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La Coctelera

LA CAJA ESFÉRICA

Categoría: Cine - Análisis

10 Enero 2007

La máscara de cristal

La máscara de cristal (Dave McKean, 2005)

Hay veces en que una buena película tiene también bastantes defectos y al hablar de ellos pueda dar la impresión de que se está poniendo a caldo el filme; esto es lo que pasa con esta película de la compañía de Jim Henson, una fantástica (en todos los sentidos) producción inglesa que sin embargo es muy irregular, por lo que cabe nombrar bastantes aspectos mejorables pero el resultado no deja de ser notable.

Primera película dirigida por el ilustrador Dave McKean, escrita junto al autor de comic-books Neil Gaiman, así pues bajo esta productora y con estos autores no sorprende encontrarse un cuento de hadas al estilo de Alicia en el país de las maravillas que nos puede recordar a películas como Dentro del laberinto y La casa de papel. Una historia de pura fantasía de las que tanto nos gustan a algunos con el mérito de ser una película de este tipo con poco presupuesto, lo que conlleva limitaciones técnicas que tanto se aprecian en este género, es decir, los fx digitales desentonan en muchas ocasiones, aunque la atmósfera onírica y el hecho de que la historia se desarrolle en un mundo de dibujo salva al film de exponer mal lo que cuenta. Es el apartado visual el punto fuerte de la película, se nota que es en lo que principalmente ha incidido McKean, recreando un mundo con el estilo pictórico con el que dibuja sus ilustraciones, valiéndose de infografía CGI al igual que otras películas actuales como Sky Captain y Casshern, técnica que permite crear detallados escenarios, muy útil para el barroquismo visual que realiza McKean. Sin embargo, esta técnica tiene a mi juicio un inconveniente, al menos tal y como se ha usado hasta día de hoy, y es que se observa claramente que los actores están superpuestos en un fondo dibujado, ofrece una sensación bidimensional, algo que en la película chirría unas cuantas veces, una técnica que quizá se recree con mayor verosimilitud en un futuro, pero en todo caso estéticamente La máscara de cristal es una delicia, es, de hecho, su punto fuerte que la convierte en una interesante película de fantasía cargada de originales escenarios y efectos visuales.

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A lo anterior le sumamos unos convincentes actores, una buena banda sonora y un aceptable guión y de todo esto resulta un desarrollo interesante, sin embargo esto último, el guión, pese a como he dicho ser aceptable tiene muchos agujeros. Un guión enrevesado que mantiene expectante al público, construido con la suficiente habilidad para interesar y entretener al espectador, sin embargo inevitablemente termina deambulando hacia el final cuando su rumbo va a ninguna parte, a la deriva, pues el argumento se desarrolla enlazando unas escenas con otras mediante enigmas relativamente ingeniosos pero de escasa lógica, los personajes progresan en su viaje casi más por inercia, porque están en un mundo donde todo vale, y esto le resta mucha emoción al filme, pudiendo llegar a exasperar en la parte final de la película. Para colmo, la fábula tiene un mensaje conservador sobre la necesidad de devolver al “equilibrio” las familias con hijos que “han salido rebeldes”, es decir, que cada uno se aguante con lo que le ha tocado en lugar de elegir su propio camino, detalle que subjetivamente a un servidor le amarga algo la película (muchos espectadores sencillamente no repararán en ello y a otros quizás les agrade la moralina), pero que no enturbia esta agradable película de fantasía.

Al principio afirmaba que puede dar la impresión de que haya puesto a caer de un burro esta película por nombrar algunos de sus defectos que hacen de éste un film irregular, pero pese a su irregularidad es una muy apreciable película, el tiempo dirá si su principal virtud, su alucinante representación visual, queda desfasada o si sigue siendo una película con encanto, pero de momento se puede decir que es una muy disfrutable película de fantasía, de las que nos retrotraen a la pura imaginación, todo un deleite. [7]

- Paco Antequera

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17 Noviembre 2006

Gritos de muerte

Gritos de muerte (Alex Turner, 2004)

Gritos de muerte es algo así como la respuesta americana a The Ring, nada que ver con los insulsos remakes en donde vacían la esencia originaria de los filmes para ofrecer el producto más adaptado al público de los “fast food”, en este caso no es así, pues no es una traslación de un país a otro en donde como dije se eliminan los elementos inherentes de su cultura quedando algo con poco sentido, en su lugar es una película genuinamente norteamericana, no da la sensación de que se ha robado algo a otra cultura para adaptarlo paupérrimamente, quedando al final una película sin alma, sino que la cinta hunde sus raíces en la cultura de EEUU pero con influencias del cine asiático, de esta manera la película tiene una personalidad propia, así pues, además de tener la estructura y la forma de un film de fantasmas a la japonesa (creo que recordando más a La Maldición que a The Ring), también bebe del terror estadounidense de casas encantadas al estilo de Terror en Amityville o del sangriento body count Posesión Infernal.

La historia está ambientada en la Guerra Civil estadounidense, recurriendo así a los mitos propios, pero EEUU no es Europa ni Asia, por lo que el trasfondo tiene mucho relleno. Tras la secuencia del robo en el banco (rodada en escenarios que se crearon para Big Fish) los ladrones se refugian en una casa grande, donde transcurrirá la trama. Lo mejor de la película es la cuidada ambientación, con inquietantes planos al estilo de Posesión Infernal y El Resplandor y una tenebrosa fotografía, logrando una constante tensión en el espectador, a lo que se le añade la importante presencia de la atmosférica música. Sin embargo, cuando la maldición de la casa va a por uno de los personajes, éste no tiene nada que hacer, es decir, cae al que le toca, simplemente, restándole mucha emoción a la trama. En The Ring desde luego al que le tocaba se iba para el otro barrio, pero no sabes si los protagonistas conseguirán que no les toque. En Gritos de muerte como película de fantasmas al estilo oriental hay fantasmas que aparecen y desaparecen, cuya estética lógicamente no es como la de los films japoneses, pero en cierto modo sí, no hay niñas de larga melena oscura pero sí niñas con un deformado rostro cuya imagen da realmente miedo, y el niño de la película sí es bastante parecido al de La Maldición, es decir, pálido y de pelo recortado.

La resolución de la película es bastante irregular, a unos les gustará la traca final pero a mí me parece un bajón respecto al conseguido clima del resto del metraje, además el recurso de dejar cosas en el aire y explicar otras cuantas mediante flash-backs resulta un tanto artificial, en los propios extras del DVD director y guionistas dicen que querían dejar cosas sin explicar como suele ser habitual en muchas películas orientales, pero esto resulta fallido a mi juicio, pues no es algo que necesite la propia historia, que es bastante sencilla, dando la sensación al final de que la película cojea en algunas cosas. Aún así, el conjunto es bastante correcto, dando un buen ejemplo de cómo absorber influencias del cine de otros países sin caer en un mimetismo despersonalizado, teniendo como resultado un filme que sin ser especialmente original sí es algo más fresco que la media. [6]

- Paco Antequera

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23 Octubre 2006

The black door

The black door (Kit Wong, 2001)

Esta película nace de la semilla de la magnífica El proyecto de la bruja de Blair, así pues, todo el metraje se compone de “grabaciones caseras”, y como El proyecto de la bruja de Blair tiene en sus referencias al terror clásico más los hallazgos del terror de los 70, es decir, de películas de sectas y satanismo tales como El exorcista y La semilla del diablo.

La sinopsis de The black door consiste en la tesis de un estudiante universitario, en principio sobre las relaciones comerciales de EEUU con México pero que finalmente le llevó a investigar sobre una secta satánica del país latinoamericano. Sin embargo, ha llegado “demasiado lejos” en sus pesquisas por lo que se encuentra en el hospital afectado por algo extraño. Cuando aún conserva bastante cordura le pide a un amigo que lo grabe todo desde entonces, y es en este momento cuando empieza el film, cuyo contenido se constituye de lo que graba este amigo que en realidad viene a servir como narrador de la película, lo que en ocasiones resulta artificial, pues el amigo no está bien integrado en la trama, se desarrolla casi como si no existiera, lo que le resta veracidad como falso documental. A su vez, dentro de las imágenes captadas por el amigo se encuentran las propias grabaciones del estudiante para su tesis, y esto es el punto fuerte de la película, es más, es lo que justifica la existencia del film, pues si sólo observáramos lo demás nos parecería un falso documental en ocasiones casi rozando lo ridículo, pero dentro del contexto global sí tienen sentido las demás imágenes. Las imágenes capturadas por el estudiante se componen de un ritual, que el amigo mostrará en tres partes, y la entrada del estudiante a una casa. Lo primero, el ritual, es realmente tétrico. Rodado de forma minimalista, tiene tal verosimilitud que llega a helar la sangre, otorga al conjunto del film una gran entidad, sobre el sentido de la investigación, que resulta muy tenebrosa, pues cuanto más se adentra en la exploración de la secta más es el horror que se genera.

Pero es la otra parte del video del estudiante lo que supone el momento clímax de la película, es más, es una secuencia de auténtico pánico, difícil de ver si se está solo, y es que yo siempre reto a quien despotrica contra el cine de terror a verlo solo, y éste sería un buen ejemplo. Me atrevería a decir que la escena de la casa es de las mejores escenas de terror en varios años. Es, sobre todo, cuando más recuerda a El proyecto de la bruja de Blair. Como en esta película, es puro terror primario, reducido a ambientación, mediante la oscuridad y el uso de los sonidos. Aunque a diferencia de El proyecto de la bruja de Blair, mientras en ésta hay un “in crescendo” hasta el aterrador final con el que concluye, en The black door hay una mayor irregularidad, tras la escena de la casa todo va cuesta abajo, de hecho después se concluye la película casi a la prisa, dejando inconclusas las investigaciones, y es que después del punto álgido de la película no hay ya mucho interés, sólo las tonterías del típico sacerdote meapilas.

El final de hecho es bastante mejorable, pues una cosa es dejar un final que exija razonar y otra es que se corte de tal manera que se quede uno bastante indiferente. Aún así, el conjunto es muy decente, merece la pena por las escenas de las grabaciones del estudiante, y quizá pueda parecer duro con la valoración final de la película cuando tiene algunas de las escenas más terroríficas de los últimos años, pero la escena de la casa por sí sola no puede hacer una gran película, por gran escena que sea; así que me reafirmo en mi opinión.

En todo caso, The black door es una de las mejores películas sobre sectas de esta década y un buen ejercicio de cine de terror que recomiendo visionar a todo aficionado al género. [6]

- Paco Antequera

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16 Octubre 2006

Robot Stories

Robot Stories (Greg Pak, 2003)

La inteligencia artificial a través de la robótica es el núcleo central de los 4 episodios que conforman esta película de ciencia ficción del director asiático-americano Greg Pak, film modesto que ha conseguido gran cantidad de premios, y es que Pak dota de delicadeza lo que podría ser una historia fría, al contrario de esto último Pak dirige con una gran sensibilidad.

A diferencia de otras películas futuristas de ciencia ficción, en Robot Stories prima ante todo una historia con veracidad en lo posible en lugar de un espectáculo de FX, aquí no veremos una ostentación de hipotéticas recreaciones tecnológicas. La cercanía con la que se retrata un futuro próximo llega a resultar inquietante, al contrario que en otras historias de ciencia ficción, lo inquietante no es un fallo del robot que provoque consecuencias inesperadas, sino lo contrario, unos comportamientos predecibles pero que en un contexto entre humanos son muy perturbadores, en cierto modo estos comportamientos predecibles y automatizados sorprenden pues las relaciones humanas tienen una gran base en las costumbres establecidas, algo que no puede absorber un robot, por mucho que se le prepare para ello siempre existirá un margen de error, nunca podrá ser a completa semejanza de un humano, y lo que para nosotros es “sentido común” será justamente lo fuera de lo normal para un robot, presentándose dificultades en la adaptación a la convivencia con humanos. La sencilla introducción de la película bien podría ser en parte una metáfora de esto, pues unos robots que expelen los números del código binario (0 y 1) cambian y empiezan a emitir todos los números y colores, es decir, los robots no son sólo fríos instrumentos para un determinado fin sino que es inevitable que surja lo inesperado, y también lo emocional.

La película, por tanto, especula sobre como podría ser la masificación de los robots. Una vez que se alcance la tecnología mostrada en el film y generalizados los robots –esto es, que todo el mundo pudiese obtenerlos-, el parecido con la película puede ser bastante cercano. Se plantean por tanto cuestiones sociales y éticas, es decir, ¿en qué cambiaría la vida de la gente con la robótica? ¿A qué cuestiones morales habría que atender ante unos seres con una elevada inteligencia artificial? Tanto lo uno como lo otro es lo que se narra en las 4 historias que componen esta bella película:

Mi bebé robot

Una de las mejores partes de la película, cuenta la historia de una pareja que para adoptar un niño deberá antes realizar durante un mes una prueba de aptitud con un “bebé-robot” (me pregunto si Greg Pak se habrá inspirado en los tamagochis). La mujer será más descuidada con el robot biónico, llegando a hacer trampas en la prueba con la ayuda informática de su padre, pero terminará adquiriendo empatía hacia el “bebé-robot”, pese a ser simplemente una máquina que reproduce el comportamiento y las necesidades de un bebé, pese a que ella sólo ve una bola que emite ruiditos, se dará cuenta de los errores que podría tener como madre.

El reparador de robots

Los capítulos del film siguen un orden lógico que podríamos comparar con el orden de determinados acontecimientos de la vida, como es en el caso anterior el tener un hijo y en los siguientes conocer el amor y finalmente la muerte, sin embargo a diferencia de lo que pudiera parecer este episodio no se centra en la muerte, que sería el final, sino en la pérdida de un ser querido, en este caso el “hijo-robot” de una mujer (que es la jefa de la oficina en el siguiente episodio dicho sea de paso), dotando al término “ser querido” de un significado más difuso. Al principio de la historia, la mujer actúa con cierta frialdad, no indiferencia sino más bien con disgusto pero interiorizando lo que siente por una “máquina” que siempre se comportó con cierto desdén. Creyendo que podrá “repararlo”, se dedica a recopilar las figuras y las piezas de éstas que él coleccionaba, lo que en realidad le servirá para tener un vínculo con él, para recordar la única motivación que tenía alguien cuya existencia era muy gris.

Amor de máquina

En este episodio se va más allá y se cuestiona: ¿podría llegar a amar un robot? El robot de esta historia está interpretado por el propio Greg Pak, androide cuya labor será la de oficinista trabajando con ordenador. Es quizá el único capítulo que puede tener algo de humor, pero es como los otros bastante sobrio. El robot verá como se relacionan entre sí los seres humanos y también como se relacionan con él, cosificándolo, sin embargo su alta inteligencia artificial tendrá curiosidades y finalmente tendrá necesidades más allá de su rutinario trabajo.

Barro

Los escultores prestan mucha atención al tacto, es su principal herramienta de trabajo. El barro se presenta en esta historia como una representación del sentir, de la realidad en un mundo cada vez más imaginario. En este caso, se plantea algo más difícil científicamente, el “escaneo” del cerebro humano, es decir, poder traspasar la mente a formato digital, pasando de la artificialidad con inteligencia de los anteriores episodios a una inteligencia convertida en artificialidad, lo que sirve para burlar a la muerte. El escultor de esta historia morirá pronto, por lo que debería “escanear” su cerebro, pero sus contactos de realidad virtual con la mente escaneada de su esposa le hacen cuestionar la artificialidad de esa inmortalidad.

Estas historias con una cotidianeidad verosímil son acompañadas por una dulce música que termina de acentuar la insospechada ternura de que emanan estas historias de robots, dirigidas con gran expresividad por Pak, otorgando a la película de una cuidada estética que desprende unas veces calidez en la modernidad y otras veces la frialdad de un futuro no muy deseable, se percible especialmente en el capítulo de Amor de máquina con el uso de tonos fríos en la oficina, sin olvidar las buenas interpretaciones de la plantilla de actores. Es, en definitiva, su naturaleza dramática la que convierte a este film en una estupenda película de ciencia ficción y a su vez la ciencia ficción se revela con unas grandes posibilidades dramáticas en una gran obra intimista. [7]

- Paco Antequera

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13 Septiembre 2006

Freejack

Freejack (Geoff Murphy, 1992)

Este film de cyberpunk narra la historia de un piloto de carreras, Alex Furlong (Emilio Estévez), que desde el futuro es secuestrado en plena carrera, simulándose su muerte, por parte de una macroempresa dedicada a trasplantar mentes a otros cuerpos, por lo que pretenderán utilizar a Furlong para ello, sin embargo en un accidente consigue escapar, convirtiéndose en un fugitivo (llamados freejack). Vancendak (interpretado por el Rolling Stone Mick Jagger) será el mercenario contratado por la empresa encargado de capturarlo.

Con esta premisa nos encontramos con dos aspectos interesantes en la película, el primero es la traslación de un hombre de 1991 al 2009. Furlong encontrará un futuro devastador, en donde la delincuencia, la pobreza y la contaminación se han instalado completamente en una sociedad nihilista en la que nadie confía en nadie. El segundo punto interesante es el contraste con esto, el de una clase alta que tiene el poder, “hay gente que está arriba y gente que está abajo, pero ya no hay gente que esté en medio”, dice uno de los personajes de la película. De esta manera, como es habitual en el cyberpunk, se retrata el futuro dominado por las grandes corporaciones hacia el que vamos, e incluso puede decirse que la realidad ya supera a la ficción de Freejack. El planteamiento de devaluar tanto la vida humana hasta que se comercie con ella para trasplantar mentes puede parecer una exageración, pero es la realidad de forma satírica, recordemos por ejemplo el “Plan de Anticoncepciones Quirúrgicas Voluntarias” de Perú donde cínicamente respecto a su nombre, se forzó a más de un millón de personas a ser esterilizadas, generalmente indígenas, incluyendo resultados de muertes. Todo con la connivencia de EEUU y sus corporaciones, claro.

La profetización es uno de los aspectos más interesantes de muchas historias de ciencia ficción, y es que ya entonces el autor de Freejack, Robert Sheckley (autor de la novela en que se basa la película, Immortality Inc.) imaginó lo que se gestaría, un corporativismo en donde el individuo queda reducido a la nada, lo que algunos llaman acertadamente el fin programado de la democracia (hacia el que nos encaminamos desde la Unión Europea), y es que como se refleja en la película, el poder está en manos de la macroempresa. La recreación futurista en el film, salvo algún anacronismo no imaginado por los autores como suele ser inevitable, es muy correcta, y el desarrollo mantiene siempre el interés del espectador con su estructura de thriller de acción. Es un producto de entretenimiento de primera calidad, pero a su vez éste es su talón de Aquiles, pues la simplificación característica de los “blockbuster” hollywoodienses enturbia una película que con más garra hubiera sido realmente buena. Ciertos golpes cómicos, realmente malos, algunas “fantasmadas” y partes forzadas para hacer que la historia avance, empañan más lo que pudo ser una gran película, pero aún así el resultado es más que aceptable, entretenimiento de calidad y algo más. [6,5]

- Paco Antequera

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6 Septiembre 2006

The Big One

The Big One (Michael Moore, 1997)

El cineasta Michael Moore es posiblemente el mayor responsable del sorprendente éxito en los últimos tiempos del cine documental. Se mire por donde se mire Moore es un personaje que ha levantado polémicas, en especial tras su éxito con Bowling for Columbine, película documental que un servidor considera ya un clásico, tanto del género documental como del cine. Este documental, que desde luego iba más allá de la premisa de retratar el uso de las armas de fuego en EEUU, fue el que dinamitó las barreras comerciales en las que se encontraba el género. Es entonces cuando, además de acusar a Moore de “antipatriota” (acusación miserable muy típica del país de la silla eléctrica), se le tacha de cualidades tales como de demagógico, tendencioso o panfletero. Aún considerando personalmente que Moore comete ciertos errores, pienso que la tan fácil descalificación de demagogia es propia muchas veces de a quien así considera cualquier cosa que se aleje de la moderación, o que, igualmente, considera que para no caer en la tendenciosidad hay que situarse en un “punto intermedio”, es decir, debe enfocarse algo ideológicamente desde la moderación. Una crítica sin paliativos al gobierno de George Bush resulta, pues, una demagogia para los centristas moderados, y por supuesto, un vil acto panfletario, y es que cómo se atreve alguien a proponer una alternativa al pensamiento único. Las críticas a Moore vienen dadas también desde la izquierda, desde ciertos sectores de la izquierda que en su sentido crítico hacia la traición caen en el más absurdo de los sectarismos, así pues, Moore es acusado por parte de la izquierda de forrarse al igual que los partidarios del sistema que cuestiona. A mi juicio, esto sí que es demagógico, pero sería extenso explicar porque es inevitable caer en esta paradoja, al menos si se quiere hacer llegar el mensaje a un nivel masivo, como así sucede con las películas de Moore.

Tras este prolegómeno, en el que defiendo a un autor que, discrepancias más y discrepancias menos, admiro, paso a comentar uno de sus documentales pre-Bowling for Columbine. Recuérdese que Moore está especializado en dicho género, tanto para televisión como para cine, habiendo realizado sólo una película de ficción. Pero, ante todo, téngase en cuenta que la carrera profesional de Moore gira en torno al activismo político, la cual llevaba a cabo desde su profesión originaria y la que le ha servido posteriormente como escritor y director de cine, es decir, desde periodista. La publicación de libros y documentales serían para Moore su mayor arma política, en donde plasmó su peculiar estilo impregnado de humor ácido, caricaturizando la esperpéntica política estadounidense. Esta película, The Big One, es una obra muy representativa del trabajo de Moore, pues aúna el documental con los libros, pues el film parte de la publicación del libro Downsized this: ramdom threats from an unarmed American y la gira de promoción que Moore realizó. Esto sirve de pretexto para realizar el verdadero documental, que es la instigación hacia los mandatarios de diversas macroempresas. Sin duda el interés de esto está claro, pues en esta película se refleja algo tan importante en política como es la economía, en este caso durante la era Clinton, que viene a diferir poco con la alternancia bipartidista. La cinta se divide pues en la gira de Moore por un lado y por otro en, a su vez, dos partes, contrapuestas pero caras de una misma moneda, que son las reuniones con trabajadores despedidos o en situación precaria y por otro lado los intentos de encuentro con directivos, que como no es de extrañar, desde lo indefendible suelen responder con el portazo en las narices. Mención aparte merece el presidente de Nike, algo así como el momento culminante de la película, que se dignó a entablar un duelo dialéctico con Moore, lo que incluso le hace salir mejor parado que a los de otras empresas, de hecho Moore sólo consigue “derrotar” a este adversario de debate cuando muestra las preguntas que más indefendible respuesta tienen. Y es que, en todo caso, pese a la astucia de este directivo, es imposible que bordee el trabajo infantil, por ejemplo.

Lo que vemos en The Big One es la economía neoliberal, donde el beneficio empresarial es lo primordial, llegando a auténticos extremos de usura. Así pues, con tal de reducir costes al mínimo y aumentar en todo lo posible los ingresos, se despiden trabajadores y cierran centros de trabajo aún cuando los beneficios se incrementan año a año. Esto se permite por la connivencia entre el poder político y el poder corporativo, de hecho los capitalistas no dudan en contradecirse y utilizar el intervencionismo cuando les conviene, así pues, el gobierno estadounidense presta ayudas económicas a grandes empresas, lo que, según políticos y empresarios, ayuda al crecimiento de la empresa y con ello a la creación de empleo. Una evidente falsedad por lo que comento al principio de este párrafo. A la vez, esto sirve como excusa para realizar un perverso trueque, es decir, se incrementan las subvenciones empresariales a cambio de recortar los servicios sociales, de esta manera se reducen costes tanto para las empresas como para el estado. La realidad de este modelo económico es la de una gran parte empobrecida y explotada de la sociedad que no encuentra en este sistema “democrático” una solución a sus problemas. Todo esto es narrado en The Big One mediante el agudo sarcasmo de Moore, resaltándolas de tal manera que causan risa las contradicciones de la política neoliberal, y es que algunas partes de la película con Moore dando conferencias recuerdan a monólogos al estilo de El club de la comedia, intercalándose con otra de las características del cine de Moore, ciertos gags que añaden efectismo cinematográfico, y que, desde luego, dejan clara la abierta subjetividad del documental, razón por la que muchos le tachan de demagogo, tendencioso y demás calificativos. De hecho, suele concluir sus documentales con una perorata que resume un poco lo que pretendía transmitir con el documental. Todo documental es subjetivo, pero Moore es más claro y es abiertamente subjetivo. Algunos también dicen que sus películas son “cine de no ficción”, aunque un servidor considera esta etiqueta cogida de los pelos. En todo caso, la influencia puramente cinematográfica está clara, Moore sabe que maneja una historia y por eso sigue la evolución de algunos personajes, por ejemplo de los que consiguen algún logro. En sus documentales, siempre se reflejan logros conseguidos, no queda por tanto un poso completamente amargo sino de cierta esperanza, y es que para lograr cosas hay que creer que se pueden lograr, Moore lo sabe y por ello pretende decirnos que no nos rindamos.

Un gran documental, donde Moore apuntaba maneras con su peculiar estilo y su punzante crítica al, como él mismo dice, imperio del mal. [7,5]

- Paco Antequera

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22 Julio 2006

La noche de los lápices

La noche de los lápices (Héctor Olivera, 1986)

En 1976, en Argentina, la izquierda tenía una repercusión importante, alcanzando victorias tales como la que retrata como punto de partida esta película, la obtención del boleto estudiantil. Arguyendo como justificación la necesidad de imponer "orden" y la lucha contra la guerrilla, el comandante Videla ejecutó un golpe de estado auspiciado por EEUU, proclamando el "Proceso de Reorganización Nacional", en el que cual se desarrolló una guerra sucia contra la oposición de la que se estima que 30.000 personas fueron eliminadas. Una buena parte de los desaparecidos eran jóvenes militantes de sindicatos estudiantiles, pasando al recuerdo el secuestro de 7 jóvenes el 16 de septiembre en la operación de "La noche de los lápices", día convertido en Argentina en el "Día del Estudiante Secundario" en homenaje a los jóvenes desaparecidos.

Este clásico del cine social latinoamericano retrata la reclusión a la que fueron sometidos 7 estudiantes sindicalistas de La Plata (capital de Buenos Aires), por cierto entre los que se incluye como intérprete el famoso en España Leonardo Sbaraglia, pero el drama se narra especialmente desde el punto de vista de otro personaje, el de Pablo, el cual está enamorado de Claudia. El film se compone de una primera parte optimista, vital y soñadora, en la que los jóvenes militantes luchan por sus reivindicaciones con cierta ingenuidad idealista, con algo de despreocupación sobre lo que podrían acarrear sus acciones. La primera escena de la cinta, en la que debaten en asamblea que actuación tomar, indica la impetuosa rebeldía de estos jóvenes, especialmente en Claudia cuando afirma que proseguir con la dialéctica les afloja ante el adversario. Las advertencias de un precavido estudiante ante la represión que podría suscitarse son denegadas. De la palabra pasan a los hechos y la presión estudiantil surte efecto, logrando la implantación del boleto estudiantil, pero tras llegar a una cierta cúspide de júbilo se instaura la dictadura militar de Videla en la amarga segunda mitad de que se compone la película. La felicidad de una fiesta se diluye ante una inspección militar, escena que bien puede representar el paso de la gloria por la victoria al terror de la opresión.

Lo que prosigue a continuación es la noche de los lápices, el procedimiento de secuestro clandestino de los estudiantes activistas, en cautiverio durante varios meses. Hay que decir que en la película el calvario sufrido por los jóvenes es sólo intuido, pues nada se muestra de torturas que sufrieron tales como que les arrancaran las uñas, o las violaciones a las chicas todos los días, pero quizá Héctor Olivera ha optado por recrearse lo menos posible en los aspectos más truculentos, ya que no dejaban de ser hechos acaecidos hace sólo 10 años cuando se realizó la película. No obstante, la angustia ante la incertidumbre es reflejada apropiadamente, implementando una verosímil desesperación pero retratando también los coletazos aún persistentes de idealismo y anhelo por vivir. Se mostrará mientras a los padres de Claudia indagando sobre el destino de su hija, sobre todo por la posición algo privilegiada de su madre, hija de un prestigioso médico, lo que le facilitará contactos con la burocracia, aunque recibirá con falsos modales el portazo en la cara. Se anticipa en el filme la creación de la organización de las Madres de la Plaza de Mayo cuando la madre de Claudia decide investigar junto a otra madre. Cabe resaltar también al padre de Claudia, fundamentalmente en la primera parte de la película, en donde este personaje sirve de advertencia, pues el padre de Claudia es también un izquierdista utópico, pero serenado con el paso de los años y consciente de la firme mano del poder, por lo que intentará que Claudia postergue sus ideales, "no digo que agaches la cabeza, pero no te regales", le dice a su hija, lo que plantea posiblemente la cuestión principal que expone esta película: ¿Realmente merece la pena la lucha aún poniéndose en peligro? ¿No sería más provechoso rehuir de compromisos arriesgados? Es algo que no tiene respuesta fácil, sin embargo, el prólogo de esta historia ofrece una reverberante visión de esperanza, de que los derechos deben defenderse, y aunque nada pueda sustituir una vida, sí se declama que finalmente se puede y se debe conseguir la justicia, ejemplo de ello son las Madres de la Plaza de Mayo que con tanta dignidad han luchado y luchan. En definitiva, el largometraje no inspira meramente pesadumbre, pese al terrible drama, sino un pertinaz idealismo, una repulsa al totalitarismo y la necesidad de combatirlo.

La realización de la cinta es muy sobria, poco hallazgo fílmico podemos encontrar, pero realmente no se pretende, pues la dirección tan funcional busca la mayor verosimilitud posible, lo que está logrado con creces, gracias también a unas muy convincentes interpretaciones. El detalle que más pomposidad puede mostrar en algún momento de la película es la banda sonora, que resalta magníficamente las sensaciones que deben emanar de la pantalla, dotando al metraje de fuerza expresiva, algo importante en una película tan austera estilísticamente. El resultado es, finalmente, una historia que traspasa a todo aquel que tenga una mínima sensibilidad y que incita a la reflexión de algo tan tristemente universal como es la criminalidad del totalitarismo, y con ello a realizar un ejercicio de memoria histórica siempre tan imprescindible y que tanto se necesita también en España. [7]

- Paco Antequera

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21 Julio 2006

La residencia

La residencia (Narciso Ibáñez Serrador, 1969)

Una de las cumbres del cine de terror español es la ópera prima de Narciso Ibáñez Serrador, personaje que a un servidor le resulta petulante cada vez que exhibe su arrogancia por algún medio televisivo, pero dejando de lado la antipatía que me despierta lo importante es que ha dejado huella en el fanta-terror español, distinguiendo este clásico de suspense y terror.

Esta película es una adaptación de un libro de Juan Tebar, que relata una historia de terror gótico influenciado por Edgar Allan Poe. La historia consiste en la llegada de una chica a un internado, del que se fugan extrañadamente sus internas… esta trama bien puede tener algo de retrato socio-político de la época, de hecho quizá para evitar que se relacionasen alegorías, Ibáñez Serrador decidiese ambientarla en Francia. Desconozco sí esta pudiera ser la razón, pero la censura del régimen nacional-católico franquista hubiera impedido un retrato claro de la España más oscura. En todo caso, no es nada difícil establecer una analogía, pues en la historia del film las internas, chicas desviadas del "buen camino", son corregidas con artificioso rigor, reconducidas con una educación católica para convertirlas en unas futuras diligentes amas de casa. La recta autoridad que destila la institutriz durante todo el metraje es realmente inquietante y mantiene siempre al espectador en tensión. Existe, pues, un entramado decálogo de normas y dictámenes que las residentes deben cumplir con exactitud, sin embargo estas forzadas imposiciones serán quebradas con habilidad por las internas, en muchos casos con ayuda de la mano derecha de la directora, Irene. En esta intención por cohibir el comportamiento de las internas cabe reseñar el recato sexual, y es que esta película, aún siendo muy poco explícita, encierra una buena carga de sexualidad, una sexualidad contenida.

Esto se manifiesta, aparte de en las chicas reprimidas, en el hijo de la directora, que enclaustrado forzosamente por su madre, ve a las chicas a escondidas, escapando de la sobreprotección de su madre la institutriz que, realmente, arguye como falsa excusa su enfermedad asmática para alejarlo tanto de la vida exterior de la residencia como de las propias residentes. En todo caso, la censura de la época entrometió su implacable tijera dejando cojas algunas escenas, pero aún así no consiguieron dejar la película límpida de morbosidad.

En este país, donde el cine de género siempre ha estado tan denostado, esta película es una auténtica joya, en donde Ibáñez Serrador teje una elaborada realización, con influencias de su admirado Alfred Hitchcock (especialmente de sus películas con psicópatas, como Psicosis), pero sobre todo con unos escenarios oscuros y vetustos y una música de corte romántico sigue la línea del terror gótico de la Hammer. La ambientación de la residencia le sirve a Ibáñez Serrador para recrear un denso clima opresivo, algo que con tanto efecto sabe lograr este director, ya que la autoridad de la residencia emana por todas partes, el espectador teme en todo momento lo que pueda ocurrir en unos escenarios opacos filmados con auténtica sensación de claustrofobia y de aprisionamiento hacia los personajes, los cuales están bien llevados a cabo, todos aportan lo necesario para construir una intrigante historia. Una gran película de terror. [8]

- Paco Antequera

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