Una chica que atiende con su protectora madre una cafetería descubrirá a través de unos chicos cómo es realmente el mundo. Con esta premisa Hooper construye con acierto una sociedad donde impera el nihilismo (de hecho, no es una historia de “buenos y malos”), el director de La matanza de Texas (1974) es idóneo para este episodio, impregnado por la atmósfera de horror característica del realizador, con individuos bizarros, ambientación mórbida, depravación y personas deformes y ‘freaks’, éste es el punto fuerte de la película, con escasos medios Hooper sabe construir una pesadilla, sabiendo sugerir que hay más horror del que ven nuestros ojos, aunque sin embargo no consigue suplir las limitaciones de medios, su realización cae en la monotonía (termina resultando repetitiva la acción en el Doom Room, a veces mal solventado con la reiteración de escenarios y extras) lo que perjudica la sensación de estar en un futuro mundo derruido, además Hooper ha optado por “adaptarse a los nuevos tiempos” ofreciendo una estética moderna, de la que hacen uso films como Saw (2004), es decir, influencias del videoclip y efectos visuales, éstos últimos llegan a ser irritantes. ¿Cuál es el resultado? Tobe Hooper fue uno de los directores fundamentales para el desarrollo del terror moderno que, sin embargo, cayó cinematográficamente en desagracia, aunque el revival de los últimos tiempos ha contribuido decisivamente a recuperar a Hooper en el lugar que le corresponde, algo de lo que forma parte este capítulo que cumple con la pretensión de este tipo de serie: ofrecer una muestra del hacer de cada director, y este episodio cumple con ello, entronca con el universo enfermizo de Tobe Hooper, es decir, es representativo de su director y, medianamente, cumple. El inicio del capítulo es interesante, se respira ese clima de tensión y abyección del mejor Hooper, la trama evoluciona a formas cada vez más delirantes (en menor medida pero algo así como en La matanza de Texas 2 (1986)) aunque de una trama que parecía que podía dar más de sí sobre los miedos sociales se termina recalando en una historia de emancipación, interesante pero que desentona con el conjunto y decepciona algo ante las posibles pretensiones planteadas al principio. Este capítulo ha sido considerado de los más flojos de la primera temporada, y puede ser cierto, pero eso no significa que el resultado no sea satisfactorio, ya que esta primera temporada goza de un elevado nivel e incluso los peores capítulos son bastante interesantes. Es verdad que, teniendo en cuenta los diferentes “curriculums”, Tobe Hooper ha podido ser el director más decepcionante, pero ha cumplido suficientemente ofreciendo un capítulo por debajo de la media de esta primera temporada pero de competentes resultados.

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Episodio 4: Jenifer (Jenifer, Dario Argento)

Curiosamente, uno de los capítulos menos personales es el de Dario Argento, director que no hace encargos, poseedor de una coherente y particular filmografía, sin embargo a la vez es un director idóneo para esta película porque encaja perfectamente en su universo ¿contradictorio?, algo sí, pero tiene sentido. La idea y el guión del episodio parten del actor (y protagonista en Jenifer) Steven Weber, que aunque no suele hacer guiones es tal su gusto por el comic Jenifer de la revista Creepy que ha llevado a cabo este proyecto gracias a su amigo Mick Garris. Así pues, Dario Argento se hace cargo de una historia basada en las “andanzas” de la deforme Jenifer, con un tratamiento que podría compararse con su versión de El fantasma de la ópera (1998) en donde potenciaba la crudeza y sadismo de los asesinatos llegando al delirio, es decir, al no tratarse de un giallo Argento plasmó de manera directa algunas de sus principales virtudes, en Jenifer vuelve a hacer lo mismo, la trama se fundamenta en los momentos sangrientos, apenas sin la planificación en los asesinatos característica de sus gialli (salvo un poco al final) pero con un elevado grado de sórdido gore, como es habitual en su cine Argento recrea unas situaciones realmente malsanas con un constante clima enfermizo y de peligro, además también está muy presente el sexo durante el metraje, el Master of horror que más lejos llegó en este sentido (lo que conllevó recortes de censura). Por lo tanto, sin ser un episodio demasiado representativo de su cine (algo realmente representativo de su estilo haría en la segunda temporada), sí encaja perfectamente en la coherencia cinematográfica del director italiano, algo más “austero” visualmente de lo habitual en el realizador, se nota que se ha adaptado a la estética estadounidense, pero la mano de Argento está en buena parte de lo formal e incluso de lo temático (sin ser uno de sus típicos psychokillers), con ese ambiguo aire de misoginia, la incompetencia policial, la relación entre sexo y muerte e incluso puede señalarse el detalle del personaje que ve algo al principio pero de una manera errónea o que no lo recuerda bien. Una buena película de monstruo que si no se hubiese llevado por buen puerto hubiera resultado muy plana, Argento sin embargo le otorga un grado de misterio, de inquietud que desemboca en malestar en donde no deja de construir poesía macabra, aunque inevitablemente el episodio peca algo de repetitivo, debe posicionarse uno en las pretensiones del capítulo, no atisbar demasiado en el guión y dejarse llevar por la forma en que se nos cuenta esta cruda y oscura historia.

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Episodio 5: Sensaciones extremas (Chocolate, Mick Garris)

De manera lógica Mick Garris se reserva un capítulo, en el cual ha plasmado de manera representativa sus preferencias cinematográficas, lo que se puede considerar “su estilo”, un film de terror sobrenatural al estilo de Stephen King. La cuestión es que la idea, que parte al igual que el guión de Mick Garris, es buena, pues presenta una interesante parábola sobre la soledad, construida mediante un drama sobrenatural con elementos de terror psicológico que deriva hacia el thriller erótico con trama de femme fatale incluida, pero Garris desaprovecha sus buenas ideas, con tantos elementos con los que “jugar” en una hora, lo que conllevaría a que no diese demasiado tiempo a contar lo que se desea, el capítulo sin embargo se hace denso por alargarse fútilmente, Garris no sabe qué contar, su dirección es plana, sin lograr causar apenas estímulo en el espectador, a lo que no ayuda el poco carismático personaje protagonista (interpretado por Henry Thomas “el niño de E.T.”), y es que una cosa son las historias de “chico rarito” y otra esa especie de personaje oligofrénico. Siendo benévolos, y valorando la película desde bajas pretensiones, puede decirse que dentro de un nivel telefilmesco es correcta, podría ser agradable encontrársela para un rato de un domingo aburrido, pero la realidad es que esta serie es más ambiciosa que eso y desde luego el film se encuentra a un nivel muy inferior a la media de la serie, Sensaciones extremas queda como el peor episodio de la primera temporada, Garris lo hace lo mejor que puede y es en las ideas y en el guión donde se presenta el lado más destacable del film pero a la hora de plasmarlo en imágenes se mantiene en su habitual nivel justito.

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Episodio 6: El ejército de los muertos (Homecoming, Joe Dante)

El ejército de los muertos es una de las perlas de Masters of horror, el capítulo más político y uno de los más atrevidos, llevado en estado de gracia por Joe Dante, director caracterizado por la autoconsciencia de su cine, es decir, Dante sabe que “todo está inventado” en el cine de terror, los géneros han sido desarrollados hasta su máxima modernidad y parece difícil que vaya a poder dársele la vuelta a la tortilla de manera tan trascendental como en las evoluciones del terror de antaño, por ello sabe que transita por caminos explorados por lo que lanza una mirada irónica y a modo de homenaje sobre el cine fantástico y de terror, aunque la excepción fue Aullidos (1981), la película que modernizó el cine de hombres lobo, que no obstante también estaba plagada de guiños, en este caso al cine de licántropos. La principal influencia de Dante como hacedor de serie b es Roger Corman, lo que se palpa en su film más representativo, Gremlins (1984), en el cual se nota otra grande influencia, la de Steven Spielberg que además ejerció como productor en el filme. Del director de Cincinnati, Dante hereda su paso con naturalidad de la comedia al melodrama (El ejército de los muertos, además de divertida, tiene algunos emotivos momentos de ternura). El cine de Dante siempre ha tenido un punto de trasgresión, de crítica social, lo que potenciaría desde los 90, incluyendo esta El ejército de los muertos, donde ya no hay dobles lecturas ni sutilidades, es una película abiertamente política, una sátira sobre las manipulaciones y los abusos del Partido Republicano mediante su política del miedo a través del cine de zombies, al cual homenajea como es habitual en el director de manera amplia y con respeto y cariño al género. El punto de partida de la película se da en un programa de televisión cuando el protagonista, un empleado de uno de los grupos de influencia del Partido Republicano, desea que los soldados muertos en Iraq vuelvan a la vida para que dijeran que lucharon por una “causa justa”, sin embargo esto termina sucediendo, este deseo cumplido es un guiño a los cuentos de hadas, el cine de Dante tiene algo de fábula, la citada Gremlins (1984) tiene bastante de cuento moderno. La cuestión es que los soldados vueltos a la vida darán su opinión y ésta no es tan favorable al Partido Republicano como el protagonista creía, el cual representa la ingenuidad bienintencionada de algunos derechistas, mientras su compañera de su grupo de influencia representa a los derechistas más conscientes de qué es el poder, los que buscan el beneficio personal aún cuando sean conscientes de las injusticias que llevan a cabo. De esta manera se construye un discurso satírico dejando patente la hipocresía de los belicistas, también con críticas a otros sectores como los medios de comunicación, la Iglesia... y de manera especial finalmente también a la posesión de armas de fuego. Nada tiene desperdicio en El ejército de los muertos, apenas hay escenas de transición y menos de relleno, cada escena tiene su significado especial, entre todas se teje una estupenda historia. Están tan bien llevados a cabo la dirección y el guión que el capítulo se hace corto, nos quedamos con ganas de más al final, esto es de lo “peor” que se puede decir de este magnífico episodio, aunque también algunos dirían que apenas es aterrador, algo cierto en parte, no obstante tiene logrados momentos inquietantes y de tensión, pero es verdad que es uno de los capítulos que menos temor provocan, no obstante es lo que se pretendía, es cierto que los zombies no asustan demasiado, pero es que esta vez asustan más los seres humanos.

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Episodio 7: Salvaje instinto animal (Deer woman, John Landis)

John Landis es un director de comedia pero que ocasionalmente reserva un hueco para el cine de género o de terror. Padre de la comedia juvenil de despiporres y de films de humor políticamente incorrecto, con el tiempo su cine se fue “acomodando”, perdiendo su espíritu de trasgresión, es decir, para encontrar al más puro John Landis hay que ver su primera etapa, que comprende desde sus inicios a principios de los 70 hasta la primera mitad de los 80. Centrándonos en su filmografía de terror, el rasgo característico de ésta es su visión caricaturesca y paródica del género, sin duda su exponente más representativo es Un hombre lobo americano en Londres (1981), una de las comedias de terror más importantes de la historia del cine, en la que por cierto al igual que en otros filmes de especialmente su primera etapa podemos observar el gusto de Landis por darle importancia a los animales, algo con lo que, de nuevo, juega en Salvaje instinto animal. En este episodio Landis retoma su esencia influido por su propia Un hombre lobo americano en Londres (1981), a la que homenajea al igual que a otros clásicos de la serie b como La mujer pantera (1942). El capítulo consiste en la investigación de dos policías sobre unos “misteriosos asesinatos”, descubrirán que están relacionados con una leyenda india, con esta premisa Landis ofrece una hora de diversión con estupendos momentos de comedia, la caricaturización de situaciones, personajes y de los propios asesinatos resulta brillante, tampoco falta la inclusión del sexo más desaforado en uno de los capítulos que, incluso, teniendo en cuenta al director (en peor momento que la mayoría de los demás de la serie), ha resultado uno de los más sorprendentes, pocas pero logradas pretensiones en la aportación de Landis.

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Episodio 8: El fin del mundo en 35 mm (Cigarette burns, John Carpenter)

Para su segmento, John Carpenter ha contribuido con un filme de terror psicológico, no es el estilo habitual del director estadounidense, puede compararse con su En la boca del miedo (1995) con la que guarda no pocos paralelismos. Carpenter es un director de tal genialidad que aún cuando no ha realizado un capítulo con su estilo más usual, aún cuando como ha hecho otras veces absorbe “modas” del momento, su impronta sella este episodio. En el cine de John Carpenter los monstruos no habitan en exceso o, si no, los monstruos habitan en el propio ser humano (La cosa (1982) es un ejemplo paradigmático), en la historia de este episodio el mal habita en los propios individuos, es la liberación de los demonios particulares, también observamos apuntes de otros elementos habituales de su cine como la oscura presencia de simbología cristiana o una crítica social en la figura del autoritario padre de la novia. Como dije, este episodio está influido por el cine actual, recoge las propiedades de The Ring (1998) y Carpenter lo convierte en algo fresco, no queda como una más de las muchas películas derivativas del film de Hideo Nakata que sin embargo no logran alcanzar su esencia, no es el caso de El fin del mundo en 35 mm, a diferencia de la mayoría de películas imbuidas por The Ring (1998) no se basa en efectismos puntuales (aunque los haya y algunos con abundante gore, por cierto con un guiño al final a la Nueva Carne), sino que al igual que en la película de Nakata se crea una atmósfera de misterio en la que el terror es intuido, cuanto más avanza el metraje mayor es la persuasión infundida de que nos adentramos en una pesadilla, la utilización de la sugerencia resulta magistral. Finalmente, hay que señalar que encontramos distintos niveles de lectura, el más claro es el homenaje a la cinefagia, al cine fantástico y de terror y a sus aficionados, al morbo de buscar las películas más desconocidas y malditas, también se hilvana la relación entre público y cineastas y sobre todo entre cineastas y crítica, al margen de esto la maldición de la película de la película (valga la redundancia) se muestra como la maldición del pasado, de cómo nos puede devorar si no lo asumimos, es decir, de la culpabilidad. Brillantemente dirigida, pese a tener una trama ligeramente “tranquila” el film se hace muy corto (eso sí, debido a la escasa duración hacia el final sí se hace corto porque los acontecimientos suceden rápido), un magistral ejercicio de terror que se posiciona como uno de los mejores episodios de la serie.

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Episodio 9: En el sótano (Fair haired, William Malone)

Éste es el episodio más sorprendente de Masters of horror en relación a lo esperado por su director, uno de los realizadores más modestos de la serie que sin embargo ha sorprendido con uno de los mejores capítulos, confirmando al menos que puede llegar a ser un buen artesano. William Malone debutó en los 80, dirigiendo dos films sin éxito, esto y la llegada de los 90 le relegaron a la televisión, donde siguió con el género del terror en series como Relatos de la cripta, realizando un eficiente trabajo que hace más comprensible la calidad mostrada en esta En el sótano, gracias a su experiencia en el medio televisivo ha sido el mejor en saber adaptarse a este formato. Su nueva oportunidad en el cine llegó con la productora Dark Castle, encargándole dirigir el remake House on haunted hill (1999), insulso film que, eso sí, se mantiene fiel a la esencia de William Castle, hacer espectáculo con el cine de terror. Sin embargo, en este episodio Malone realiza, como indiqué, un competente trabajo, con un interesante guión de Matt Greenberg este capítulo es uno de los más redondos, la utilización de pocas localizaciones esta vez no es un lastre sino que permite centrarse en una excelente puesta en escena. Los defectos habituales en el cine de Malone apenas asoman en este filme, en buena parte por la moderación a la hora de utilizar fx digitales, de hecho los efectos especiales son muy acertados en este episodio. Además, es una de las partes más originales de Masters of horror, pasando de un terror psicológico de un secuestro a una trama de pacto demoníaco y magia negra que desemboca con un elevado tono fantástico inspirando en leyendas como el mito del minotauro, precisamente algunas de las mejores partes del film corresponden a los momentos de monster movie, realmente inquietantes con un Malone muy certero en donde efectos típicos de su cine como los movimientos renqueantes quedan mejor que nunca, con un cierto tratamiento fantasmal (influido por el terror oriental) que resulta realmente tenebroso, y es que En el sótano es uno de los episodios más aterradores de la serie, un capítulo que juega sobresalientemente con todas sus bazas, encontrando un formidable equilibrio entre lo dramático y la utilización del suspense al servicio de una sensacional pieza de fanta-terror.

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Episodio 10: Metamorfosis (Sick girl, Lucky McKee)

Cuando se estaban barajando las ideas y los diferentes autores para Masters of horror, se pensó en un capítulo que sería una historia de monstruo, un hombre que se transforma en insecto al estilo de La mosca (1958), probablemente debía ser un homenaje al cine de mad doctor, algo que al final ha quedado muy disipado al caer en las manos de Lucky McKee, que al llevarse la idea a su terreno la ha cambiado drásticamente, del hombre que se transforma en insecto se ha pasado a una mujer, y es que en su capítulo Lucky McKee vierte sus rasgos estilísticos, quien haya visto ese genial cuento oscuro que es May (2002) sabrá de las peculiaridades de este director, es decir, chicas raras o inadaptadas que buscan la comprensión, por otra parte la sugerencia del lesbianismo en sus films cobra protagonismo en Metamorfosis, encontrándonos con no una chica inadaptada sino dos, una por su afición a la entomología (interpretada por Angela Bettis) y las dos por su condición sexual (la otra chica es Misty Mundae, una pequeña estrella del terror erótico). Como dije, este capítulo tiene mucho de influencia de La mosca (1958), por cierto también con algún guiño a Phenomena (1984) de su admirado Dario Argento, lo aterrador está en la progresiva transformación, generando momentos de tensión que lo acercan al terror psicológico, además al igual que en May (2002), Lucky McKee incluye pequeños detalles desagradables bien resueltos, es decir, que consiguen dar grima, aunque lo más aterrador es el desenlance, si bien no incide mucho en este climax final, pero ante todo, y para que nadie se lleve a engaño, hay que ser consciente de una cosa: este episodio es uno de los que menos contienen terror. Para dejar patente su idiosincrasia cinematográfica, Lucky McKee ha remarcado los elementos que le diferencian de otros directores de terror, su gusto por el drama, la comedia y también podemos considerar el indie, no es descabellado emparentarlo con directores como Todd Solodz, con un moderno uso de los elementos musicales y un gusto por la estética rica y colorista. Nos encontramos con una comedia romántica en la que el terror es utilizado como vehículo para contar una historia de quienes son rechazados por la sociedad, a la que McKee consigue engancharnos tanto por ser una conseguida comedia como por lograr un buen retrato de la pareja protagonista. No hay que olvidar que desde siempre el cine de terror ha sido muy eficaz para construir historias, a pocos inquieta especialmente ya El doctor Frankenstein (1931) pero su empleo del terror logra reforzar lo que consigue ser una gran historia, por tanto está claro que Metamorfosis es de los capítulos menos aterradores, algo que como excepción no empaña la serie, pero da un paso hacia la confirmación del talento de un director que aún es prematuro considerar “maestro del terror”, puede decirse que es la “gran promesa” de esta primera temporada y si continúa manteniendo su nivel no dudo que se confirmará como un director de referencia del género.

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Episodio 11: Trayecto al infierno (Pick me up, Larry Cohen)

Uno de los aspectos más interesantes de Masters of horror es el de reivindicar a los maestros del género, aún cuando éstos ya no gocen del favor de la industria, es el caso de Larry Cohen que, eso sí, continúa con cierta notoriedad en su labor como guionista, pero lejos de su buena época como director en los 70 y 80, en donde realizó con maestría cine de género, desde thrillers a acción, aunque lo que aquí ocupa es su labor en el cine de terror, dentro de la cual este episodio queda encuadrado en sus thrillers terroríficos, como curiosidad cierto momento puede remitir a La ambulancia (1990), quizá hubiera sido más interesante que hubiera hecho un film de ciencia ficción terrorífica, en donde ha aportado sus grandes obras al cine de terror, como su mítica ¡Estoy vivo! (1974), en la que exponía también el mensaje izquierdista de su cine, por ello sería interesante que Larry Cohen repitiera su participación en la serie realizando un capítulo con el estilo con el que se convirtió en un director de culto del cine de terror. De todas formas, Trayecto al infierno rezuma la chispa del cine de Larry Cohen, pese a que el guión no sea suyo sino de David J. Schow cuadra con sus maneras, de hecho uno de los puntos fuertes del capítulo son los diálogos inteligentes, lo que unido a la vibrante dirección de Larry Cohen lo convierten en un capítulo que rápidamente atrapa al espectador, pese a su, en principio, típica premisa, pues este film es de un género tan trillado en el cine de terror como es el psychokiller, recordando a muchas de sus referencias, en especial Psicosis (1960) de su reverenciado Alfred Hitchcock, su forma de road movie recuerda también a Carretera al infierno (1986). Sin embargo, de una idea típica se le da la vuelta a la tortilla para encontrarnos con una bien ingeniada competición entre psychokillers, lo que resulta tan inquietante como divertido, recreando momentos tanto malsanos como de humor negro, o de ambas cosas a la vez, en esto está lo mejor de la película, en el carisma de los asesinos en serie, aunque tanto se han centrado en ello que el papel de la víctima protagonista, interpretada por Fairuza Balk, queda bastante desdibujado. Uno de los capítulos más divertidos y, en cierto modo, también de los más sorprendentes.

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Episodio 12: El cuento de Haeckel (Haeckel’s tale, John McNaughton)

Justo antes del inicio de este capítulo se indica “en asociación con George Romero”, del que cabe imaginar que algo habrá colaborado en el episodio, pero realmente estaba encargado de dirigirlo, algo que por desgracia no pudo hacer al final, porque la historia le era muy propicia (con una parte final que evoca, aunque de diferente manera, a sus films de zombies), en su lugar se recurrió a John McNaughton, posiblemente el director más prescindible en relación a la sintonía de la serie por ser el más ajeno al cine de terror, dedicándose principalmente al thriller, sin embargo sí es un director que ha pasado a formar parte de la historia del género de terror gracias a su ópera prima, Henry, retrato de un asesino (1986), sin duda un film fundamental del psychokiller, logradamente sórdida en su oscuro retratismo sobre las fechorías de un asesino en serie, después sólo dirigiría una película más de terror, Mutación asesina (The borrower, 1991), género al que vuelve con El cuento de Haeckel pero a un nivel inferior que a su debut, cumpliendo con un encargo, lo que le resta encanto a lo que es la esencia de la serie, mostrar la escuela que han creado los “maestros del terror”, o al menos el estilo de cada cual. En este caso, McNaughton se encarga de adaptar un relato de Clive Barker que más que a su más característico universo remite a la literatura romántica, si bien no falta la grotesca sexualidad del escritor. Pero, en definitiva, éste es el capítulo de terror más clásico de la serie, un filme de terror gótico que, al igual que el resto de capítulos, incluye elementos que no la hacen tópica del todo. La primera parte es la que se ciñe a patrones más clásicos del cine de terror, recordando a películas como El doctor Frankenstein (1931) y El ladrón de cadáveres (1945), para pasar de una historia de mad doctor a una de brujería en su segunda parte, esta segunda parte empieza bien, tomando una atmósfera de tétrico cuento de hadas, y si bien es correctamente conducida con un ligero suspense, termina deambulando no se sabe muy bien hacia dónde, no es que la macabramente sexual parte final esté mal, sino al contrario, pero el resultado es un descompaginado en donde unas cosas no compactan con otras, y es que no es fácil mezclar elementos opuestos, por lo que el humor caricaturesco quizá debió contenerse más. Al ser el episodio más trasladado a una época lejana (con permiso de El baile de los muertos) las limitaciones económicas pueden ser difíciles de solventar, sin embargo la ambientación está suficientemente conseguida, con un buen trabajo de vestuario y una interesante escenografía, destacando lugares como el sótano de Haeckel, la cabaña y, por supuesto, el brumoso cementerio, por otra parte los efectos especiales y el trabajo de maquillaje son solventes, todo esto con un equipo y unos actores a la altura de las circunstancias para elaborar un moderadamente estimable filme de terror clásico.

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Episodio 13: La huella (Imprint, Takashi Miike)

Si alguien ha sabido exprimir la libertad creativa de esta serie ése ha sido Takashi Miike, realizador japonés irregular por la profusión con la que hace películas pero que, digamos, que cuando se pone, se pone bien, como ha sido el caso de este magnífico episodio. Para catalogar al director japonés algunos lo comparan con Quentin Tarantino pero más ecléctico, bizarro y pasado de vueltas (lo que ya es decir), al igual que el director estadounidense Miike tiene las raíces de su cine en los thrillers de mafiosos pero, de la misma manera, su cinefagia le ha conducido por diversos caminos, entre los que cabe destacar el cine de terror, dándose a conocer en Occidente especialmente con Audition (1999), con la que este episodio tiene bastante paralelismo, compartiendo como trasfondo temático la sumisión de la mujer, de nuevo blandiendo mucha imaginación en una película donde nada es lo que parece, retorciendo la historia hasta convertirla en un delirio surrealista pero, llevado a cabo con mano maestra, sin estridencias, narrando una historia pausada, al estilo clásico japonés, incluso su corte tradicional remite a las raíces góticas del cine de terror, como si de un cuento macabro de Edgar Allan Poe se tratase, hasta con algo de H.P. Lovecraft en donde la locura es el destino, si bien el europeo término gótico no es adecuado para un contexto japonés, pero puede considerarse su equivalencia oriental. Desde el comienzo, conducidos con un brillante pulso narrativo, se palpa un clima insano, la isla del burdel, pese a su austeridad, es realmente inquietante, se transmite el aire de superstición sobre una isla en la que dicen moran los demonios, con una tenue (pero siempre presente) atmósfera fantasmal, aunque, como es habitual en el cine de Miike, nunca sabemos por dónde desembocará la historia, que sin desmarcarse del terror psicológico se apartará de la kaidan eiga para tomar un rumbo más mórbido y abyecto en el que es uno de los episodios más aterradores y, con toda seguridad, el más perturbador de todos, y es que se tocan sin cortapisas tabús o asuntos incómodos como la violencia contra las mujeres, prostitución en esclavitud, pederastia, incesto, violaciones, infanticidio, abortos clandestinos... por ello y por la gran crueldad habitual del cine de Takashi Miike se prohibió la emisión de este capítulo en la televisión estadounidense, es la hipocresía de quienes admiten el cine de terror pero siempre dentro de unos límites, es decir, quienes quieren que les inquieten pero sólo hasta cierto punto, disponiendo de un colchón amortiguador, pero el cine de Miike no es así, no hay un colchón que nos resguarde de la caída, sino que nos introduce en una retorcida pesadilla. Resulta sorprendente, incluso a sabiendas de su nivel, que Miike haya superado en esta serie a la mayoría de los maestros del cine de terror, construyendo el episodio mejor elaborado, incluso es casi el único en el que no se aprecia en ningún momento el pequeño presupuesto, llevando a cabo un sobresaliente trabajo en el que dota al filme de atractivos componentes visuales, sazonado con un buen uso de la simbología, no hay desperdicio pues se han cuidado con esmero los detalles confiriendo una obra de cierta complejidad teniendo en cuenta su formato, excelente trabajo para la primera película rodada en inglés de Miike, con el actor de serie b Billy Drago como único protagonista occidental en este film de uno de los directores más estimulantes actualmente del género.

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Una vez vista la primera temporada, ¿cuál es el balance? En mi opinión, el balance es muy positivo, de lo que creo que puede calificarse de hito televisivo, tan buen resultado ha tenido la temporada que no es de extrañar que, según dicen, el nivel de la segunda sea inferior a ésta. Si hablamos sobre las valoraciones de los diferentes episodios, posiblemente sería difícil que los aficionados al género nos pusiéramos de acuerdo, no sería fácil otorgar la “medalla de oro”, pero yo me mojaré un poco considerando que, pienso, el podium corresponde a El ejército de los muertos, El fin del mundo en 35 mm y La huella, después nos encontramos con un síntoma del alto nivel de la temporada y es que la mayoría de episodios son estupendos en sus pretensiones, es el caso de Esculturas humanas, Tras las paredes, Jenifer, Salvaje instinto animal, En el sótano, Metamorfosis y Trayecto al infierno, y ya en un nivel más mejorable El baile de los muertos, El cuento de Haeckel y sobre todo Sensaciones extremas. Queda esperar que la casi confirmada tercera temporada vea la luz, ¡y que haya más!

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- Paco Antequera

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26 Mayo 2007

La trilogía Scream

En lugar de reseñar una crítica sobre Scream (1996) he considerado mejor elaborar un artículo sobre la trilogía para ofrecer una visión más completa ya que de esta manera se entiende mejor en su amplitud el conjunto de guiños y referencias de la saga de Wes Craven y Kevin Williamson.

De entrada declaro que me gusta Scream (1996), esto teniendo en cuenta que apenas hay slashers en los 90 que me atraigan, aunque me coma muchos por mi especial gusto hacia este subgénero. Si bien suelo rehuir del terror adolescente, ya que la explotación de este género obedece a acercar el cine de terror a las jóvenes y, con ello, a las modas, creo que por tanto banalizándolo, esto y las comedias de terror, híbrido este último con el que habría que acercarse más selectivamente y con más cuidado, han llevado al cine de terror estadounidense a la deriva. Una lástima cuando una comedia de terror bien realizada puede ser de lo más disfrutable y cuando bajo el terror adolescente se podrían tratar temas relativos a la adolescencia con interés, sin embargo la mayoría de las veces lo adolescente es una excusa para introducir chorradas, colocando a unos cuantos adolescentes descerebrados. Scream (1996) no es desde luego uno de los ejemplos de buen terror adolescente, nada de profundizar en una historia iniciática o de búsqueda, aunque tampoco está en el extremo de lo más chorra, lo que uno espera al menos es que si un film de terror adolescente no tendrá muchas pretensiones, al menos que éste se aborde sin tratar al espectador de imbécil, algo así como en Black Christmas (1974), que hace gala de un sardónico humor. Scream (1996), sin llegar a esto, sí se desenvuelve lo suficientemente bien.

Es necesario situar a Scream (1996) en su contexto; años 90, la fórmula del slasher ha sido agotada, desde finales de los 80 el género empieza a aburrir y en los 90 el terror se desmorona en una de sus peores épocas. Wes Craven, que venía dando tumbos con películas como la mejorable La nueva pesadilla (1994) o la insustancial Un vampiro suelto en Brooklyn (1995), realizó con Scream (1996) un homenaje al terror de los 80, al psychokiller y, especialmente, al slasher. La película resultó un inesperado éxito y el cine de terror empezó a salir de la grave crisis en que estaba. Curiosamente, esta película que ironizaba sobre los tópicos del slasher y que, podría decirse, que servía casi como “punto y final” para la primera época del slasher, generó una oleada de films de este subgénero y, con ello, una cantidad ingente de películas nadando en los mismos tópicos de siempre. En todo caso, creo que el balance es más positivo que negativo, y Scream (1996) quedó, a mi juicio, como el mejor slasher de los 90 junto a Candyman (1992). A continuación detallo en distintas partes los aspectos fundamentales de esta saga.

Wes Craven

No necesita presentación para el aficionado al cine de terror, pero cabe recordar que Craven es una de las figuras fundamentales en la modernización del cine de terror. Con Scream (1996) realizó su film más slasher, subgénero del que suele incluir toques en muchos de sus films, de hecho su película Las colinas tienen ojos (1977) fue una de las grandes influencias para el slasher. Aunque en el cine de Craven destaca la presencia de psicópatas, en ocasiones ha hecho películas de temática sobrenatural, la mejor de las cuales es La serpiente y el arco iris (1988). En Pesadilla en Elm Street (1984) mezclaba ambos elementos, ésta película es uno de los mejores slashers de los 80 y la película que consolidó a Craven, reúne muchos de los elementos característicos de su cine, en donde el hombre se enfrenta a la bestia, es decir, Craven gusta de generar confrontaciones en sus películas, desarrollando una habilidad para la planificación de escenas que se palparía en Scream (1996) y que sería en buena parte causa de que ninguna de las películas “imitadoras” de ésta se le haya acercado. Hay que decir que Craven es mediocre como guionista, aunque a veces cuente con alguna buena idea que rueda con habilidad, pero en general esto ha hecho que su carrera sea bastante irregular, con el tiempo se sirvió más de guiones ajenos, es el caso de Scream (1996), historia ideada por Kevin Williamson, un estupendo guión que en manos de Wes Craven dio lugar al mejor slasher de los 90, al igual que Pesadilla en Elm Street (1984) lo fue en los 80. En los 90 se presenta una evolución en el cine de Craven, por films como Un vampiro suelto en Brooklyn (1995) se observa su mayor acercamiento a la comedia de terror, algo que no me gusta personalmente, aunque en Scream (1996) queda muy justificado por su tono paródico, también hay que decir que en La nueva pesadilla (1994) Craven incluye elementos de metacine, homenajeando a su saga (o a su primer film, ya que no le gustó la deriva de la saga, y con razón), de alguna manera esta evolución eclosiona en Scream (1996) que aporta el próximo elemento que parece que ha decidido incorporar a su cine: el suspense. Esto sin que Craven haya sido nunca un director muy “elegante”, más bien uno de los baluartes del terror físico y explícito, aunque alguna vez ha realizado terror psicológico, por ejemplo en La serpiente y el arco iris (1988). A mí me gustaría que Craven volviera a realizar films como Las colinas tienen ojos (1977), ya que algunos “alumnos” como los brillantes Alexandre Aja o Rob Zombie le han comido el terreno, pero de momento Craven parece más acomodado en sus labores de productor.

Kevin Williamson

Admirador desde su juventud del cine de John Huges y Steven Spilberg, Kevin Williamson se caracterizó por su gusto por las historias adolescentes, buena prueba de ello es su serie semi-autobriográfica Dawson crece (1998). Sin embargo, su éxito llegaría con el cine de terror, utilizó su afición por el cine de terror de los 80 para elaborar un guión que ironizase sobre los tópicos del género, el resultado fue el éxito de Scream (1996). Williamson concibió la historia como una trilogía y por ello tenía hecho el guión de la segunda parte, de esta manera no tardó en realizarse Scream 2 (1997), de la que también fue productor. Su implicación en distintos guiones y trabajos le impidió hacer el guión de Scream 3 (2000), pero sí aportó la idea principal y una cierta base, el buen resultado de su trabajo a medias se notó en este film que también produciría. Sin embargo, Williamson sigue a la sombra de su éxito con la saga Scream, no es ya el guionista de éxito que fue a finales de los 90, descalabrado en su dirección en Secuestrando a la señorita Tingle (1999), prosigue a medio camino de la producción y el guión, del cine y de la televisión.

Las referencias y homenajes

Gran parte del encanto de Scream (1996) para el aficionado al cine de terror consiste en los guiños al género, teniendo en esta película un homenaje redondo al slasher. O casi redondo, porque se echa en falta la presencia de alguna referencia al cine giallo y a Dario Argento, del que no sólo bebe el filme indirectamente (al proceder el slasher del giallo), sino que recoge directamente elementos del cine de Dario Argento y del giallo, normal teniendo en cuenta que Scream puede ser catalogado como el tipo de slasher más cercano al giallo, al tratarse de un “¿Quién lo hizo?”. La otra gran referencia ausente es Black Christmas (1974), para muchos el primer slasher, yo la consideraría como el film de transición entre el giallo y el slasher. Además, Scream (1996) toma directamente de Black Christmas (1974), y también de algunos gialli, la utilización de la llamada telefónica. Las influencias de estas películas en Scream (1996) están claras y, en todo caso, son esenciales para conocer los orígenes del subgénero, por lo que es imperdonable que se haya omitido algún homenaje explícito, vamos, en los propios diálogos, porque en similitud de escenas los hay, por ejemplo la chica colgada de una soga como en Suspiria (1977). Siendo algo mal pensado, pudiera pensar que en un ejercicio de chovinismo quisieron homenajear principalmente al propio cine de terror estadounidense, obviando tener en cuenta a los italianos y a una película canadiense, pero sin mayor información no puedo afirmar nada. Eso sí, el cartel oficial de Scream se inspira en el poster de Ópera (1987) de Dario Argento.

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El cartel oficial de Scream está inspirado en el de Ópera de Dario Argento.

Sí existen referencias en algún diálogo a Psicosis (1960), la gran película de asesino psicópata y fundamental en los cimientos de los que bebería el giallo y el slasher. También nombran El silencio de los corderos (1991), que si bien poco tiene que ver con el slasher no deja de ser el film de psicópata más importante de los 90. Pero sin duda la referencia con más sentido es la del slasher más influyente y prácticamente fundacional; La noche de Halloween (1978). Scream (1978) adopta la estética sobria de éste y juega con los trucos con el tiempo convertidos en tópicos que estableció La noche de Halloween (1978). Otra gran referencia para Scream (1996) fue Noche de Graduación (Prom Night, 1980), film al que se aproxima mucho por tratarse también de un “¿Quién lo hizo?”, algo que no era la tónica general en los 80, donde primaban los “asesinos legendarios”, es decir, Michael Myers (saga de Halloween) y Jason Voorhees (saga Viernes 13) entre otros. Noche de Graduación (Prom Night, 1980) realmente se distancia en cuanto a calidad de éstas, y Scream (1996) consigue superarla, buena parte de la fama de Noche de Graduación (Prom Night, 1980) se debió al reclamo de Jamie Lee Curtis. Se estructuraba en una primera hora en donde se muestran las relaciones entre los adolescentes del instituto, la amenaza de un psicópata se va sugiriendo, para desembocar en una interesante media hora final de giallo. Scream (1996), creo que por fortuna, es más equilibrada y la trama de un asesino en serie se desarrolla con igual intensidad durante toda la película. Por otra parte, no podía faltar un guiño a Pesadilla en Elm Street (1984), y en la primera parte lo hay de manera especial, con Wes Craven haciendo un cameo como un barrendero llamado Fred, además de otros muchos guiños a esta saga. Quien quiera indagar más en los homenajes de la saga Scream puede hacerlo en las siguientes webs que, aviso, contienen spoilers:

http://tepasmas.com/curiosidades/scream
http://tepasmas.com/curiosidades/scream2
http://tepasmas.com/curiosidades/scream3

El psicópata: Ghostface

A la hora de elaborar un slasher los autores prestan especial atención al psicópata. Su trasfondo y su imagen definida por su máscara y el tipo de armas blancas que utilice. El psicópata de Scream es Ghostface, aunque originariamente su nombre era el del disfraz, pero como suele pasar, tomando ejemplos como Leatherface y Pinhead, este tipo de “apodos” se convierten en más populares. Debe este nombre a su máscara de fantasma, creo que la idea de colocar una careta de un fantasma al psicópata es acertada, una especie de referencia a la presencia fantasmagórica de la que se caracterizan los asesinos de los slashers. El diseño de la careta está inspirado en el cuadro de El Grito.

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El cuadro de El Grito y Ghostface.

Pese a la apariencia cómica del disfraz (algo que concuerda en este film paródico) no se cae en el ridículo y Ghostface resulta atemorizante. Algo en lo que, personalmente, creo que se ha acertado, es en no intentar convertir a Ghostface en el psicópata más temible, es decir, en no intentar superar a Michael Myers y a otros, en su lugar han adoptado una postura más “humilde” dotando a Ghostface de cualidades “estándar”, sin colocarlo por encima de la media en sus habilidades como psicópata de slasher. Así pues, Ghostface no es corpulento y por tanto pueden plantarle cara, así que como es habitual en el slasher se apoya mucho en el ataque sorpresa. Por otra parte, el arma utilizada es “definitoria” del psicópata, y el hecho de que Ghostface utilice un cuchillo suficientemente grande pero corriente ejemplifica su “convencionalidad”. La identidad de Ghostface siempre es utilizada por alguien inteligente que sabe despistar a sus víctimas.

Scream (1996)

La película que retomó con fuerza el slasher, sorprendió por su enrevesado e imaginativo guión y creo que es la mejor película de la saga. Al principio iba a ser llamada Scary Movie, es decir, “peli de sustos”, pero finalmente se optó por otro título referencial como es el de Scream, que bien puede ser una referencia al cuadro de El Grito como a las scream queens o simplemente a las pelis de “sustos y gritos” (el título de Scary Movie lo utilizaría posteriormente la comedia paródica de los hermanos Wayans). Como buen slasher, Scream (1996) cuenta con una atractiva escena inicial que se ha convertido en un pequeño clásico entre las secuencias del cine de terror de los últimos tiempos, en parte su efectividad se debe a que posee la mayor carga psicológica de toda la saga. Para el papel protagonista se contó con la guapa Neve Campbell como Sidney Prescott, con una “imagen virginal” adecuada a las protagonistas de los slashers. Otro personaje importante, aunque secundario, es el de Randy, personaje cinéfago introducido como excusa para hacer referencia a los tópicos del cine de terror. Señalar de nuevo la dirección maestra de Wes Craven, otorgando intensidad a las escenas de persecuciones entre víctima y asesino, algo que sabe rodar muy bien Craven, especialmente logrado en la parte final de la película, la cual por cierto tiene un final sorpresa realmente tramposo, aunque no incoherente, pero en las secuelas perfeccionarían el final no siendo tramposo a este nivel. El final, que yo llamaría “el final de las pistolas”, se convirtió en una constante de la saga, en el que ya se rompe la regla de la utilización de armas blancas para pasar a las armas de fuego, sirviendo para destapar los secretos del filme sin necesidad de utilizar flashbacks.

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Scream 2 (1997)

La dificultad para realizar una segunda parte a la altura de una primera película es algo sobre lo que se ironiza en esta secuela que consigue estar a un nivel similar al de la primera parte. Las referencias al cine de terror son menores en Scream 2 (1997), posiblemente porque sería reiterativo volver a nombrar La noche de Halloween (1978), Viernes 13 (1980), Pesadilla en Elm Street (1984), etc. pero resulta interesante que los personajes sean conscientes de que “están en una secuela”. Aunque yo preferiría que se remarcaran más las referencias al cine de terror, en este caso se nombran más que antes films ajenos al género. Realmente, la mejor y de las pocas referencias concretas en un diálogo a películas de terror es a films como Día de Graduación (1981) y Examen final (1989), haciendo referencia a slashers desarrollados en institutos y, creo que también, haciendo referencia a películas derivativas de los grandes clásicos, a las que son “más de lo mismo” pero que al aficionado le gusta ver. Otro detalle con encanto es el hecho de que hagan una película basada en los hechos de la primera parte de Scream, una divertida representación de cine dentro de cine que abre Scream 2 (1997) con una escena apropiadamente diferente a la de su película predecesora y también acertadamente referencial, en una sala de cine donde proyectan el estreno de Puñalada, la película basada en los hechos que cuentan en Scream (1996), por cierto que a mí me hubiera gustado más que el título que le hubieran puesto a esa película hiciera una referencia a una fecha, como es habitual en muchos slashers.

Scream 3 (2000)

Si Scream (1996) fue un homenaje a un determinado tipo de cine de terror y Scream 2 (1997) a las secuelas y explotaciones en el género del terror, Scream 3 (2000) es un homenaje a la propia saga, desde la conciencia de que ha pasado a ser un clásico del cine de terror como las mismas referencias nombradas en la saga, quizá por ello es la entrega que menos guiños tiene hacia el cine de terror, aunque yo destacaría como curiosidad un buen guiño hacia las interminables sagas de terror, el del “asesino sobrenatural”. Como homenaje a la propia saga esta vez el film no se desarrolla en un instituto, tiene una índole algo más adulta, la trama se da en pleno Hollywood mientras están rodando la tercera parte de Puñalada, divertido ejercicio de cine dentro de cine que además muestra las miserias de la industria cinematográfica de Hollywood. Dos de los personajes supervivientes se convierten en los protagonistas e inician una investigación al margen de la policía, como es habitual en muchos gialli, aunque creo que estos personajes aderezaban mejor Scream en su papel más secundario, no sé si la razón para que ellos sean los actores principales se debe a que Neve Campbell no haya querido participar más (se sabe que ya quería ir dejando la saga Scream). El guión sigue siendo sorprendente y con giros inesperados, aunque esta película ya tiene un nivel inferior a las anteriores, la fórmula se agota y Scream 3 (2000) se resiente, aún así la forma de enlazar con la trama de los anteriores films es muy eficiente, cerrando espléndidamente la saga que, eso sí, no aguantaría ya más películas sin caer en la degeneración.

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Tras la estela de Scream

De la misma manera que La noche de Halloween (1978) propició una ingente cantidad de films en los 80, Scream (1996) generó una “segunda generación” de cine slasher, aunque con un nivel menor al de los 80, realmente la fórmula ya estaba muy explotada y Scream (1996) precisamente funcionaba por eso. Además, mientras que los elementos cómicos en Scream (1996) son, en buena parte, justificables, los de muchos slashers de la segunda mitad de los 90 banalizan el film. Un detalle interesante de la hornada slasher de los 90 es que mientras que en los 80 primaban los films con un asesino “famoso”, conocido por los personajes, y los films whodounit no alcanzaban la popularidad de las películas de Michael Myers y Jason Voorhees, muchos slashers sin embargo influidos por Scream (1996) adoptan la estructura de descubrir al asesino. No es el caso de Sé lo que hicisteis el último verano (1997), con El hombre del garfio, Ben Willis, vengándose de un grupo de adolescentes. El hecho de que no tenga una trama de averiguación del asesino propicia que éste sea un asesino sobrenatural en esta película basada en una novela de Lois Duncan y, como Scream (1996), también escrita por Kevin Williamson. De esta manera, Sé lo que hicisteis el último verano (1997) ejemplifica el otro tipo de slasher en oposición a Scream (1996), fue el otro gran éxito del slasher de finales de los 90, aunque desde luego no la encuentro muy destacable y menos las secuelas, creo que realmente tras Scream (1996) el mejor slasher de la época fue Leyenda urbana (1998), que además también era un film muy referencial aunque no tanto cinematográficamente sino en cuanto a las leyendas urbanas, aportando un cierto toque de originalidad al trillado subgénero. En los 2000 se disipó el boom slasher pero el terror (en mi opinión) goza de una buena época y algunos slashers han vuelto a renovar el género como lo hiciera Scream (1996) en su momento, un oasis en una época de crísis para el cine de terror que, en buena parte, gracias a este film ya ha quedado atrás.

- Paco Antequera

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Nacido como un espacio en el que contar mis inquietudes, finalmente convertido en un blog de cine fantástico (la cabra tira al monte), en el que hablo sobre este género cinematográfico intentando aportar información y puntos de vista que no estén demasiado extendidos por la red.

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